Reseña narrativa: Quijote provinciano, sin yelmo,sin
Rocinante, sin Sancho Memoria de un instante
Quijote provinciano, sin yelmo,sin Rocinante, sin Sancho
Memoria de un instante
Benhur Sánchez Suárez
Contracartel Editores, Bogotá, 1988, 118 págs.
El precoz pueblerino que, casi adolescente (21 años) y recién
instalado en la capital, sorprendió con La solterona en 1969, hoy,
casi dos decenios después, muestra que su primera salida de
entonces no fue un fuego fatuo ni una inspiración de momento, sino
que correspondía a una vocación profunda, a esa marca indeleble que
algunos seres llevan sin poder ni querer desprenderse de ella.
Estoy hablando de Benhur Sánchez -ya su mismo nombre remite a la
ficción- y a Memoria de un instante, su última novela.
Resistiré la tentación de hablar del autor. Mi cercanía a su
afecto y mi ejercicio literario junto a él en Contracartel me
harían, tal vez, extenderme demasiado. Es bueno, sin embargo,
recordar que Benhur Sánchez
Suárez nació en Pitalito (Huila) en 1946 y que allí mismo se
graduó de maestro. Como tal, estuvo vinculado al Distrito Especial.
Ha publicado las novelas La solterona (1969), El cadáver (1975), La
noche de tu piel (1979), A ritmo de hombre (1979) y Venga le digo
(1981); el libro de cuentos Los recuerdos sagrados (1973) y lo
libros de ensayo Arte, música y literatura y Narrativa e historia,
el Huila y su ficción (1987).
Memoria de un instante o la historia de una vida
Esta novela consta de 117 páginas distribuidas en trece
capítulos, doce de ellos narrados por una voz omnisciente y uno (el
número 12) en primera persona, identificada secuencialmente en tres
de los personajes principales.
La voz que se escucha desde el principio hasta el fin de la
novela (con la excepción anotada) narra en varias formas del
pasado, describiendo y evocando épocas cercanas y remotas,
intercalando diálogos en presente que -a pesar de ser
evocadosparecen expresiones del presente-presente de los
personajes.
La voz enreda y desenreda la historia mostrando la estructura
psicológica de los personajes, quienes permanecen atados en el
tiempo y el espacio, no sólo por la misma circunstancia externa
-lazos familiares y postración del padre- sino también por unos
mismos recuerdos y sensaciones que evocan y sufren al unísono como
si se tratara de gemelos múltiples identificados en cuerpo y alma:
"Se miraron sorprendidos al coincidir en el recuerdo. ¿Cómo
haría para saber lo que pensaban? (pág. 99).
La omnisciencia del narrador permite que se desplace en tiempos
distintos, aprovechando el inventario de recuerdos que realizan
algunos de los personajes, quienes, retazo a retazo, van
incorporando épocas y vivencias individuales y muy lentamente
dibujan la biografía del héroe, derrotado en su lecho de
muerte.
A partir de una gesticulación del héroe, el narrador presupone
su pensamiento (el del héroe) y lo revierte en las distintas voces
de sus familiares:
Pero no era mucho lo que dejaban entrever sus ojos
marchitos, fijos en las oquedades del techo, ni su cabeza
perdida en las arrugas de la almohada: postura y su
apariencia se podía reconstruir, como en efecto lo hacían sus hijos
apoltronados junto al lecho, y lo que el silencio de sus labios
gritaba .. [pág. 17].
No se trata, entonces, de un narrador común que impone
linealmente, sino que, al permitir que sus personajes recreen a
partir de la gestualidad del otro, ofrece al lector un pensamiento
de segunda mano. El lector no se enfrenta directamente con el
pensar de los personajes, sino que es ese narrador psicológico,
condicionado por una sonrisa o un cerrar de ojos, el que reelabora
el pensamiento -suponiéndolo a su vez por otro gesto- y lo
manifiesta al lector:
Entendían la situación. Germán los había llamado para
sentirlos cerca y ellos habían aceptado su reto con afán, se
encontraban junto a él y comenzaban a reconstruirlo con base
en recuerdos. Hurgaban en la memoria hasta los más mínimos
detalles, aquellos signos que pudieran servirles para que su
reelaboración fuera completa y sobrepasara la rutina, y
escudriñaban su figura convencidos de encontrar el significado de
su historia hasta en los más pequeños movimientos de su cuerpo "
[pág. 74].
