Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Tres planteamientos
Título: Desde la perspectiva del
subdesarrollo
Autor: Jaime Rodríguez Forero,
SDB
Editorial: Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1988, 219
págs.
El libro de Jaime Rodríguez Forero reúne cuatro ensayos sobre
dos temas principales: dos trabajos versan sobre la situación de la
juventud en América Latina: "Presupuestos para ser jóvenes
en América Latina" y "El muchacho de la
calle". Los dos restantes presentan una discusión sobre
las relaciones entre religión y sociedad y se refieren al tema de
la secularización como el encuadre teórico predominante en el
análisis de la religión en Europa, Estados Unidos y América Latina.
Los artículos se titulan "Análisis crítico al marco
teórico de la secularización en las relaciones
religión-sociedad" y "¿Hacia el ocaso de la
secularización?".
Tal vez la manera más eficaz de mostrar los mejores aciertos del
libro (la brillantez del ensayo y su capacidad polémica), así como
también sus debilidades más notorias (la poca confrontación con la
investigación de carácter empírico sobre la realidad pertinente en
América Latina) sea presentar brevemente tres de sus planteamientos
centrales: el replanteamiento de la teoría de la dependencia, la
concepción de la juventud como un fenómeno de clase social y la
secularización como una herramienta ineficaz para explicar las
relaciones entre religión y sociedad en América Latina.
Jaime Rodríguez plantea la necesidad de mirar y analizar a
América Latina desde una perspectiva que parta de ella misma (no
desde la visión que Europa y Estados Unidos puedan construir para
sus sociedades), perspectiva que denomina "del
subdesarrollo". Esta mirada implica la construcción de una
teoría global cuyo antecedente más próximo es la teoría de la
dependencia creada por latinoamericanos para explicar a América
Latina durante los decenios del sesenta y del setenta
principalmente. La teoría de la dependencia se ha retirado de la
escena de las ciencias sociales debido a dos causas principales:
los procesos políticos de la región y la necesidad de un proceso
investigativo más intenso sobre las sociedades latinoamericanas que
sirviera de base para una construcción teórica autónoma.
El planteamiento de Jaime Rodríguez revive la discusión teórica
general en un momento en que los signos políticos han cambiado de
orientación en la región, lo que puede ser de mucha utilidad para
las ciencias sociables. Pero al tiempo olvida la discusión de las
posibilidades investigativas reales en América Latina a partir de
la necesidad de una relativa autonomía de las ciencias sociales con
respecto a dos fenómenos: el desarrollo de las comunidades
científicas necesario para enfrentarse a los paradigmas
investigativos de las sociedades centrales y la capacidad económica
de esas comunidades científicas para llevar a cabo el intenso
proceso investigativo que implica la construc¬ción de teoría.
El segundo planteamiento recuerda que la juventud no es sólo un
concepto biológico, sino fundamentalmente un hecho social que está
condicionado por la clase social. En esto también acierta la
polémica planteada por Jaime Rodríguez, puesto que la juventud se
asocia a las posibilidades educativas, y la educación ha demostrado
ser muy sensible a los fenómenos de clase social. Este
planteamiento, aunque es fundamental para la comprensión de la
naturaleza social de la juventud, no basta para intentar su
explicación. La educación ha demostrado ser inmensamente compleja,
y las más importantes teorías que se han construido sobre ella en
los últimos decenios (la teoría del capital humano, la teoría de la
reproducción, la educación liberadora) han ido mostrando ante la
realidad sus fallas y han perdido capacidad explicativa. Cuando se
hable sobre la educación en su relación con la juventud, es
necesario tener en cuenta que los efectos de la educación no son
homogéneos, que no se puede hablar solamente de aquellos que van a
la escuela y de los que no van. Hay fenómenos fundamentales
investigados, ya que muestran cómo ir a la escuela no iguala, cómo
la calidad de la educación varía de una institución a otra de
manera sustancial, cómo la diversificación ha transformado el
sentido de la educación y cómo, finalmente, la estratificación
afecta el sentido de la escolarización en el país. Entre la
población que no se escolariza la situación tampoco es homogénea
(no es lo mismo ser analfabeto en la selva que en Bogotá).
El tercer planteamiento del libro se refiere a la debilidad del
concepto de secularización para explicar las relaciones entre
religión y sociedad. En esto acierta el autor, puesto que fenómenos
tan básicos para comprender esta relación, como las
transformaciones dentro de la organización social de las religiones
y como las transformaciones culturales, psicológicas y sociales de
las poblaciones que practican una religión, no pueden ser
comprendidas por medio de la óptica de la secularización solamente.
Se hace necesaria la presencia de investigación en estos campos
para llegar a enunciar una teoría que dé cuenta de la relación
religión-sociedad en América Latina.
|Desde la perspectiva del subdesarrollo es un libro
polémico, de mucho interés, con ideas muy sugestivas, que vuelve a
poner sobre la mesa, en un momento muy oportuno, una de las viejas
aspiraciones de la ciencia social latinoamericana: crear una
interpretación propia de sus sociedades para no depender (aunque sí
interactuar con ellos) de los paradigmas ideados para explicar las
sociedades desarrolladas.
RODRIGO PARRA SANDOVAL
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