Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Reseña folclor: Para ponerse el sombrero

Para ponerse el sombrero

La Iraca

Comunidad artesanal de Sandoná

Artesanías de Colombia, Litografía Arco, Bogotá, 1987, 35 págs.

Con esta monografía sobre la palma de iraca, Artesanías de Colombia inicia una serie de publicaciones acerca de las regiones artesanales del país. El estudio, realizado en el lugar donde actualmente existe la producción más importante y voluminosa de este material en el país: la población de Sandoná (situada en la meseta de Paltabamba, en las estribaciones del volcán de Galeras, en el departamento de Nariño), hace un recuento histórico del uso de la palma de iraca. Desde principios del siglo XIX, viajeros y cronistas dan cuenta de la existencia del jipa o sombrero de paja de iraca, adoptado definitivamente como elemento del atuendo de gran parte de nuestras gentes en distintas zonas del país. La manufactura de esta clase de sombreros, originaria de la localidad de Jipijapa, en el occidente del Ecuador, se instaló con enorme facilidad y rapidez como actividad artesanal en las regiones del sur de Colombia. El oficio fue aprendido y difundido prontamente por los artesanos de Nariño y otras regiones (Huila, Cundinamarca, Caldas, Santanderes), en cada una de las cuales desarrolló variedades específicas

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Varios son los relatos que dan testimonio del origen y propagación de la producción del sombrero de jipijapa, comenzando por el referente al ecuatoriano Juan Vivanco, quien en 1847 inició y fomentó este oficio en el municipio de La Unión, al nordeste del departamento de Nariño, que se convirtió en el núcleo más importante de la producción de sombreros en los mercados del sur. Manuel Ancízar, en La peregrinación de Alpha, publicada en 1853, relata que entre los años 1820 y 1822 un presbítero de Girón conoció a un pastuso que llevó la palma a Santander y enseñó a las mujeres a tejer. Cuenta acerca de su difusión y auge en esa zona a mediados del siglo XIX, cuando su elaboración proporcionó altos ingresos a poblaciones como Barichara y Zapatoca. Otros testimonios acerca de este oficio en esa misma época, y de su arraigo en otras regiones, son los dibujos de la Comisión Corográfica en Bucaramanga, Velez, Piedecuesta, Suaza, Neiva y las acuarelas de Eduardo Mark (1846), quien retrata varias colombianas tocadas con el popular sombrero. Tomás Carrasquillase refiere al sombrero de Panamá comparte de la indumentaria de los antioqueños, mientras que en los relatos de la Independencia se alude a los sombreros de jipa que usaban los próceres.

La producción de sombreros fue abundante desde mediados del siglo XIX hasta la segunda guerra mundial, cuando las ventas al exterior sufrieron considerable descenso. En 1896 ya se exportaban a Estados Unidos, Cuba, Francia, Inglaterra, Japón. Desde 1860, el sombrero de Ecuador, producido en Manabí y Jipijapa, ya se usaba en Estados Unidos y Europa. A finales del siglo pasado, la fabricación de sombreros del sur de Colombia se integró a la producción de exportación mundial en gran escala. Con la crisis de 1930 el mercado comenzó a mermar, y la segunda guerra mundial frenó las importaciones de los principales compradores internacionales.

No obstante, el oficio ha permanecido arraigado entre la gente de Nariño,en poblaciones como Sandoná y otras cercanas, a pesar de no ser de gran recompensa económica, por su baja productividad, con características empíricas y tradicionales. Actualmente Sandoná es el centro nacional más importante ,de la producción de artículos de iraca.

La monografía abarca diferentes aspectos de Sandoná: situación geográfica, clima, cultivos, alrededores, casco urbano, explotación artesanal de la iraca. Este oficio ocupa el segundo lugar dentro de las actividades económicas de Sandoná, y en él participa más del 25% de la población. La confección de sombreros absorbe casi toda la actividad de explotación de la iraca y comprende tres etapas, según se analiza en el trabajo que aquí se reseña:

l. La obtención de la materia prima, o sea el proceso de cultivo de la planta, para lo cual se emplea mano de obra masculina.

