Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.


Reseña poesía: Poesía: Hogar, dulce hogar

Poesía: Hogar, dulce hogar

El profeta en su casa. Paños menores

Jotamario

Fundación Simón y Lola Guberek, Bogotá, 1988

Recuerdo claramente la primera vez que me topé con los poemas de Jotamario, porque invertí en literatura el dinero destinado a un par de cervezas. Hablo de ocho años atrás, cuando ciertos libros en Lima podían costar lo mismo que dos chelas. (Ahora, como están las cosas, creo que mis paisanos no pueden leer ni chupar).

Me dirigía, pues, al Gabino (el único bar decente de Miraflores) y paré unos minutos en la librería La Familia (que supongo se llama así porque el dueño es hincha de las obras de Mario Puzo, que no por filiaciones o consideraciones con el bolsillo del lector) y descubrí en el estante de novedades Mi reino por este mundo. Al parecer había llegado de contrabando en una remesa de libros de García Márquez editados por Oveja Negra. Pero la de Jotamario parecía una edición de lujo a un precio accesible. La cubierta no estaba mal. Después vi la foto de la contraportada, en la que aparece el vate emergiendo como Neptuno (o Baco) de las aguas 1. Tenía toda la pinta de creerse la última cantimplora del desierto. O como habría dicho el Cholo Miranda: "se siente el único huevo duro del picnic": Entonces fui directo a los poemas, siguiendo el consejo del profe Danilo Basurco, que decía cuando algún jugador de fútbol con pose de estrella venía a probarse en el equipo: "A ver, pues, que empiece con unos doscientos abdominales ... ".

Hojeé el libro de Jotamario y me fui dejando llevar por ese ritmo que cultiva la imagen con astucia, dominio del verso y un desenfado que no caía mal. Y llegué al poema sobre el padre (Paño de lágrimas), que francamente me hizo comprar el libro en el acto y buscar a un pata que se portara con las cervezas para compartir con alguien la alegría de ese lenguaje

1

Veinte años después vemos reeditado el primer libro de Jotamario, que ahora incluye diez poemas adicionales en una sección que nos concede varias posibilidades de lectura. El profeta en su casa lleva también un prólogo reciente que es el hermano mayor de aquél de 1966. Así, podemos leer dos libros entrelazados: el original con su prólogo y el actual con Paños menores y otro prólogo. Esto que digo suena a de qué color es el caballo blanco de Napoleón. Pero el enganche es permitirnos observar al poeta contemplándose con la ironía del caso, que es el único bastón obligatorio para quien juzga sus proyectos juveniles. Sin perder el paso de la irreverencia ("y aunque cumplí mi sueño de orinar desde la punta de la torre Eiffel ... ", pág. 8), Jotamario le toma la presión al vitalismo de aquella hora ("Los poetas de mi generación vamos llegando a la muerte sin envejecer ... ", pág. 9) como una ofrenda recibida con naturalidad. El fervor por la belleza de las palabras se mantiene intacto. Pero ahora dan, si no risa, al menos cosquilleo las posturas de la exacerbada pasión por la vida, pasión que a esa edad no es más que un escudo para evitar la seducción de las parcas, muchachitas ingratas. El prólogo del 66 tiene todas las semillas de la maldad, desde Genet a Boris Vian ("Conviví con los ángeles y asesinos y con los ángeles pederastas y con los ángeles escritores de mi generación ... ", (pág. 15) hasta el esoterismo de pandilla que no contradice el individualismo rimbaudiano lleno de coquetería ("Soy un santo de nuestro tiempo, un apóstol apocalíptico ... y como no tengo fe, nadie tiene fe en mí, (págs. 16 y 17).

Creo que incluir el prólogo de 1966 en la presente edición es un acto de honestidad, sobre todo porque el poeta es capaz de evaluarlo sin extremar el sarcasmo ni rasgarse las vestiduras. Así pensaban y sentían los nadaístas de la hornada primera. Fueron bardos las veinticuatro horas del día. Pichones todos de una verdad poética que poco a poco les mostraría los colmillos: las palabras de la tierra brillan más que el oropel.

