Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

Varias veces descubiertos

|Título: Rin-Rín, Simón y la Viejecita
|Autor: Rafael Pombo
Ilustraciones: Santiago Correa L.
Editorial: Colina, Medellín, 1989

Cuenta Chesterton que unos editores ingleses del siglo pasado, Chapman y Hall, "deseaban hacer una publicación periódica ilustrada por su caricaturista en boga llamado Seymour", para lo cual contrataron a un joven y desconocido escritor llamado Charles Dickens, quien comenzó a relatar las malandanzas de una sociedad de viajes y exploraciones llamada el Club Pickwick. "Los siete primeros dibujos aparecieron firmados por Seymour, con texto de Dickens -relata Chesterton-. Antes que hubiera aparecido la octava edición, Seymour se había levantado la tapa de los sesos. Después de haberlo reemplazado por un corto intervalo por un tal Bues, Dickens obtuvo el concurso de Halbot K. Broune, al cual conocemos bajo el nombre de Phiz. Se puede decir, en cierto sentido, que fueron como asociados. Se completaban uno a otro y colaboraban, con Gílbert y Sullivan, en la obra común. Ningún otro dibujante creó como él, con la misma precisión y la misma nota de exageración, los personajes de Dickens, ningún otro vivió más en la atmósfera de Dickens". (El relato de Chesterton continúa por otra vía que no viene a este cuento, pero es irresistible contarlo: Dickens mismo admitió que "Seymour no había sido elegido para ilustrar a Dickens, sino más bien para hacer el texto de las ilustraciones de Seymour", la viuda de éste demandó que el suicida era el verdadero autor del Club Pickwick. (Perdió).

Pocos autores, especialmente pocos autores, logran esa simbiosis de Dickens y Phiz. Y más cuando son clásicos, como lo es Pombo, el Pombo de Rin-Rin, Simón y la Viejecita.

Quizá tengamos que cerrar los ojos y, con un esfuerzo de la memoria que invoca nuestra propia sangre, recordar la manera exhaustiva, repetida, obsesiva, como mirábamos y nos aprendíamos las ilustraciones de los libros que tuvimos de niños. Quizá baste observar un niño de ahora mientras habla a solas describiéndose minuciosamente las ilustraciones cuando mira un libro.

En el caso particular de Pombo, el texto de sus versos infantiles, principalmente |Rin-Rin renacuajo, La pobre viejecita y Simón el bobito -los tres poemas incluidos en este libro de Colina-, está casi indeleblemente fijado en la memoria colectiva colombiana; desde el encopetado sesentón hasta la niña impúber, desde la madre campesina hasta el más rígido teniente, todos podemos repetir a fragmentos los tres textos. Pocos saben, sí, que los tres tienen su origen en poemas populares de los Estados Unidos del siglo pasado, que la casa Appletons, de Nueva York le encargó a Pombo que tradujera del inglés al español. Resultaron poemas autónomos del original, creaciones propias de Pombo. Admitiendo que todos los colombianos tenemos nociones de los tres personajes, la imagen de cada uno y la secuencia de la historia está ligada en cada caso a la edición donde se detuvieron los ojos del primer descubrimiento, pues en el caso de los tres poemas, todos, también, todos los descubriremos varias veces en la vida.

"Un clásico es un rey que puede ser momentáneamente abandonado", escribe Chesterton en el mismo texto en que relata la anécdota de Dickens.

Aparte de las ilustraciones que acompañan estos poemas en las antologías durante años, la edición de Pombo que circuló provenía de España y llevaba el título de |Cuentos pintados e incluía los principales poemas infantiles de Pombo. Ahí las ilustraciones eran coloridas y los colores eran planos e intensos. Los contornos de las figuras eran definidos, contorneados. Luego vino el intento de Lorenzo Jaramillo, uno de los más talentosos pintores jóvenes de Colombia, con el que se demostró una vez más que las cualidades de pintor, así sean destacables, no necesariamente son las de un Phiz que se refunde con el texto sin gestos innecesarios de exhibición del toque personal o de las abstracciones del ilustrador.


Santiago Correa L. es el encargado de volver imágenes los tres poemas de Pombo en esta edición. Cuenta con la ventaja de ser fiel al texto. Por ser sólo Rin-Rin, Simón y la Viejecita, las estrofas están muy repartidas en las páginas y Correa puede ser muy exhaustivo y puede convertir en ilustración casi todos los versos. Nuevas generaciones de colombianos deberán a este ilustrador la imagen visual de los míticos personajes e historias de Pombo.

ENRIQUE CASTRO