Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.


Reseña narrativa: Quijote provinciano, sin yelmo,sin Rocinante, sin Sancho Memoria de un instante

Quijote provinciano, sin yelmo,sin Rocinante, sin Sancho

Memoria de un instante

Benhur Sánchez Suárez

Contracartel Editores, Bogotá, 1988, 118 págs.

El precoz pueblerino que, casi adolescente (21 años) y recién instalado en la capital, sorprendió con La solterona en 1969, hoy, casi dos decenios después, muestra que su primera salida de entonces no fue un fuego fatuo ni una inspiración de momento, sino que correspondía a una vocación profunda, a esa marca indeleble que algunos seres llevan sin poder ni querer desprenderse de ella. Estoy hablando de Benhur Sánchez -ya su mismo nombre remite a la ficción- y a Memoria de un instante, su última novela.

Resistiré la tentación de hablar del autor. Mi cercanía a su afecto y mi ejercicio literario junto a él en Contracartel me harían, tal vez, extenderme demasiado. Es bueno, sin embargo, recordar que Benhur Sánchez

Suárez nació en Pitalito (Huila) en 1946 y que allí mismo se graduó de maestro. Como tal, estuvo vinculado al Distrito Especial. Ha publicado las novelas La solterona (1969), El cadáver (1975), La noche de tu piel (1979), A ritmo de hombre (1979) y Venga le digo (1981); el libro de cuentos Los recuerdos sagrados (1973) y lo libros de ensayo Arte, música y literatura y Narrativa e historia, el Huila y su ficción (1987).

Memoria de un instante o la historia de una vida

Esta novela consta de 117 páginas distribuidas en trece capítulos, doce de ellos narrados por una voz omnisciente y uno (el número 12) en primera persona, identificada secuencialmente en tres de los personajes principales.

La voz que se escucha desde el principio hasta el fin de la novela (con la excepción anotada) narra en varias formas del pasado, describiendo y evocando épocas cercanas y remotas, intercalando diálogos en presente que -a pesar de ser evocadosparecen expresiones del presente-presente de los personajes.

La voz enreda y desenreda la historia mostrando la estructura psicológica de los personajes, quienes permanecen atados en el tiempo y el espacio, no sólo por la misma circunstancia externa -lazos familiares y postración del padre- sino también por unos mismos recuerdos y sensaciones que evocan y sufren al unísono como si se tratara de gemelos múltiples identificados en cuerpo y alma: "Se miraron sorprendidos al coincidir en el recuerdo. ¿Cómo haría para saber lo que pensaban? (pág. 99).

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La omnisciencia del narrador permite que se desplace en tiempos distintos, aprovechando el inventario de recuerdos que realizan algunos de los personajes, quienes, retazo a retazo, van incorporando épocas y vivencias individuales y muy lentamente dibujan la biografía del héroe, derrotado en su lecho de muerte.

A partir de una gesticulación del héroe, el narrador presupone su pensamiento (el del héroe) y lo revierte en las distintas voces de sus familiares:

Pero no era mucho lo que  dejaban entrever sus ojos marchitos, fijos en las oquedades  del techo, ni su cabeza perdida  en las arrugas de la almohada:  postura y su apariencia se podía reconstruir, como en efecto lo hacían sus hijos apoltronados junto al lecho, y lo que el silencio de sus labios gritaba .. [pág. 17].

No se trata, entonces, de un narrador común que impone linealmente, sino que, al permitir que sus personajes recreen a partir de la gestualidad del otro, ofrece al lector un pensamiento de segunda mano. El lector no se enfrenta directamente con el pensar de los personajes, sino que es ese narrador psicológico, condicionado por una sonrisa o un cerrar de ojos, el que reelabora el pensamiento -suponiéndolo a su vez por otro gesto- y lo manifiesta al lector:

Entendían la situación.  Germán los había llamado para sentirlos cerca y ellos habían aceptado su reto con afán, se encontraban junto a él y comenzaban a reconstruirlo con base en recuerdos. Hurgaban en la memoria hasta los más mínimos detalles, aquellos signos que pudieran servirles para que su reelaboración fuera completa y sobrepasara la rutina, y escudriñaban su figura convencidos de encontrar el significado de su historia hasta en los más pequeños movimientos de su cuerpo " [pág. 74].

