Comerciantes y banqueros: el origen de la
industria antioqueña
Comerciantes y banqueros: el origen de la industria antioqueña
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MANUEL RESTREPO YUSTI
Profesor asociado, departamento de sociología, Universidad de
Antioquia Fotografías: Luis Fernando Malina L.
LA ELITE EMPRESARIAL que dirigió la industrialización
de Antioquia en el siglo XIX surgió en el período comprendido
entre 1820 y 1880. El capital invertido en el montaje de las
"industrias pioneras" tuvo como antecedente el comercio y
la economía minera.
El comercio antioqueño actuó en el siglo XIX de manera
significativa en dos direcciones: fue el elemento central del
desarrollo económico e igualmente conformó todo el mundo simbólico
que guiaba una mentalidad; tratándose de una manera de ser
colectiva, muchos fueron los atenuantes que afectaron la práctica
económica que de ella se derivó. El espíritu especulativo giraba
como rueda suelta en medio de las guerras civiles, los ciclos y las
crisis económicas propiciadas por los mandatos de un mercado
internacional y de la búsqueda de un modelo exportador. La usura y
la aventura eran compañeras inseparables de una concepción que
guiaba los negocios con un criterio coyuntural y de corto plazo, y
de búsqueda de ganancia fácil y rápida l. Frente a este signo inexorable de este período
está también la fortaleza de un principio de identidad muy
arraigado en la práctica económica y sellada sobre fuertes y
sólidas bases de parentesco que se hicieron extensas a través de
lazos de amistad y compadrazgo 2.
Por tanto, al rastrear la historia de la industrialización en
Antioquia, y en especial de la fase de despegue de la industria
textil, es necesario contrastar la convergencia de dos
mentalidades: una heredada del ejercicio de la práctica económica
del siglo pasado, y otra, que puso empeño en realizar lo que para
principios de este siglo eran "vagas y deleznables
ilusiones". Sin embargo, ambas están cruzadas por variables
comunes, que convierten la familia en unidad de análisis de gran
valor, tal como se puede comprobar en este perfil histórico de los
comerciantes y banqueros que habrían de convertirse en los
innovadores de una nueva manera de conducir la economía paisa a
partir del siglo XX.
El 10 de febrero de 1902, en el Club del Comercio de Medellín,
se constituyó la Compañía Antioqueña de Tejidos. Formaron parte de
ella: Eduardo Vásquez J., Pedro Nel Ospina, Camilo C. Restrepo
Callejas y Carlos Restrepo C.; quienes representaban a la casa
comercial de Hijos de Fernando Restrepo; Manuel J. Alvarez, en
representación de la casa comercial Alvarez y Compañía; y Antonio
Gutiérrez, en representación del Banco Popular de Medellín 3. Veamos de cerca la historia de dos de estas
familias pioneras de la industria: la familia de Fernando Restrepo
Soto, cuyos vínculos económicos y de parentesco ligan su
descendencia con la de Luciano Restrepo Escoar, otro pionero del
comercio y la banca antioqueñas.
Numerosos relatos dan cuenta de la amistad entre Fernando
Restrepo y Luciano Restrepo. Entre sus familias se conformó un
fenómeno de identidad y linaje que se acrecentó a un ritmo
marcado por la constancia de un proyecto de vida, de reconocimiento
y de búsqueda de horizontes comunes, materializados en una forma
peculiar de acumular capital, de prestarse mutuo respeto y ayuda
sellados mediante la unión matrimonial de sus hijos.
FERNANDO RESTREPO SOTO: Típico representante de su
época
Fernando Restrepo Soto había nacido en Yarumal el 5 de junio de
1819 y se reconocía como descendiente directo de don Alonso López
de Restrepo, a quien el rey de España había dado el título de
alférez real y concedido la posesión de una vasta extensión de
tierra mediante cédula real, cuya forma protocolaria es aún
nombrada por la tradición oral: "Después de tener esta
escritura, los sellos reales y de gritar tres veces viva el Rey de
España y tirar cagajón al aire entró en posesión de la propiedad el
señor Alonso López de Restrepo 4.
Don Fernando se casó con doña Concepción Callejas Echeverri. A
través de los lazos matrimoniales, doña Concepción representó la
posibilidad de ensanchar los caminos y horizontes de don Fernando;
siendo sobrina de don Gabriel Echeverri, fueron muchas las
oportunidades que este parentesco les ofreció en el mundo de los
negocios, como lo pueden comprobar muchos datos biográficos de la
familia 5.
