Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Varias veces descubiertos
|Título: Rin-Rín, Simón y la Viejecita
|Autor: Rafael Pombo
Ilustraciones: Santiago Correa L.
Editorial: Colina, Medellín, 1989
Cuenta Chesterton que unos editores ingleses del siglo pasado,
Chapman y Hall, "deseaban hacer una publicación periódica
ilustrada por su caricaturista en boga llamado Seymour",
para lo cual contrataron a un joven y desconocido escritor llamado
Charles Dickens, quien comenzó a relatar las malandanzas de una
sociedad de viajes y exploraciones llamada el Club Pickwick.
"Los siete primeros dibujos aparecieron firmados por
Seymour, con texto de Dickens -relata Chesterton-. Antes que
hubiera aparecido la octava edición, Seymour se había levantado la
tapa de los sesos. Después de haberlo reemplazado por un corto
intervalo por un tal Bues, Dickens obtuvo el concurso de Halbot K.
Broune, al cual conocemos bajo el nombre de Phiz. Se puede decir,
en cierto sentido, que fueron como asociados. Se completaban uno a
otro y colaboraban, con Gílbert y Sullivan, en la obra común.
Ningún otro dibujante creó como él, con la misma precisión y la
misma nota de exageración, los personajes de Dickens, ningún otro
vivió más en la atmósfera de Dickens". (El relato de
Chesterton continúa por otra vía que no viene a este cuento, pero
es irresistible contarlo: Dickens mismo admitió que
"Seymour no había sido elegido para ilustrar a Dickens,
sino más bien para hacer el texto de las ilustraciones de
Seymour", la viuda de éste demandó que el suicida era el
verdadero autor del Club Pickwick. (Perdió).
Pocos autores, especialmente pocos autores, logran esa simbiosis
de Dickens y Phiz. Y más cuando son clásicos, como lo es Pombo, el
Pombo de Rin-Rin, Simón y la Viejecita.
Quizá tengamos que cerrar los ojos y, con un esfuerzo de la
memoria que invoca nuestra propia sangre, recordar la manera
exhaustiva, repetida, obsesiva, como mirábamos y nos aprendíamos
las ilustraciones de los libros que tuvimos de niños. Quizá baste
observar un niño de ahora mientras habla a solas describiéndose
minuciosamente las ilustraciones cuando mira un libro.
En el caso particular de Pombo, el texto de sus versos
infantiles, principalmente
|Rin-Rin renacuajo, La pobre viejecita
y Simón el bobito -los tres poemas incluidos en este libro de
Colina-, está casi indeleblemente fijado en la memoria colectiva
colombiana; desde el encopetado sesentón hasta la niña impúber,
desde la madre campesina hasta el más rígido teniente, todos
podemos repetir a fragmentos los tres textos. Pocos saben, sí, que
los tres tienen su origen en poemas populares de los Estados Unidos
del siglo pasado, que la casa Appletons, de Nueva York le encargó a
Pombo que tradujera del inglés al español. Resultaron poemas
autónomos del original, creaciones propias de Pombo. Admitiendo que
todos los colombianos tenemos nociones de los tres personajes, la
imagen de cada uno y la secuencia de la historia está ligada en
cada caso a la edición donde se detuvieron los ojos del primer
descubrimiento, pues en el caso de los tres poemas, todos, también,
todos los descubriremos varias veces en la vida.
"Un clásico es un rey que puede ser momentáneamente
abandonado", escribe Chesterton en el mismo texto en que
relata la anécdota de Dickens.
Aparte de las ilustraciones que acompañan estos poemas en las
antologías durante años, la edición de Pombo que circuló provenía
de España y llevaba el título de
|Cuentos pintados e incluía
los principales poemas infantiles de Pombo. Ahí las ilustraciones
eran coloridas y los colores eran planos e intensos. Los contornos
de las figuras eran definidos, contorneados. Luego vino el intento
de Lorenzo Jaramillo, uno de los más talentosos pintores jóvenes de
Colombia, con el que se demostró una vez más que las cualidades de
pintor, así sean destacables, no necesariamente son las de un Phiz
que se refunde con el texto sin gestos innecesarios de exhibición
del toque personal o de las abstracciones del ilustrador.
Santiago Correa L. es el encargado de volver imágenes los tres
poemas de Pombo en esta edición. Cuenta con la ventaja de ser fiel
al texto. Por ser sólo Rin-Rin, Simón y la Viejecita, las estrofas
están muy repartidas en las páginas y Correa puede ser muy
exhaustivo y puede convertir en ilustración casi todos los versos.
Nuevas generaciones de colombianos deberán a este ilustrador la
imagen visual de los míticos personajes e historias de Pombo.
ENRIQUE CASTRO
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