Boletín Cultural y Bibliográfico
Letras y glorias inmarcesibles
|Título: Aurelio Martínez Mutis, el poeta de las
epopeyas
|Autor: Antonio Cacua Prado
Editorial: Kelly, Bogotá, 1988, 260 págs.
|Belisario Peña, poeta colombo-ecuatoriano
|Roberto Tisnés, J.C.M.F.
Editorial ABC, Bogotá, 1989, 324 págs.
|Vida y obra de Eutiquio Leal
|Carlos Orlando Pardo
Pijao Editores, Bogotá, s.f., 142 págs.
|Breve historia de José Eustasio Rivera
|Isaías Peña Gutiérrez
Cooperativa Editorial del Magisterio, Bogotá, 1988, 64 págs.
|Elisa Mújica en sus escritos
|Sonia Nadhezda Truque (?)
Fusader, Bucaramanga, 1988, 148 págs.
|Raíces históricas de La Vorágine
|Vicente Pérez Silva
Ediciones "Príncipe Alpichaque" (?), impreso en
Buena Semilla, Bogotá, 1988, 84 págs.
¿A quién está dirigida esta reseña? ¿Quién es el sufrido o
indigente lector a quien está destinada la lectura de cada uno de
estos seis libros? Responderme este interrogante era llegar a la
justificación o injustificación de este comentario y a su vez
orientarlo críticamente. Porque sí empiezo escribiendo aquel lugar
común de que no hay crítica literaria en Colombia, entonces estoy
reconociendo que dentro de nuestro ámbito social
esta-media-docena-bibliográfica posee aún alguna utilidad
-"informar de la existencia de"-, lo cual indica
que quien se lanza audazmente a criticar los libros es un desfasado
que formula la poética de la inutilidad. Por lo pronto, y porque he
decidido escribir la reseña, arriesgaré conciliar la inutilidad de
la critica del desfasado con la inutilidad de la información
recibida.
El suscrito no tiene nada contra las epopeyas; es más: de hecho
me preocupa la causa de que ya no se produzcan y ello no me cohíbe
siquiera para repetir de memoria de vez en cuando las dos primeras
estrofas del "Himno nacional", otro desliz del
género, mal amado por Rafael Núñez. Bien, pero no estoy partiendo
del supuesto de que los autores estudiados en estos libros son
autores de epopeyas, como lo sugiere el título de alguno de ellos.
De eso hablaremos más tarde. Empiezo por la afirmación de que toda
una enorme tendencia de nuestra "crítica
literaria" (entiéndase la expresión en el sentido amplio
de estudios sobre letras y letrados), una fatigable tendencia,
pretende seguir el principio de la epopeya y consigue, finalmente,
disimular la carencia crítica con el tono (porque se trata del
dominio de la mejor retórica) "epopeyero". No
epopéyico, que es lo propio de la epopeya:
"epopeyero", que es lo propio de la degeneración
lírica -no viril- de la sana idealización de los héroes. El héroe
escritor, por extensión del héroe poeta de Carlyle, merece ser
idealizado (la pregunta sería: ¿en qué contexto?), pero sólo a
través de su obra. Lo que realmente falta en los seis libros que he
leído con paciencia es la presencia y la noción de la obra del
autor estudiado. Ella es inseparable de la gloría del escritor y,
por ende, no se le puede hacer justicia al uno sin aludir a la
otra, y siempre sin perder de vista la totalidad, del hombre y de
la obra. Lo curioso es que, pese a las diferencias de conformación
de los seis libros todos buscan exaltar una obra, explicar su
importancia. La verdad, mucha exaltación y poca obra.
El multifacético (¿cómo llamarlo?) Antonio Cacua Prada nos
presenta otro título dentro de una larga lista de publicaciones:
|Aurelio Martínez Mutis, el poeta de las epopeyas. Si ustedes
recuerdan, pero no exigiré demasiado en este aspecto, Martínez
Mutis ha sido conocido entre las generaciones pasadas,
especialmente por su
|Epopeya del cóndor; muchas otras
composiciones del "vate" bumangués son
"epopeyas", y en general toda su obra -que
también incluye algunas piezas teatrales- tiene esa aspiración a lo
épico, lo colectivo, lo universal. De manera, pues, que el título
del libro de Cacua parece tener un antecedente. Sin embargo, de la
lectura de este mamotreto que quiere ser épico hasta en su formato
-y se divide en dos grandes partes: el "ensayo" y
la antología-, no podemos deducir qué entiende Cacua por epopeya,
ni siquiera qué entendía Martínez Mutis por epopeya. Sólo hay una
referencia explícita y personal al género: el discurso ensayístico
de Cacua. Es allí donde sabemos que, para Cacua, a un autor de
epopeyas corresponde un ensayo "epopeyero", es
decir, una exaltación (los ensayos no son exaltaciones) del poeta
como un héroe nacional. Mi intención no es, todavía, definir el
concepto 'epopeya', pero vayamos desfigurando su mala imagen: si
algo caracteriza al género "epopeyero" es la
idealización de la nacionalidad o la regionalidad. De este
principio parten estos seis trabajos épicos, pesen o no sus
diferencias.
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