Reseña etnología: Etnohistoria con fuentes
primarias
Etnohistoria con fuentes primarias
Mercado, poblamiento e integración étnica entre los
Muiscas
Carl H. Langebaek
Banco de la República, Bogotá,1987
Hace largo tiempo no se publicaba una obra etnohistórica sobre
los muiscas basada en fuentes primarias; es decir, en documentos
del Archivo Histórico Nacional y del Archivo Histórico de Tunja.
Esta labor no es fácil, dada las enormes dificultades que implica
escudriñar en él en busca del dato que pueda enseñarnos algo sobre
las culturas indígenas que poblaban el país durante el siglo XVI.
Carl Langebaek, con su formación de antropólogo, se enfrentó
magistralmente a los polvorientos documentos de interminables
pleitos y otros, con el objeto de dilucidar algunos interrogantes
sobre la economía muisca.
En este excelente trabajo se muestra por primera vez un claro
panorama de la economía muisca, principalmente de la circulación de
productos entre los diferentes cacicazgos que conformaban dicho
grupo lingüístico, así como las relaciones de estos con grupos
vecinos. El análisis de los documentos, así como la consulta de
fuentes secundarias, permiteron al autor sustentar cuatro
hipótesis básicas, que cambian la óptica con que tradicionalmente
se ha enfocado este tipo de estudios. Estas son:
- Los habitantes del altiplano tenían una economía
autosuficiente en lo que respecta a la producción de comida y
medios de trabajo. - El intercambio no requirió de especialistas,
del uso de un artículo a modo de moneda o de la movilización de
grandes cantidades de productos. - El intercambio en los mercados
muiscas fue uno de los mecanismos de integración étnica entre los
hablantes de la lengua chibcha. - El tributo y la redistribución de
excedentes comunales tenían un manejo centralizado en beneficio
general y no de un grupo pequeño de individuos especializados.
Estas cuatro propuestas generan algunos puntos que contradicen
la clasificación tradicional en que se ha encasillado a los muiscas
como sociedad estatal, Incluso se observa, de acuerdo con la
descripción que el autor ofrece, que los muiscas tenían una
organización económica similar a la de la gran mayoría de los
cacicazgos que poblaban el actual territorio de la república. Al
respecto, el autor hace una minuciosa descripción de la circulación
de productos examinando quién lo hacía, el uso, la técnica de
producción, los centros productores (que sería mejor considerar
como regiones de producción), la distribución y los consumidores.
La circulación de productos no fue, al parecer, más compleja que la
empleada hoy día por grupos con un grado de organización tribal en
el Orinoco (confróntese Lantrap).
El análisis de la circulación de productos que Langebaeck
presenta, concluye en favor de la hipótesis de que los muiscas
tenían la capacidad de autoabastecer a la población indígena. Parte
de la sustentación de esta hipótesis la hace el autor a partir de
la existencia de mercados regulares así como de la supuesta
existencia de "depósitos comunales capaces, incluso, de mantener
especialistas desligados de la producción directa de alimentos".
Sin embargo, existe comprobación arqueológica, concretamente
derivada de estudios en antropología física que muestran algo
totalmente diferente; es decir, evidencia de enfermedades ligadas a
procesos de desnutrición entre los muiscas, no sólo causadas por
falta de proteínas, sino incluso de suministro de alimentos en
diferentes etapas de los individuos. Es probable que el autor tenga
razón con respecto a la regularidad de los mercados. Sin embargo,
no es posible generalizar para antes de la Conquista la existencia
de mercados. Para esto se requieren testimonios arqueológicos.
Uno de los puntos expuestos por el autor que resulta sumamente
interesante es la crítica que hace del "tributo" a los caciques.
Considera que se trataba de una práctica de centralización y
distribución de productos y no de acumulación. De ahí que para
Langebaek el cacique no es más que un especialista dentro de la
comunidad y cuyo poder se basaba en la generosidad, aspecto que nos
recuerda en su estructura a ciertos grupos étnicos de Melanesia, en
cuanto al almacenamiento de batata y a las festividades de Moka, en
donde se refuerzan las alianzas mediante la distribución de
bienes.
En cuanto a la estructura del libro, es bastante clara, persigue
constantemente sus objetivos y sustenta las hipótesis. Está
dividido en cuatro partes. La primera es una reseña de la
organización social muisca, enfatizando el aspecto político de las
diferentes confederaciones y las reglas de parentesco, aspecto muy
importante para la comprensión del patrón de poblamiento y control
de recursos. Lamentablemente, el autor no contó con datos más
precisos sobre el patrón de asentamiento, debido a las limitaciones
de los documentos, así como a la carencia de investigaciones
arqueológicas regionales que permitan clarficar estos aspectos. Por
lo tanto, la imagen que tenemos sobre el patrón de poblamiento y
asentamiento es válida para el siglo XVI, pero no antes que se
diera el proceso de "reducción de aldeas", el desarrollo de la
encomienda y el rápido descenso demográfico de la población.
La segunda parte del libro se centra en diferentes aspectos
relacionados con la circulación de productos, tales como el tributo
y la redistribución, así como en una detallada descripción de los
artículos de intercambio. Esta parte puede considerarse como la
contribución principal del autor al conocimiento de los muiscas
durante el siglo XVI. La riqueza de la información es buena base
para el desenvolvimiento de futuras investigaciones, no sólo en el
campo de la etnohistoria, sino en investigaciones arqueológiacas
con enfoques regionales.
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La tercera parte del libro es menos clara, debido a la escasez
de documentos que permitan comprender el grado de desarrollo del
"mercado", por lo cual queda una imagen poco precisa del
funcionamiento de éste con respecto a la organización social y
política. Todo parece indicar que, en el caso de los cacicazgos
"independientes" y de las diferentes "confederaciones", se estaba
dando un proceso de integración en torno a ciertos caciques, lo
cual no es sorpresa, puesto que en las sociedades que clasificamos
como cacicazgos (chiefdoms), o sociedades de rango, estas
tendencias a la centralización se dan con la redistribución de
productos y con otros factores.
En la última parte, el autor examina brevemente diversos
aspectos relacionados con el intercambio, como son la ausencia de
moneda y los términos de éste. Curiosamente, cuando entra a
analizar la frecuencia, así como el volumen, del intercambio,
concluye que ella no pudo ser grande, debido a la carencia de
infraestructura. Dicha hipótesis contradice la idea de existencia
de mercado tal como se entiende hoy día. El mercado muisca debe
verse como sitios de trueque donde no hay ganancias, impuesto o
regulaciones en cuanto formas de contratación. Lo anterior no
contradice la existencia de intercambio de productos con zonas
lejanas, lo cual no es extraño, puesto que grupos con bajo grado de
complejización económica igualmente mantienen redes de circulación
de productos suntuarios o de bienes de uso a través de largas
distancias. Un ejemplo son las hachas de hierro, las cuales
circularon en el Amazonas en tiempos de la conquista y de la
colonia antes que se estableciera contacto directo.
Finalmente, en excelente síntesis, el autor entra a considerar
aspectos relacionados con el control vertical de pisos ecológicos,
así como con el óptimo climático, más conocido como óptimo térmico
(Holdridge). Las hipótesis planteadas por Langebaek, si se
consideran en futuros trabajos arqueológicos, permitirán amplificar
sustantivamente el conocimiento que tenemos de los cacicazgos del
altiplano cundiboyacense.
AUGUSTO OYUELA CAYCEDO