Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
"LA
VERDAD ES TAN POCO DISCRETA COMO LA LUZ"
El siguiente número doble de Argumentos, el 4-5, está
íntegramente dedicado a conmemorar el primer centenario de la
muerte de Karl Marx (1818-1883). Es posible que, dentro de la
inmensa y babélica bibliografía de diverso orden -desde la
antimarxista hasta la apologética- que circuló en 1983, pasara
inadvertido este excelente número monográfico. Seguramente no fue
así para los auténticos estudiosos del marxismo en Colombia y aun
para aquellos que empiezan a iniciarse en el exigente, problemático
y difícil camino del materialismo histórico. Un muy didáctico
prólogo de Rubén Jaramillo explica los rasgos esenciales de la vida
de Marx y sus tempranos intereses filosóficos que desembocarían
después en el estudio (el enfrentamiento) de la economía política
burguesa. El interés de la presentación es señalar al lector el
tránsito histórico que siguió el joven Marx, el Marx que a los 25
años escribe su primer artículo periodístico, atacando la censura
de prensa discretamente impuesta por el emperador prusiano Federico
Guillermo IV, hasta la elaboración de varios ensayos escritos en
1843 y 1844, es decir, los correspondientes al denominado período
del Marx hegeliano o el Marx demócrata-revolucionario anterior a su
definición comunista. Bien recuerda Jaramillo Vélez, al terminar
uno de los capítulos de su prólogo -trayendo a cuento las memorias
de Paul Lafargue, yerno de Marx-, que al revolucionario alemán se
le podrían otorgar las palabras que su amado Shakespeare pusiera en
boca de Hamlet: "Hombreen todo y por todo: tal lo juzgo.
Jamás veré quien llegue a igualarlo".
Aparte del interés particular que puedan suscitar la bella carta
de Marx a su padre, por su carácter inédito en lengua castellana, y
sus extensos artículos periodísticos y cartas publicados en los
Anales Franco-Alemanes, La Gaceta Renana y el periódico parisino en
lengua alemana Vorwarts, durante los años 1843-1844, el interés
central del número de Argumentos, indiscutiblemente, se encuentra
en la nueva revisión hecha a la traducción de la Contribución a la
crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Es en este ensayo
donde Marx se propone elaborar una crítica sistemática a la
concepción del Estado y del derecho de Hegel, la cual escasamente
apenas quedó como una "introducción", según
informaba en sus Manuscritos de 1844, recién descubiertos al
comenzar la tercera década de este siglo. Bajo la tesis
feuerbachiana de que en Alemania la "crítica a la religión
se convierte en la premisa de cualquier crítica" y que
"la misión de la filosofía que se halla al servicio de la
historia consiste en asumir la crítica de la religión y de la
teología como critica del derecho y la política", Marx
directamente se enfrenta a los despolitizados hegelianos de
izquierda y los desenmascara en un párrafo extraordinario que por
su extensión y profundidad (nada desactualizado hoy) supone una
interpretación radical, política y cultural, que debe hacer hablar
al texto, "llevarlo casi a gritar por sí mismo",
como diría con excelente prosa Walter Benjamín: "¡Guerra a
la situación alemana! Es cierto que se halla por debajo del nivel
de la historia, por debajo de toda crítica [...] En lucha contra
ello, la crítica no es una pasión de la cabeza sino la cabeza de la
pasión [...] Esa crítica no se comporta como un fin en sí mismo
sino simplemente como un medio. Su sentimiento esencial es el de la
indignación, su tarea esencial la denuncia [...] La crítica que se
ocupa de este asunto es la crítica en la pelea, y en la pelea no se
trata de saber si el enemigo es un enemigo noble y del mismo rango,
un enemigo interesante, sino que se trata de darle. Se trata de no
concederle a los alemanes ni un solo instante de ilusión y de
resignación. Hay que hacer la opresión real todavía más opresiva,
añadiendo a aquélla la conciencia de la opresión, haciendo la
infamia todavía más infamante, al hacerla pública. Hay que pintar
todas y cada una de las esferas de la sociedad como la 'partie
honteuse' (parte vergonzosa) de la sociedad alemana, obligar a
estas relaciones anquilosadas a danzar, cantándoles su propia
melodía. Hay que enseñar al pueblo a aterrarse de sí mismo, para
infundirle coraje. Se satisface con ello una insoslayable necesidad
del pueblo alemán, y las necesidades de los pueblos son en su
propia persona los últimos fundamentos de su satisfacción"
(Argumentos 4-5, págs. 122-124).
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