Reseña poesía: Poesía: Hogar, dulce hogar
Poesía: Hogar, dulce hogar
El profeta en su casa. Paños menores
Jotamario
Fundación Simón y Lola Guberek, Bogotá, 1988
Recuerdo claramente la primera vez que me topé con los poemas de
Jotamario, porque invertí en literatura el dinero destinado a un
par de cervezas. Hablo de ocho años atrás, cuando ciertos libros en
Lima podían costar lo mismo que dos chelas. (Ahora, como están las
cosas, creo que mis paisanos no pueden leer ni chupar).
Me dirigía, pues, al Gabino (el único bar decente de Miraflores)
y paré unos minutos en la librería La Familia (que supongo se llama
así porque el dueño es hincha de las obras de Mario Puzo, que no
por filiaciones o consideraciones con el bolsillo del lector) y
descubrí en el estante de novedades Mi reino por este mundo. Al
parecer había llegado de contrabando en una remesa de libros de
García Márquez editados por Oveja Negra. Pero la de Jotamario
parecía una edición de lujo a un precio accesible. La cubierta no
estaba mal. Después vi la foto de la contraportada, en la que
aparece el vate emergiendo como Neptuno (o Baco) de las aguas
1. Tenía toda la pinta de creerse la
última cantimplora del desierto. O como habría dicho el Cholo
Miranda: "se siente el único huevo duro del picnic": Entonces fui
directo a los poemas, siguiendo el consejo del profe Danilo
Basurco, que decía cuando algún jugador de fútbol con pose de
estrella venía a probarse en el equipo: "A ver, pues, que empiece
con unos doscientos abdominales ... ".
Hojeé el libro de Jotamario y me fui dejando llevar por ese
ritmo que cultiva la imagen con astucia, dominio del verso y
un desenfado que no caía mal. Y llegué al poema sobre el padre
(Paño de lágrimas), que francamente me hizo comprar el libro en el
acto y buscar a un pata que se portara con las cervezas para
compartir con alguien la alegría de ese lenguaje
1
Veinte años después vemos reeditado el primer libro de
Jotamario, que ahora incluye diez poemas adicionales en una sección
que nos concede varias posibilidades de lectura. El profeta en su
casa lleva también un prólogo reciente que es el hermano mayor de
aquél de 1966. Así, podemos leer dos libros entrelazados: el
original con su prólogo y el actual con Paños menores y otro
prólogo. Esto que digo suena a de qué color es el caballo blanco de
Napoleón. Pero el enganche es permitirnos observar al poeta
contemplándose con la ironía del caso, que es el único bastón
obligatorio para quien juzga sus proyectos juveniles. Sin perder el
paso de la irreverencia ("y aunque cumplí mi sueño de orinar desde
la punta de la torre Eiffel ... ", pág. 8), Jotamario le toma la
presión al vitalismo de aquella hora ("Los poetas de mi generación
vamos llegando a la muerte sin envejecer ... ", pág. 9) como una
ofrenda recibida con naturalidad. El fervor por la belleza de las
palabras se mantiene intacto. Pero ahora dan, si no risa, al menos
cosquilleo las posturas de la exacerbada pasión por la vida, pasión
que a esa edad no es más que un escudo para evitar la seducción de
las parcas, muchachitas ingratas. El prólogo del 66 tiene todas las
semillas de la maldad, desde Genet a Boris Vian ("Conviví con los
ángeles y asesinos y con los ángeles pederastas y con los ángeles
escritores de mi generación ... ", (pág. 15) hasta el esoterismo de
pandilla que no contradice el individualismo rimbaudiano lleno de
coquetería ("Soy un santo de nuestro tiempo, un apóstol
apocalíptico ... y como no tengo fe, nadie tiene fe en mí, (págs.
16 y 17).
Creo que incluir el prólogo de 1966 en la presente edición es un
acto de honestidad, sobre todo porque el poeta es capaz de
evaluarlo sin extremar el sarcasmo ni rasgarse las vestiduras. Así
pensaban y sentían los nadaístas de la hornada primera. Fueron
bardos las veinticuatro horas del día. Pichones todos de una verdad
poética que poco a poco les mostraría los colmillos: las palabras
de la tierra brillan más que el oropel.
