Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
PRIMERA ÉPOCA
(1944-1950)
Nombre: Revista de la Universidad Nacional (aparición
trimestral)
Director: Gerardo Molina
Redactor: Fernando Charry Lara (los dos primeros números) y
Jaime Ibañez
Tendencia: Científica, cultural, absoluta interacción con la
problemática del país.
No existe una sola facultad dentro de la universidad que no
encuentre participación en la revista y, todas, de una u otra
forma, actúan en razón de las necesidades que el país demanda. Las
más diversas secciones aparecen entonces conformándola: filosofía,
letras y arte; derecho, ciencias políticas y económicas; ciencias
físicas y matemáticas; medicina, psicología y educación;
matemáticas e ingeniería; por último, una sección dedicada a
reseñas de libros y la sección universitaria.
En la sección de filosofía, letras y arte aparecen
esporádicamente, como colaboradores, Pedro Salinas, Roger Caillois,
Paul Valéry, Amado Alonso, Andrés Holguín, José Luis Romero, Rafael
Carrillo, José María Ots Capdequí, Danilo Cruz Vélez, Juan David
García Bacca, Luis Cardoza y Aragón, León de Greiff. Las otras
secciones se caracterizan por los aportes de profeso res e
investigadores de la universidad; no hay mayor participación de
fuera, excepto cuando éstos se ocupan en problemas nacionales.
Tres presencias fundamentales marcan la primera época, que
comprende los 16 primeros números de la revista: al fondo, el
carácter renovador que imprime López Pumarejo a su gobierno; el
papel predominante que adquiere la Universidad Nacional y por
último, al frente, Gerardo Molina, su aparición y su silencio. En
esta su primera época, la revista denota un carácter netamente
nacional; la preocupación, las búsquedas, la investigación, apuntan
a la comprensión, el análisis y solución de los problemas que
aquejan al país. Puede percibirse como un espacio de publicación
ensimismado, sin mayor apertura a la problemática mundial; acaso
excesivamente nacionalista. Todo esto se explica si se piensa que
la consigna del momento parecía ser primero atender y crear
estructuras internas sólidas para lograr después una ventajosa
relación con el mundo.
Pero esas tres presencias claves no tardarían en desaparecer.
Los propósitos y proyectos de cambio que habían sido trazados se
ven truncados al desaparecer las condiciones para su realización.
Gerardo Molina abandona su cargo en la Universidad y la dirección
de la revista en 1948. Jorge Eliécer Gaitán ha sido asesinado. Al
reasumir el poder el conservatismo, ya no existe el espacio donde
antes ejercía presión el cambio. La universidad conserva su papel
prioritario pero en un sentido bien distinto: se le atiende sólo en
la medida en que ahora representa un problema de orden público.
Jaime Ibáñez, sin embargo, continúa en la redacción de la revista y
logra, de todos modos sostener su carácter hasta 1950. Pero ya se
presentía la muerte de esta primera etapa; se la podía ver
preparándose para configurarse, más adelante, en negación de lo que
hasta ahora había representado. A partir de 1950 vienen tres años
de silencio, tres años lo suficientemente largos como para hacer un
gran blanco sobre la etapa que culmina y reaparecer nueva pero no
renovada, envejecida; nueva pero gastada. Después de tres años
reaparece para conformar la que habrá de ser la más oscura y
retardataria de sus épocas.
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