Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Sobre fanatismos
|Título: Líbranos de todo mal!
|Autor: Fanny Buitrago
Editorial: Carlos Valencia Editores, 1989, 116 págs.
En Colombia prácticamente no existen editoriales que publiquen a
los escritores jóvenes. Ese papel durante mucho tiempo lo han
cumplido la Fundación Simón y Lola Guberek, las Ediciones Puesto de
Combate y las extensiones culturales de las bibliotecas públicas.
Por supuesto, con resultados muy disparejos: en algunos casos
porque la incompetencia del editor es tanta que arruina los libros
y en otros -la mayoría- porque esos mismos editores no se resuelven
a comercializar sus productos. Aunque son publicados, los autores
rara vez son leídos. Cabe anotar, a este respecto, que la poesía
está mucho mejor organizada que la narrativa en Colombia. No sólo
porque es más fácil y más barato editar un libro de versos (menos
páginas, menor tiraje, etc.), sino porque los poetas constituyen de
muchas maneras su propio público. De ahí que resulte doblemente
satisfactoria la aparición de una serie como Nueva Narrativa de
Carlos Valencia Editores. Por una parte, libros muy buenos desde el
punto de vista formal: la tipografía, los márgenes, la corrección
de pruebas y las carátulas son espléndidos; por la otra, dado el
prestigio y la tradición de Carlos Valencia, libros cuya
distribución garantiza que por lo menos el autor vea la tapa de su
obra en las vidrieras. (Lo cual, por supuesto, no es nada
desdeñable en un país con el extraño fenómeno del editor que no
comercializa lo que imprime).
Publicar autores jóvenes es ingresar en la tierra de los
espejismos. ¿Cómo reconocer en la maraña de los que
|sólo
tienen talento al que posee aquello indefinible, los dos, tres o
más requisitos para elevarse sobre el nivel de la subliteratura?
Con frecuencia, el editor no sólo se confunde sino que muchas veces
no alcanza ni a verificar la certeza de sus instituciones: unos
autores mueren jóvenes, otros cambian de oficio, otros se vuelven
locos, otros se alcoholizan o les falta lo que en apariencia es
insignificante -un amigo, la lectura de un libro- para cristalizar
lo que ya parece un hecho en ciernes
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.
Publicar a un autor desconocido no sólo es un problema de
sensibilidad y conocimiento; en muchas ocasiones requiebre de algo
más intangible, menos mesurable que la inteligencia: el vaticinio,
la suerte. Por eso, cabe aplaudir a los editores con suficiente
coraje para equivocarse.
El primer paquete de Nueva Narrativa, lanzado en la Feria del
Libro de 1989, incluía cuatro autores de sexo masculino; éste,
además de dos narradores jóvenes, incluye un libro de cuentos y una
novela escritos por mujeres:
|¡Líbranos de todo mal!, de
Fanny Buitrago (Barranquilla, 19...) y
|¿Recuerdas Juana? de
Helena Iriarte (Bogotá, 1937).
Fanny Buitrago se inició como nadaísta en los ya lejanos
-lejanísimos- años sesenta; después publicó relatos y novelas que
ganaron premios en España y Colombia; un poco más tarde obras
infantiles y ahora un libro de cuentos de título y epígrafe
religioso.
Es posible que la designación de "cuentos" no
convenga del todo a la obra: en primer lugar, porque si bien los
nueve relatos son independientes, los personajes no lo son y se
mezclan o se alude a ellos en diferentes ocasiones. Un ejemplo:
Manlio Cellis, protagonista del primero, "¡Cuidado! Hay
leones en la Avenida 19", reaparece en "Esperar
al Rey" y, sobre todo, literalmente, en el mejor cuento
del libro, "De condición mortal". Más aún:
|¡Líbranos de todo mal! puede leerse como una novela de ocho
capítulos cuya primera parte crea un misterio -la desaparición de
Manlio Cellis, alcalde menor de Las Aguas y futuro embajador
volante en Francia- para resolverlo en la última. En segunda
instancia, ocho de los nueve relatos comparten una misma geografía:
la zona que va desde los puentes de la Calle 26, en el norte, hasta
la Avenida Jiménez con Carrera Séptima, en el sur, y desde el
barrio La Candelaria, en el oriente, hasta el Cementerio Central,
en el occidente, es decir, lo que para los bogotanos constituye el
centro de la ciudad. (En este sentido, resulta incomprensible la
inclusión de un cuento como "Ventana al mar",
pues no sólo su tema y escenario difieren de los del resto del
volumen, sino que su anécdota es una triste parábola en términos
infantiles o real maravillosos de un célebre cuento de Chejov).
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Cfr. Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas, Barcelona,
Tusquets, 1986, pág. 25.
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