Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

Revista de la Universidad Nacional o la tradición de la ruptura

CLAUDIA CADENA SILVA
Trabajo fotográfico: Mario Rivera

 

LAS REVISTAS, UNA UTOPIA

LAS REVISTAS, AL IGUAL que el hombre, conjugan estricta mente los verbos nacer, crecer, reproducirse y morir; mejor: la revista reproduce, en un lapso temporal mucho más corto, aquel ciclo tajante y sintético que cumple el hombre irremediablemente. Pero el origen de éstas no se corresponde, sin embargo, con el del hombre; habrán de constituirse en testigos fieles de sus épocas, sí, pero sólo cuando el hombre así lo exija y tan sólo, además, cuando el universo que puebla lo permita. Si las revistas logran originar una tradición, ésta no se da en un mundo distinto del regido por las pautas de la modernidad, y la característica inherente a la tradición que fundan no es otra que la que distingue lo moderno, la ruptura: "La modernidad es una tradición polémica y que desaloja a la tradición imperante, cualquiera que ésta sea; pero la desaloja sólo para, un instante después, ceder el sitio a otra tradición que, a su vez, es otra manifestación momentánea de la actualidad. La modernidad nunca es ella misma: siempre es otra [...] La modernidad es una suerte de autodestrucción creadora" | 1 .

Portada del primer número de la revista publicado en octubre de 1944 bajo la dirección de Gerardo Molina y redacción de Fernando Charry L.

El mundo comienza a fragmentarse, lo caracteriza la diversidad, la aparición de un infinito número de grupos humanos con tendencias ideológicas disímiles, con búsquedas y aspiraciones contrarias. El hombre ahora atestigua, con obvio temor, el destronamiento paulatino de lo que solía constituir su verdad única; ya no puede negar que el derecho de la realidad es también su revés; que sus construcciones son perennes en la medida en que contienen en sí mismas la posibilidad de renovación, de negación, para luego afirmarse en algo distinto. La relación del hombre con la realidad deja de ser unívoca. Su historia ahora está marcada por la tradición de la ruptura: negar para afirmar, destruir para construir. El mundo donde esa tradición tiene lugar es el moderno, y su motor es la dialéctica.

El ser de las revistas contiene ese movimiento dialéctico: surgen siempre como respuesta a un estado de cosas del mundo y del hombre; y encarnan la tradición de la ruptura: al interior de ellas mismas, cuando logran cierta permanencia en el tiempo y se hacen expresión de más de una generación; al exterior, porque son gesto y respuesta frente al mundo.

Ruptura, dialéctica, heterogeneidad; lo efímero, lo fugaz, son las características inherentes al ser de las revistas y son también aquello que determina su relación y expresión del momento histórico. Las revistas se presentan, retrospectivamente y en conjunto, como una presencia múltiple de voces en las que entre ecos se escucha el diálogo que han establecido con su contexto y entre ellas mismas. Por lo demás, es siempre un diálogo corto, en ocasiones interrumpido abruptamente, en otras manipulado o confuso por encontrar en ellas el hombre público la manera perfecta de abrir paso a sus arengas en un momento en que no sólo la revista representa un medio eficaz de comunicación -no se accedía aún a la televisión-, sino en que el político y el intelectual conforman una sola presencia indivisible.

Además de las características anotadas, se insiste siempre en otra cada vez que se alude a la significación de una revista en su momento y durante, por lo general, su corta vida. A todas y cada una de ellas se les atribuyen las características de Prometeo, personaje de la mitología griega que ofrece a la humanidad la antorcha de fuego, la luz, la sabiduría, la civilización. Ninguna se salva de estos atributos. Este curioso fenómeno hace pensar en dos cosas: primero, lo más obvio, en un lugar común; segundo, en la comprobación de que, en efecto, el surgimiento de las revistas son presagio de rasgos modernos de la época en que se inscriben: no todas podrían fundar los precedentes de una vanguardia y de manera simultánea, de no ser por la diversidad y complejidad del mundo que expresan.

Hago referencia a las revistas de carácter cultural y a una etapa específica de su tradición: la que va del primer decenio del siglo a los años setenta; la que inicia la revista Voces, dirigida por Ramón Vinyes (1917-1920), y termina con Mito (Jorge Gaitán Duran, 1955-1962) y Eco (1960-1984). Entre una y otra, aparecen una gran cantidad de revistas que conjugan el sentir, las creaciones y el espíritu de esa época que, además de ser oscura, retardataria y todo lo demás, posibilita de una u otra forma la existencia y producción de un número bastante significativo de ellas; basta enumerar unas cuantas: ya en el último decenio del siglo pasado, surgen El Montañés, Miscelánea y Alfa y, con ellas, Tomás Carrasquilla. Se anuncia la aparición de Panida. Aparecen revistas que surgen de las tertulias, como El Bodegón (1920) y Los Nuevos (1925), acusada de cosmopolita, afrancesada, y que prefigura lo que habría de ser Mito. Desde 1933, Plinio Mendoza Neira, hombre público y periodista, emprende la creación de Acción Liberal, Unión Liberal, Diario Nacional y El Mes Financiero y Económico, donde colaboran Jorge Eliécer Gaitán, Carlos Lleras, Octavio Paz, Vicente Huidobro, Hernando Téllez, Gerardo Molina y muchos otros. Esta serie de publicaciones dan cuenta de la característica fundamental del momento: las manifestaciones del hombre tienen un doble carácter, literario y político.

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Octavio Paz, Los hijos del limo. Bogotá, Oveja Negra, 1985, págs. 9-10.