Reseña crítica literaria: ...y pro
...y pro
Tras los clásicos rusos
Henry Luque Muñoz
Editorial Progreso, Moscú, 1986.
Después de un dilatado y fértil ciclo -algo como diez años- de
compenetración con la vida, la cultura y la tradición rusas, llega
el poeta colombiano Henry Luque Muñoz (n. 1944) allibro Tras los
clásicos rusos, exhaustivo trabajo de investigación yanálisis,
Poeta de la generación que escribió sus primeros poemas al término
de los años sesenta, es hoy dueño en poesía de una obra de
excepción y valor incuestionables, marcada por las publicaciones
Ohhh (1970), libro colectivo que compartió con Juan Gustavo Cobo
Borda, Darío Jaramillo Agudelo, Alvaro Miranda y Elkin Restrepo,
Sol cuello cortado (1973), Lo que puede la mirada (1977) Y Carta a
la paloma de Picasso (1980).
Ha alternado Luque Muñoz la creación en poesía con el estudio de
la poesía, como signo generacional. Yen el libro que ahora nos
ocupa, se refiere a Pushkin, Lérmontov, Gógol, Chéjov, cotejando la
obra y la vida, las palabras y las cosas, la leyenda y los
escenarios: "El nacimiento de este libro ha respondido al
propósito de tender un hilo entre algunos aspectos de la vida y la
obra de cuatro clásicos rusos y museos consagrados a su memoria en
la Unión Soviética". A ellos ha ido y nos los ha traído
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Es Luque Muñoz lúcido integrante de las que un poeta mayor
llamara innominadas promociones posteriores al nadaísmo, y viene a
ser este libro una de las más válidas y valerosas empresas
intelectuales y vitales de esa generación que carece de nombre. El
trabajo es básicamente documental, preciso y deslumbrante en la
exposición, en la riqueza de referencias y sucesos, anécdotas y
figuras humanas, que trae dentro del delicado sistema de las
afinidades electivas. Dice de estos clásicos: "Los leí en los
recintos espolvoreados de tiza del bachillerato, bajo los rayos de
la naranja solar y a la sombra de los cafetales cuyas ramas se
alargaban para tocar en mis libros ecos fulgurantes de la Rusia del
siglo XIX, ese momento agitado, hosco y tormentoso [ ... ]. Leí
aquellos prodigios y los olvidé. Más tarde comprendí que el olvido
es invención de la memoria para volver con ímpetu sobre sus
obsesiones primeras. La idea de escribir un testimonio así, surgió
ahora, pero la pasión de bocetarlo es legado de
adolescencia".
Es, pues, libro de biografías que apunta en los personajes a la
iluminación de la creación literaria, su génesis, circunstancia y
explicación, a las relaciones entre vida y poesía, y poesía e
historia o realidad, al misterioso sistema de lazos que unen a un
autor con su obra y a ésta con su época. Primero es Alexandr
Serguéievich Pushkin (1799-1837), la aparición enigmática del poeta
y sus años de infancia, sus poemas primeros y la llegada a San
Petersburgo:"Al salir del liceo, casi inmediatamente, me fuí a
la aldea de mi madre, a la provincia de Pskov. Recuerdo con alegría
la vida campesina, el baño ruso, las fresas. Aunque hasta hoy, lo
que más me gusta es la vida ruidosa, la multitud". Es el más
completo y complejo de los cuatro estudios, con el detallado relato
de la composición del poema novelado Ruslan y Liudmila, el
destierro y los viajes y el regreso a Mijaílovskoie, la hacienda
centenaria. Los años de Moscú, con el apogeo de la literatura rusa,
y el final, que incluye este hermoso testimonio acerca del poeta:
"Cuando todos se fueron me senté cerca de él y contemplé su
cara mucho tiempo. Nunca vi una expresión parecida a la que tenía
este rostro en el primer momento de su muerte. Su cabeza se inclinó
un poco, los brazos reposaban tranquilos, como tumbados para
descansar después de un duro trabajo. Pero no puedo decir con
palabras qué expresaba su cara. La expresión era muy nueva para mí
y al mismo tiempo muy conocida. No era ni sueño ni tranquilidad. No
tenía tampoco una expresión espiritual, ni una expresión poética.
