Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
VISIONES DE
AMERICA LATINA
Una América Latina cambiante, convulsionada, difícil de
percibir, fue el marco en el que se desenvolvió la vida de la
Revista de las Indias (1936-1950). Durante ese tiempo, gran
variedad de procesos políticos, matizados por diversas fuerzas
sociales que los conducían, hicieron de las naciones-estados de
América Latina lugares en donde se conjugaron la diversidad y el
contraste.
Era una época de rebeldía, de represión, de silencio y de gritos
de libertad. Podría pensarse que los cambios políticos y sociales,
entre ellos la aparición del populismo en América Latina, se
reflejaron en la revista, pero, en verdad, ésta siempre evitó
comprometerse con aquellos procesos que señalaban de mil maneras el
"tránsito de fin de vida" a "tiempo de
historia", como ya lo habían propuesto dos grandes de
América: Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña.
En 1938, con motivo de la celebración del cuarto centenario de
la fundación de Bogotá, se celebró la reunión de escritores
españoles y americanos de la cual salió la reorganización de
Revista de las Indias, con un comité de dirección de lujo que
reunía personalidades de la cultura ibérica y latinoamericana;
cambiando su carácter, pasó de ser una revista nacional auspiciada
por el ministerio de Educación a constituirse en órgano
internacional de escritores hispanoamericanos. Entre los fundadores
de esta segunda etapa de la revista están: Pablo Abril de Vivero
(Perú), Eduardo Carranza (Colombia), Benjamín Carrión (Ecuador),
José Cuatrecasas (España), Alfredo Coester (Estados Unidos),
Nicolás Delgado (Ecuador), José Jiménez Borja (Perú), Curt Longe
(Uruguay), Mariano Latorre (Chile), Arturo Manases (Uruguay),
Gustavo Adolfo Otero (Bolivia), José María Ots Capdequí (España),
Daniel Samper Ortega (Colombia), Joaquín Tamayo (Colombia), Luis de
Zulueta (España), entre quienes se escogió su comité de
redacción.
Con una extensa lista de colaboradores internacionales, Revista
de las Indias intentó mostrar variadas formas de mirar a
Latinoamérica a través de su poesía, su ficción, su crítica y su
avance científico; en fin, de ilustrar una América como
"una y múltiple". Lamentablemente, la otra cara
de la moneda mostró que un equipo tan calificado como el que tuvo
la dirección de la revista no logró crear conciencia sobre esa
"gran utopía intelectual" que tiene como mira la
preocupación por la expresión cultural latinoamericana. Algunos de
sus colaboradores trataron el tema desde un discurso oficial que
convertía en razón de Estado todo fenómeno cultural. Otros se
plantearon el problema de nuestra cultura en razón de un
"modo de ser" que debía imitar el pensamiento
anglosajón del que se derivó el "American way of
Ufe". Véase, por ejemplo, el ensayo del panameño Octavio
Méndez Pereira, "Americanos del sur y americanos del
norte", publicado en la revista en 1939. Estos discursos
no alcanzaron eco en las comunidades literarias y científicas, pero
tampoco lograron conformar un proyecto sustitutivo.
Como resultado de ello, la revista dio poca cuenta de los
procesos políticos y sociales que obstaculizaban la producción
intelectual, y mucho menos promovió esa solidaridad que tanto
predicó uno de los grandes impulsores contemporáneos de la idea de
"identidad", como fue el mexicano Leopoldo Zea;
otra razón para pensar que la revista reflejó durante su vida una
América Latina dividida. Lo lamentable del asunto fue que, frente a
esa innegable y vigorosa tarea de organizar una extensa red de
colaboradores internacionales de gran calidad, muy escasos fueron
los frutos que se recogieron, en el sentido de dar respuesta a las
grandes preguntas sobre el destino de este continente, o al menos
de crear corrientes sobre ellas. Por ello hemos situado esta
experiencia cultural como un momento de transición hacia
"un tiempo de historia" que ha tardado mucho en
consolidarse en América Latina.
Para 1938 la revista contaba con un comité de redacción del que
formaban parte Baldomero Sanín Cano (Colombia), Luis de Zulueta
(España), Tomás Rueda Vargas (Colombia), Benjamín Carrión
(Ecuador), Pablo Abril de Vivero (Perú), y como director actuó
Germán Arciniegas. Este último plantearía en la reunión de
intelectuales latinoamericanos convocada por la Comisión Cubana de
Cooperación Intelectual en La Habana, en 1941, las tesis
americanistas que inspiraban la revista: libertad, democracia,
justicia social y un ideal que cada día empezaba a ser más claro:
el sentimiento de universalidad en la producción intelectual
latinoamericana. Con esos principios se pensaba reunir en equipo a
los intelectuales de las muchas Américas: la del Atlántico y la del
Pacífico, la indígena y la española, la del sur y la del norte.
De cualquier modo, este esfuerzo por universalizar
progresivamente la cultura latinoamericana hizo funcionar los
mecanismos más evidentes y próximos para lograrlos: traducciones de
literatura extranjera, corresponsalías en todos los países, reseñas
informativas, trabajos históricos, ensayos y organización de
eventos conmemorativos.
La lectura de esta publicación permite apreciar el liderazgo de un
núcleo de la intelectualidad colombiana, factor positivo en su
intención, pero decididamente negativo en su resultado, porque
permitió permear la revista con los vicios seculares de una
tolerancia equivocada, que a nombre de un mal entendido
"pensamiento liberalizante" no permitió
desenmascarar a los "figurones de una literatura del
mimetismo y la imitación" que conducían a los caminos de
siempre, al historiador de "legajos canónicos y
jurídicos", al "ensayista florido" pero
sin contenido, a los "poetas de veladas
escolares" y a los críticos que, en suma, seguían
satisfaciendo las "necesidades ornamentales del
retroprogresismo". Por eso no sería exagerado decir que de
las cenizas de la Revista de las Indias nació otro proyecto que
evitó toda costa repetir estos errores y puso todo su empeño en
mejorar sus aciertos: la revista Mito.
En Mito colaborarían muchos de los que en Revista de las Indias
habían pasado la gran prueba de colocar "el peso del
pasado en la lejanía y abrir las puertas a la voluntad del
futuro". Porque es bueno recordar que Jorge Gaitán Duran,
Eduardo Cote Lamus, Eduardo Zalamea Borda, Hernando Téllez y Pedro
Gómez Valderrama también transitaron el camino "de las
Indias".
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