Dos hechos motivaron la posibilidad de escoger un proyecto
económico acorde con el espíritu de la época. La vecindad de
Yarumal a la zona minera de Anorí permitió que se dibujara en este
personaje el proyecto de comerciar con el oro. Influyeron también
en él las repetidas conversaciones hogareñas sobre los apasionantes
viajes a Jamaica de Gabriel Echeverri, Juan Santamaría y Juan Uribe
Mondragón. La isla caribeña se había convertido a partir de 1820 en
centro de compra de oro y de depósito de las famosas mercancías
inglesas, como consecuencia de las restricciones comerciales que
siguieron a la caída del poder español.
La actividad comercial, complementada por la incursión en el
negocio del tabaco, le permitieron un proceso de acumulación de
capital. Gracias a este hecho, a mediados de 1850 decide seguir la
ruta de los comerciantes paisas hacia Jamaica acompañado de su gran
amigo Luciano Restrepo. Ricas son las descripciones de estos
viajes. El periplo empezaba en Medellín, de donde se salía a lomo
de mula hasta el sitio de Islitas. Allí tomaban un primitivo
champán conducido por hábiles bogas hasta Puerto Nare. El trayecto
continuaba por el Magdalena en barco de vapor hasta encontrar la
salida al mar Caribe, donde tomaban un buque que los conducía a
Jamaica. Este exótico viaje estaba precedido por un ritual de
preparación, cuyo primer acto era dejar el testamento debidamente
amparado ante notario, ya que la travesía implicaba muchos riesgos.
Unos pocos vestidos componían el equipaje, y con él iba la preciosa
mercancía en pequeñas bolsas amarradas con cuerdas, pues se trataba
de oro en polvo. En Jamaica cambiaban el oro por legítima y
finísima mercancía. El viaje generalmente duraba seis meses, en los
que no había comunicación con la familia.
Jamaica perdió rápidamente importancia como centro comercial;
hacia 1860 el centro de atención se fue desplazando hacia los
países europeos y en menor grado hacia los Estados Unidos. Las
condiciones de comercio variaron no sólo por los problemas del
transporte y por los requisitos de crédito, sino también por la
competencia que hizo rebajar las ganancias. Se agregaba a ésto el
hecho de que las casas comerciales extranjeras exigían la llegada
del oro primero, antes de enviar la mercancía, y los créditos se
otorgaban por un plazo de dieciocho meses 6.
La caída del comercio jamaiquino estimuló la creación de las
casas comerciales con sede en Medellín, en las que trabajaron la
mayoría de los hijos de las dos familias: la Casa Comercial de
Fernando Restrepo y la Casa Comercial Restrepo y Cía. Estas
empresas tuvieron su inspiración en las casas inglesas que
funcionaron desde el siglo XVIII y para el siglo XIX combinaron sus
funciones comerciales con actividades financieras de cambio de
moneda y crédito, aunque su actividad más importante fue el negocio
de compra y venta de oro.
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Luciano Restrepo según un retrato a lápiz hecho en Paris (ca.
1880). Autor anónimo (Colección panticular )
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Josefa Díaz-Granados, esposa de Luciano Restrepo, según un
retrato a lápiz hecho en París (ca. 1880). Autor anónimo (Colección
particular).
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El proceso de acumulación de la fortuna de Fernando Restrepo
atraviesa por otras etapas y problemas que en cierta medida
representan la inestabilidad del siglo XIX, ocasionada en el plano
nacional por las guerras civiles yen el plano internacional por las
frecuentes crisis económicas que antecedieron a la búsqueda de un
modelo agroexportador más estable.
La palabra quiebra era como un conjuro que repentinamente rompía
la magia soñada de las arcas llenas de caudales. Don Fernando
atravesó esa situación, especialmente en los negocios de tabaco. A
partir de 1850 este cultivo fue de gran éxito, y algunos
comerciantes, como Gabriel Echeverri y la Casa Antioqueña de
Montoya Sáenz, se dedicaron exitosamente a su exportación en
Ambalema. Fernando Restrepo quiere seguir los pasos de su pariente
político y se dedica primero a su comercialización. Pero un día le
avisan que un cargamento suyo de tabaco que tenía como destino a un
puerto alemán se había perdido. Esto implicaba volver a empezar.