Por eso mismo, en esta novela el tiempo y el espacio son categorías especialmente condicionadas a las necesidades del narrador. El tiempo literario equivale aproximadamente a cuatro horas, mientras que el tiempo evocado corresponde a una vida (sesenta o setenta años, tal vez). El ojo del narrador se pasea casi que caprichosamente por el tiempo antiguo, escudriñando a su antojo la vida del héroe, incapaz ya de manejar su presente, y entrega una versión enmadejada, con todos los nudos propios que genera el recuerdo. El espacio real literario es limitado, puesto que se enmarca en las cuatro paredes de un cuarto (urbano) de enfermo, oloroso a medicamentos, y cuyo único contacto con el exterior lo constituye la ventana que permanece cubierta por una cortina. El espacio evocado, en cambio, es amplio (la provincia) y está compuesto por sitios que recorre el héroe desde su nacimiento hasta su agonía.

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Germán Trujillo nació en el Valle de Laboyos (Pitalito, Huila) -como el autor- y toda su vida está signada por la pobreza y los contratiempos. Su militancia vital como político, como artesano, como artista, lo problematiza hasta convertirlo en un desadaptado y, por lo mismo, en contraventor de un orden social preestablecido, aunque sin quitarle la ingenuidad esperanzadora, propia del hombre nacido en la provincia. Desterrado por sus propios copartidarios, va y viene de su terruño llevando consigo a una esposa (Soledad), siempre sumisa, y tres hijos que crecen -a pesar de todo- alegres y confiados en el porvenir. Son ellos (Juan Pablo, Miguel y María Antonia) quienes, cuando la familia emigra a la capital, asumen las responsabilidades de la economía del hogar: ya tú trabajaste lo suficiente para educarnos y sacarnos adelante y creemos que ahora lo más justo es que tanto tú como mamá descansen [pág. 35].

Y se abren camino, lejos de la violencia rural, pero enfrentados a la violencia urbana. Como le sucediera anteriormente, también en la capital Germán Trujillo sufre desengaños y hostilidades. Sólo que ahora su espíritu de lucha está minado por el encierro obligado y la paranoia propia del provinciano llegado a esa urbe repleta de "automóviles raudos por una avenida sin luz, circundada por basureros malolientes y rincones sombríos dispuestos al atraco, a la violación y a la muerte" (pág. 59).

Un día cualquiera, después del accidente, Germán Trujillo se acuesta a esperar su redención final, su encuentro postrero con el más allá, que en vida, a pesar de sus esfuerzos, no pudo conocer:

Hace rato me preocupa el más allá, manifestó mucho más calmado .. " Les dijo que sólo si moría podría conocerlo" ... "Conocerlo de verdad para una certeza disuelta en lo imposible. [pág. 98].

La obra se inicia cuando comienza la agonía de Germán Trujillo y se acaba cuando esa agonía ha terminado. Esa porción de vida que se escapa es compartida por los hijos del moribundo y, gracias a esta mutua presencia que genera recuerdos, el lector puede hilvanar la historia y ordenarla a su acomodo.

Germán Trujillo: un héroe caido

Las características del personaje central de la obra permiten enmarcarlo como un héroe caído. Su insatisfacción, su no realización y su final postración (cuando decide que ese mundo hostil contra el cual lo había ensayado todo y que siempre mantuvo para él bloqueadas todas las salidas), lo sitúan como un hombre en continua búsqueda, insatisfecho, inacabado con respecto a sí mismo y a la sociedad en la que está inmerso: "Y papá fue en su pueblo un úmulo de formas de abordar la lucha por la vida" (pág. 107).