No. Un pensamiento profundo y asombroso pasaba por este rostro.
Algo parecido a una visión, a un conocimiento completo y sosegado
... ". Luego Mijaíl Yúrievich Lérmon tov (1814-1841), quien
asistió a los años últimos de Pushkin, La infancia pasada en
soledad pero que le abre al universo interior, la adolescencia o el
aprendizaje del dolor, la acción y la poesía que lo distancia de
los otros: "Os diré una cosa buena: por fin me he dado cuenta
de que no sirvo para la sociedad, y ahora menos que nunca. Ayer
estuve en casa de N. N. En el transcurso de cuatro horas, no
pronuncié ni una palabra sensata". Entonces, tras el Húsar, el
definitivo dibujo de la figura del artista, en toda su pureza e
intensidad que lo llevará a la composición del poema La muerte del
poeta, ,dedicado a Pushkin y concluido días antes de la muerte de
éste.
Y al fin el duelo, la conclusión trágica: "En Rusia,
la sangre derramada en los dos duelos famosos, el de Pushkin y el
de Lérmontov, fue producto de la psicología trágica del
oscurantismo político".
Con Nicolái Vasílievich Gógol viene el despliegue del mundo, su
fuerza y amplitud, la variedad de la vida literaria: "Pushkin
y Gógol se encontraron, sin conocerse, en las páginas de
literatúrnaya Gazieta ... ", la peripecia espiritual que
antecede y acomaña la redacción de su obra más difundida, Las almas
muertas, a propósito de la cual un contemporáneo exclamó:
"¡ Dios, qué triste es nuestra Rusia!". Y en
seguida el amor y siempre la literatura: "La obra Tarás Bulba
(1833) fue publicada en dos versiones: la primera en 1835 y la
segunda en 1842. En este majestuoso poema épico el viejo Tarás
tipifica la voluntad, la fuerza, la lealtad; su hijo Andréi, el
polo opuesto: la irracionalidad, la traición, la debilidad. Los dos
son románticos: el uno sacrifica la vida por amor a su pueblo, y el
otro por amor a una mujer. Estos dos extremos se tocan; aunque
puestos en un tiempo histórico anterior, reflejan de manera
indirecta la lucha que dentro de las letras rusas se da en el
segundo cuarto del siglo XIX, y en el mundo interior del mismo
Gógol: la disputa entre realismo y romanticismo", En seguida,
el acercamiento lento y tortuoso a la muerte, la enfermedad
interior y el alma que ésta dibuja.
Cierra el escenario la enigmática figura de Antón Pávlovich
Chéjov (1860-1904). Está la oscuridad de los comienzos, entre
promiscuidad y abandono, los años de preparación para la vida y el
nacimiento del personaje como par de Gógol, tanto en la vida
pública como en el oficio de escritor, ante el cual dio fe de la
más aguda conciencia: "No paso a limpio mis manuscritos. La
mayoría de las veces envío mis borradores, pero siempre paso a
limpio la vida moscovita, porque la escribo con grandes
dificultades. La brevedad es la hermana del talento. El
conocimiento de las ciencias naturales y de los métodos cientificos
me ha vuelto prudente. El arte de escribir consiste menos en
escribir bien que en tachar lo que está mal escrito. La brevedad
ante todo y la sencillez. Uno debe ponerse a escribir sólo cuando
se nota más frío que el hielo; cuanto más corto, se profundiza más.
El lenguaje debe ser sencillo y elegante. Sólo los imbéciles y los
charlatanes creen comprenderlo y dominarlo todo".
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Están sus amistades, sus efectos, pero sobre todo sus
pensamientos y sus objetos. Excepcionalmente editado e ilustrado;
escrito con la fluidez de una novela y la precisión del lenguaje de
la poesía, Tras los clásicos rusos está cargado de testimonios,
documentos, huellas, datos que Luque Muñoz analiza y une, llevando
de la mano al lector por el insondable laberinto del alma rusa, con
su sensibilidad exacerbada y su santidad única.
JAIME GARCÍA MAFFLA