Siguiendo los pasos de Gabriel Echeverri, decide sembrar tabaco en
su finca vecina al paraje del río Arma, pero esta empresa fracasa,
pues el tabaco de esta región nunca pudo competir en calidad con el
de la región de Ambalema 7.
Estos intentos de recuperación económica mediante la
comercialización y el cultivo del tabaco se vieron cancelados por
la baja en los precios internacionaes, debido a la aparición de los
grandes cultivos de la hoja en las Indias Occidentales durante el
decenio de 1870.
Los negocios del tabaco y el oro no fueron el único centro de
sus actividades económicas. Participó también en el controvertido
proceso de expansión de la frontera, cuyo resultado fue el montaje
de grandes haciendas en la región del río Cauca, cerca del río
Arma, y cuyos límites llegaban a la quebrada El Oro, en Aguadas. En
este paraje estaba la famosa hacienda El Oro. También tenía
propiedades en Valparaíso, Yolombó y Dadeiba 8. Para ir a esas fincas eran necesarios quince días
de viaje. Durante dicho recorrido se hacían igualmente numerosos
negocios, entre los cuales la compra y venta de recuas de mulas y
cabezas de ganado eran muy comunes. El negocio de las mulas fue,
sin duda, otro de los factores de acumulación de capital en
Antioquia.
Nuestro personaje sabía aprovechar dichos viajes para establecer
contactos con los llamados marchantes, quienes, además de proveerse
de mercancías en la casa comercial que llevaba su nombre, le
sirvieron de guías en asuntos económicos hasta convertirlo en
experto sobre la vida y destino de dicha región. Cuentan sus
descendientes que en uno de sus viajes compró las carboneras de
Amagá, que entraron a engrosar el patrimonio familiar.
Como puede verse, este personaje decimonónico mantiene una
característica que es común a los comerciantes antioqueños: la
diversificación en la inversión. Más que una racionalización
empresarial propia de una mentalidad capitalista avanzada, esta
característica representaba una acción intuitiva que se tomaba como
medida para salvarse de las quiebras, tan frecuentes en la época
9.
Su reputación de hombre humanitario se extendió por toda la
región del río Arma. Dicha actitud encerraba las motivaciones que
le dieron vida a un plan, como lo habían hecho otros personajes que
tuvieron papel protagonístico en el proceso de colonización
antioqueña; para la época dicha acción significaba reemplazar al
Estado en la financiación de las precarias vías de comunicación.
Mediante su realización, nuestro personaje repite la experiencia de
la construcción del famoso camino de Caramanta que otros
colonizadores, antes mencionados, habían acometido. Proveía de
dinero a los campesinos de la región para abrir caminos y construir
puentes, y de esta manera estimulaba la formación de pequeños
asentamientos poblacionales. Podría decirse que el plan vial que
gestaron los colonizadores del suroeste antioqueño resume sus
intereses de comerciantes, terratenientes y ganaderos y es a la
vez, sin lugar a dudas, uno de los medios para solucionar el
problema del mercado interno, que por su precariedad se constituía
en obstáculo a la expansión económica en el siglo XIX.
El destino de la familia Restrepo Callejas estuvo íntimamente
ligado a la familia de Luciano Restrepo Escobar, como veremos a
continuación:
LUCIANO RES TREPO ESCOBAR: virtudes castellanas e ideología
liberal
Don Luciano nació en Envigado el 12 de enero de 1812, del
matrimonio formado por Javier Restrepo, sobrino del doctor J osé
Félix de Restrepo, y doña Teresa Escobar 10.
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Fernando Restrepo. Fotografia iluminada, anónima (Colección
particular).
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Concepción Callejas E. Fotografía iluminada, anónima (Colección
particular).
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Pasó su infancia en Amagá, dedicado a la finca de sus padres, La
Clara. Fue discípulo, en su mocedad, de Víctor Gómez, representante
de la primera escuela lancasteriana que hubo en Medellín, de quien
aprendió las primeras letras. Estudió lengua latina con José
Ignacio Escobar. Se matriculó en 1827 en el curso de filosofía que
regentaba Timoteo Duarte, intelectual de la época, con quien
estudió además aritmética, gramática y lógica. Representaba don
Luciano al hombre de inquietudes intelectuales del siglo XIX.