Por eso mismo, en esta novela el tiempo y el espacio son
categorías especialmente condicionadas a las necesidades del
narrador. El tiempo literario equivale aproximadamente a cuatro
horas, mientras que el tiempo evocado corresponde a una vida
(sesenta o setenta años, tal vez). El ojo del narrador se pasea
casi que caprichosamente por el tiempo antiguo, escudriñando a su
antojo la vida del héroe, incapaz ya de manejar su presente, y
entrega una versión enmadejada, con todos los nudos propios que
genera el recuerdo. El espacio real literario es limitado, puesto
que se enmarca en las cuatro paredes de un cuarto (urbano) de
enfermo, oloroso a medicamentos, y cuyo único contacto con el
exterior lo constituye la ventana que permanece cubierta por una
cortina. El espacio evocado, en cambio, es amplio (la provincia) y
está compuesto por sitios que recorre el héroe desde su nacimiento
hasta su agonía.
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Germán Trujillo nació en el Valle de Laboyos (Pitalito, Huila)
-como el autor- y toda su vida está signada por la pobreza y los
contratiempos. Su militancia vital como político, como artesano,
como artista, lo problematiza hasta convertirlo en un desadaptado
y, por lo mismo, en contraventor de un orden social preestablecido,
aunque sin quitarle la ingenuidad esperanzadora, propia del hombre
nacido en la provincia. Desterrado por sus propios copartidarios,
va y viene de su terruño llevando consigo a una esposa (Soledad),
siempre sumisa, y tres hijos que crecen -a pesar de todo- alegres y
confiados en el porvenir. Son ellos (Juan Pablo, Miguel y María
Antonia) quienes, cuando la familia emigra a la capital, asumen las
responsabilidades de la economía del hogar: ya tú trabajaste lo
suficiente para educarnos y sacarnos adelante y creemos que ahora
lo más justo es que tanto tú como mamá descansen [pág. 35].
Y se abren camino, lejos de la violencia rural, pero enfrentados
a la violencia urbana. Como le sucediera anteriormente, también en
la capital Germán Trujillo sufre desengaños y hostilidades. Sólo
que ahora su espíritu de lucha está minado por el encierro obligado
y la paranoia propia del provinciano llegado a esa urbe repleta de
"automóviles raudos por una avenida sin luz, circundada por
basureros malolientes y rincones sombríos dispuestos al atraco, a
la violación y a la muerte" (pág. 59).
Un día cualquiera, después del accidente, Germán Trujillo se
acuesta a esperar su redención final, su encuentro postrero con el
más allá, que en vida, a pesar de sus esfuerzos, no pudo
conocer:
Hace rato me preocupa el más allá, manifestó mucho más calmado
.. " Les dijo que sólo si moría podría conocerlo" ... "Conocerlo de
verdad para una certeza disuelta en lo imposible. [pág. 98].
La obra se inicia cuando comienza la agonía de Germán Trujillo y
se acaba cuando esa agonía ha terminado. Esa porción de vida que se
escapa es compartida por los hijos del moribundo y, gracias a esta
mutua presencia que genera recuerdos, el lector puede hilvanar la
historia y ordenarla a su acomodo.
Germán Trujillo: un héroe caido
Las características del personaje central de la obra permiten
enmarcarlo como un héroe caído. Su insatisfacción, su no
realización y su final postración (cuando decide que ese mundo
hostil contra el cual lo había ensayado todo y que siempre mantuvo
para él bloqueadas todas las salidas), lo sitúan como un hombre en
continua búsqueda, insatisfecho, inacabado con respecto a sí mismo
y a la sociedad en la que está inmerso: "Y papá fue en su pueblo
un úmulo de formas de abordar la lucha por la vida" (pág.
107).
