Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña narrativa: El recuerdo y la prisa

El recuerdo y la prisa

Relatos de Gil

Guillermo Jaramillo Montoya

Biblioteca de los escritores caldenses, Imprenta Departamental, Manizales, 1987, 325 págs.

Estos "relatos" versan, cuando quieren, sobre la colonización del valle del Risaralda. No aspiran a la historia o a la sociología sino a la charla vespertina (tanto menos canónica cuanto más resabiada a la que suelen dedicarse nuestros notables de todos los calibres, o sus proles, cuando llega la hora de que vuele más la palabra que las piernas. En estos casos, se supone, el testigo ocular o auricular querría legarle al mundo el colorido anecdotario que sólo él ha podido acopiar.

Pero en la actualidad cualquiera sabe que a las susodichas disciplinas les parece que quien se limite a hacer esto no es realmente serio. Jaramillo Montoya, andariego de este territorio e hijo de uno de los protagonistas de la empresa colonizadora, se cree obligado a insertar en su mosaico datos "sólidos" que apuntalen sus impresiones personales sobre este proceso. Queda a medio camino: las presiciones que pretenden satisfacer los rigores modernos en este libro son superficiales cuando no son superfluas; pero ocupan el espacio que debería servir para explayar las impresiones, lo que tendría valor para el curioso del futuro.

Divididos en tres libros "libros" más o menos temosos, estos relatos contienen la historia de la zona (a las volandas), la de la fundación de sus poblaciones (deteniéndose un poco en la de Pereira), apuntes sobre los medios de transporte, detalles dispersos sobre los primeros moradores y sobre los sucesivos usurpadores, listas de colonos e inventarios catastrales de sus fundos, apologías de sus obras, evocaciones de las viejas gestas y nostalgias de los viejos delitos, geografía, botánica, tradiciones locales y un cuento que compendia todo esto.

Como se habla de uno de esos libros que se originan en las mejores intenciones, queda el remordimiento de no ser desprevenidos y joviales, como seguramente es el autor. Pero sus feas desproporciones se pueden achacar a los amigos acuciosos que celebran la memoria del contertulio, apremian la redacción del libro, aprueban los manuscritos y echan a rodar imprentas oficiales sin que haya tiempo de pararse a pulir, poner en orden y profundizar

Porque otra vez faltó pulir, eliminar repeticiones y la cita de fuentes resabidas, así como los entusiasmos líricos y patrióticos que no tienen que ver con el recuerdo; por ejemplo, las recomendaciones que el civismo deja colar sin previo aviso.

Faltó orden también. El libro es paso a paso inexplicable. Se pica aquí y allá sobre la historia general de la región, desde el pasado de la conquista hasta el futuro del Chocó, en un arrume caprichoso que no se justifica ni en la maleabilidad de la memoria ni en la severidad de las cronologías. Los capítulos son descabelladamente abruptos, cosa que los conversadores, cuando escriben, confunden muchas veces con la gracia. Se cita un viejo texto, se intercala una pregunta extemporánea, se dice esto y aquello a manera de datos, por ahí se remata con una copla popular.

La incuria y el desorden afectan hasta la redacción, lo cual produce episodios ambiguos:

"Era el momento de los colonos, arrendatarios, agregados [ ... ], familias de antioqueños ambiciosos, que con sus parientes, tumbaban selvas, para luego vender el fruto de su trabajo a los insaciables latifundistas que no conocían linderos; éstos sacaban enorme provecho, porque con el dinero adquirido, redoblaban su esfuerzo y tumbaban nuevamente una extensión más grande, hasta que al fin, llegaban a ser propietarios de su propio fundo" (págs. 82-83).

Cuando no llenos de humor involuntario:

"Bernardo tiene actualmente un complejo turístico modernizado, siguiendo la línea de su vieja clientela: la postrera fresca con su cuca, el casado de cuca y gelatina ... " (pág. 89).

En fin, faltó profundizar. No en las exactitudes de la Historia, que para eso hay expertos, sino en la singularidad de las vivencias. El desperdicio es evidente. En aras de la elegía se pasa muy por encima de los personajes, los Marulandas y los Jaramillos que se sacaban de la manga todo un departamento. Está el recuento panegírico de sus obras, pero el carácter no aparece. Y es para los retratos de carácter que hace falta el testigo.

Igual cosa sucede con las remembranzas sobre los cultivos del café y de la caña. Fuera de que faltó un glosario que definiera los términos que el autor prodiga como chupándose los dedos.

El cuento con el que Jaramillo Montoya remata el libro permite entrever lo que dejó guardado bajo el sombrero. Ambienta el proceso de apertura de la rica comarca y revela el papel, injusta y constantemente omitido, desempeñado por los negros colonos que se asentaron allí tras las guerras civiles del siglo pasado. Aunque también está plagado de exabruptos, posee la virtud de no tener más pretensión que la de novelar su modo de vida, con sus pleitos, pecados, supersticiones, sabiduría telúrica y su final desplazamiento. Estas últimas páginas, al fin y al cabo, dejan un ligero regusto de lo que fue la vida en la región. Un ligero regusto, nada más.

CARLOS JOSÉ RESTREPO