Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

LA DEMOCRATIZACIÓN DEL PENSAMIENTO CIENTÍFICO

Desde el famoso Manifiesto de Córdoba de 1918, por todos los caminos de nuestra América sonaban los ecos de la invitación a combatir la terca "supervivencia de ese humanismo de sacristía", como se ha caracterizado el ambiente y mentalidad de nuestra historia cultural, hasta un período muy avanzado del presente siglo. Esto no sólo es válido para el mundo de las letras y de las artes sino también para caracterizar el retraso en la tarea de difundir y estimular la producción científica.

Revista de las Indias tardó un tiempo en asumir la responsabilidad de inducir a un sector de sus colaboradores a preparar el terreno de diseñar una estrategia para democratizar la difusión del conocimiento científico, hasta ese momento relegada a los claustros universitarios que habían empezado a interesarse por la ciencia (algunos de ellos de gran importancia en centros capitales como Bogotá, Medellín, ciudad de México y Buenos Aires). En las páginas de la revista hay una ausencia total sobre temas de desarrollo, ciencia y tecnología a la manera como la intelectualidad de los países más desarrollados lo habían hecho, al promover discusiones sobre el futuro del hombre en una sociedad tecnificada o en vías de tecnificarse. Pensando en este fenómeno se le ocurriría a cualquier investigador de la cultura latinoamericana plantear una pregunta: ¿acaso nuestra intelectualidad se ha negado a pensar y soñar en el futuro?

Entre 1936 y 1945 sólo aparecen dos artículos que hacen referencia al problema de la ciencia: se trata de la traducción del ensayo "La evolución de las ciencias naturales" de De Monzie Anatole (1936) y el artículo "La investigación científica en la formación universitaria" de Pedro Urbano González de la Calle (1945). No sobra recordar que para 1933 en Colombia se había creado la Academia Colombiana de Ciencias, que fue reglamentada por el gobierno de Alfonso López Pumarejo en 1936, siguiendo el modelo de otras que funcionaban en Latinoamérica.

En 1948, la revista empezó a variar su actitud y aceptó la colaboración de un especialista en asuntos científicos: Waldomar Bellon Wiessner (cuyos datos biográficos no fue posible encontrar). Bajo su autoría empezó a aparecer una sección que llevaba el título de "Ciencias". Allí se presentaban, con ágil estilo periodístico, reseñas y noticias sobre los principales inventos y acontecimientos científicos del mundo europeo y norteamericano.

La experiencia dejada por la sección "Ciencias" fue prueba irrefutable de la viabilidad de difundir en forma periodística una mentalidad que contribuyera a un mayor acercamiento al interés por la ciencia. Sin embargo, la dispersión y variedad de dichos temas corroboran la ausencia de prioridades en el desarrollo científico, más aún cuando en el plano nacional los hechos se imponían sobre el conocimiento que se tuviera o no de ellos, con situaciones como la presencia de la Fundación Rockefeller, la renovación de la enseñanza de las matemáticas por el profesor Carlo Federici y procesos análogos en los campos de la física y la química y ante todo la influencia definitiva de la tecnología estadounidense sobre la europea. Al respecto de eso expresa Gabriel Poveda Ramos: "Hasta antes de la segunda guerra mundial la enseñanza y el cultivo de las ciencias en Colombia habían estado acentuadamente influidos por los centros culturales y científicos europeos, y muy especialmente por los franceses [...] Pero después de la segunda guerra mundial entraron de lleno a nuestras universidades, nuestros técnicos y científicos las orientaciones estadounidenses marcadas por sus autores, textos, sus manuales y la influencia de sus grandes universidades". Ninguno de estos asuntos ocuparon la atención de Wiessner, a pesar de que en forma indirecta se pudiera deducir lo que este colaborador de la revista pensaba: ¡el sueño americano se iba haciendo realidad, sin importar el inventario crítico del fenómeno!

En 1951 se cerró el ciclo de vida de la revista, que desde 1936 se había dado ala quijotesca tarea de recorrer los caminos de nuestra América y de intentar mirar a Europa desde un "americanismo" que aún no se ha puesto de acuerdo sobre su propio significado. De su existencia se puede decir, como lo hace J. E. Jaramillo Zuluaga, recordando un comentario de Cobo Borda sobre la revista Sur para aplicarlo a Eco, que Revista de las Indias también forma parte del extraviado inconsciente de nuestra cultura.