Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña crítica literaria: ...y pro

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Tras los clásicos rusos

Henry Luque Muñoz

Editorial Progreso, Moscú, 1986.

Después de un dilatado y fértil ciclo -algo como diez años- de compenetración con la vida, la cultura y la tradición rusas, llega el poeta colombiano Henry Luque Muñoz (n. 1944) allibro Tras los clásicos rusos, exhaustivo trabajo de investigación yanálisis, Poeta de la generación que escribió sus primeros poemas al término de los años sesenta, es hoy dueño en poesía de una obra de excepción y valor incuestionables, marcada por las publicaciones Ohhh (1970), libro colectivo que compartió con Juan Gustavo Cobo Borda, Darío Jaramillo Agudelo, Alvaro Miranda y Elkin Restrepo, Sol cuello cortado (1973), Lo que puede la mirada (1977) Y Carta a la paloma de Picasso (1980).

Ha alternado Luque Muñoz la creación en poesía con el estudio de la poesía, como signo generacional. Yen el libro que ahora nos ocupa, se refiere a Pushkin, Lérmontov, Gógol, Chéjov, cotejando la obra y la vida, las palabras y las cosas, la leyenda y los escenarios: "El nacimiento de este libro ha respondido al propósito de tender un hilo entre algunos aspectos de la vida y la obra de cuatro clásicos rusos y museos consagrados a su memoria en la Unión Soviética". A ellos ha ido y nos los ha traído

Es Luque Muñoz lúcido integrante de las que un poeta mayor llamara innominadas promociones posteriores al nadaísmo, y viene a ser este libro una de las más válidas y valerosas empresas intelectuales y vitales de esa generación que carece de nombre. El trabajo es básicamente documental, preciso y deslumbrante en la exposición, en la riqueza de referencias y sucesos, anécdotas y figuras humanas, que trae dentro del delicado sistema de las afinidades electivas. Dice de estos clásicos: "Los leí en los recintos espolvoreados de tiza del bachillerato, bajo los rayos de la naranja solar y a la sombra de los cafetales cuyas ramas se alargaban para tocar en mis libros ecos fulgurantes de la Rusia del siglo XIX, ese momento agitado, hosco y tormentoso [ ... ]. Leí aquellos prodigios y los olvidé. Más tarde comprendí que el olvido es invención de la memoria para volver con ímpetu sobre sus obsesiones primeras. La idea de escribir un testimonio así, surgió ahora, pero la pasión de bocetarlo es legado de adolescencia".

Es, pues, libro de biografías que apunta en los personajes a la iluminación de la creación literaria, su génesis, circunstancia y explicación, a las relaciones entre vida y poesía, y poesía e historia o realidad, al misterioso sistema de lazos que unen a un autor con su obra y a ésta con su época. Primero es Alexandr Serguéievich Pushkin (1799-1837), la aparición enigmática del poeta y sus años de infancia, sus poemas primeros y la llegada a San Petersburgo:"Al salir del liceo, casi inmediatamente, me fuí a la aldea de mi madre, a la provincia de Pskov. Recuerdo con alegría la vida campesina, el baño ruso, las fresas. Aunque hasta hoy, lo que más me gusta es la vida ruidosa, la multitud". Es el más completo y complejo de los cuatro estudios, con el detallado relato de la composición del poema novelado Ruslan y Liudmila, el destierro y los viajes y el regreso a Mijaílovskoie, la hacienda centenaria. Los años de Moscú, con el apogeo de la literatura rusa, y el final, que incluye este hermoso testimonio acerca del poeta: "Cuando todos se fueron me senté cerca de él y contemplé su cara mucho tiempo. Nunca vi una expresión parecida a la que tenía este rostro en el primer momento de su muerte. Su cabeza se inclinó un poco, los brazos reposaban tranquilos, como tumbados para descansar después de un duro trabajo. Pero no puedo decir con palabras qué expresaba su cara. La expresión era muy nueva para mí y al mismo tiempo muy conocida. No era ni sueño ni tranquilidad. No tenía tampoco una expresión espiritual, ni una expresión poética. No. Un pensamiento profundo y asombroso pasaba por este rostro. Algo parecido a una visión, a un conocimiento completo y sosegado ... ". Luego Mijaíl Yúrievich Lérmon tov (1814-1841), quien asistió a los años últimos de Pushkin, La infancia pasada en soledad pero que le abre al universo interior, la adolescencia o el aprendizaje del dolor, la acción y la poesía que lo distancia de los otros: "Os diré una cosa buena: por fin me he dado cuenta de que no sirvo para la sociedad, y ahora menos que nunca. Ayer estuve en casa de N. N. En el transcurso de cuatro horas, no pronuncié ni una palabra sensata". Entonces, tras el Húsar, el definitivo dibujo de la figura del artista, en toda su pureza e intensidad que lo llevará a la composición del poema La muerte del poeta, ,dedicado a Pushkin y concluido días antes de la muerte de éste.