2
¿Cómo entra la ironía en la tradición colombiana? Claro
que con Gotas amargas, de Silva; y luego se expande por el
antimodernismo de Luis Carlos López (para no hablar de León de
Greiff, campechano y fresco). Pero a mediados de nuestro siglo la
Violencia implicó un tajo en la sensibilidad del lector. Y por eso
una explicación tomaría en cuenta -para la porción que nos compete-
la llamada literatura de la violencia. Armando Romero señala que
sin aquellos años terribles (más sus letras), el nadaísmo no
hubiera existido, o sería otro. Ciertamente, el nadaísmo es el
negativo (metáfora fotográfica) de la literatura de la violencia,
algo así como el humor negro, la bufonada (muy seria). La juventud
suple la ausencia de solidez teórica (el nihilismo, en términos
filosóficos) pero además le inyecta a la tradición el veneno de la
irreverencia 2. Por un lado es la
entrada en Latinoamérica de la Beat Generation de los años
cincuenta más el rock and roll con Elvis al frente.
¿Qué sucedía en la tradición española, la gran ubre de
muchos poetas colombianos? Se dice que allí la ironía llegó (con
fuerza) en los poemas de Jaime Gil de Biedma. Claro que también don
Antonio Machado tenía su vena irónica. Pero a la larga la propia
tradición decidió escoger al otro Machado, al que "valía" para
oponerse tanto al franquismo lírico como a Juan Ramón. Sus insignes
heterónimos aguardan todavía la gran fiesta. Pero digamos que hoy
en día los más irónicos versos de Gil de Biedma resultan parpadeos
al lado del humor y los juegos nadaístas. (Está claro que exagero,
y de sobra la comparación carece de importancia en sí, excepto para
establecer una referencia. Por lo demás, Gil de Biedma tiene a su
favor lo que les faltó a los nadaístas: rigor verbal).
La juventud de los nadaístas prendió, pues, la mecha de la
irreverencia. Al mismo tiempo esa razón biológica marca los límites
de todo su despilfarro juvenil: la inexperiencia. Al respecto,
Witold Gombrowicz habría hecho las delicias de los nadaístas, pero
por esos años era más conocido en Francia que en el mundo de habla
española, donde Sartre tenía la sartén por el mango.
El profeta en su casa pone a circular varias imágenes culturales
de los años 60. El poeta puede ser marginal e improductivo, pero su
talento es un don invalorable. Importa distinguirse del resto:
"Afortunadamente su padre/ vestía la misma talla que él;/
afortunadamente su amante / deseaba lo mismo que él;/
afortunadamente la gente / pensaba diferente de él" (pág. 26).
Sacar provecho reconociendo y enorgulleciéndose del toque de
distinción.
 |
Hay un esoterismo político/psico lógico que nos lleva de los
Block Panthers a Marilyn Monroe, paseo que compartirían los
personajes de Rayuela, existencialistas y amantes del jazz.
Respiran el mismo ambiente si hacemos la analogía de la posguerra
europea con el clima político colombiano. Y asoma también el
absurdo, la otra cara del racionalismo. Allí se lanzan para
exorcizar la crueldad del medio. Algunos versos de Jotamario ("Un
bailarín se tiró a la piscina/ para que aplaudiera el anfitrión con
sus manos mojadas/ pero el paracaídas no se abrió / y los
esponsales serán a las siete ... ", (pág. 32) tienen la misma
atmósfera de los Cuentos pánicos de Alejandro Jodorowsky.
Se busca una expresión a media caña entre el happening y el
esperpento:
Te comunican del consejo de guerra
Que tu amante naufragó
hasta encantar los puertos
/ submarinos /
Una llave es lo que necesitamos
Llora hasta que se te derritan
las gafas
La pelota de golf se elevó hasta el satélite [pág. 29].
