Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

ARGUMENTOS, UNA REVISTA "GERMANOFILA"

Con este argumento (un banal argumento, por cierto, pero amplia y discretamente compartido, juicio casi similar con aquel que acusó a Mito, la revista de Gaitán Duran, de ser una publicación "afrancesada"), con este parco nominativo se ha querido descalificar la labor intelectual dirigida por Rubén Jaramillo. La frase, proveniente del reducido caudal de ideas de un politólogo de la Universidad de los Andes, lleva consigo un supuesto contradictor posible: Argumentos no es una revista "colombianófila". Y lo que se desprende de cualquier publicación "colombianófila" -que llene los requisitos para serlo- es precisamente eso: que sea acrítica, despolitizada, 'literaria1 en el sentido particular del término. Es decir, que exhiba simulación, lujo formal y un nacionalismo patriotero -o, en su defecto, un cosmopolitismo exclusivista- que esté sumiso a las necesidades políticas o culturales del momento.

De temas "germanófilos" tratan varios números de Argumentos. Los números 2 y 3, por ejemplo, están dedicados a la Presentación de la Teoría crítica de la sociedad'(el segundo) y a la traducción directa del alemán de un extenso ensayo de Max Horkheimer, El Estado autoritario (el tercero). El primero de los trabajos es el resultado, según informa el propio editor, de la revisión a sus propios cursos y seminarios sobre el tema. Este número 2 de Argumentos puede ser considerado, sin pretensiones de ningún tipo, como el más sistemático de los trabajos que se han elaborado en Colombia en procura de presentar histórico-políticamente, al estudiante universitario interesado, una visión inicial sobre las tesis de la llamada "Escuela de Francfort". El número, de cincuenta páginas, está dividido en dos partes. La primera se ocupa en explicar los antecedentes del Instituí für Sozialforschung (Instituto para la Investigación Social), el cual, a partir de los años treinta, sería denominado en el exilio popularmente como Escuela de Francfort. Para ello, Jaramillo Vélez hace un prólogo biográfico-anecdótico del grupo con base en un libro de Martín Jay sobre el asunto. Se sitúa históricamente el nacimiento del Instituto dentro de la decidida respuesta de un grupo de intelectuales comunistas, que ante el fracaso de la revolución socialista alemana, en noviembre del 18, y el consiguiente proceso contrarrevolucionario que siguió a la presidencia del socialdemócrata Ebert, propusieron la creación de una entidad marxista extrauniversitaria, en 1923, y que llegaría, a contar con el pensamiento revolucionario más valioso de Europa occidental: Pollock, el economista, Horkheimer y Theodor Adorno, más conocidos, y posteriormente con la vinculación de los jóvenes Erich Fromm y Herbert Marcuse. Hasta pocos meses antes del ascenso de Hitler, en marzo de 1933, el grupo permaneció unido en Alemania, Pero el hecho de ser marxistas -y algunos de ellos judíos- los obligó a partir rápidamente, primero a Francia y finalmente a los Estados Unidos, donde, en la Universidad de Columbia, encontrarían asiento provisional. La Zeitschrift (revista) del Instituto llegaría, en el exilio, a editar trabajos fundamentales del materialismo histórico y de las modernas ciencias sociales. Baste citar los ensayos sobre Cultura y sociedad de Marcuse, los Estudios sobre autoridad y familia y La personalidad autoritaria dirigidos por Horkheimer. A ninguno de ellos los alcanzó a tocar ningún SS o un asesino de la Gestapo, pero un colaborador cercano a la Escuela no tendría tanta suerte: Walter Benjamín se suicidaba cerca a la frontera franco-española, en 1940, antevé! temor de ser aprehendido. Una frase suya, un Leivmotiv que se halla al final de su ensayo sobre Las afinidades electivas de Goethe, podría sintetizar la reflexión última sobre su trabajo, su destino, sobre el hombre mismo: "No se nos ha dado la esperanza sino por favor de los desesperanzados".

La muy útil traducción sobre El Estado autoritario (1940) de Max Horkheimer realizada por Jaramillo Vélez y publicada en el número 3 de Argumentos, en enero de 1983, ampliaba evidentemente el marco conceptual sobre el que se deben estudiar, ya no sólo el Estado autoritario o el "capitalismo de Estado" (Engels) en la Alemania del 33 al 45, sino la estructura política y militar de las sociedades latinoamericanas que por esos años soportaban dictaduras fascistas (Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala). Frente a las cómodas y reaccionarias dicotomías del politólogo francés Jean-Francois Revel, "comunismo o democracia", diariamente explotadas en nuestro medio por un periodista-novelista, el ensayo de Horkheimer plantea consecuencias filosófico-históricas que no tienen nada que ver con estos dilemas: "La competencia de los asalaria dos había garantizado la prosperidad de los empresarios privados. Esa era la libertad de los pobres [...] No podía haber suficientes pobres, su número era una bendición para el capital. Pero en la misma medida en que el capital concentra a los trabajadores en la gran empresa, entra en crisis y hace de su existencia un callejón sin salida. Ni siquiera pueden ya venderse. Su interés los conduce al socialismo. Si por una vez la clase dominante 'ha de alimentar a los trabajadores en lugar de ser alimentada por ellos', es la hora de la revolución" (Argumentos 3, pág. 17).