Reseña narrativa: Ily, Iny, Iwy: I love you, I need
you, I want you
Ily, Iny, Iwy: I love you, I need you, I want you
Esposa o amante
Martha Luz Madriñán
Plaza y Janés, Bogotá, 1988, 270 págs.
La historia es sencilla: una mujer de clase alta y "felizmente"
casada (la autora) se enamora del compañero de trabajo de su
marido. El desarrollo es fácil de inferir: la fidelidad inicial es
arrojada por la borda y durante nueve años se sostiene una relación
clandestina que culmina en nuevas nupcias (ahora con el amante).
Dados el contexto social y moral en que tiene lugar, el drama es
predecible: ¿esposa o amante?
y con estas observaciones iniciales, ¿hacia dónde voy?
¿No es acaso el triángulo amoroso el pilar fundamental de
Madame Bovary, Ana Karénina o Rojo y negro? Falta entonces el
último paradero; el estilo y la configuración de la obra adolecen
de la misma elementalidad que el desarrollo de la historia, y ello
debido a las perspectivas que la autora misma da a su tarea
creadora. Me valgo aquí de sus palabras introductorias, para
apreciar el ángulo desde dónde ella se observa y desde el cual mira
al lector:
"Yo, en primer lugar, me considero autora de mentiritas (y sin
embargo, siempre ha tenido la necesidad de escribir: un diario, la
letra y música de canciones colombianas y coplas). Pero mi suprema
ambición era escribir un libro. Sólo que no me atrevía, por
considerarlo una cumbre demasiado alta, a la cual no debían aspirar
sino los verdaderos escritores [ ... ). En todo caso lo hago con la
mayor humildad, esperando que se me perdone mi osadía, aunque sólo
sea por el hecho de que no pretendo ser una gran escritora".
Después de esta apología decimonónica (y acá respeto la posición de
la autora, pero la remito a una convención ya en desuso), M.L.
Madriñán responde a ¿por qué "escribir sobre mi vida y
además, sobre una parte tan íntima de ella? Es muy sencillo;
precisamente porque no me considero escritora, no me atrevo a
meterme con ningún tema. Es el único que conozco a fondo [ ... ]
¿quién espero que lea este libro? Básicamente la gente nos
conoce y nos quiere y, más que nadie, nuestros hijos [los suyos y
los de su actual esposo). Espero que ellos entiendan un millón de
cosas que hasta ahora les deben parecer inexplicables" (págs.
11-12).
Los términos en que se expresa M.L. Madriñán acerca de su relato
se confirmarán a lo largo de éste. Paralelas al deseo de expresión,
a la necesidad de comunicar y justificar una etapa clave de su
vida, corren la inexperiencia literaria (aunque escriba bien) y una
concepción doméstica del quehacer artístico; su narración va
dirigida no sólo a sus hijos, sino también, como ampliaré luego, a
un público medio, con una visión de mundo y unas expectativas
estéticas bastante limitadas. Pero hablando de lectores, los de
esta nota pueden preguntarse cuál es entonces el interés en abordar
un libro ante el cual se tienen tantas reservas. Varias son las
respuestas y cada una de ellas guiará esta lectura de Esposa o
amante.
Partiendo de que la literatura no tiene sexo y de que tanto el
escritor como la escritora son objetos de la presión de una
sociedad orientada al consumismo, Helena Araújo plantea que la
discriminación ejercida por los roles sexuales repercute en el
quehacer literario de la mujer. "A nivel de lenguaje, afirma,
aunque el discurso femenino tenga igual potencial de creatividad
que el masculino, a las mujeres les resulta difícil salir de la
inercia pasivo-silenciosa que tradicionalmente se les ha impuesto"
(Eco, núm. 270). Una revisión de la historia literaria así lo
testimonia es indudable el des alance entre el número de
escritores y escritoras que la constituyen. Dentro de esta inercia
pasiva, la mujer tiende a reproducir esquemas y estereotipos
gestados por una sociedad androcéntrica, que no necesariamente
corresponden a su esencia y necesidades; la escritura, en tanto que
fundada en la historia y la cultura, y heredera de una tradición
literaria patriarcal, no escapa a este riesgo. Las escritoras
pueden retomar patrones histórico-literarios o, por el contrario,
instaurar una ruptura a través de su producción: una y otra actitud
llegan a convivir en algunas obras.
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Desde esta óptica puede considerarse el relato autobiográfico de
M. L. Madriñán; ese situarse en la marginalidad (no soy escritora),
ese pedir permiso para hablar (ustedes perdonarán que escriba) y
ese restringirse a un pequeño mundo (tengo poco que decir y todo se
refiere a mí) evidencian cómo la autora se siente y asume en la
periferia. Y por otra parte, el romper el silencio (pero escribo,
el revelar la transgresión de los patrones sociales y morales
(porque tengo algo que decir), manifiestan la necesidad de
reinscribirse en su propia historia y en la de la literatura. Esta
dinámica es la que hace atractiva la novela para un público medio:
la transgresión de las convenciones es un movimiento apetecible;
pero también, cuando dicha dinámica carga con los lastres del
moralismo que supuestamente se derrumba, pero que realmente nunca
se cuestiona (nos fuimos a Venezuela a casarnos y, luego de diez
años, lo hicimos de nuevo en Miami después de obtener nuestros
respectivos divorcios), ya el asunto se vulve frágil para lectores
que esperaban de Esposa o amante la formulación de una nueva
semántica social. La autora-protagonista se reinscribe (luego del
dilema entre la familia y "lo otro") en una situación idéntica a la
que suscitó sus dudas respecto a la institución social (el
matrimonio). Debatiéndose entre los estereotipos de la madre y la
prostituta, jamás sometidos a una mirada crítica, se instala otra
vez en el ideal mariano, o mejor, en el de las vírgenes necias.
