Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
La práctica negativa del arte
|Título: La práctica artística, el lenguaje y el
poder
|Autor: Federico Medina Cano
Editorial: Ediciones Autores Antioqueños, Medellín, 1988, vol. 46,
295págs.
El cuerpo de este libro está constituido por once artículos con
los que el autor teje la trama de una investigación de lo más
pertinente de nuestro medio: el ejercicio de la práctica artística,
en especial de la literaria, en el mundo de hoy, haciendo además
una interesante aproximación a la industria cultural moderna. Los
artículos que lo integran fueron concebidos originalmente por el
autor "para el trabajo en el aula de clase en los cursos
de literatura y teoría de la comunicación". Pero tienen
además de su intención pedagógica el propósito expreso de iniciar
un debate en un espacio más amplio, y en este sentido,
"servir de punto de apoyo a la labor inicial de
teorización sobre el fenómeno artístico y literario, la cultura de
masas, el papel de la crítica, de la industria editorial, la
función social de la literatura y el uso anárquico y lúdico del
lenguaje en la expresión literaria".
Para situar el debate el autor reclama antes que nada la
autonomía del arte y del juicio estético mediante el deslinde de
campos entre lo bello natural y lo bello artístico, verdadera
declaratoria de principios de todo el arte moderno. Destaca así
mismo, la autonomía de la sensibilidad humana por la que el
individuo asimila estéticamente el mundo cobrando conciencia de sí
mismo y de su lugar en él. Para puntualizar esta idea el autor
recurre a la comparación entre la apropiación práctica, la
apropiación teórica y la apropiación estética del mundo. Por la
primera el hombre satisface las necesidades vitales básicas de su
existencia en sociedad, no constituye una esfera de actividad
autónoma ya que sólo adquiere sentido en relación con su objetivo y
finalidad: permitir el desarrollo de la vida cotidiana en una
determinada época. Por su parte la apropiación teórica responde más
a la voluntad de conocimiento, a la indagación sobre las leyes que
rigen los fenómenos naturales, sociales y hasta espirituales.
Tiende a la formulación general y abstracta y aunque sus intereses
no se traducen inmediatamente en cuestiones prácticas, sus
objetivos no están ajenos a responder a necesidades mediatas.
Paralela a la actividad racional existe otra forma de
experiencia de la realidad que manifiesta el poder creador del
hombre de una manera más clara y radical, es ésta la apropiación
estética del mundo. La experiencia estética la tiene el individuo
en contacto con la obra de arte por la que la vida adquiere un
sentido que le es esquivo en la cotidianidad, ofreciéndonos la
posibilidad de ser algo distinto de lo que la vida que llevamos nos
ofrece. "El quehacer artístico le permite al hombre
satisfacer la necesidad de sentirse a plenitud en el mundo y
reconocerlo como su espacio: al humanizar hasta el extremo la
naturaleza ésta aparece como su obra y realidad". Esta es,
desde luego, una de las posibilidades de expresión del mundo que
tiene el arte cuando el creador no acude a la ironía o al absurdo
para ilustrar la extrañeza vital del hombre perdido en la vorágine
de los acontecimientos. Con esto se esboza lo que podríamos
denominar la práctica negativa del arte, cuando éste
"violenta el receptor, lo irrita, le socaba sus certezas,
le afloja sus parámetros ideológicos, sus prejuicios y sus modos de
acción habituales y repetidos", o cuando "lo
sitúa en una encrucijada y lo hace desconfiar de lo aprendido y de
lo aparentemente conocido: le ofrece varios sentidos y le abre
nuevas posibilidades de experiencia que rompen la estrechez de su
praxis vital diaria y sus certidumbres. El arte tiene como función
arrancarnos del estado contemplativo". Pero ¿a qué se debe
esa incómoda actitud del arte moderno frente a la cultura y el arte
mismo? Medina Cano responde que a un profundo descontento de la
vida que vivimos, al desasosiego frente a la perspectiva de una
existencia sin futuro y manipulada por la gravedad del mundo. Esta
actitud puede tornarse en rebeldía cuando no es una postura
nihilista o cínica hacia la realidad social de su entorno.
Ahora bien, el espacio en el que se realiza y se hace posible la
experiencia estética está mediado por la industria cultural de
masas, cuyos productos satisfacen la demanda de bienes espirituales
en la comunidad de los intereses particulares. Conformada según las
leyes del mercado y maquillada por toda la parafernalia
publicitaria, la obra de arte se entrega como mercancía en el
amplio y ambiguo universo de la reproducción técnica. Con la
multiplicación de la obra artística, la industria cultural busca
llegar a todos los clientes potenciales merced a diversas
estrategias de ventas, que en el caso de la industria editorial se
concretan en las modalidades del Círculo de lectores, del libro de
bolsillo, la colección temática, el best seller y las colecciones
por fascículos, entre otros productos.
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