Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
ARGUMENTOS, UNA
REVISTA "GERMANOFILA"
Con este argumento (un banal argumento, por cierto, pero amplia
y discretamente compartido, juicio casi similar con aquel que acusó
a Mito, la revista de Gaitán Duran, de ser una publicación
"afrancesada"), con este parco nominativo se ha
querido descalificar la labor intelectual dirigida por Rubén
Jaramillo. La frase, proveniente del reducido caudal de ideas de un
politólogo de la Universidad de los Andes, lleva consigo un
supuesto contradictor posible: Argumentos no es una revista
"colombianófila". Y lo que se desprende de
cualquier publicación "colombianófila" -que llene
los requisitos para serlo- es precisamente eso: que sea acrítica,
despolitizada, 'literaria1 en el sentido particular del término. Es
decir, que exhiba simulación, lujo formal y un nacionalismo
patriotero -o, en su defecto, un cosmopolitismo exclusivista- que
esté sumiso a las necesidades políticas o culturales del
momento.
De temas "germanófilos" tratan varios números
de Argumentos. Los números 2 y 3, por ejemplo, están dedicados a la
Presentación de la Teoría crítica de la sociedad'(el segundo) y a
la traducción directa del alemán de un extenso ensayo de Max
Horkheimer, El Estado autoritario (el tercero). El primero de los
trabajos es el resultado, según informa el propio editor, de la
revisión a sus propios cursos y seminarios sobre el tema. Este
número 2 de Argumentos puede ser considerado, sin pretensiones de
ningún tipo, como el más sistemático de los trabajos que se han
elaborado en Colombia en procura de presentar
histórico-políticamente, al estudiante universitario interesado,
una visión inicial sobre las tesis de la llamada "Escuela
de Francfort". El número, de cincuenta páginas, está
dividido en dos partes. La primera se ocupa en explicar los
antecedentes del Instituí für Sozialforschung (Instituto para la
Investigación Social), el cual, a partir de los años treinta, sería
denominado en el exilio popularmente como Escuela de Francfort.
Para ello, Jaramillo Vélez hace un prólogo biográfico-anecdótico
del grupo con base en un libro de Martín Jay sobre el asunto. Se
sitúa históricamente el nacimiento del Instituto dentro de la
decidida respuesta de un grupo de intelectuales comunistas, que
ante el fracaso de la revolución socialista alemana, en noviembre
del 18, y el consiguiente proceso contrarrevolucionario que siguió
a la presidencia del socialdemócrata Ebert, propusieron la creación
de una entidad marxista extrauniversitaria, en 1923, y que
llegaría, a contar con el pensamiento revolucionario más valioso de
Europa occidental: Pollock, el economista, Horkheimer y Theodor
Adorno, más conocidos, y posteriormente con la vinculación de los
jóvenes Erich Fromm y Herbert Marcuse. Hasta pocos meses antes del
ascenso de Hitler, en marzo de 1933, el grupo permaneció unido en
Alemania, Pero el hecho de ser marxistas -y algunos de ellos
judíos- los obligó a partir rápidamente, primero a Francia y
finalmente a los Estados Unidos, donde, en la Universidad de
Columbia, encontrarían asiento provisional. La Zeitschrift
(revista) del Instituto llegaría, en el exilio, a editar trabajos
fundamentales del materialismo histórico y de las modernas ciencias
sociales. Baste citar los ensayos sobre Cultura y sociedad de
Marcuse, los Estudios sobre autoridad y familia y La personalidad
autoritaria dirigidos por Horkheimer. A ninguno de ellos los
alcanzó a tocar ningún SS o un asesino de la Gestapo, pero un
colaborador cercano a la Escuela no tendría tanta suerte: Walter
Benjamín se suicidaba cerca a la frontera franco-española, en 1940,
antevé! temor de ser aprehendido. Una frase suya, un Leivmotiv que
se halla al final de su ensayo sobre Las afinidades electivas de
Goethe, podría sintetizar la reflexión última sobre su trabajo, su
destino, sobre el hombre mismo: "No se nos ha dado la
esperanza sino por favor de los desesperanzados".
La muy útil traducción sobre El Estado autoritario (1940) de Max
Horkheimer realizada por Jaramillo Vélez y publicada en el número 3
de Argumentos, en enero de 1983, ampliaba evidentemente el marco
conceptual sobre el que se deben estudiar, ya no sólo el Estado
autoritario o el "capitalismo de Estado" (Engels)
en la Alemania del 33 al 45, sino la estructura política y militar
de las sociedades latinoamericanas que por esos años soportaban
dictaduras fascistas (Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala). Frente
a las cómodas y reaccionarias dicotomías del politólogo francés
Jean-Francois Revel, "comunismo o democracia",
diariamente explotadas en nuestro medio por un
periodista-novelista, el ensayo de Horkheimer plantea consecuencias
filosófico-históricas que no tienen nada que ver con estos dilemas:
"La competencia de los asalaria dos había garantizado la
prosperidad de los empresarios privados. Esa era la libertad de los
pobres [...] No podía haber suficientes pobres, su número era una
bendición para el capital. Pero en la misma medida en que el
capital concentra a los trabajadores en la gran empresa, entra en
crisis y hace de su existencia un callejón sin salida. Ni siquiera
pueden ya venderse. Su interés los conduce al socialismo. Si por
una vez la clase dominante 'ha de alimentar a los trabajadores en
lugar de ser alimentada por ellos', es la hora de la
revolución" (Argumentos 3, pág. 17).
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