Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña narrativa: Ily, Iny, Iwy: I love you, I need you, I want you

Ily, Iny, Iwy: I love you, I need you, I want you

Esposa o amante

Martha Luz Madriñán

Plaza y Janés, Bogotá, 1988, 270 págs.

La historia es sencilla: una mujer de clase alta y "felizmente" casada (la autora) se enamora del compañero de trabajo de su marido. El desarrollo es fácil de inferir: la fidelidad inicial es arrojada por la borda y durante nueve años se sostiene una relación clandestina que culmina en nuevas nupcias (ahora con el amante). Dados el contexto social y moral en que tiene lugar, el drama es predecible: ¿esposa o amante?

y con estas observaciones iniciales, ¿hacia dónde voy? ¿No es acaso el triángulo amoroso el pilar fundamental de Madame Bovary, Ana Karénina o Rojo y negro? Falta entonces el último paradero; el estilo y la configuración de la obra adolecen de la misma elementalidad que el desarrollo de la historia, y ello debido a las perspectivas que la autora misma da a su tarea creadora. Me valgo aquí de sus palabras introductorias, para apreciar el ángulo desde dónde ella se observa y desde el cual mira al lector:

"Yo, en primer lugar, me considero autora de mentiritas (y sin embargo, siempre ha tenido la necesidad de escribir: un diario, la letra y música de canciones colombianas y coplas). Pero mi suprema ambición era escribir un libro. Sólo que no me atrevía, por considerarlo una cumbre demasiado alta, a la cual no debían aspirar sino los verdaderos escritores [ ... ). En todo caso lo hago con la mayor humildad, esperando que se me perdone mi osadía, aunque sólo sea por el hecho de que no pretendo ser una gran escritora". Después de esta apología decimonónica (y acá respeto la posición de la autora, pero la remito a una convención ya en desuso), M.L. Madriñán responde a ¿por qué "escribir sobre mi vida y además, sobre una parte tan íntima de ella? Es muy sencillo; precisamente porque no me considero escritora, no me atrevo a meterme con ningún tema. Es el único que conozco a fondo [ ... ] ¿quién espero que lea este libro? Básicamente la gente nos conoce y nos quiere y, más que nadie, nuestros hijos [los suyos y los de su actual esposo). Espero que ellos entiendan un millón de cosas que hasta ahora les deben parecer inexplicables" (págs. 11-12).

Los términos en que se expresa M.L. Madriñán acerca de su relato se confirmarán a lo largo de éste. Paralelas al deseo de expresión, a la necesidad de comunicar y justificar una etapa clave de su vida, corren la inexperiencia literaria (aunque escriba bien) y una concepción doméstica del quehacer artístico; su narración va dirigida no sólo a sus hijos, sino también, como ampliaré luego, a un público medio, con una visión de mundo y unas expectativas estéticas bastante limitadas. Pero hablando de lectores, los de esta nota pueden preguntarse cuál es entonces el interés en abordar un libro ante el cual se tienen tantas reservas. Varias son las respuestas y cada una de ellas guiará esta lectura de Esposa o amante.

Partiendo de que la literatura no tiene sexo y de que tanto el escritor como la escritora son objetos de la presión de una sociedad orientada al consumismo, Helena Araújo plantea que la discriminación ejercida por los roles sexuales repercute en el quehacer literario de la mujer. "A nivel de lenguaje, afirma, aunque el discurso femenino tenga igual potencial de creatividad que el masculino, a las mujeres les resulta difícil salir de la inercia pasivo-silenciosa que tradicionalmente se les ha impuesto" (Eco, núm. 270). Una revisión de la historia literaria así lo testimonia es indudable el des alance entre el número de escritores y escritoras que la constituyen. Dentro de esta inercia pasiva, la mujer tiende a reproducir esquemas y estereotipos gestados por una sociedad androcéntrica, que no necesariamente corresponden a su esencia y necesidades; la escritura, en tanto que fundada en la historia y la cultura, y heredera de una tradición literaria patriarcal, no escapa a este riesgo. Las escritoras pueden retomar patrones histórico-literarios o, por el contrario, instaurar una ruptura a través de su producción: una y otra actitud llegan a convivir en algunas obras.

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Desde esta óptica puede considerarse el relato autobiográfico de M. L. Madriñán; ese situarse en la marginalidad (no soy escritora), ese pedir permiso para hablar (ustedes perdonarán que escriba) y ese restringirse a un pequeño mundo (tengo poco que decir y todo se refiere a mí) evidencian cómo la autora se siente y asume en la periferia. Y por otra parte, el romper el silencio (pero escribo, el revelar la transgresión de los patrones sociales y morales (porque tengo algo que decir), manifiestan la necesidad de reinscribirse en su propia historia y en la de la literatura. Esta dinámica es la que hace atractiva la novela para un público medio: la transgresión de las convenciones es un movimiento apetecible; pero también, cuando dicha dinámica carga con los lastres del moralismo que supuestamente se derrumba, pero que realmente nunca se cuestiona (nos fuimos a Venezuela a casarnos y, luego de diez años, lo hicimos de nuevo en Miami después de obtener nuestros respectivos divorcios), ya el asunto se vulve frágil para lectores que esperaban de Esposa o amante la formulación de una nueva semántica social. La autora-protagonista se reinscribe (luego del dilema entre la familia y "lo otro") en una situación idéntica a la que suscitó sus dudas respecto a la institución social (el matrimonio). Debatiéndose entre los estereotipos de la madre y la prostituta, jamás sometidos a una mirada crítica, se instala otra vez en el ideal mariano, o mejor, en el de las vírgenes necias.

