Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
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| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

VISIONES DE AMERICA LATINA

Una América Latina cambiante, convulsionada, difícil de percibir, fue el marco en el que se desenvolvió la vida de la Revista de las Indias (1936-1950). Durante ese tiempo, gran variedad de procesos políticos, matizados por diversas fuerzas sociales que los conducían, hicieron de las naciones-estados de América Latina lugares en donde se conjugaron la diversidad y el contraste.

Era una época de rebeldía, de represión, de silencio y de gritos de libertad. Podría pensarse que los cambios políticos y sociales, entre ellos la aparición del populismo en América Latina, se reflejaron en la revista, pero, en verdad, ésta siempre evitó comprometerse con aquellos procesos que señalaban de mil maneras el "tránsito de fin de vida" a "tiempo de historia", como ya lo habían propuesto dos grandes de América: Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña.

En 1938, con motivo de la celebración del cuarto centenario de la fundación de Bogotá, se celebró la reunión de escritores españoles y americanos de la cual salió la reorganización de Revista de las Indias, con un comité de dirección de lujo que reunía personalidades de la cultura ibérica y latinoamericana; cambiando su carácter, pasó de ser una revista nacional auspiciada por el ministerio de Educación a constituirse en órgano internacional de escritores hispanoamericanos. Entre los fundadores de esta segunda etapa de la revista están: Pablo Abril de Vivero (Perú), Eduardo Carranza (Colombia), Benjamín Carrión (Ecuador), José Cuatrecasas (España), Alfredo Coester (Estados Unidos), Nicolás Delgado (Ecuador), José Jiménez Borja (Perú), Curt Longe (Uruguay), Mariano Latorre (Chile), Arturo Manases (Uruguay), Gustavo Adolfo Otero (Bolivia), José María Ots Capdequí (España), Daniel Samper Ortega (Colombia), Joaquín Tamayo (Colombia), Luis de Zulueta (España), entre quienes se escogió su comité de redacción.

Con una extensa lista de colaboradores internacionales, Revista de las Indias intentó mostrar variadas formas de mirar a Latinoamérica a través de su poesía, su ficción, su crítica y su avance científico; en fin, de ilustrar una América como "una y múltiple". Lamentablemente, la otra cara de la moneda mostró que un equipo tan calificado como el que tuvo la dirección de la revista no logró crear conciencia sobre esa "gran utopía intelectual" que tiene como mira la preocupación por la expresión cultural latinoamericana. Algunos de sus colaboradores trataron el tema desde un discurso oficial que convertía en razón de Estado todo fenómeno cultural. Otros se plantearon el problema de nuestra cultura en razón de un "modo de ser" que debía imitar el pensamiento anglosajón del que se derivó el "American way of Ufe". Véase, por ejemplo, el ensayo del panameño Octavio Méndez Pereira, "Americanos del sur y americanos del norte", publicado en la revista en 1939. Estos discursos no alcanzaron eco en las comunidades literarias y científicas, pero tampoco lograron conformar un proyecto sustitutivo.

Como resultado de ello, la revista dio poca cuenta de los procesos políticos y sociales que obstaculizaban la producción intelectual, y mucho menos promovió esa solidaridad que tanto predicó uno de los grandes impulsores contemporáneos de la idea de "identidad", como fue el mexicano Leopoldo Zea; otra razón para pensar que la revista reflejó durante su vida una América Latina dividida. Lo lamentable del asunto fue que, frente a esa innegable y vigorosa tarea de organizar una extensa red de colaboradores internacionales de gran calidad, muy escasos fueron los frutos que se recogieron, en el sentido de dar respuesta a las grandes preguntas sobre el destino de este continente, o al menos de crear corrientes sobre ellas. Por ello hemos situado esta experiencia cultural como un momento de transición hacia "un tiempo de historia" que ha tardado mucho en consolidarse en América Latina.

Para 1938 la revista contaba con un comité de redacción del que formaban parte Baldomero Sanín Cano (Colombia), Luis de Zulueta (España), Tomás Rueda Vargas (Colombia), Benjamín Carrión (Ecuador), Pablo Abril de Vivero (Perú), y como director actuó Germán Arciniegas. Este último plantearía en la reunión de intelectuales latinoamericanos convocada por la Comisión Cubana de Cooperación Intelectual en La Habana, en 1941, las tesis americanistas que inspiraban la revista: libertad, democracia, justicia social y un ideal que cada día empezaba a ser más claro: el sentimiento de universalidad en la producción intelectual latinoamericana. Con esos principios se pensaba reunir en equipo a los intelectuales de las muchas Américas: la del Atlántico y la del Pacífico, la indígena y la española, la del sur y la del norte.

De cualquier modo, este esfuerzo por universalizar progresivamente la cultura latinoamericana hizo funcionar los mecanismos más evidentes y próximos para lograrlos: traducciones de literatura extranjera, corresponsalías en todos los países, reseñas informativas, trabajos históricos, ensayos y organización de eventos conmemorativos.
La lectura de esta publicación permite apreciar el liderazgo de un núcleo de la intelectualidad colombiana, factor positivo en su intención, pero decididamente negativo en su resultado, porque permitió permear la revista con los vicios seculares de una tolerancia equivocada, que a nombre de un mal entendido "pensamiento liberalizante" no permitió desenmascarar a los "figurones de una literatura del mimetismo y la imitación" que conducían a los caminos de siempre, al historiador de "legajos canónicos y jurídicos", al "ensayista florido" pero sin contenido, a los "poetas de veladas escolares" y a los críticos que, en suma, seguían satisfaciendo las "necesidades ornamentales del retroprogresismo". Por eso no sería exagerado decir que de las cenizas de la Revista de las Indias nació otro proyecto que evitó toda costa repetir estos errores y puso todo su empeño en mejorar sus aciertos: la revista Mito.

En Mito colaborarían muchos de los que en Revista de las Indias habían pasado la gran prueba de colocar "el peso del pasado en la lejanía y abrir las puertas a la voluntad del futuro". Porque es bueno recordar que Jorge Gaitán Duran, Eduardo Cote Lamus, Eduardo Zalamea Borda, Hernando Téllez y Pedro Gómez Valderrama también transitaron el camino "de las Indias".