Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
El arte de su tiempo y de su
medio
|Título: Rhythmica sacra, moral y laudatoria
|Autor: Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla
Editorial: Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1989
Un libro ejemplar, modelo a la vez de investigación y de
arqueología literarias, es la
|Rhythmica sacra, moral y
laudatoria, oscura y lúcida y apasionante obra del poeta
bogotano Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla, poeta del siglo
XVII y algunos años del XVIII, quien singularmente combinara la
acción en el mundo y la preocupación metafísica. Obra de excepción,
sin duda, ante la cual hay que poner de presente el olvido por
parte de la historiografía tradicional u oficial. En realidad, es
hoy cuando viene a descubrirse y a editarse el libro calificado
como "laberinto que se lee por muchas partes",
siendo su edición príncipe de 1703.
En el voluminoso ejemplar, el texto estuvo a cargo del
investigador del Instituto Caro y Cuervo Ernesto Porras Collantes,
algunas páginas liminares y las notas a cargo de Jaime Tello, y una
presentación a cargo de Rafael Torres Quintero, en la cual dice:
"Este libro que hoy entrega al público el Instituto Caro y
Cuervo es el resultado de una ardua labor investigativa realizada
en diferentes épocas, con largos intervalos y por distintas
personas, desde el año 1955".
Recalcamos que el interés primero está en el desconocimiento en
que hasta hoy se ha tenido a Álvarez de Velasco, con la consecuente
ignorancia de su labor para el estudio no sólo de la poesía sino de
la cultura y del ser coloniales, gracias a una vida que, por lo
laborioso de su creación, debió consagrar a ella sus mejores horas.
Es libro sugestivo como pocos, justamente en la hora en que
Colombia, en sintonía con otros países de la América hispana, se
empeña por vez primera en interpretar con rigor su pasado, y cuando
la poesía está volcada con preferencia a la leyenda, a las cosas
antiguas o lejanas.
Está el suceso mismo de la edición: "Con esta edición
-añade Torres Quintero--, minuciosa y profundamente anotada, aspira
el Instituto a dar un nuevo apone a la historia de la cultura en la
época colonial, como lo ha hecho ya con publicaciones anteriores.
Baste mencionar el
|Antijovio de Jiménez de Quesada, las
Obras de Juan de Cueto y Mena y de Domínguez Camargo, la
|Láurea
crítica de Fernando Fernández de Valenzuela y
|El desierto
prodigioso de don Pedro Solís y Valenzuela". Está,
pues, en primer término la reconstrucción de época en el más
ajustado sistema de referencias y de fuentes, huellas y datos. El
estudio preliminar de Jaime Tello intenta recuperar la imagen del
hombre y explicar en él al poeta en unión con el arte de su tiempo
y su medio, así como las relaciones con la poesía americana y de
lengua española.
Ernesto Porras Collantes, quien da fin a la edición, se acerca
más al personaje y a su creación, no más detallada sino más
ampliamente e intentando ya, sobre la descripción, un esbozo de
interpretación o una explicación primera válida para poesía nuestra
colonial toda, con la más fiel historia del texto y de la crítica
que en el pasado lo acompañara, las noticias de su existencia y su
ignorancia, debida acaso a su extraño carácter: "...obra
bibliográficamente curiosa, como lo es, también literariamente. Es
notable el desorden, en parte real y en parte aparente, en que se
presenta el contenido de la obra y su paginación; al mismo tiempo,
se hace difícil establecer el lugar de impresión y fecha en que
fuera impresa la obra en forma definitiva".
Inicialmente, se trata de la poesía como material para la
historia de la cultura, pues el desconocimiento de la obra hizo que
no tuviera influjo en la evolución del lenguaje poético en
Colombia, aunque sí es muestra y señal inapreciables de la
inclinación intelectual de entonces. Poeta, como se lo ha
calificado, de vida prosaica, cultivó con especial tino y destreza,
aun maestría, las formas métricas clásicas, las tradicionales de
cuño anónimo y las innovaciones del Siglo de Oro español; de
especial interés es decir que se trata de un poeta
"conceptista"; en la hora y ambiente en que
Hernando Domínguez Camargo habría de ser culterano y
"gongorista", escribe, bajo la influencia directa
de Quevedo y de sor Juana Inés de la Cruz, a quien compara con la
monja medieval Roswita: elegías decámetras, silvas, sonetos,
madrigales, romances. "De actitud senequista -apunta Jaime
Tello- es el hermoso poema
|Definición de la vida, una silva
que comienza así:
O vida, O vida, muerte
dilatada,
Libertad oprimida,
Mazmorra celebrada,
Perspectiva de sombras colorida,
Venenosa hechicera musaraña,
Torreón de telaraña,
Comedia en la horca, música de cadahalso,
De tímida vicuña cerco falso,
Engaño de viril, cuyos colores
Del iris imitando los fulgores,
Quanto más falsos a la vista admiran,
Tanto mas en las manos se retiran".
Admira e impresiona a la vez la actualidad de Álvarez de Velasco
en lenguaje y actitud, así como en la interpretación misma de la
vida en una obra poética que alcanza la abstracción al transfigurar
los motivos cotidianos en materiales de su fronda. Su visión es a
la vez mística y picaresca, realista dentro del más profundo
sentido religioso, que utiliza la imaginería de época y los tópicos
del ascetismo.
En cuanto hombre, su pasión por la realidad es muestra no del
Siglo de Oro sino de nuestra capacidad de ser medievales después
del Renacimiento. Fue un poeta viajero, administrador de bienes y
meditador de verdades eternas, profundamente ligado a Colombia y a
su paisaje humano y natural. "Hemos visitado la sufrida
construcción de san Agustín, en busca de la capilla de Nuestra
Señora de la Gracia. Recortada y casi disimulada, detrás del altar
mayor, hacia el costado occidental del templo, aún se encuentra el
lugar donde acaso reposan, junto a los de doña Teresa y don
Gabriel, los huesos del viajero poeta don Francisco",
consigna en su libreta de apuntes Ernesto Porras Collantes, quien
celosamente y en forma íntegra nos rescata hoy tan singulares
hombre y obra literaria.
JAIME GARCÍA MAFFLA
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