2

¿Cómo entra la ironía en la tradición colombiana? Claro que con Gotas amargas, de Silva; y luego se expande por el antimodernismo de Luis Carlos López (para no hablar de León de Greiff, campechano y fresco). Pero a mediados de nuestro siglo la Violencia implicó un tajo en la sensibilidad del lector. Y por eso una explicación tomaría en cuenta -para la porción que nos compete- la llamada literatura de la violencia. Armando Romero señala que sin aquellos años terribles (más sus letras), el nadaísmo no hubiera existido, o sería otro. Ciertamente, el nadaísmo es el negativo (metáfora fotográfica) de la literatura de la violencia, algo así como el humor negro, la bufonada (muy seria). La juventud suple la ausencia de solidez teórica (el nihilismo, en términos filosóficos) pero además le inyecta a la tradición el veneno de la irreverencia 2. Por un lado es la entrada en Latinoamérica de la Beat Generation de los años cincuenta más el rock and roll con Elvis al frente.

¿Qué sucedía en la tradición española, la gran ubre de muchos poetas colombianos? Se dice que allí la ironía llegó (con fuerza) en los poemas de Jaime Gil de Biedma. Claro que también don Antonio Machado tenía su vena irónica. Pero a la larga la propia tradición decidió escoger al otro Machado, al que "valía" para oponerse tanto al franquismo lírico como a Juan Ramón. Sus insignes heterónimos aguardan todavía la gran fiesta. Pero digamos que hoy en día los más irónicos versos de Gil de Biedma resultan parpadeos al lado del humor y los juegos nadaístas. (Está claro que exagero, y de sobra la comparación carece de importancia en sí, excepto para establecer una referencia. Por lo demás, Gil de Biedma tiene a su favor lo que les faltó a los nadaístas: rigor verbal).

La juventud de los nadaístas prendió, pues, la mecha de la irreverencia. Al mismo tiempo esa razón biológica marca los límites de todo su despilfarro juvenil: la inexperiencia. Al respecto, Witold Gombrowicz habría hecho las delicias de los nadaístas, pero por esos años era más conocido en Francia que en el mundo de habla española, donde Sartre tenía la sartén por el mango.

El profeta en su casa pone a circular varias imágenes culturales de los años 60. El poeta puede ser marginal e improductivo, pero su talento es un don invalorable. Importa distinguirse del resto: "Afortunadamente su padre/ vestía la misma talla que él;/ afortunadamente su amante / deseaba lo mismo que él;/ afortunadamente la gente / pensaba diferente de él" (pág. 26). Sacar provecho reconociendo y enorgulleciéndose del toque de distinción.

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Hay un esoterismo político/psico lógico que nos lleva de los Block Panthers a Marilyn Monroe, paseo que compartirían los personajes de Rayuela, existencialistas y amantes del jazz. Respiran el mismo ambiente si hacemos la analogía de la posguerra europea con el clima político colombiano. Y asoma también el absurdo, la otra cara del racionalismo. Allí se lanzan para exorcizar la crueldad del medio. Algunos versos de Jotamario ("Un bailarín se tiró a la piscina/ para que aplaudiera el anfitrión con sus manos mojadas/ pero el paracaídas no se abrió / y los esponsales serán a las siete ... ", (pág. 32) tienen la misma atmósfera de los Cuentos pánicos de Alejandro Jodorowsky.

Se busca una expresión a media caña entre el happening y el esperpento:

Te comunican del consejo de guerra
Que tu amante naufragó 
hasta encantar los puertos
/ submarinos /
Una llave es lo que necesitamos 
Llora hasta que se te derritan 
las gafas
La pelota de golf se elevó hasta el satélite [pág. 29].

