Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Argumentos: educación para la
mayoría de edad
CARLOS SÁNCHEZ LOZANO
JUAN GUILLERMO GÓMEZ G.
Fotografías: Mario Rivera
LA MUERTE DEL
PSICOANÁLISIS PROCLAMADA DESDE BOGOTÁ D. E.
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Director de la
revista: Rubén Jaramillo Vélez.
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SI FUESE PRECISO DEFINIR rápidamente la intención intelectual de
la revista Argumentos, es posible concluir que ella ha buscado
contribuir, dentro del ámbito espiritual y científico de la
universidad colombiana, a que sea sustancial y necesario a sus
objetivos públicos y académicos el pensar ilustradamente. O para
decirlo con los términos de Emmanuel Kant en un texto que se
encuentra traducido en unos de los últimos números de la revista:
"La ilustración es la salida del hombre de su condición de
menor de edad de la cual él mismo es culpable. La minoría de edad
es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la
dirección de otro... Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu
propio entendimiento! les pues la divisa de la ilustración. La
pereza y la cobardía son las causas de que la mayoría de los
hombres, después que la naturaleza los ha librado desde tiempo
atrás de conducción ajena, permanecen con gusto como menores de
edad a lo largo de su vida, por lo cual le es muy fácil a otros el
erigirse en tutores" (Argumentos, núms. 14-17, pág.
29).
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Primer número de
la revista Argumentos publicada por Rubén Jaramillo Vélez en
1981.
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Pese a que en Colombia se favorece no el pensar ilustradamente
sino el pensar dogmáticamente, Argumentos, la revista editada y
dirigida por el filósofo y profesor de la Universidad Nacional
Rubén Jaramillo Vélez, ha tratado modestamente de superar este vivo
estilo de reflexión intelectual. Modestamente, en sentido estricto
aquí, quiere decir: con las limitaciones económicas propias que
sufre una publicación independiente, editada solitariamente, y en
la medida que las posibilidades del saber universitario lo han
permitido, esto es, soportando los vicios que se han asentado
institucionalmente una persistente mediocridad profesoral
-habilidosamente excusada- y la recepción no-crítica del saber
europeo y norteamericano. Científicamente esto es grave, porque
pensar para la sociedad tiene sus requisitos rigurosos. Por colocar
un solo ejemplo (y de paso así comenzamos a reseñar
cronológicamente número por número de la revista): la recepción del
psicoanálisis en Colombia. ¿O habría que decir "recepción
homicida"? En efecto, dos psiquiatras colombianos, en
sendos libros, proclamaron desde Bogotá la muerte del
psicoanálisis. Uno de ellos -José Francisco Socarras- se sirvió de
él para hacer lo que llamaríamos "El retrato libidinoso de
un godo thanático". El otro, el imparable Mauro Torres,
con un superyoísmo superdocto concluiría: "El
psicoanálisis ha muerto desde el momento en que fracasaron sus
pretensiones científicas. Y los débiles destellos de vitalidad que
aún se advierten sólo se explican por el aire superficial que le
aportan sus últimos entusiastas, sean estos sostenidos por la fe o
el interés económico...". Queden, pues, Laureano Gómez:
psicoanálisis de un resentido y Freud, biografía crítica de
Socarras y Torres, respectivamente, como testimonios de que la
"ciencia santista" no es ningún fantasma
caduco.
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