Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña etnología: Etnohistoria con fuentes primarias

Etnohistoria con fuentes primarias

Mercado, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas

Carl H. Langebaek

Banco de la República, Bogotá,1987

Hace largo tiempo no se publicaba una obra etnohistórica sobre los muiscas basada en fuentes primarias; es decir, en documentos del Archivo Histórico Nacional y del Archivo Histórico de Tunja. Esta labor no es fácil, dada las enormes dificultades que implica escudriñar en él en busca del dato que pueda enseñarnos algo sobre las culturas indígenas que poblaban el país durante el siglo XVI. Carl Langebaek, con su formación de antropólogo, se enfrentó magistralmente a los polvorientos documentos de interminables pleitos y otros, con el objeto de dilucidar algunos interrogantes sobre la economía muisca.

En este excelente trabajo se muestra por primera vez un claro panorama de la economía muisca, principalmente de la circulación de productos entre los diferentes cacicazgos que conformaban dicho grupo lingüístico, así como las relaciones de estos con grupos vecinos. El análisis de los documentos, así como la consulta de fuentes secundarias, permiteron  al autor sustentar cuatro hipótesis básicas, que cambian la óptica con que tradicionalmente se ha enfocado este tipo de estudios. Estas son:

- Los habitantes del altiplano tenían una economía autosuficiente en lo que respecta a la producción de comida y medios de trabajo. - El intercambio no requirió de especialistas, del uso de un artículo a modo de moneda o de la movilización de grandes cantidades de productos. - El intercambio en los mercados muiscas fue uno de los mecanismos de integración étnica entre los hablantes de la lengua chibcha. - El tributo y la redistribución de excedentes comunales tenían un manejo centralizado en beneficio general y no de un grupo pequeño de individuos especializados.

Estas cuatro propuestas generan algunos puntos que contradicen la clasificación tradicional en que se ha encasillado a los muiscas como sociedad estatal, Incluso se observa, de acuerdo con la descripción que el autor ofrece, que los muiscas tenían una organización económica similar a la de la gran mayoría de los cacicazgos que poblaban el actual territorio de la república. Al respecto, el autor hace una minuciosa descripción de la circulación de productos examinando quién lo hacía, el uso, la técnica de producción, los centros productores (que sería mejor considerar como regiones de producción), la distribución y los consumidores. La circulación de productos no fue, al parecer, más compleja que la empleada hoy día por grupos con un grado de organización tribal en el Orinoco (confróntese Lantrap).

El análisis de la circulación de productos que Langebaeck presenta, concluye en favor de la hipótesis de que los muiscas tenían la capacidad de autoabastecer a la población indígena. Parte de la sustentación de esta hipótesis la hace el autor a partir de la existencia de mercados regulares así como de la supuesta existencia de "depósitos comunales capaces, incluso, de mantener especialistas desligados de la producción directa de alimentos". Sin embargo, existe comprobación arqueológica, concretamente derivada de estudios en antropología física que muestran algo totalmente diferente; es decir, evidencia de enfermedades ligadas a procesos de desnutrición entre los muiscas, no sólo causadas por falta de proteínas, sino incluso de suministro de alimentos en diferentes etapas de los individuos. Es probable que el autor tenga razón con respecto a la regularidad de los mercados. Sin embargo, no es posible generalizar para antes de la Conquista la existencia de mercados. Para esto se requieren testimonios arqueológicos.

Uno de los puntos expuestos por el autor que resulta sumamente interesante es la crítica que hace del "tributo" a los caciques. Considera que se trataba de una práctica de centralización y distribución de productos y no de acumulación. De ahí que para Langebaek el cacique no es más que un especialista dentro de la comunidad y cuyo poder se basaba en la generosidad, aspecto que nos recuerda en su estructura a ciertos grupos étnicos de Melanesia, en cuanto al almacenamiento de batata y a las festividades de Moka, en donde se refuerzan las alianzas mediante la distribución de bienes.

En cuanto a la estructura del libro, es bastante clara, persigue constantemente sus objetivos y sustenta las hipótesis. Está dividido en cuatro partes. La primera es una reseña de la organización social muisca, enfatizando el aspecto político de las diferentes confederaciones y las reglas de parentesco, aspecto muy importante para la comprensión del patrón de poblamiento y control de recursos. Lamentablemente, el autor no contó con datos más precisos sobre el patrón de asentamiento, debido a las limitaciones de los documentos, así como a la carencia de investigaciones arqueológicas regionales que permitan clarficar estos aspectos. Por lo tanto, la imagen que tenemos sobre el patrón de poblamiento y asentamiento es válida para el siglo XVI, pero no antes que se diera el proceso de "reducción de aldeas", el desarrollo de la encomienda y el rápido descenso demográfico de la población.

La segunda parte del libro se centra en diferentes aspectos relacionados con la circulación de productos, tales como el tributo y la redistribución, así como en una detallada descripción de los artículos de intercambio. Esta parte puede considerarse como la contribución principal del autor al conocimiento de los muiscas durante el siglo XVI. La riqueza de la información es buena base para el desenvolvimiento de futuras investigaciones, no sólo en el campo de la etnohistoria, sino en investigaciones arqueológiacas con enfoques regionales.

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La tercera parte del libro es menos clara, debido a la escasez de documentos que permitan comprender el grado de desarrollo del "mercado", por lo cual queda una imagen poco precisa del funcionamiento de éste con respecto a la organización social y política. Todo parece indicar que, en el caso de los cacicazgos "independientes" y de las diferentes "confederaciones", se estaba dando un proceso de integración en torno a ciertos caciques, lo cual no es sorpresa, puesto que en las sociedades que clasificamos como cacicazgos (chiefdoms), o sociedades de rango, estas tendencias a la centralización se dan con la redistribución de productos y con otros factores.

En la última parte, el autor examina brevemente diversos aspectos relacionados con el intercambio, como son la ausencia de moneda y los términos de éste. Curiosamente, cuando entra a analizar la frecuencia, así como el volumen, del intercambio, concluye que ella no pudo ser grande, debido a la carencia de infraestructura. Dicha hipótesis contradice la idea de existencia de mercado tal como se entiende hoy día. El mercado muisca debe verse como sitios de trueque donde no hay ganancias, impuesto o regulaciones en cuanto formas de contratación. Lo anterior no contradice la existencia de intercambio de productos con zonas lejanas, lo cual no es extraño, puesto que grupos con bajo grado de complejización económica igualmente mantienen redes de circulación de productos suntuarios o de bienes de uso a través de largas distancias. Un ejemplo son las hachas de hierro, las cuales circularon en el Amazonas en tiempos de la conquista y de la colonia antes que se estableciera contacto directo.

Finalmente, en excelente síntesis, el autor entra a considerar aspectos relacionados con el control vertical de pisos ecológicos, así como con el óptimo climático, más conocido como óptimo térmico (Holdridge). Las hipótesis planteadas por Langebaek, si se consideran en futuros trabajos arqueológicos, permitirán amplificar sustantivamente el conocimiento que tenemos de los cacicazgos del altiplano cundiboyacense.

AUGUSTO OYUELA CAYCEDO