Fue boticario durante un corto período de su vida. Esta
profesión la desempeñó hasta 1831, fecha en la que fue llamado a
pelear en la revolución del 31, acaudillada por el gobernador de
Antioquia, Salvador Córdoba, contra el presidente Rafael Urdaneta,
a quien le tocó asumir la represión por los hechos habidos con
motivo de la conspiración contra Bolívar en 1828, y en la cual se
vieron comprometidos algunos antioqueños. La guerra coloca a don
Luciano camino a la costa, como oficial del ejército, con el grado
de teniente.
Su hermano Luis, militar de la Independencia, quien había
seguido la vocación y el espíritu de la época al convertirse en
comerciante, le aconseja retirarse del servicio militar y dedicarse
a buscar fortuna. Con un escaso caudal instala un pequeño almacén
en Medellín, en donde empieza a tener reputación de intelectual y
hábil comerciante de mercancías de Jamaica. No abandona sus
actividades intelectuales y toma lecciones de derecho con Joaquín
Emilio Górnez. Al poco tiempo decide ampliar sus conocimientos de
boticario y aprender a curar. "En ambas ramas aprendió lo
bastante [ ... ] para aliviar numerosas dolencias y para la defensa
de sus cuantiosos intereses en los litigios que la astucia o la
mala fe le han promovido" 11.
Una característica prevalece en la vida de don Luciano, y es su
apego a las virtudes castellanas, atribuida a la herencia de su
antepasado don Alonso López de Restrepo, y que curiosa y
contradictoriamente se mezclaron con el ideal de la ideología
liberal que se abre paso en ese siglo. Viajó a Europa con el ánimo
de reconocerse en el señorío y abolengo de sus antepasados, sin que
por esto perdiera la curiosidad por las grandes transformaciones
ideológicas, tecnológicas y científicas que se imponían en la
Europa de entonces. Regresa a su país en 1848, yen Santa Marta
decide contraer matrimonio con doña María Josefa Díaz Granados,
miembro de una familia costeña de prestigioso linaje. Ve don
Luciano en doña Josefa el ideal de la mujer de la época: virtuosa y
noble, sin importarle que su dote haya sido reducida a una suma
insignificante, debido a los reveses de la fortuna a que se vieron
enfrentados los miembros de la familia Díaz Granados por su
participación en la revolución de la independencia.
Tenía amplia experiencia comercial ganada durante sus años
mozos, cuando trabajaba como ayudante de la sociedad de comercio de
Gómez Restrepo y Compañía. Había aprendido el moderno sistema de
contabilidad en Kingston (Jamaica) 12.
Unida a estas características personales estaba su fortuna, con la
que montó una empresa a la que dedicó todo su empeño: la casa
comercial Restrepo y Compañía.
En 1854 Luciano Restrepo y su hermano José Manuel constituyeron
una compañía cuyo objeto era "hacer comercio de toda clase de
mercancía nacional y extranjera". Con capital de 84.750 pesos,
aportado por los socios con rubros provenientes de acciones en la
mina El Zancudo, dinero en efectivo, bienes raíces, mercancías,
semovientes y deudas, la nueva compañía empieza a funcionar. El
origen de dichas cantidades nos demuestra reiteradamente la
diversificación en las inversiones de capital de la elite comercial
antioqueña 13. Esta casa comercial se
haría famosa por sus mercancías traídas de Jamaica, la emisión de
billetes y el comercio aurífero.
UNIDOS EN LA BANCA
Si los viajes comerciales unieron a Fernando y Luciano Restrepo,
los negocios financieros acrecentaron esa unidad de intereses. En
1859 la legislación del estado soberano de Antioquia aprobaría la
primera ley en materia bancaria, que autorizaba la formación de
compañías para el establecimiento de bancos de emisión, giro,
depósito y descuento. La guerra civil de 1860-1862 impidió llevar a
cabo este proyecto. Habría de pasar más de un decenio antes que
Antioquia contara con el primer establecimiento bancario. Sin
embargo, se han encontrado registros de hipotecas y escrituras que
respaldaban los préstamos que para ese momento hizo la compañía
Restrepo Escobar a una tasa de interés del 8%, entre cuyos
beneficiados estaba la ferretería de Amagá 14.
Las actividades de préstamo sobre hipoteca y más adelante la
emisión de billetes fueron renglones importantes en el crecimiento
de la fortuna de algunas familias pertenecientes a la elite de
Antioquia, entre ellas las dos familias mencionadas.