Hay poemas, corno Los hombres espaciales en la terraza del
rascacielos más alto o Siglo XXI 6 a.m., que están encendidos por
esa actitud (de joda, corno dirían los rioplatenses). Pero al mismo
tiempo la muerte hace su ronda y, como dije antes, no se presenta
corno una entidad trágica ni tampoco normalísima. La muerte aquí es
un personaje más al que hay que ponerle las orejas de burro. Pero
yo diría que la muerte es-el-personajede-este-libro (y de los
prólogos), aunque represente la zona perversa de la mirada. En
Testimonios de uno que visitó cementerios y navega esto es
clarísimo. Sólo contradictoriamente puede el libro referirse a la
doña:
En los cementerios adquirimos el sentido del humor, es
cierto,
pero también es cierto que mucha gente lo ha perdido.
Cuando pequeño, frente a una lápida
corroída por los ácidos,
conocía a una mujer de negro
que reía / y colocaba sobre su
pelo las flores / marchitas que
desechaban los muertos
huérfanos de otros panteones.
[pág. 35].
Un día el carro de los ataúdes chocó contra el carro de
los helados y desde la carroza se me fueron los ojos tras
el charquito delicioso que se escapaba, dada la inclinación de
la calle, hacia las alcantarillas de las puertas del
cementerio.[pág. 38].
Por la misma razón es que en los años 60 tuvieron tanto éxito
algunos programas de televisión. Por una parte, la jovialísima
metafísica (de tal manera habrá que llamarla) de Star trek (Viaje a
las estrellas). Por otra, el jolgorio de la locura y lo macabro,
como en Los locos Adams y La familia Monster. Quien recuerde esas
teleseries advertirá (no hablo de antecedentes sino de atmósfera
compartida) el parentesco del poema Lexicón del brujo rosado. La
pregunta que se hacían era: ¿dónde ubicar la normalidad?
3
Las argucias expresivas de El profeta en su casa se amparan en
las imágenes y en las repeticiones anafóricas. Serán los juegos de
significado de las palabras:
No tenía escritorio
pero las gentes le decían que
tenía madera de escritor;
no tenía máquina de escribir
pero cuando le daba la gana
escribía como una máquina,
escribía maquinalmente lo que
le daba la gana ... [págs. 24-25].
Me daba de su vaso para beber
de su mano para fumar
entre la música de la sala todo
yo temblaba
como un tambor
Giraba como el tambor de un
revólver [pág. 32].
Una palabra llama a su homónima, como en la cadena surrealista,
para multiplicar sus sentidos. Pero más que surrealistas, los
versos de Jotamario son "surrealizantes", de la misma manera que lo
eran los de Prévert. Ahora bien, el culto por la imagen es también
una forma de expresar la peculiaridad del poeta o /y su
poema:
Las gentes le decían: Señor Jotamario
¿qué hace usted con ese sombrero de copa?
y él les decía: Señoras Gentes
¿qué hacen ustedes con esa pregunta? [pág. 23].
Se está siempre en pos de la excepción -la ingeniosa voluntad de
la lengua- que, al final, termina convirtiéndose en otra regla más.
El poeta, corno soñaba Huidobro, es el portador de un cheque en
blanco. ¿Cómo hacer para que no se devalúe esa suma
imaginaria? La escasez de metáforas ya es un obstáculo. Pero la
superabundancia es también una horca. Ahí se debate el poema. Por
eso las dos características señaladas en el libro corren la suerte
que les depara el uso o el abuso.