Hay poemas, corno Los hombres espaciales en la terraza del rascacielos más alto o Siglo XXI 6 a.m., que están encendidos por esa actitud (de joda, corno dirían los rioplatenses). Pero al mismo tiempo la muerte hace su ronda y, como dije antes, no se presenta corno una entidad trágica ni tampoco normalísima. La muerte aquí es un personaje más al que hay que ponerle las orejas de burro. Pero yo diría que la muerte es-el-personajede-este-libro (y de los prólogos), aunque represente la zona perversa de la mirada. En Testimonios de uno que visitó cementerios y navega esto es clarísimo. Sólo contradictoriamente puede el libro referirse a la doña:

En los cementerios adquirimos el sentido del humor, es cierto, 
pero también es cierto que mucha gente lo ha perdido.

Cuando pequeño, frente a una lápida 
corroída por los ácidos, 
conocía a una mujer de negro 
que reía / y colocaba sobre su 
pelo las flores / marchitas que 
desechaban los muertos 
huérfanos de otros panteones.
[pág. 35].

Un día el carro de los ataúdes chocó contra el carro de los helados y desde la carroza se me fueron los ojos tras el charquito delicioso que se escapaba, dada la inclinación de la calle, hacia las alcantarillas de las puertas del cementerio.[pág. 38].

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Por la misma razón es que en los años 60 tuvieron tanto éxito algunos programas de televisión. Por una parte, la jovialísima metafísica (de tal manera habrá que llamarla) de Star trek (Viaje a las estrellas). Por otra, el jolgorio de la locura y lo macabro, como en Los locos Adams y La familia Monster. Quien recuerde esas teleseries advertirá (no hablo de antecedentes sino de atmósfera compartida) el parentesco del poema Lexicón del brujo rosado. La pregunta que se hacían era: ¿dónde ubicar la normalidad?

3

Las argucias expresivas de El profeta en su casa se amparan en las imágenes y en las repeticiones anafóricas. Serán los juegos de significado de las palabras:

No tenía escritorio
pero las gentes le decían que 
tenía madera de escritor;
no tenía máquina de escribir 
pero cuando le daba la gana 
escribía como una máquina, 
escribía maquinalmente lo que 
le daba la gana ... [págs. 24-25].

Me daba de su vaso para beber 
de su mano para fumar
entre la música de la sala todo 
yo temblaba
como un tambor
Giraba como el tambor de un 
revólver [pág. 32].

Una palabra llama a su homónima, como en la cadena surrealista, para multiplicar sus sentidos. Pero más que surrealistas, los versos de Jotamario son "surrealizantes", de la misma manera que lo eran los de Prévert. Ahora bien, el culto por la imagen es también una forma de expresar la peculiaridad del poeta  o /y su poema:

Las gentes le decían: Señor Jotamario
¿qué hace usted con ese sombrero de copa?
y él les decía: Señoras Gentes 
¿qué hacen ustedes con esa pregunta? [pág. 23].

Se está siempre en pos de la excepción -la ingeniosa voluntad de la lengua- que, al final, termina convirtiéndose en otra regla más. El poeta, corno soñaba Huidobro, es el portador de un cheque en blanco. ¿Cómo hacer para que no se devalúe esa suma imaginaria? La escasez de metáforas ya es un obstáculo. Pero la superabundancia es también una horca. Ahí se debate el poema. Por eso las dos características señaladas en el libro corren la suerte que les depara el uso o el abuso.