Al finalizar el año 1871 se produjo un hecho de gran
trascendencia para la economía regional: la creación del Banco de
Antioquia. En las tertulias familiares de entonces se comentaba
sobre el beneficio o el peligro de la compra de acciones. El
destino y manejo del mundo de los negocios que se ponía al orden
del día, daba lugar a muchos interrogantes y sobre todo a
cuestionar los hábitos económicos de la elite comercial. Había
nacido la asociación de capitales a través de las sociedades
anónimas; los Restrepo Callejas y Restrepo Díaz Granados no fueron
la excepción.
Para 1872 en la sociedad Restrepo y Compañía se operó una
transformación: entraron a formar parte de ella Julio y Luis
Restrepo. El primero regresó de Estados Unidos, donde había
estudiado banca en el Eastman National Business College, de
Poughkeepsie, Nueva York 15. Este
hecho ayudaría a en rutar a la familia de Luciano Restrepo en el
mundo de la banca.
A partir de 1873 la sociedad de Restrepo y Cía. comenzó a emitir
billetes, que gozaban de gran aceptación por estar respaldados con
la firma de Luciano Restrepo 16. Tanto
la familia Restrepo Callejas como los Restrepo Díaz Granados serían
accionistas del Banco de Antioquia, creado en 1871; hecho éste que
no es meramente episódico, sino que remite al gran cuidado que
tuvieron los accionistas de elegir a lajunta que guiara los
destinos del negocio; los accionistas "más fuertes"
buscaron la forma de imponer una j unta directiva del banco 17.
Varios fueron los bancos en los cuales estas dos familias
colocaron sus acciones, e igualmente en varios de ellos formaron
parte de sus juntas directivas.
El Banco de Antioquia se liquidaría en 1892; en cambio, la casa
comercial de Restrepo y Cía. sobreviviría a todas las crisis
bancarias hasta 1915. Por su parte, la entidad comercial a cuya
cabeza estaba don Fernando Restrepo empleó gran parte de su fortuna
en el sistema bancario. Además de sus acciones en el Banco de
Antioquia, colocaron también su capital en el Banco de Medellín
(1871-1902), del cual fueron sus mayores accionistas, y en el Banco
del Comercio (1898-1902).
La participación de estos grandes comerciantes importadores de
mercancías nacionales y extranjeras en el sistema bancario los
convirtió en personajes de renombre nacional, ya que la función de
descentralizar y monopolizar grandes cantidades de dinero les
asignó un gran poder que fue aprovechado para controlar, desde la
institución bancaria, el circulante y los préstamos, ante la
escasez de numerario que se gestó a partir de las reformas
introducidas por Núñez en el sistema monetario.
Los negocios bancarios desbordaron las actividades del pequeño
usurero, para dar paso a otras formas de especulación controlada
desde la sociedad anónima. La historia de la banca antioqueña es
rica en detalles sobre el funcionamiento de los bancos y tiene como
centro las transacciones especulativas que se evidenciaron con las
frecuentes crisis que sufrió dicho sistema, motivadas por la
inestabilidad en el sistema cambiario, del cual dependían las
transacciones comerciales con el exterior 18.
Además del surgimiento del sistema bancario, el crecimiento de
la ciudad de Medellín ofrece otras oportunidades para estos
empresarios 19. A partir de 1880 la
ciudad registra en su desarrollo urbanístico el espíritu
utilitarista de estos personajes decimonónicos. Don Fernando y don
Luciano,junto con don Coriolano Amador, millonario de la época,
emprendieron parte del proceso de urbanización del sector de
Guayaquil. Mediante un préstamo al señor Amador, se dan a la tarea
de urbanizar parte de este sector cubierto de lagunas y ciénagas.
El proyecto de construcción implicó la aparición de centros de
abastecimiento, pequeños almacenes, viviendas, hoteles y pesebreras
que le daban sentido a otro próspero negocio: la venta de ganado,
en la plaza de ferias aledaña al sector de Guayaquil.
Su espíritu emprendedor hizo que impulsaran un sistema de
construcción en serie que no había sido utilizado antes, yen ese
sentido fueron precursores de la urbanización en Medellín como
·también lo fue otro comerciante antioqueño: Manuel J.
Alvarez. Las dos familias también forman parte de la historia de la
urbanización del Poblado; allí construyeron sus cómodas y
solariegas casas de campo y se convirtieron en propagandistas de
ese bello paraje de Medellín, adelantándose a un mercado de tierras
que se desarrollaría a partir del decenio de 1920 con la
construcción de viviendas para la elite empresarial y comercial
residente en Medellín.