Las metáforas se apoyan acá en una estructura versal que podría
provenir de cadencias bíblicas (de su repetición, me refiero, y
pienso en los libros proféticos y sapienciales). O quizás del largo
aliento o ritmo oral que introdujo el romanticismo. El recurso más
frecuente es la anáfora, que consiste -como se sabe- en repetir una
palabra o cadena (frase) al comienzo de cada verso para crear un
efecto auditivo y también para hacer menos fatigoso (se supone) el
resto de la secuencia. Recurso mnemotécnico, que le llaman. Veamos
un ejemplo que será doblemente ilustrativo. Es el poema Proceso de
un apretón de manos. En primer lugar, recuerda la técnica
surrealista (sobre todo en las películas de Buñuel) de ligar un
objeto / personaje con otro por medio del azar y de ese modo
establecer un hilo narrativo. Ejemplo típico: vemos a un
lustrabotas en pleno trabajo, mientras su cliente lee un periódico;
se levanta y se lleva el periódico y lo tira más allá al suelo, de
donde lo recoge un segundo personaje que entra en una tienda y lo
deja en el mostrador, de donde un tercer personaje etcétera. En el
poema en cuestio el recurso es más evidente, por que lo pescamos de
inmediato por los ojos y el oído:
Y se usa para ...
Se usa para ...
Se usa para ...
Se usa también a veces para ...
La mano izquierda es una mano de ...
La mano izquierda es una mano /lena de ...
Por eso la mano derecha no ...
Por eso la mano derecha es ...
Por eso la mano derecha es ...
Una mano agitada por ...
Una mano quemada al ...
Una mano acariciando ...
[págs. 60-61].
Esta técnica domina gran parte de los poemas del libro oríginal
3. Volviendo a Proceso de un apretón de
manos, observemos otro dato que indirectamente aludirá al proceso
de la escritura del libro:
Manos que se estrechan no pesan nada
Escribió maravillosamente Paul Eluard
doce años antes de mi nacimiento
y yo estrecho la mano de Paul Eluard
Ahora podrida bajo los cementerios de París
[págs. 60-61].
La mención a Eluard es significativa, porque va de la mano de
una escritura a otra. Digámoslo así: el poema de Jotamario es
homenaje y reconocimiento, pero a la vez delata la manera como
continúa (por metonimia, contigüidad, de mano a escritura) la
expresión poética de Eluard. y nadie como él para inventar imágenes
que cobran vidas distintas en cada lectura. Eluard podría
considerarse el conceptista del surrealismo, así como Prévert sería
el panadero que transforma en comestible el inconsciente.
Hay una imagen en el poema Lexicón del brujo rosado que me hizo
de pronto recordar una de Eluard. Dice Jotamario: "Perdido en el
vacío como en una campana/ confundía tu nombre con el oxigeno"
(pág. 48). Y me acordé de una imagen leída en una antología de
Eluard traducida creo que por María Teresa León y Rafael Alberti.
Incluso puedo "ver" la cubierta blanca de la edición argentina y
reconocer el año (1976) en que la compré (así de maniáticos somos
algunos lectores de poesía). Dice Eluard (cito a contramemoria): "
... haces burbujas de silencio en el desierto de los ruidos".
Claro, es la precisa imagen verbal que con un mínimo número de
elementos puede causarnos un entrevero en la totuma. Es lo mismo
que hacía el Cholo Miranda (cachascanista del lenguaje) cuando
llegábamos medio dormidos a la puerta del colegio antes de las ocho
de la mañana; vallejianamente nos pasaba la voz por sobre el
hombro y nos ' aturdía con la siguiente pregunta: "¿no te
dijo tu mamá que me habías llamado anoche?". Uno tardaba por lo
menos cinco minutos en descifrar el sentido de tamaña maldad
semántica. Entrevero del goce, añadiría, que dura en su maravillosa
cualidad de afincarse en el long-term-memory (que así le han puesto
los gringos a la palabra permanencia).
 |
Jotamario saca partido de estos dos recursos: uno de estructura
del verso y el otro de figuras de invención. Lo importante en su
poesía -específicamente en El profeta en su casa- será el rapto de
una mano por otra, menos recargada y tal vez acorde con la madurez
4.
El último poema del libro (el original, que le da el título) es
un arte poética que pone en evidencia el tránsito de la solidaridad
(apretón de manos) expresiva. Vale la pena leerlo a la luz de lo
que venimos diciendo.