Si la cultura y las convenciones sociales son la talanquera que inhibe la expresión del deseo femenino, la protagonista se adscribe a este cerco 'de prohibiciones: se es esposa o amante; los dos estados a la vez con el mismo hombre o con dos distintos parecieran incompatibles. Esta actitud se proyecta sobre el lenguaje narrativo, el cual oculta, cifra el deseo; la mejor metáfora de tal situación es el mensaje de ILY, INY, IWY (te amo, te necesito, te deseo), pacto verbal y lenguaje secreto con el que se comunica la pareja clandestina. Rodeos ... el dilema de mantener un matrimonio u optar por una nueva relación, planteamientos acerca de la situación económica y emocional en que quedarían sus respectivos cónyuges si los abandonan, son los eslabones que dan forma al "discurso amoroso" de Esposa o amante; pero del deseo poco: apenas pudorosas frases que la protagonista se atreve a manifestar en las canciones que compone (muchas de las cuales incluye en el relato). Es que, en general, el discurso erótico y la sintaxis del cuerpo están proscritos del texto escrito por alguien que se declara gradualmente transformada por los cambios que conllevaron el jipismo, los movimientos de liberación femenina y el uso de la píldora. Implícitamente, la discursividad erótica se plantea como transgresora antes que como un paso hacia el reconocimiento mutuo (de los amantes, del lector, de la autora).

Aludí anteriormente a una concepción doméstica de la literatura, característica que puede extenderse a la visión de mundo que subyace en el relato; doméstico por oposición a universal, cualidad que indiscutiblemente tienen las buenas obras por más regionales que sean. No basta con que la historia entre Klaus (el marido), la protagonista y Armando (el amante) tenga lugar en Holanda y en Colombia, y que mantenga como referente constante a los Estados Unidos, para que adquiera 
dimensiones más amplias. La actitud de la narradora ante el mundo es provinciana (su asombro o su crítica ante el desarrollo, sus continuas y simples comparaciones con el subdesarrollo) y por ende supone que la del lector también lo es. Así, le tiene que explicar cómo en Estados Unidos un accidente cualquiera beneficia al afectado, dejándole una jugosa indemnización, o cómo, en los países desarrollados, la clase media prescinde del servicio doméstico. El lenguaje en que discurre adopta el mismo nivel: acude a restaurantes "muy famosos", conoce a "magníficas personas" y su casa permanece como "una tacita de plata". Ya Carpentier había anotado que "los adjetivos son las arrugas del estilo": son términos perecederos que se vacían de significado con el cambio de época o de moda; a ello agrego que en Esposa o amante los adjetivos nos sientan a hacer visita en la sala mientras la empleada atiende a las señoras.

Un texto de coordenadas literarias e ideológicas limitadas (en Colombia, se lee en el relato, "un campesino paupérrimo prácticamente lo único que tiene que hacer es estirar la mano y tomar una mazorca o un plátano [ ... ] a un pescador le basta con lanzar una red [ ... ]. Para guarecerse les basta una choza improvisada. . . Naturalmente, con la facilidad viene la pereza y entonces no se preocupan por mejorar su nivel de vida" [pág. 75] tiene un futuro predecible. No va dirigido, o al menos no llena sus expectativas, a un lector medianamente conocedor de la literatura y de la realidad; complace a un público que no busca profundidad ni calidad, sino simplemente el fluir de una anécdota. Pero su futuro es también el de proyectar sobre el público valores sociales, literarios y sexuales bas tante cuestionables. Claro está que el desacuerdo ideológico con una obra no necesariamente influye sobre el juicio estético; de acuerdo: pero es que tampoco la dimensión estética salva al relato.

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Y acá mi última y principal justificación de esta nota. Esposa o amante ha sido publicada por ser una de las obras finalistas en el premio Plaza y Janés 1987. El mismo jurado (de escritores, periodistas y conocedores de la literatura) que otorgó el primer lugar a la novela de Tomás González Para antes del olvido, destacó también el escrito de Martha Luz Madriñán. ¿Cuáles son entonces las exigencias y expectativas de los jurados? ¿Cuál el nivel de la literatura que se edita para el consumo y la formación del lector colombiano? Parece que el criterio de M.L. Madriñán acerca de su propia obra es más honesto y acertado que el de aquellos que la volvieron letra impresa.

ALICIA FAJARDO M.