Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
GERARDO MOLINA,
LA PRIMERA VOZ Y EL SILENCIO ELOCUENTE
La presencia de Gerardo Molina aparece, a lo largo de la
historia de la Revista de la Universidad Nacional, cada vez que se
pretende instaurar una tradición nueva caracterizada por la
voluntad de cambio y de proyección al futuro. Tanto su presencia
como aquellos momentos en que se silencia y en los que vuelve a
hablar, constituyen un hito en el seguimiento del transcurrir de la
revista. Sus silencios evidencian, con respecto a las etapas en que
se producen, el carácter retardatario de éstas. Su presencia o
ausencia metaforizan la relación de la revista con los cambios a
que se somete el país. La aparición y las transformaciones
radicales o paulatinas que sufre la Revista de la Universidad
Nacional responden o encuentran correspondencia inequívoca con el
espíritu que rige el momento.
Existen términos que es imposible obviar cuando se trata de
configurar las tendencias que marcan, al menos, la primera etapa de
la revista: ciencia, tecnología, investigación y modernización. La
hegemonía conservadora, ejercida desde 1890 hasta 1930, había
dejado como herencia un país sumido en una especie de
aletargamiento. Pero la situación comienza a cambiar con el ascenso
al poder, en 1934, de Alfonso López Pumarejo; el país se adentra en
un proceso acelerado de modernización e industrialización que, sin
embargo, no deja de crear reservas en muchos sectores que ven en la
voluntad de cambio inspirada por López Pumarejo una amenaza a sus
intereses.
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Este fue el
diseño de las cubiertas desde octubre de 1944 hasta 1950.
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Para cumplir con el propósito que el gobierno se había fijado,
la universidad habría de desempeñar un papel fundamental: sería la
herramienta con la que el hombre conocería, investigaría y se haría
capaz de acabar con la crisis de preparación técnica que sufría y
que imposibilitaba cualquier paso al frente en términos de
industrialización. Se pretendía que la universidad dejara de estar
al margen del país y que se vinculara estrechamente al Estado. La
tarea que quería llevarse a cabo debía tener muy en cuenta la
relación con la universidad y con todo lo que a ella concernía;
debería sufrir una transformación total, dejar de ser simplemente
el lugar donde se forman profesionales, para constituirse en el
medio donde, a la vez que se conocen los problemas que sufre el
país en todos los niveles, se proponen soluciones efectivas por
medio de la investigación y el estudio. Se crea la ciudad
universitaria y se congregan las facultades en ese momento
dispersas. Se busca una universidad cuya infraestructura sea la que
en adelante provea las herramientas de cambio.
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Ilustración
utilizada en el artículo de Jaime Ibánez publicado en el núm. 9 de
1947. Don Quijote velando las armas.
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Todo comienza en 1934. La nueva universidad, en 1935. El primer
número de la Revista de la Universidad Nacional, nueve años después
de la recreación del recinto educativo. La función que la
universidad debía cumplir había sido claramente definida y su
revista surge como el medio a través del cual se daría cuenta de
los trabajos realizados en aras de la preocupación nacional: crear
las condiciones necesarias para la modernización del país.
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