Si la cultura y las convenciones sociales son la talanquera que
inhibe la expresión del deseo femenino, la protagonista se adscribe
a este cerco 'de prohibiciones: se es esposa o amante; los dos
estados a la vez con el mismo hombre o con dos distintos parecieran
incompatibles. Esta actitud se proyecta sobre el lenguaje
narrativo, el cual oculta, cifra el deseo; la mejor metáfora de tal
situación es el mensaje de ILY, INY, IWY (te amo, te necesito, te
deseo), pacto verbal y lenguaje secreto con el que se comunica la
pareja clandestina. Rodeos ... el dilema de mantener un matrimonio
u optar por una nueva relación, planteamientos acerca de la
situación económica y emocional en que quedarían sus respectivos
cónyuges si los abandonan, son los eslabones que dan forma al
"discurso amoroso" de Esposa o amante; pero del deseo poco: apenas
pudorosas frases que la protagonista se atreve a manifestar en las
canciones que compone (muchas de las cuales incluye en el relato).
Es que, en general, el discurso erótico y la sintaxis del cuerpo
están proscritos del texto escrito por alguien que se declara
gradualmente transformada por los cambios que conllevaron el
jipismo, los movimientos de liberación femenina y el uso de la
píldora. Implícitamente, la discursividad erótica se plantea como
transgresora antes que como un paso hacia el reconocimiento mutuo
(de los amantes, del lector, de la autora).
Aludí anteriormente a una concepción doméstica de la literatura,
característica que puede extenderse a la visión de mundo que
subyace en el relato; doméstico por oposición a universal, cualidad
que indiscutiblemente tienen las buenas obras por más regionales
que sean. No basta con que la historia entre Klaus (el marido), la
protagonista y Armando (el amante) tenga lugar en Holanda y en
Colombia, y que mantenga como referente constante a los Estados
Unidos, para que adquiera
dimensiones más amplias. La actitud de la narradora ante el mundo
es provinciana (su asombro o su crítica ante el desarrollo, sus
continuas y simples comparaciones con el subdesarrollo) y por ende
supone que la del lector también lo es. Así, le tiene que explicar
cómo en Estados Unidos un accidente cualquiera beneficia al
afectado, dejándole una jugosa indemnización, o cómo, en los países
desarrollados, la clase media prescinde del servicio doméstico. El
lenguaje en que discurre adopta el mismo nivel: acude a
restaurantes "muy famosos", conoce a "magníficas personas" y su
casa permanece como "una tacita de plata". Ya Carpentier había
anotado que "los adjetivos son las arrugas del estilo": son
términos perecederos que se vacían de significado con el cambio de
época o de moda; a ello agrego que en Esposa o amante los adjetivos
nos sientan a hacer visita en la sala mientras la empleada atiende
a las señoras.
Un texto de coordenadas literarias e ideológicas limitadas (en
Colombia, se lee en el relato, "un campesino paupérrimo
prácticamente lo único que tiene que hacer es estirar la mano y
tomar una mazorca o un plátano [ ... ] a un pescador le basta con
lanzar una red [ ... ]. Para guarecerse les basta una choza
improvisada. . . Naturalmente, con la facilidad viene la pereza y
entonces no se preocupan por mejorar su nivel de vida" [pág. 75]
tiene un futuro predecible. No va dirigido, o al menos no llena sus
expectativas, a un lector medianamente conocedor de la literatura y
de la realidad; complace a un público que no busca profundidad ni
calidad, sino simplemente el fluir de una anécdota. Pero su futuro
es también el de proyectar sobre el público valores sociales,
literarios y sexuales bas tante cuestionables. Claro está que el
desacuerdo ideológico con una obra no necesariamente influye sobre
el juicio estético; de acuerdo: pero es que tampoco la dimensión
estética salva al relato.
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Y acá mi última y principal justificación de esta nota. Esposa o
amante ha sido publicada por ser una de las obras finalistas en el
premio Plaza y Janés 1987. El mismo jurado (de escritores,
periodistas y conocedores de la literatura) que otorgó el primer
lugar a la novela de Tomás González Para antes del olvido, destacó
también el escrito de Martha Luz Madriñán. ¿Cuáles son
entonces las exigencias y expectativas de los jurados? ¿Cuál
el nivel de la literatura que se edita para el consumo y la
formación del lector colombiano? Parece que el criterio de M.L.
Madriñán acerca de su propia obra es más honesto y acertado que el
de aquellos que la volvieron letra impresa.
ALICIA FAJARDO M.