Las metáforas se apoyan acá en una estructura versal que podría provenir de cadencias bíblicas (de su repetición, me refiero, y pienso en los libros proféticos y sapienciales). O quizás del largo aliento o ritmo oral que introdujo el romanticismo. El recurso más frecuente es la anáfora, que consiste -como se sabe- en repetir una palabra o cadena (frase) al comienzo de cada verso para crear un efecto auditivo y también para hacer menos fatigoso (se supone) el resto de la secuencia. Recurso mnemotécnico, que le llaman. Veamos un ejemplo que será doblemente ilustrativo. Es el poema Proceso de un apretón de manos. En primer lugar, recuerda la técnica surrealista (sobre todo en las películas de Buñuel) de ligar un objeto / personaje con otro por medio del azar y de ese modo establecer un hilo narrativo. Ejemplo típico: vemos a un lustrabotas en pleno trabajo, mientras su cliente lee un periódico; se levanta y se lleva el periódico y lo tira más allá al suelo, de donde lo recoge un segundo personaje que entra en una tienda y lo deja en el mostrador, de donde un tercer personaje etcétera. En el poema en cuestio el recurso es más evidente, por que lo pescamos de inmediato por los ojos y el oído:

Y se usa para ...
Se usa para ...
Se usa para ...
Se usa también a veces para ...
La mano izquierda es una mano de ...
La mano izquierda es una mano /lena de ...
Por eso la mano derecha no ...
Por eso la mano derecha es ...
Por eso la mano derecha es ...
Una mano agitada por ...
Una mano quemada al ...
Una mano acariciando ...
[págs. 60-61].

Esta técnica domina gran parte de los poemas del libro oríginal 3. Volviendo a Proceso de un apretón de manos, observemos otro dato que indirectamente aludirá al proceso de la escritura del libro:

Manos que se estrechan no pesan nada
Escribió maravillosamente Paul Eluard
doce años antes de mi nacimiento
y yo estrecho la mano de Paul Eluard
Ahora podrida bajo los cementerios de París 
[págs. 60-61].

La mención a Eluard es significativa, porque va de la mano de una escritura a otra. Digámoslo así: el poema de Jotamario es homenaje y reconocimiento, pero a la vez delata la manera como continúa (por metonimia, contigüidad, de mano a escritura) la expresión poética de Eluard. y nadie como él para inventar imágenes que cobran vidas distintas en cada lectura. Eluard podría considerarse el conceptista del surrealismo, así como Prévert sería el panadero que transforma en comestible el inconsciente.

Hay una imagen en el poema Lexicón del brujo rosado que me hizo de pronto recordar una de Eluard. Dice Jotamario: "Perdido en el vacío como en una campana/ confundía tu nombre con el oxigeno" (pág. 48). Y me acordé de una imagen leída en una antología de Eluard traducida creo que por María Teresa León y Rafael Alberti. Incluso puedo "ver" la cubierta blanca de la edición argentina y reconocer el año (1976) en que la compré (así de maniáticos somos algunos lectores de poesía). Dice Eluard (cito a contramemoria): " ... haces burbujas de silencio en el desierto de los ruidos". Claro, es la precisa imagen verbal que con un mínimo número de elementos puede causarnos un entrevero en la totuma. Es lo mismo que hacía el Cholo Miranda (cachascanista del lenguaje) cuando llegábamos medio dormidos a la puerta del colegio antes de las ocho de la mañana; vallejianamente nos pasaba  la voz por sobre el hombro y nos ' aturdía con la siguiente pregunta: "¿no te dijo tu mamá que me habías llamado anoche?". Uno tardaba por lo menos cinco minutos en descifrar el sentido de tamaña maldad semántica. Entrevero del goce, añadiría, que dura en su maravillosa cualidad de afincarse en el long-term-memory (que así le han puesto los gringos a la palabra permanencia).

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Jotamario saca partido de estos dos recursos: uno de estructura del verso y el otro de figuras de invención. Lo importante en su poesía -específicamente en El profeta en su casa- será el rapto de una mano por otra, menos recargada y tal vez acorde con la madurez 4.

El último poema del libro (el original, que le da el título) es un arte poética que pone en evidencia el tránsito de la solidaridad (apretón de manos) expresiva. Vale la pena leerlo a la luz de lo que venimos diciendo.