Germán Trujillo recorre un camino difícil en todos los aspectos de la vida: Sastre de oficio, político de ocasión, descreído por desilusión, pintor, músico y poeta por vocación, agitador cívico por interés, empleado público por amistad y bebedor por necesidad:

A pesar de sus esfuerzos había  continuado sin encontrar salida para sus desventuras, comentaba; así había comenzado a  tomar conciencia de su sino de  pobreza, que lo acompañaría  por el resto de sus días. Había buscado entonces en el  licor su éxtasis, su gloria. Qué  fácil camino ese, el más evocador de todos, por el cual se enrumbaba  sin . mayores contratiempos [pág. 95].

Es el héroe -hombre común que sobresale sólo por su capacidad crítica, sin ayudantes ni amuletos- que busca siempre valores absolutos sin conocerlos ni vivirlos integralmente y sin alcanzar nunca el poder.

Es el hombre que indaga siempre sin lograr nunca superar las etapas y, por lo tanto, sin avanzar ni emerger sobre su entorno:

Hay épocas en que se dedica sólo a la lectura. Lee sin descanso cuanto libro logra conseguir en el medio. Luego vuelve a pintar. Ya escribir. Ya coser. En definitiva -piensa Juan Pablo - papá es un luchador. Me duele que nunca haya podido lograr el éxito que se merece [pág. 106].

Germán Trujillo buscó incansablemente el bienestar para sí y para su familia, pero "las cosas no marchaban como lo pensaba y esperaba" (pág. 92) o cambiaba de rumbo.

Actuó como conciencia crítica de un mundo degradado e impulsó movimientos pero no logró beneficios para sí: "En mi memoria -la de Miguel- han quedado sus luchas para conseguir satisfacer las necesidades primarias de su pueblo ... " (pág. 107).

La degradación del mundo lo alcanza y lo extraña de todo lo que pueda brindar tranquilidad o felicidad. Sólo en la evocación, en ese último balance que realiza en su lecho de muerte, el héroe encuentra el reposo. Se ve lleno de razones y expectativas, y justifica y goza con ironía de cada uno de los incidentes que recuerda:

¿ y el futuro?

No inventar el futuro porque ¿qué podía esperar él, residente en otros sueños? Ver, entonces el ayer para vivir, entre risas y lágrimas, esa historia que habían conservado con celo tantos años, y ahora le copaba hasta los más mínimos movimientos [pág. 108].

Germán Trujillo, entonces, es un héroe caído. Pero héroe al fin. Como lo son muchos de los habitantes que sobreviven y mueren en Colombia.

Son muchas más las cosas que se podrían añadir sobre la novela número seis de Benhur Sánchez. Por ejemplo, que Memoria de un instante integra tres tendencias temáticas de la narrativa actual: lo social político, el costumbrismo y la violencia. Y adiciona la visión moderna del héroe problemático, prototipo de una sociedad como la nuestra, donde conviven las más antiguas formas económicas con las más refinadas expresiones de la tecnología moderna y donde el hombre, armado apenas con sus primitivos valores, como un Quijote provinciano que se quita la ruana para pelear contra los molinos de piedra, pero en vez de casco y  yelmo se coloca una frágil sudadera de colores alegres. Eso no basta, es claro, y a la primera embestida del medio queda tendido en el campo de batalla, sin que exista un Sancho que quiera curar sus heridas con el ungüento mágico. Un Quijote sin yelmo, sin Rocinante y sin Sancho es, sin duda, mucho más vulnerable que el Quijote de Cervantes; es un hombre derrotado, un héroe en problemas.

Podríamos añadir, además, que Memoria de un instante realza la condición misma del artista, su frustración y su dolor permanentes ... que está escrita en un lenguaje poético (desde el título mismo) lleno de figuras hermosas que dan paso al sentimiento pero que no dejan entrever amargura ...

En fin ...

Pero el tiempo se acaba, como se le acababa a Germán Trujillo: "El tiempo por donde viajaba rumbo a ese pueblo sin nombre que ya no cabía en su memoria" (pág. 117).

MARIELA ZULÚAGA