Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
La historia desde el mito
|Título: Hijos del tiempo
|Autor: Raúl Gómez Jattin
Editorial: Ediciones El Catalejo, Cartagena, 1989
"Sabe que ha envejecido mucho; lo siente y lo ve./ Y,
sin embargo, el tiempo en que fue joven le parece ayer./ ¡Qué poco
tiempo hace, qué poco tiempo!/ ...se burla ahora de su sensatez sin
seso". Estos versos pertenecen al inolvidable poema
titulado
|Un viejo de C. P. Cavafis, y su magia expresiva
reside más allá de la anécdota, más allá de la exactitud de las
palabras, más allá del dolor humano, en la posibilidad de condensar
el tiempo que se ha escapado y que sigue fluyendo, traspasando un
cuerpo que aún no logra reponerse del atropello, que aún no logra
tomar conciencia de las cicatrices que le ha tatuado el tropel de
los años.
Esta misma impresión es la que deja el último libro de poemas de
Raúl Gómez Jattin titulado
|Hijos del tiempo; aquí el poema
aparece como consumación del tiempo, saca de la memoria, o mejor,
del olvido ciertos nombres: Hornero, Micerino, Sheherazada,
Moctezuma, La Malinche, Aquiles, Li Po, reconstruyendo la historia
vista desde el mito. Es otra propuesta, es la destrucción de un
tiempo histórico y la recuperación de un tiempo mítico y, más aún,
de un tiempo poético. "Pero no-El Mito es el indiscutible
centro de la historia".
|Estos Hijos del tiempo, en cierta forma, son quienes han
podido convertir los segundos, los años, en imagen de la eternidad,
y en voz del poeta son recuperados en un "durar"
que se desliza a través de estas páginas. "Más allá de
este verso que me mata en secreto / está la vejez -la muerte- el
tiempo inacabable".
Gómez Jattin, con un tono sobrio, más dramático que lírico, se
acerca en este segundo libro, por su forma, más a la parábola:
parábolas del poder, el amor, la soledad, la escritura. Sale del yo
poético que cantaba en el
|Tríptico cereteano (Fundación
Guberek, 1988), para hablar por otros que ya han escrito el poema
en la historia pero que la memoria pierde. La palabra, entonces, va
en la reconquista del fracaso.
Este libro puede constituir una tercera época para el poeta: la
primera en Retratos, autobiográfica de tono existencia!; la
segunda, en Del amor; y esta tercera, en
|Hijos del tiempo,
que recupera en cierta forma su primera época en el teatro, cuando
en palabras del poeta: "Me dedicaba a cosas menos
serias".
Con un dominio absoluto de la expresión, con la pureza y
equilibrio en el lenguaje, Gómez Jattin logra en esta última
producción conseguir la expresión del sentimiento humano en cada
uno de los personajes que soportan el mito. "¿Alcanzaré
-se pregunta Micerino- a morir a tiempo?". El tratamiento
de la anécdota histórica no pasa de ser un pretexto, la solución es
por el lado de lo individual y no de lo social; reconstruye el
drama interior de los personajes, descubre y edifica la totalidad
secreta de una vida; el viaje, pues, comienza con el final. Al
final queda la grandeza o la miseria humana y con ella el olvido:
como lo trágico del destino. "Y todo se ha perdido en unos
cuantos años/ En unas pocas batallas todo se esfumó/ como un
espejismo en medio del Sahara".
Imágenes de lenta majestuosidad vehiculan el desenlace, en el
poema, del hombre y, por último, del tiempo como eje estructurante.
La duración, el fluir del poema remata en un verso fulminante
("de cola ancha"), que a la vez contiene y
unifica totalmente el texto. Allí aparece lo fugaz, la eternidad
del instante; allí la imagen es la historia. El poema es un camino
para llegar a este último verso, que es la poesía condensada:1
"El artista tiene siempre un mortal enemigo/ que lo
extenúa en su trabajo interminable/ y cada noche lo perdona y lo
ama: él mismo".
Más allá del relato de las peripecias, del balance de los
hechos, como un pequeño dios que de antemano conoce el fin, Raúl
Gómez Jattin no propone un veredicto -éste ya está dado-; propone
el poema con la memoria ancestral que da un plazo, un espacio para
entrar y ver a la muerte con los ojos abiertos; el verdugo es el
tiempo. "Duerme bajo tierra, duerme bajo el
tiempo", dijo con certeza un poeta francés.
El sentenciado es el amor, incrustado en el corazón del hombre;
el campo de batalla, la vida:
Beberá todo el día y al anochecer la
luna
lo llamará en silencio a mirarla borracho [...]
más hermosa que en lo alto del cielo
y borracho creerá realizado el milagro
de tocarla y mirarla de cerca y besarla
Y Li Po va en busca de la luna en el agua
del río Amarillo. De donde nunca jamás Li Po volverá
JORGE CADAVID
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