4

El poema plantea, curiosamente, una reclusión (El profeta en su casa) al tiempo que las palabras saldrían del hogar para descubrir que el exterior está plagado de imágenes autónomas 5. Hablamos metafóricamente, y en este sentido ni las palabras pueden salir a la calle ni el poeta está en una casa de material noble o del que sea. La casa es, primordialmente, el lenguaje. Y la acción de salir ya implicaría la inclusión de otro lenguaje (o la ampliación del mismo). El poema de Jotamario ofrece variantes de interpretación y en ello hemos de ver uno de sus logros poéticos.

Simultáneamente el poema nos sitúa ante una mesa de trabajo, cuyos materiales definirían la clase de labor: manual la del sastre (el padre) e intelectual la del poeta (el hijo). Pero el amor lo fusiona convenientemente, a la par que el tiempo irá cosiendo ambas figuras 6. Aquí asistimos al proceso inicial de transformación:

y sobre la misma mesa donde mi padre por las noches
corta los pantalones que ha de entregar al otro día
[ ... ]
escribo mis poemas herméticos, trastorno la gramática
[pág. 97].

El hermetismo aludido no es otro que el de la poética que ha guiado casi por completo al libro y que ahora, de súbito, da vuelta en sí misma como una tortilla. Ese giro proviene de un cuestionamiento más artístico que político (el personaje reconoce que persigue el ocio diabólico) si es que aceptamos que ambas esferas de la cultura tienen poco en común. La verdad es que la batalla con el lenguaje define el cambio, pero esta actitud -nacida de la contemplación del trabajo del padre y del encuentro con otras imágenes que ya-son-verbo en el poema- es una postura ética y, por qué no, política. De esa postura nos deja el poema cuatro claves o momentos:

Escribo mis poemas herméticos, pero de vez en cuando pienso [pág. 99].

¿Cómo encontrar palabras que digan algo que no es algo? [pág. 101].

Hay tantas cosas para mirar en esta calle [pág. 103].

en este ambiente es imposible ser un poeta hermético, digo, qué clase de poeta soy yo que me emociono con la vida
[pág. 103].

Al asumir el oficio del lenguaje como la metonimia (cercanía) del oficio del padre (así como la mano de Eluard fue interiorizada previamente), la poesía se convierte en un contacto con y para personajes que reclamarían del poeta otro tipo de construcción metafórica, hecha a la medida de la realidad. La mesa es el símbolo, "donde mi padre ha parido tantos pantalones de paño / ha sentido sobre su lomo también correr mis palabras absurdas ... " (pág. 98). Así se dará el gran cambio de actitud:

Blasfemo entonces y en bata de baño salgo a la calle a descansar y veo muchos niños descalzos con coladores de café 
persiguiendo a las mariposas que el invierno ha mandado adelante.

y veo el perro corriendo detrás de las motocicletas o levantando la pata contra los hidrantes resecos,

y veo muchos hombres con palas cavando surcos en la calle para sembrar alcantarillas más modernas y poderosas
[pág. 100].

5

Quizás debido a ello (la nueva mirada poética) es que el primer poema de Paños menores (1966-1977) se titula precisamente El retorno del profeta 7. Sin renegar de su aprendizaje inicial, el poeta se integra con otros ojos a la cotidianidad: "con un sentido del humor adquirido en medio de tanta negrura" (pág. 107). Ahora es el hermano menor quien "ha desenterrado mis manuales de karma yoga" (pág. 109).

¿Qué ha sucedido en este tiempo? Volvamos al prólogo de 1988 para intentar una explicación. Allí describe la muerte del padre ligándola a la muerte de Gonzalo Arango. Digo "describe", porque se expresa en una forma que para mí aclararía cómo fue dado el salto de lo surrealizante a la actual poesía. Antes percatémonos de la manera como justifica la omisión de la nota de Arango que aparecía en la contraportada de la primera edición. Se trataba de un elogio desmesurado. Y sonríe Jotamario refiriéndose a las palabras de Arango:

"Generoso el Profeta con sus elogios, que él dilapidaba como oro entre sus amigos" (pág. 7). Más adelante hallaremos el motivo central, que marca la madurez biológica y poética:

Qué muerte de mi padre tan 25 de septiembre, la misma fecha en que habría de morir Gonzalo con Arango y todo [pág. 9].

