Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Organización informal, sector
popular
Título: Sector informal y organización
popular
Autor: varios autores
Editorial: Instituto de Estudios Liberales / Fundación Friedrich
Naumann, Bogotá, 1988, 212págs.
Los dos temas indicados en este título corresponden a la
recopilación de exposiciones y trabajos presentados en un seminario
realizado por el Instituto de Estudios Liberales y la Fundación
Friedrich Naumann. Intervinieron funcionarios del gobierno,
dirigentes políticos, estudiosos de los problemas sociales,
universitarios y directivos de las entidades organizadoras. Entre
ellos, el senador Ernesto Samper Pizano; el entonces ministro de
agricultura, Guillermo Parra Dussán; la jefa de Planeación
Nacional, María Mercedes Cuéllar; el director del Instituto de
Estudios Liberales, Hernando Gómez Buen-día; el de la Fundación
Friedrich Naumann, Herbert Fenger, y el de Fedesarrollo, José
Antonio Ocampo. El seminario trató ampliamente las cuestiones
relativas al origen, las características y el papel del sector
informal; la política del Estado ante dicho sector y su
organización popular y, especialmente, lo que debería hacerse al
respecto, en opinión de los participantes.
Casi todos los conferenciantes coincidieron en que el llamado
sector informal se originó en tiempos recientes, como resultante de
la acentuada incapacidad del sector moderno de la economía para dar
empleo a un número cada vez más creciente de personas en edad de
trabajar. Una proporción progresivamente mayor de las mismas habría
quedado por fuera de las actividades industriales, agropecuarias y
de servicios de tipo moderno, siendo forzadas a desempeñar un
sinnúmero de ocupaciones agrupadas -por contraste con la parte
moderna o formal de la economía- bajo el rótulo de sector informal,
y sus integrantes fueron designados corrientemente como informales.
Patronos de empresas minúsculas, vendedores callejeros, domésticas,
tenderos, etc., constituirían así la abigarrada masa del sector
informal, que algunos de los expositores no vacilaron en destacar
como el mayoritario dentro de la población. Las actividades
informales, se dijo, son típicas en cuanto a bajo nivel de capital,
tecnología rudimentaria, relaciones laborales inestables, mano de
obra familiar, duras condiciones de trabajo, carencia de asistencia
y servicios sociables, y pobreza generalizada de la población
dependiente de tales labores. Hugo López, de la Universidad de
Antioquia, logra un vivido cuadro de tales situaciones en su
estudio sobre los tenderos y vendedores ambulantes. En cuanto a su
papel, Ernesto Samper afirma que los informales serían realmente
los nuevos protagonistas del cambio. Para María Mercedes Cuéllar,
el sector informal vendría a ser simplemente un mecanismo de
ajustes del mercado laboral. Y el titular de la cartera del agro de
esa época calificó de ventaja comparativa el trabajo familiar de
las pequeñas unidades productivas. Jaime Ramírez, de Corfas
(Corporación Fondo de Apoyo de Empresas Asociativas), en cambio,
sostiene que la economía informal no se limita a sobrevivir sino
que configura un sustancial aporte al producto nacional.
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