Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

El segundo nace del primero

|Título: Machado: reflexión y poesía
|Autor: Rafael Gutiérrez Girardot
Editorial: Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1989

La disyuntiva entre la reflexión o la poetización fue propuesta por la escuela romántica y hecha conjunción por la modernidad, entendiendo por ésta ese "romanticismo desromantizado", como la calificara Baudelaire, y Antonio Machado formó parte no ya de la escuela sino de la categoría de romántico. Allí está para decirlo su definición del verso:

Ni mármol duro y eterno,
Ni música ni pintura,
Sino palabra en el tiempo.

Con el primer verso descalifica la escuela parnasiana, con el segundo la simbolista y con el tercero adhiere a la romántica. Pero con lo romántico, el pensamiento es uno de los imperativos a los que se enfrenta la mente del poeta (ya del poeta moderno), siendo, además, el pensamiento sobre la poesía parte de la emoción poética. Aunque se trata, más bien, del pensar como actividad del poeta, problema que quiere abordar en el caso del poeta español el libro |Machado: reflexión y poesía, del profesor Rafael Gutiérrez Girardot.

Sería el Machado meditador en horas de ocio poético, en primer término, y luego el pensador que hay o debe haber detrás de cada quien que es o quiere ser poeta. Y en una primera conclusión de los dos términos que como enunciado hacen el título de este libro, el segundo nace del primero, siendo la posibilidad de reflexión la que genera cualquier capacidad de emoción o de ser transmutada en creación poética. No obstante, es tradición (de la cual se aparta el autor del libro), en los intérpretes de la obra de Machado, afirmar que el poeta se acerca a los temas de la filosofía y al ejercicio de la reflexión en la segunda parte de su vida, justamente cuando le ha abandonado la facultad poética. El mismo Machado, tras la invención de Juan de Mairena, así lo creyó y dijo:

Poeta ayer, hoy pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre,
el oro de ayer cambiado.

El personaje, entonces, es Juan de Mairena, por cuya virtud tiene el libro dos partes; una primera: "La poesía de Antonio Machado" y la segunda: "Juan de Mairena". Una tercera parte consta de dos ensayos ajenos al tema. Si de definirse tratara esas primeras dos partes, diríamos que son un registro, una puntual anotación de alusiones, giros con peculiar connotación reflexiva, asociación de pasajes y aun una paráfrasis de los dichos (mejor sería "decires") de don Antonio y don Juan. ¿Pero qué dijo o pensó Machado?

Hay, inicialmente, en la Introducción que haría las veces también de conclusiones, una alusión en cita a la "tentación metafísica" del poeta de |Campos de Castilla, a la cual es llevado su sistema de símbolos. Está la idea de que la aproximación a lo conceptual implica una depuración sentimental, haciendo a un lado la intención primera de Machado de hacer residir la tensión lírica o cualquier posible contagio en los "universales del sentimiento", tras dejar sentado que el intelecto no ha cantado jamás. Aunque no se trataría de esto sino del poeta fuera de horas de oficina, esto es, cuando no canta y piensa, o cuando piensa antes de cantar. Lo que don Antonio dice es: "Pensaba yo que el elemento poético no era la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación del espíritu; lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta animada al contacto del mundo". Digamos que esta respuesta animada es lo contrario a cualquier acto reflexivo.


El censo de los tópicos machadianos sirve al autor de este libro para preguntarse por los presupuestos del lengaje del poeta, tras abordarlo como especialmente cargado de significación y haber anotado que su evolución va del verso a la prosa. Delante del intelecto del hombre que es el poeta se alzarían las cuestiones del Tartarín de Koenigsberg, que deberían imponerse, creemos, si no fuera por el imperio de lo íntimo: "Si miramos hacia afuera y procuramos penetrar en las cosas, nuestro mundo externo pierde en solidez y acaba por dispersársenos cuando llegamos a creer que no existe por sí mismo, sino por nosotros. Pero si, convencidos de la íntima realidad, miramos adentro, entonces todo nos parece venir de fuera, y es nuestro mundo interior, nosotros mismos, lo que se desvanece". También sabemos que la inteligencia analiza y disuelve.