UNA AMISTAD POR ENCIMA DE LOS COLORES POLITICOS
Si encontramos profundas coincidencias en el mundo de los
negocios de las familias en cuestión, las relaciones en el mundo de
la política no dejan de ser peculiares. Pertenecía al partido
conservador don Fernando y era liberal radical don Luciano. Ambos
personajes vieron transcurrir en los años de su juventud una serie
de episodios que marcarían el origen de sus definiciones políticas.
Los conflictos entre los seguidores de las ideas de Bolívar y
quienes las combatían dieron lugar a las primeras experiencias
bélicas de las cuales estos personajes fueron testigos. Pero fue
durante el período de 1850-1885 cuando el poder de la elite
antioqueña tuvo momentos de fuertes disputas partidistas de muy
corta duración, en los cuales los mencionados personajes hubieron
de afrontar situaciones incómodas para sus intereses económicos y
para el proyecto de orden social que pretendían construir.
Nadie podría negar que la dinámica bipartidista desempeñó papel
importante en el proceso de acumulación originaria, al ser
utilizada como medio en el camino de la competencia y la
acumulación de riqueza; la guerra, las vías constitucionales, la
expropiación y el destierro se camuflaron con el ropaje partidista.
Sin embargo, cuando la narración histórica se enfrenta a casos como
el de los protagonistas mencionados, se puede constatar que hubo
ocasiones en las que las diferencias políticas no pudieron
ensombrecer una solidaridad de clase y de amistad 20.
LA INSURRECCION CONSERVADORA DE 1851
Para los conservadores antioqueños, el gobierno del presidente
José Hilario López (1849-1853) perseguía la propiedad, no respetaba
los derechos ciudadanos, ejercía violencia contra el derecho de
conciencia y atacaba a la Iglesia con la supresión del diezmo y la
abolición del fuero eclesiástico; además de eso, había dividido
políticamente el territorio paisa en tres provincias (Medellín,
Antioquia, Córdoba).
Fernando Restrepo formó parte de una de las llamadas Juntas
Revolucionarias que combatieron contra dichas medidas, mientras que
su amigo Luciano guardaba cierta neutralidad en la contienda,
amparado en una militancia liberal más intelectual que doctrinaria.
La implantación del empréstito o impuesto del comparto, aplicado
por el gobierno a los rebeldes conservadores, ocasionó la
posibilidad de que se acudiera a préstamos a interés para cubrir
esta obligación; éstos eran proporcionados por comerciantes
liberales fieles al gobierno central. Don Luciano se convierte en
salvador de muchos conservadores por medio de dichos préstamos,
obteniendo de ellos un interés que le proporcionó el incremento de
la fortuna.
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Carlos Restrepo Callejas (ca. 1890). Fol. iluminada. anónima
(Colección particular )
|
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Camilo C. Restrepo Callejas retratado por Melitón Rodríguez en
1933. Colección del Palacio de la Cultura de Antioquia Rafael Uribe
Uribe.
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La revolución del 51 evidenció la debilidad de Antioquia en
cuanto a vías de comunicación, y la vulnerabilidad de su economía
frente a la guerra. También fue la ocasión para percibir que la
lógica de los negocios había logrado conformar una economía basada
en la sumatoria del "esfuerzo personal", del "código
de honor", de la solidaridad de familia y sobre todo de la
figura del "comerciante", que era necesario superar
mediante acuerdos basados en intereses objetivos para el desarrollo
de una clase y no meramente personales. Las crónicas y registros de
la guerra corroboran las consecuencias de lo anterior: el general
sonsoneño Braulio Henao, que había salido en ayuda de los
insurgentes, al encontrar las facciones conservadoras solicitó
indulto al gobierno liberal, alegando que se le había presentado
"una revolución unificada y condiciones óptimas de rebelión
que en la práctica no existían". Esto ocasionó en parte la
derrota en el sur del general Eusebio Borrero, líder militar de los
conservadores. Personajes como el comerciante Félix de Villa se
negaron a participar en la rebelión, aduciendo que eran enemigos de
las vías de hecho. Noticias de otras secciones del territorio
envuelto en la contienda, como Amalfi, dibujaban un panorama
desconsolador: "Ya dizque no hay un solo conservador y todos
se dicen liberales"; "los conservadores más acaudalados
del cantón de Amalfi han huido".