Y al fin el duelo, la conclusión trágica: "En Rusia, la sangre derramada en los dos duelos famosos, el de Pushkin y el de Lérmontov, fue producto de la psicología trágica del oscurantismo político".

Con Nicolái Vasílievich Gógol viene el despliegue del mundo, su fuerza y amplitud, la variedad de la vida literaria: "Pushkin y Gógol se encontraron, sin conocerse, en las páginas de literatúrnaya Gazieta ... ", la peripecia espiritual que antecede y acomaña la redacción de su obra más difundida, Las almas muertas, a propósito de la cual un contemporáneo exclamó: "¡ Dios, qué triste es nuestra Rusia!". Y en seguida el amor y siempre la literatura: "La obra Tarás Bulba (1833) fue publicada en dos versiones: la primera en 1835 y la segunda en 1842. En este majestuoso poema épico el viejo Tarás tipifica la voluntad, la fuerza, la lealtad; su hijo Andréi, el polo opuesto: la irracionalidad, la traición, la debilidad. Los dos son románticos: el uno sacrifica la vida por amor a su pueblo, y el otro por amor a una mujer. Estos dos extremos se tocan; aunque puestos en un tiempo histórico anterior, reflejan de manera indirecta la lucha que dentro de las letras rusas se da en el segundo cuarto del siglo XIX, y en el mundo interior del mismo Gógol: la disputa entre realismo y romanticismo", En seguida, el acercamiento lento y tortuoso a la muerte, la enfermedad interior y el alma que ésta dibuja.

Cierra el escenario la enigmática figura de Antón Pávlovich Chéjov (1860-1904). Está la oscuridad de los comienzos, entre promiscuidad y abandono, los años de preparación para la vida y el nacimiento del personaje como par de Gógol, tanto en la vida pública como en el oficio de escritor, ante el cual dio fe de la más aguda conciencia: "No paso a limpio mis manuscritos. La mayoría de las veces envío mis borradores, pero siempre paso a limpio la vida moscovita, porque la escribo con grandes dificultades. La brevedad es la hermana del talento. El conocimiento de las ciencias naturales y de los métodos cientificos me ha vuelto prudente. El arte de escribir consiste menos en escribir bien que en tachar lo que está mal escrito. La brevedad ante todo y la sencillez. Uno debe ponerse a escribir sólo cuando se nota más frío que el hielo; cuanto más corto, se profundiza más. El lenguaje debe ser sencillo y elegante. Sólo los imbéciles y los charlatanes creen comprenderlo y dominarlo todo".

Están sus amistades, sus efectos, pero sobre todo sus pensamientos y sus objetos. Excepcionalmente editado e ilustrado; escrito con la fluidez de una novela y la precisión del lenguaje de la poesía, Tras los clásicos rusos está cargado de testimonios, documentos, huellas, datos que Luque Muñoz analiza y une, llevando de la mano al lector por el insondable laberinto del alma rusa, con su sensibilidad exacerbada y su santidad única.

JAIME GARCÍA MAFFLA