4
El poema plantea, curiosamente, una reclusión (El profeta en su
casa) al tiempo que las palabras saldrían del hogar para descubrir
que el exterior está plagado de imágenes autónomas 5. Hablamos metafóricamente, y en este sentido ni
las palabras pueden salir a la calle ni el poeta está en una casa
de material noble o del que sea. La casa es, primordialmente, el
lenguaje. Y la acción de salir ya implicaría la inclusión de otro
lenguaje (o la ampliación del mismo). El poema de Jotamario ofrece
variantes de interpretación y en ello hemos de ver uno de sus
logros poéticos.
Simultáneamente el poema nos sitúa ante una mesa de trabajo,
cuyos materiales definirían la clase de labor: manual la del sastre
(el padre) e intelectual la del poeta (el hijo). Pero el amor lo
fusiona convenientemente, a la par que el tiempo irá cosiendo ambas
figuras 6. Aquí asistimos al proceso
inicial de transformación:
y sobre la misma mesa donde mi padre por las noches
corta los pantalones que ha de entregar al otro día
[ ... ]
escribo mis poemas herméticos, trastorno la gramática
[pág. 97].
El hermetismo aludido no es otro que el de la poética que ha
guiado casi por completo al libro y que ahora, de súbito, da vuelta
en sí misma como una tortilla. Ese giro proviene de un
cuestionamiento más artístico que político (el personaje reconoce
que persigue el ocio diabólico) si es que aceptamos que ambas
esferas de la cultura tienen poco en común. La verdad es que la
batalla con el lenguaje define el cambio, pero esta actitud -nacida
de la contemplación del trabajo del padre y del encuentro con otras
imágenes que ya-son-verbo en el poema- es una postura ética y, por
qué no, política. De esa postura nos deja el poema cuatro claves o
momentos:
Escribo mis poemas herméticos, pero de vez en cuando pienso
[pág. 99].
¿Cómo encontrar palabras que digan algo que no es
algo? [pág. 101].
Hay tantas cosas para mirar en esta calle [pág.
103].
en este ambiente es imposible ser un poeta hermético,
digo, qué clase de poeta soy yo que me emociono con la
vida
[pág. 103].
Al asumir el oficio del lenguaje como la metonimia (cercanía)
del oficio del padre (así como la mano de Eluard fue interiorizada
previamente), la poesía se convierte en un contacto con y para
personajes que reclamarían del poeta otro tipo de construcción
metafórica, hecha a la medida de la realidad. La mesa es el
símbolo, "donde mi padre ha parido tantos pantalones de paño / ha
sentido sobre su lomo también correr mis palabras absurdas ... "
(pág. 98). Así se dará el gran cambio de actitud:
Blasfemo entonces y en bata de baño salgo a la calle a
descansar y veo muchos niños descalzos con coladores de
café
persiguiendo a las mariposas que el invierno ha
mandado adelante.
y veo el perro corriendo detrás de las motocicletas o
levantando la pata contra los hidrantes resecos,
y veo muchos hombres con palas cavando surcos en la
calle para sembrar alcantarillas más modernas y
poderosas
[pág. 100].
5
Quizás debido a ello (la nueva mirada poética) es que el primer
poema de Paños menores (1966-1977) se titula precisamente El
retorno del profeta 7. Sin renegar de
su aprendizaje inicial, el poeta se integra con otros ojos a la
cotidianidad: "con un sentido del humor adquirido en medio de tanta
negrura" (pág. 107). Ahora es el hermano menor quien "ha
desenterrado mis manuales de karma yoga" (pág. 109).
¿Qué ha sucedido en este tiempo? Volvamos al prólogo de
1988 para intentar una explicación. Allí describe la muerte del
padre ligándola a la muerte de Gonzalo Arango. Digo "describe",
porque se expresa en una forma que para mí aclararía cómo fue dado
el salto de lo surrealizante a la actual poesía. Antes percatémonos
de la manera como justifica la omisión de la nota de Arango que
aparecía en la contraportada de la primera edición. Se trataba de
un elogio desmesurado. Y sonríe Jotamario refiriéndose a las
palabras de Arango:
"Generoso el Profeta con sus elogios, que él dilapidaba como oro
entre sus amigos" (pág. 7). Más adelante hallaremos el motivo
central, que marca la madurez biológica y poética:
Qué muerte de mi padre tan 25 de septiembre, la misma fecha
en que habría de morir Gonzalo con Arango y todo [pág. 9].