Después de la victoria, el liberalismo gobernó brevemente en
Antioquia hasta el derrocamiento del presidente José María Melo, en
1854. A partir de ese episodio se restableció allí la hegemonía
conservadora. Muchas amarguras y ruinas dejó este conflicto, pero
también es cierto que proporcionó por igual una prosperidad
económica a don Luciano, a punto tal que en 1854, mientras muchos
conservadores estaban en la ruina, él había fundado con su hermano
la casa comercial ya mencionada, la cual suministraba préstamos que
favorecieron a un círculo de conservadores afectados por la guerra,
pero de todas maneras muy cercanos al aprecio de don Luciano.
LA GUERRA CIVIL DE 1859-1862 Y LA CONSTITUCION DE 1863
La gran amenaza que ocasionó esta guerra fue el peligro del
desmonte del régimen federalista que había impulsado durante su
presidencia uno de los ideólogos del partido conservador de
Antioquia, el doctor Mariano Ospina Rodríguez. Este proceso había
contado con el apoyo de los integrantes de ambos partidos en
Antioquia, entre los que se contaban, como entusiastas defensores,
don Fernando y don Luciano. Por ironías del acontecer político, la
presidencia del doctor Ospina se vio amenazada con la guerra
acaudillada por el general Tomás Cipriano de Mosquera. Ospina logró
finalizar su cuatrienio en plena contienda, en 1861, cuando la
victoria estaba a favor del general caucano; el presidente fue
apresado y condenado a muerte pero logró librarse de ésta gracias a
la intervención de numerosas personalidades de ambas agrupaciones
políticas. Entre tanto, en Antioquia se organizaron las banderas
conservadoras para hacer frente a los ejércitos liberales. Estos
últimos lograron la victoria con la capitulación de los rebeldes
antioqueños, el4 de octubre de 1862.
Luciano Restrepo volvió a figurar en este corto período de
hegemonía liberal, al ser nombrado por el propio Mosquera designado
y representante a la convención de Rionegro que promulgaría la
Constitución de 1863, a la que asistió acompañado de personajes
liberales como Camilo Antonio Echeverry, José María Rojas Garrido y
Pascual Bravo. Como gobernador fue nombrado Antonio Mendoza, señor
que se preciaba de ser un gran liberal y, por lo demás, muy
estimado por la elite paisa. La corta estancia de este personaje en
otro período liberal representó un claro ejemplo episódico de lo
que significaba realmente el juego partidista en Antioquia: su
debilidad para enfrentar a los conservadores y al clero con la
medida que impulsaban los liberales, y en especial el cobro del
comparto de guerra, lo obligaron a renunciar. En su reemplazo se
nombró al liberal Pascual Bravo, que moriría en combate con las
fuerzas rebeldes de Pedro Justo Berrío, en 1864.
La oposición al gobierno liberal fue agitada por clérigos de
comunidades religiosas que se declararon afectados por la medida de
desamortización de bienes de manos muertas promulgada en 1861. Un
grupo de prestantes miembros de la elite paisa encabezaron en
Antioquia la revuelta conservadora:
Pedro Justo Berrío, Abraham Moreno, Recaredo Villa y Julián
Vásquez Calle, entre otros. La victoria conservadora se obtuvo el4
de enero de 1864. Después de esta guerra entraría a dirigir los
destinos de Antioquia el conservador Pedro Justo Berrío, iniciando
una nueva hegemonía de su partido, que duraría catorce años, y que
fue puesto en cuestión desde la guerra civil de 1876.
Tras el triunfo del partido conservador, la figura política de
don Fernando brilló por su acercamiento al régimen de Berrio.
Correspondía para entonces ofrecerle su amistad y protección a don
Luciano, quien durante el período posterior a este conflicto siguió
otorgando préstamos y haciendo negocios desde su casa comercial,
convertida casi en "banco". Parte del dinero para
financiar la compañia que había de fundar la Ferrería de
Amagá, por parte de los señores Carlos de Greiff y Pascasio Uribe,
se obtuvo de las arcas de don Luciano, precisamente en tiempos en
que el circulante era muy escaso y abundaban las ruinas
económicas.
