Reseña historia: Historias de conquista San Juan de Pasto:
siglo XVI
Historias de conquista
San Juan de Pasto: siglo XVI
Emiliano Díaz del Castillo
Fondo Cultural Cafetero, Bogotá, 1987, 334 págs., 7
ilustraciones
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En conmemoración de los 450 años de la fundación de la ciudad de
Pasto y con el motivo de recibirse como miembro correspondiente de
la Academia Colombiana de Historia, Emilio Díaz del Castillo
redacta una historia de conquista cuyo personaje central lo
constituye la gesta avasalladora de Sebastián de Belalcázar y los
conflictos por el poder y el dominio de los territorios y tesoros
expropiados a las sociedades y culturas americanas (hatunllatas,
pastos, sindaguas, paeces y pijaos) entre los conquistadores que
habían establecido su gobierno en Quito, Lima y Popayán. El autor
reconstruye los acontecimientos de conquista regional en el siglo
XVI mediante documentación tomada de los cronistas de Indias,
archivos notariales y parroquiales, archivos de Sevilla y Simancas
(España), del Libro primero de cabildos de Quito y de los
denominados por el autor historiadores primitivos. Desde esta
documentación insiste en precisar las fechas de "poblamiento"
(entre el 20 de febrero y el 16 de marzo de 1537) y "fundación" (el
19 de agosto de 1537), así como la erección en ciudad leal a la
corona española (17 de junio de 1559) y la reivindicación de
Sebastián de Belalcázar como fundador "legítimo".
El autor recurre a una paciente labor de confrontación
documental para precisar la gestión histórica que dio lugar a la
existencia de su ciudad natal, desde una mirada que privilegia la
labor de conquista y colonización -indubitable avatar etnocida que
ha marcado primordialmente la indagación y redacción histórica de
carácter académico-oficial.
Nos encontramos ya a poco tiempo del quinto centenario del
nominado "descubrimiento de América", y aún se sigue mirando la
historia del continente desde el avalar la invasión. Por estos días
la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) ha convocado a
la realización de una Campaña de Autodescubrimiento de América, con
el fin de reflexionar "sobre la situación actual de todos los
sectores sociales de nuestro país, especialmente los indígenas
después de quinientos años de invasión, genoidio y evangelización"
1; lo cual contrasta notablemente con
las actividades y el punto de vista oficiales respecto a recordar
lo acaecido azarosamente el 14 de octubre de 1492.
El texto de Díaz del Castillo, en su documentación presentada,
permite apreciar algunas actitudes y simbolismos propios del
conquistar, generadas por sus actores al activar su voluntad de
dominio en la constitución de territorialidades de poder. Varias de
ellas se pueden mencionar: Los "cronistas de Indias" y los escribas
elaboran una discursividad en la cual se pone en práctica un orden
de Verdad que no corresponde siempre y necesariamente con la
veracidad del acontecimiento histórico; por el contrario, da cuenta
de un plegarse a un conflicto por el poder desde el cual se
redactan los acontecimientos.
Es el caso de Cieza de León (1518 1560), quien en su Crónica del
Perú (1553) adjudica la fundación de Pasto al capitán Lorenzo de
Aldana, subalterno del gobernador de Lima, Francisco Pizarro. Según
el autor, Cieza de León era un subalterno de Jorge Robledo (el
"conquistador" de Antioquia), quien fue condenado a muerte por
Belalcázar durante el conflicto por el poder entre éste y Pizarro,
lo cual el cronista "jamás olvidó ni perdonó" (pág. 22) Y tal vez
lo motivó para cambiar el dato histórico del fundador de Pasto.
