Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Subversión de la realidad
|Título: El río del tiempo, IV: Años de indulgencia
|Autor: Fernando Vallejo
Editorial: Planeta, Bogotá, 1989, 120 págs.
Mi primer contacto con la obra de Fernando Vallejo tuvo lugar
cuando un director de revista o periódico con pretensiones
literarias me "sugirió" emprender un ataque, bajo
mi firma, claro está, contra las costumbres depravadas del escritor
antioqueño radicado en México. Como no encontré ni podía encontrar
ninguna relación de causa a efecto entre la literatura y la vida
íntima del personaje, me negué a hacerlo, con la previsible
consecuencia de que aquellas páginas me fueran vedadas desde
entonces para siempre. A ese azar venturoso debo grandes placeres.
Azuzado por la curiosidad y por los consejos de buenos amigos
lectores, tiempo después me enfrentaba con el que a mi parecer es
el mejor libro colombiano de los años ochenta, y uno de los más
conmovedores que jamas leí. Se trata, desde luego, de
|Barba
Jacob, el mensajero. Tras el hallazgo de ese fascinante libro
emprendí la persecución sistemática de una obra que con estos
|Años de indulgencia alcanza ya la tetralogía y que puede
prolongarse hasta el infinito si al autor le place.
En esa serie de cuatro entregas que es
|El río del tiempo,
más allá del evidente juego con la sentencia de Heráclito, se
vislumbra una "Comedia Humana" vista, como diría
Osear Wilde, desde el otro lado del jardín, desde el rincón de lo
prohibido, de lo pecaminoso y de lo inmoral.
Pero es preciso advertir que, aunque no eludan del todo ni uno
ni otro género, no se trata en definitiva ni de novelas ni de una
autobiografía por entregas. Vallejo mismo se explica: "Me
inventé un nuevo género literario, la autohagiografía, o vida de
santo mamada en sus fuentes últimas".
|El río del tiempo es una obra rabiosa, desafiante, en el
mejor estilo de un Jean Genet o de un Antonin Artaud. Vagabundo
irreverente e iconoclasta, Vallejo busca adrede la condena moral.
La crítica superficial simplemente se limitaría a desechar su obra
por inmoral. Ya es casi un clisé más, un lugar común, querer
enrolarse del lado de los malditos como Verlaine y Rimbaud o del
mismo Barba Jacob, de quien el narrador ha venido a convertirse con
el tiempo en un álter ego. Es acaso otra manera de escabullirse y
de entrar al cielo, y de una vez a las listas de éxitos, por la
puerta trasera. El desafío es enfático: "Violamos hasta la
fuerza de gravedad y levitamos". Vallejo quiere mostrarse
curtido en aquelarres, en misas negras, ducho en depravaciones
sexuales, sin advertir que eso también pierde fuerza expresiva
cuando se agota la riqueza de su contenido, sin que alcance a
redimirlo el humor: "Todos los pecados los he cometido,
mortales y veniales, y probado el gusto de todas las vilezas. De
todas menos una, la burocracia". O bien: "A las
once mil vírgenes las sodomizo y una a una, en fila india, las
estupro".
El escándalo por el escándalo invita más bien a reflexionar
acerca de un medio capaz de producir tales personajes tan surcados
por todos los rechazos. Y de ahí a comenzar a comprender lo que
ocurre en ciudades como el Medellín actual no hay sino un paso.
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