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Esta frase pudo haberla firmado Vallejo (quien seguramente habría pedido disculpas por la tristeza y el así se dice en mi tierra). Pero en la escritura de Jotamario la presencia de Vallejo nunca significa la soga al cuello sino todo lo contrario. Y por eso es que a partir de entonces (del entonces del profeta que deja su casa) todos los personajes tendrán un aire familiar. Se empieza por casa, obviamente 8. Y poemas como Paño de lágrimas, Par jotas y Poema de invierno permiten, digamos, que nazcan Antepasados y  Pompas fúnebres. Es decir, en el caso de Jotamario la apropiación de lo inmediato (lo evidente) representa una madurez poética en la que la sintonía con Vallejo ha sido fructífera.

En este sentido, la lección de este profeta en su casa de palabras podría resumirse como la ida y vuelta en torno al verbo. No fue necesario salir literalmente. Bastó con observar y volverse más agudo respecto al valor (a la inflación inicial) de los vocablos.

Jotamario volvió al hogar, dulce hogar, de la poesía sin haber abandonado la morada. La transacción con el viaje imaginario se dio por obra de un agente más sencillo y especializado: el vacío o el silencio de la muerte, con todos sus nombres.

EDGAR O'HARA

1
Se le ve más serio (con saco y corbata) en la antología de Juan Luís Panero: Poesía colombiana 1880-1980 (Bogotá, Círculo de Lectores, 1981). En cambio, en dos ediciones de Poetas en abril vuelve al aspecto de palomilla. Para completar el cuadro, basta leer los hermosos poemas que Jaime Jaramillo Escobar le dedica
2
Para una lectura de Mi reino por este mundo es recomendable el artículo de Peter Elmore "J otamario: el nadaísmo 20 años después" Cf. Hueso Húmero, núm. 9, Lima, abril-junio de 1981, págs. 130-139.
3
MCMLXIV; Los hombres espaciales ... ; Lexicón ... ; Cortometraje de una alienada persecución; Pestañas postizas; Dame tu agalla. pez; Los inadaptados no te olvidamos. Marilyn; Mensaje a Dariolemos.
4
 Lo definiría como un sucederse poético que pasa por Eluard, Prévert y César Vallejo.
5
 "Salir al exterior". Seria interesante ver las posibles coincidencias entre la escritura nadaísta y el exteriorismo nicaragüense. Si no me equivoco, Ernesto Cardenal publicó (¿fue en Medellín?) su Oraciónpor Marilyn Monroe y otros poemas a mediados del decenio del 60.
6
En Par jotas aparecen los dos, aunque el padre lo haga desde su ausencia, pues ya ha muerto. Habla el hijo: Cada día son más los que me llaman por su nombre al teléfono y me piden a media voz que les confeccione otro terno con las mismas medidas [pág. 120).
7
En Mi reino por este mundo. la sección "Paños menores empieza con el poema El profeta en su casa.
8
Compárese el tono de estos versos de Alguien barre la casa: ¿Quién estará barriendo el ala norte de la casa donde vivió mi tía. a esta hora de la noche en que duermen los restos de la familia, los que vamos quedando con más puesto en la mesa de los recuerdos si los vecinos han salido de vacaciones con sus niños y gatos y servidumbre y el tío Emilio fue de pesca,
esta hora de lobo que espanta las pesadillas y despierta medio litro de sed en el pozo de la garganta? [pág. 116]c2. con el comienzo de Idilio muerto de Vallejo: Que estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capuli; ahora que me asfixia Buancio, y que dormita la sangre, como flojo coñac, dentro de mí ...