Esta frase pudo haberla firmado Vallejo (quien seguramente
habría pedido disculpas por la tristeza y el así se dice en mi
tierra). Pero en la escritura de Jotamario la presencia de Vallejo
nunca significa la soga al cuello sino todo lo contrario. Y por eso
es que a partir de entonces (del entonces del profeta que deja su
casa) todos los personajes tendrán un aire familiar. Se empieza por
casa, obviamente 8. Y poemas como Paño
de lágrimas, Par jotas y Poema de invierno permiten, digamos, que
nazcan Antepasados y Pompas fúnebres. Es decir, en el caso de
Jotamario la apropiación de lo inmediato (lo evidente) representa
una madurez poética en la que la sintonía con Vallejo ha sido
fructífera.
En este sentido, la lección de este profeta en su casa de
palabras podría resumirse como la ida y vuelta en torno al verbo.
No fue necesario salir literalmente. Bastó con observar y volverse
más agudo respecto al valor (a la inflación inicial) de los
vocablos.
Jotamario volvió al hogar, dulce hogar, de la poesía sin haber
abandonado la morada. La transacción con el viaje imaginario se dio
por obra de un agente más sencillo y especializado: el vacío o el
silencio de la muerte, con todos sus nombres.
EDGAR O'HARA
1
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Se le ve más serio (con saco y corbata) en la antología de Juan
Luís Panero: Poesía colombiana 1880-1980 (Bogotá, Círculo de
Lectores, 1981). En cambio, en dos ediciones de Poetas en abril
vuelve al aspecto de palomilla. Para completar el cuadro, basta
leer los hermosos poemas que Jaime Jaramillo Escobar le dedica
|
2
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Para una lectura de Mi reino por este mundo es recomendable el
artículo de Peter Elmore "J otamario: el nadaísmo 20 años
después" Cf. Hueso Húmero, núm. 9, Lima, abril-junio de 1981,
págs. 130-139.
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3
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MCMLXIV; Los hombres espaciales ... ; Lexicón ... ;
Cortometraje de una alienada persecución; Pestañas postizas; Dame
tu agalla. pez; Los inadaptados no te olvidamos. Marilyn; Mensaje a
Dariolemos.
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4
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Lo definiría como un sucederse poético que pasa por
Eluard, Prévert y César Vallejo.
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5
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"Salir al exterior". Seria interesante ver las
posibles coincidencias entre la escritura nadaísta y el
exteriorismo nicaragüense. Si no me equivoco, Ernesto Cardenal
publicó (¿fue en Medellín?) su Oraciónpor Marilyn Monroe y
otros poemas a mediados del decenio del 60.
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6
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En Par jotas aparecen los dos, aunque el padre lo haga desde su
ausencia, pues ya ha muerto. Habla el hijo: Cada día son más los
que me llaman por su nombre al teléfono y me piden a media voz que
les confeccione otro terno con las mismas medidas [pág. 120).
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7
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En Mi reino por este mundo. la sección "Paños menores
empieza con el poema El profeta en su casa.
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8
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Compárese el tono de estos versos de Alguien barre la casa:
¿Quién estará barriendo el ala norte de la casa donde vivió
mi tía. a esta hora de la noche en que duermen los restos de la
familia, los que vamos quedando con más puesto en la mesa de los
recuerdos si los vecinos han salido de vacaciones con sus niños y
gatos y servidumbre y el tío Emilio fue de pesca,
esta hora de lobo que espanta las pesadillas y despierta medio
litro de sed en el pozo de la garganta? [pág. 116]c2. con el
comienzo de Idilio muerto de Vallejo: Que estará haciendo esta hora
mi andina y dulce Rita de junco y capuli; ahora que me asfixia
Buancio, y que dormita la sangre, como flojo coñac, dentro de mí
...
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