2. El tejido del sombrero, efectuado casi exclusivamente en la zona rural por campesinas que alternan el oficio con los quehaceres domésticos. Participan ancianas poseedoras de experiencia y sabiduría, que son el núcleo motor y rector del oficio, en tanto las niñas inician un prolongado y minucioso aprendizaje.

3.El acabado y la comercialización del sombrero se llevan a cabo en el casco urbano. Es obra de mano masculina, con pocas excepciones, en la que participan comerciantes y componedores.

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La iraca (Carludovica palmata, familia de las ciclantáceas, orden de las  sinantas) -también conocida con los nombres vulgares de jipijapa, paja  toquilla, lucaina, lucua, palmiche, cestillo, nacuma, rabihorcado, murrapo, alagua- es una planta nativa del continente americano, que se cultiva en zonas templadas.

En la monografía se describen y analizan detalladamente los pasos para la elaboración de un sombrero:

La preparación de la paja, que es la primera fase del laborioso proceso artesanal, la llevan a cabo personas vinculadas al cultivo. Las etapas básicas son: recolección, desorillada, ripiado, desvenado, cocción, desagüe, entorchada o tostada, chirliada, blanqueada y estufada.

Proceso de elaboración. en el que emplean herramientas y utensilios casi siempre adaptados por los mismos artesanos. Existen diversas maneras de iniciar la elaboración del tejido. Un experto puede distinguir en la hechura del centro de la plantilla el origen del sombrero o la región en que ha sido fabricado. La calidad del tejido varía con la selección del material y la técnica empleada, que implican modalidades y usos determinados que influyen, a veces de manera imperceptible, en la forma y la textura.

Las condiciones y pautas utilizadas por los viejos artesanos se han modificado, simplificándose. La carencia de estímulos económicos y el afán mercantilista aceleran y modifican el ritmo de la elaboración y la calidad del trabajo. El artículo que se teje con más frecuencia en Sandoná es el que necesita una o dos jornadas; la elaboración de un sombrero de óptima calidad puede requerir un mes, o un poco más, de trabajo. El acabado es una fase del oficio de dedicación exclusiva, cuyos pasos son: apretado, recorte de pajas (despuche), remoje, estufado o azufrado, planchado, ribeteado y encintado.

El sombrero de paja toquilla tiene como características el material especial, la técnica y la finura del tejido. La forma adopta con el tiempo infinidad de modalidades, según sus usos y necesidades.

La elaboración del sombrero es hoy día el 60% de la producción artesanal y comprende desde el artículo fino, de minuciosa elaboración, hasta el producto más corriente, de paja gruesa, con variados tejidos. Las escobas de ripio forman también parte de la manufactura tradicional.

Con la diversificación de artículos, en busca de nuevos mercados y sectores, se ensaya y aplica el diseño local, se siguen la técnica y las pautas tradicionales o, en algunos casos, las formas y modalidades foráneas, como las ecuatorianas, o los telares planos traídos por miembros del Cuerpo de Paz a comienzos de los setenta.

El sector campesino de Sandoná es poco adicto a las diversificaciones, pero el artesano, en el cual predomina la necesidad del objeto útil y funcional, ha logrado conjugar su completo conocimiento y dominio del material con las ancestrales técnicas del tejido para crear objetos bellos y eficientes. Son objetos naturales nacidos del oficio y la necesidad. Sin embargo, casi no se comercializan y van a finalizar en transacciones familiares, de vecinos y algunas veces en colecciones de arte popular. Este es un fenómeno inquietante en el desenvolvimiento de las artesanías populares tradicionales.

Como ayuda a estas comunidades, los distintos organismos estatales y privados vinculados al sector artesanal, o interesados en él, fomentan cooperativas y asociaciones, programas de investigación, asesoría de diseño y financiación.

Para concluir, la monografía plantea: "Las múltiples inquietudes que atormentan a los sectores artesanales, nos llevan a pensar que las posibles soluciones deben surgir siempre del profundo y minucioso conocimiento de estos oficios populares tradicionales, que sean capaces de conducir a actitudes y políticas equilibradas, prudentes y respetuosas que no desvirtúen ni equivoquen el destino de las expresiones populares que son parte integrante del patrimonio cultural colombiano".

EMILIA CORTÉS MORENO