Germán Trujillo recorre un camino difícil en todos los aspectos
de la vida: Sastre de oficio, político de ocasión, descreído por
desilusión, pintor, músico y poeta por vocación, agitador cívico
por interés, empleado público por amistad y bebedor por
necesidad:
A pesar de sus esfuerzos había continuado sin encontrar
salida para sus desventuras, comentaba; así había comenzado a
tomar conciencia de su sino de pobreza, que lo
acompañaría por el resto de sus días. Había buscado entonces
en el licor su éxtasis, su gloria. Qué fácil
camino ese, el más evocador de todos, por el cual se
enrumbaba sin . mayores contratiempos [pág. 95].
Es el héroe -hombre común que sobresale sólo por su capacidad
crítica, sin ayudantes ni amuletos- que busca siempre valores
absolutos sin conocerlos ni vivirlos integralmente y sin alcanzar
nunca el poder.
Es el hombre que indaga siempre sin lograr nunca superar las
etapas y, por lo tanto, sin avanzar ni emerger sobre su
entorno:
Hay épocas en que se dedica sólo a la lectura. Lee sin descanso
cuanto libro logra conseguir en el medio. Luego vuelve a pintar. Ya
escribir. Ya coser. En definitiva -piensa Juan Pablo - papá es un
luchador. Me duele que nunca haya podido lograr el éxito que se
merece [pág. 106].
Germán Trujillo buscó incansablemente el bienestar para sí y
para su familia, pero "las cosas no marchaban como lo pensaba y
esperaba" (pág. 92) o cambiaba de rumbo.
Actuó como conciencia crítica de un mundo degradado e impulsó
movimientos pero no logró beneficios para sí: "En mi memoria -la de
Miguel- han quedado sus luchas para conseguir satisfacer las
necesidades primarias de su pueblo ... " (pág. 107).
La degradación del mundo lo alcanza y lo extraña de todo lo que
pueda brindar tranquilidad o felicidad. Sólo en la evocación, en
ese último balance que realiza en su lecho de muerte, el héroe
encuentra el reposo. Se ve lleno de razones y expectativas, y
justifica y goza con ironía de cada uno de los incidentes que
recuerda:
¿ y el futuro?
No inventar el futuro porque ¿qué podía esperar él,
residente en otros sueños? Ver, entonces el ayer para vivir, entre
risas y lágrimas, esa historia que habían conservado con celo
tantos años, y ahora le copaba hasta los más mínimos movimientos
[pág. 108].
Germán Trujillo, entonces, es un héroe caído. Pero héroe al fin.
Como lo son muchos de los habitantes que sobreviven y mueren en
Colombia.
Son muchas más las cosas que se podrían añadir sobre la novela
número seis de Benhur Sánchez. Por ejemplo, que Memoria de un
instante integra tres tendencias temáticas de la narrativa actual:
lo social político, el costumbrismo y la violencia. Y adiciona la
visión moderna del héroe problemático, prototipo de una sociedad
como la nuestra, donde conviven las más antiguas formas económicas
con las más refinadas expresiones de la tecnología moderna y donde
el hombre, armado apenas con sus primitivos valores, como un
Quijote provinciano que se quita la ruana para pelear contra los
molinos de piedra, pero en vez de casco y yelmo se coloca una
frágil sudadera de colores alegres. Eso no basta, es claro, y a la
primera embestida del medio queda tendido en el campo de batalla,
sin que exista un Sancho que quiera curar sus heridas con el
ungüento mágico. Un Quijote sin yelmo, sin Rocinante y sin
Sancho es, sin duda, mucho más vulnerable que el Quijote de
Cervantes; es un hombre derrotado, un héroe en problemas.
Podríamos añadir, además, que Memoria de un instante realza la
condición misma del artista, su frustración y su dolor permanentes
... que está escrita en un lenguaje poético (desde el título mismo)
lleno de figuras hermosas que dan paso al sentimiento pero que no
dejan entrever amargura ...
En fin ...
Pero el tiempo se acaba, como se le acababa a Germán Trujillo:
"El tiempo por donde viajaba rumbo a ese pueblo sin nombre que ya
no cabía en su memoria" (pág. 117).
MARIELA ZULÚAGA