*
|
Agradecemos la colaboración de Ana Beatriz Carvajal, Pepa y
Carmen Restrepo y Esteban Alvarez Restrepo
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1
|
Sobre estos aspectos, véase José Antonio Ocampo, Colombia y la
economía mundial, 1830-1910, Siglo XXI, 1984.
|
2
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Véase la exposición de esta tesis en Roger Brew, El desarrollo
económíco de Antioquia desde la independencia hasta 1920, Bogotá,
Banco de la República, 1977.
|
3
|
Véase Archivo Histórico de Antioquia, Escritura de constitución
de la Cía. Antioqueña de Tejidos, 1902.
|
4
|
La mayoría de los datos aquí anotados fueron recolectados a
través de entrevistas con doña Pepa Restrepo de Alvarez.
|
5
|
Gabriel Echeverri, Juan Santa maría y Juan Uribe Mondragón
representaron el grupo más fuerte de colonización en el suroeste
antioqueño, además de ser grandes comerciantes.
|
6
|
Véase A.H.O. Copiadores 1800-1885, Faes, Medellín.
|
7
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Sobre los antioqueños y el cultivo del tabaco, véase Salvador
Camacho Roldán, Memorias, Bogotá, 1923.
|
8
|
Esto se puede constatar en el testamento de doña Concepción;
dicho documento se encuentra consignado en el Archivo Histórico de
Antioquia, Suco A.H.A., Notaria 2a., 16 de junio de 1898, núm.
1334,r.1276
|
9
|
Véanse las tesis de Ann Twinam, Memorias del simposio, Los
estudios regionales en Colombia. Faes, Medellin, 1982.
|
10
|
La mayoria de los datos sobre esta familia fueron suministrados
por doña Pepa Restrepo de Alvarez y por don Jesús
Restrepo, parientes de dicho
personaje.
|
11
|
Véase Joaquín Ospina, Diccionario biográfico y bibliográfico de
Colombia. t. III, Bogotá, 1938.
|
12
|
Para esta época muchas compañías inglesas utilizaban agentes
residentes en países extranjeros. El auge del comercio en Jamaica
trajo como consecuencia la difusión de modernos sistemas de
contabilidad.
|
13
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El capital estaba repartido así: derecho en la mina El Zancudo:
$ 3.000; dinero efectivo: $ 1.000; bienes raíces: $ 14.000
(representados en las haciendas El Piñón y La Clara); mercancías: $
10.000; semovientes: $ 3.000; deudas o créditos: $ 4.000. (A.H.A.,
sección notarial, núm. 573, f. 1874).
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14
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Véase El Heraldo, enero de 1880.
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Este dato fue tomado de la fotografía de grado conservada por
su descendiente doña Pepa Restrepo de Alvarez.
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Igualmente emitieron billetes otras casas: Botero Arango e
Hijos y Vicente B. Villa. En carta oficial se decía al respecto de
estas casas: "De Medellín se me ha informado por el gobierno,
que los billetes en referencia gozan de entero crédito y son
cambiados a su presentación en los respectivos
establecimientos" (Boletín Oficial, núm. 39, Medellín, 21 de
agosto de 1885).
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Los datos sobre el sistema bancario antioqueño fueron tomados
de las tesis de grado de María Mercedes Botero Restrepo, Los bancos
de Antioquia, /872-/886, Universidad de Antioquia, Medellín, 1984,
y Heriberto Zapata Cuencar, Antioquia: Historia de sus bancos,
Medellín, copia mimeografiada inédita, Medellín, Faes.
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Al respecto, véanse las crónicas de Lizandro Ochoa, Cosas
viejas de la Villa de la Candelaria. Medellín, Colección de autores
antioqueños, 1986.
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Véase Libardo Ospina, Una empresa, una victoria. Monografía
histórica de las empresas y servicios públicos de Medellin,
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Para la elaboración de este recuento sobre conflictos
acaecidos en Antioquia entre 1850- 185 se consultaron las
siguientes fuentes: Luis Javier Ortiz Mesa, El federalismo en
Antioquia, 1850-1885. Aspectos públicos, Universidad Nacional de
Colombia, seccional Medellin, Medellín, 1987; Roberto María Tisnés
y Heriberto Zapata Cuencar, El ferrocarril de Antioquia. Historia
de una empresa heroica, Medellín, Imprenta Departamental de
Antioquia, 1980. La relación de luchas políticas con la vida de
Fernando y Luciano Restrepo fue elaborada con base en entrevistas
con don Luis Restrepo, descendiente de don Luciano, y doña Pepita
Restrepo de Alvarez, descendiente de don Fernando y don Luciano.
Una corta visita al Archivo Histórico de Rionegro me sirvió para
extraer algunas de las conclusiones presentadas. Véase H.H.R. vol.
1851, Revolución del general Eusebio Borrero, y H.H.R., t,
1953.
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