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Un segundo aspecto es el marcado hecho de una actitud de
conquista en la confluencia de lo militar y lo clerical, donde los
títulos de soldado, teniente, capitán, alcalde y gobernador se
entrecruzan con los de cura doctrinero, encomendero y obispo, para
ejecutar una acción sedentarizadora y de domesticación a los
"salvajes". Entre el sedentarizar y el domesticar se activa la
imposición de un nombrar los espacios expropiados desde una
pretensión sacracatolica. En el caso de Pasto se aprecia esta
imposición del nombrar, a la par que se constituye un espacio-villa
ciudad centrado en una plaza mayor desde la erección de una
iglesia, con el trazo de manzanas, solares, calles y carreras,
distribuidos del centro a la periferia según el orden y jerarquía
de poder. Bajo la circunstancia de "poblamiento" y "fundación" como
villa, se le asigna el nombre de Villaviciosa de la Concepción de
Pasto, mientras que al ser constituida como ciudad se la designa
como San Juan de Pasto.
El nombre de Villaviciosa de la Concepción de Pasto, asignado
por su fundador, podría sugerirnos un espacio ludicro como los
ingeniados por el marqués de Sade; sin embargo, el "historiador
primitivo" Antonio Vazquez de Espinosa nos da un mentís a esa
posibilidad imaginante: "llamola villa viciosa, por ser citio donde
la fundó muy ameno, y apasible de grandes pastos para ganados, la
cual está poco más de vn grado de la Equinocial al trópico de
Cancro, su temple es de primavera, está en el Camino Real de
Popayán, de donde dista 40 leguas al sur y antes de Quito 44. Es
del distrito del govierno de Popayán, y en lo espiritual del
obispado de Quito, tiene al poniente la mar del sur 40 leguas su
parage en frente de la Gorgona" (pág. 44). Al ser constituida como
ciudad "muy leal", le fue asignado el nombre de San Juan de Pasto,
por la princesa doña Juana, hermana del Rey don Felipe Il, al mismo
tiempo que le otorgaba un escudo de armas. En los dos casos, el
nombrar asigna al espacio sedentarizado y domesticado una identidad
de carácter sacro desde el corpus semántico que justificaba la
guerra invasora, dando lugar, en otra circunstancia, a la
configuración de un Tratado (teológico-político) sobre las justas
causas de la guerra contra los indios, redactado por el filósofo de
la corte: Juan Gines de Sepúlveda (1547). Podría pensarse que doña
Juana eponimiza el espacio sedentarizado al asignarle nombre y
escudo, a la manera de una señalización totémica.
Estas posibilidades de indagar actitudes y simbolismos del
colonizar, señalan una perspectiva diferencial respecto a la labor
de reflexión histórica, indicando un transcurso distinto del de
avalar la conquista, y acercándose a la propuesta convocada por la
Onic. Hacia allí tiende la indagación que Tzvetan Todorov ha
plasmado con su mirar semiótico en La conquista de América. La
cuestión del otro (1982): en el epígrafe general de este texto,
Todorov transcribe un fragmento del cronista Diego de Landa
(Relación de las cosas de Yucatán, 32) en el que se narra cómo a
una mujer maya la hicieron aperrear -a esa mujer maya está dedicado
el libro-, desde cuya circunstancia escribe: "Escribo este libro
con el fin de que no caiga en el olvido este relato, ni otros miles
más del mismo tenor. A la pregunta acerca de cómo comportarse
frente al otro no encuentro más manera de responder que contando
una historia ejemplar: la del descubrimiento y conquista de
América. Al mismo tiempo, esta investigación ética es una reflexión
sobre los signos, la interpretación y la comunicación: pues la
semiótica no puede pensarse fuera de la relación con el otro
2.
El libro de Emilio Díaz del Castillo es valioso en tanto nos
propicia documentación para pensar lo acontecido en la conquista, a
pesar de su punto de vista belalcazariano.
WILLlAM TORRES C
1
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Onic, Boletín núm. 1 de la Campaña de Autodescubrimiento, pág.
1, Bogotá, 1988.
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2
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Tzvetan Todorov, La conquista de América. El problema del otro
(1982), traducci6n del francés por Flora Botton Burlá, México,
Siglo XXI, 1987, texto de la cubierta.
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