Reseña folclor: Para ponerse el sombrero
Para ponerse el sombrero
La Iraca
Comunidad artesanal de Sandoná
Artesanías de Colombia, Litografía Arco, Bogotá, 1987, 35
págs.
Con esta monografía sobre la palma de iraca, Artesanías de
Colombia inicia una serie de publicaciones acerca de las regiones
artesanales del país. El estudio, realizado en el lugar donde
actualmente existe la producción más importante y voluminosa de
este material en el país: la población de Sandoná (situada en la
meseta de Paltabamba, en las estribaciones del volcán de Galeras,
en el departamento de Nariño), hace un recuento histórico del uso
de la palma de iraca. Desde principios del siglo XIX, viajeros y
cronistas dan cuenta de la existencia del jipa o sombrero de paja
de iraca, adoptado definitivamente como elemento del atuendo de
gran parte de nuestras gentes en distintas zonas del país. La
manufactura de esta clase de sombreros, originaria de la localidad
de Jipijapa, en el occidente del Ecuador, se instaló con enorme
facilidad y rapidez como actividad artesanal en las regiones del
sur de Colombia. El oficio fue aprendido y difundido prontamente
por los artesanos de Nariño y otras regiones (Huila, Cundinamarca,
Caldas, Santanderes), en cada una de las cuales desarrolló
variedades específicas
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Varios son los relatos que dan testimonio del origen y
propagación de la producción del sombrero de jipijapa, comenzando
por el referente al ecuatoriano Juan Vivanco, quien en 1847 inició
y fomentó este oficio en el municipio de La Unión, al nordeste del
departamento de Nariño, que se convirtió en el núcleo más
importante de la producción de sombreros en los mercados del sur.
Manuel Ancízar, en La peregrinación de Alpha, publicada en 1853,
relata que entre los años 1820 y 1822 un presbítero de Girón
conoció a un pastuso que llevó la palma a Santander y enseñó a las
mujeres a tejer. Cuenta acerca de su difusión y auge en esa zona a
mediados del siglo XIX, cuando su elaboración proporcionó altos
ingresos a poblaciones como Barichara y Zapatoca. Otros testimonios
acerca de este oficio en esa misma época, y de su arraigo en otras
regiones, son los dibujos de la Comisión Corográfica en
Bucaramanga, Velez, Piedecuesta, Suaza, Neiva y las acuarelas
de Eduardo Mark (1846), quien retrata varias colombianas
tocadas con el popular sombrero. Tomás Carrasquillase refiere al
sombrero de Panamá comparte de la indumentaria de los antioqueños,
mientras que en los relatos de la Independencia se alude a los
sombreros de jipa que usaban los próceres.
La producción de sombreros fue abundante desde mediados del
siglo XIX hasta la segunda guerra mundial, cuando las ventas al
exterior sufrieron considerable descenso. En 1896 ya se exportaban
a Estados Unidos, Cuba, Francia, Inglaterra, Japón. Desde 1860, el
sombrero de Ecuador, producido en Manabí y Jipijapa, ya se usaba en
Estados Unidos y Europa. A finales del siglo pasado, la fabricación
de sombreros del sur de Colombia se integró a la producción de
exportación mundial en gran escala. Con la crisis de 1930 el
mercado comenzó a mermar, y la segunda guerra mundial frenó las
importaciones de los principales compradores internacionales.
No obstante, el oficio ha permanecido arraigado entre la gente
de Nariño,en poblaciones como Sandoná y otras cercanas, a pesar de
no ser de gran recompensa económica, por su baja productividad, con
características empíricas y tradicionales. Actualmente Sandoná es
el centro nacional más importante ,de la producción de artículos de
iraca.
La monografía abarca diferentes aspectos de Sandoná: situación
geográfica, clima, cultivos, alrededores, casco urbano, explotación
artesanal de la iraca. Este oficio ocupa el segundo lugar dentro de
las actividades económicas de Sandoná, y en él participa más del
25% de la población. La confección de sombreros absorbe casi toda
la actividad de explotación de la iraca y comprende tres etapas,
según se analiza en el trabajo que aquí se reseña:
l. La obtención de la materia prima, o sea el proceso de cultivo
de la planta, para lo cual se emplea mano de obra masculina.
2. El tejido del sombrero, efectuado casi exclusivamente en la
zona rural por campesinas que alternan el oficio con los quehaceres
domésticos. Participan ancianas poseedoras de experiencia y
sabiduría, que son el núcleo motor y rector del oficio, en tanto
las niñas inician un prolongado y minucioso aprendizaje.
3.El acabado y la comercialización del sombrero se llevan a cabo
en el casco urbano. Es obra de mano masculina, con pocas
excepciones, en la que participan comerciantes y componedores.
La iraca (Carludovica palmata, familia de las ciclantáceas,
orden de las sinantas) -también conocida con los nombres
vulgares de jipijapa, paja toquilla, lucaina, lucua,
palmiche, cestillo, nacuma, rabihorcado, murrapo, alagua- es una
planta nativa del continente americano, que se cultiva en zonas
templadas.
En la monografía se describen y analizan detalladamente los
pasos para la elaboración de un sombrero:
La preparación de la paja, que es la primera fase del laborioso
proceso artesanal, la llevan a cabo personas vinculadas al cultivo.
Las etapas básicas son: recolección, desorillada, ripiado,
desvenado, cocción, desagüe, entorchada o tostada, chirliada,
blanqueada y estufada.
Proceso de elaboración. en el que emplean herramientas y
utensilios casi siempre adaptados por los mismos artesanos. Existen
diversas maneras de iniciar la elaboración del tejido. Un experto
puede distinguir en la hechura del centro de la plantilla el origen
del sombrero o la región en que ha sido fabricado. La calidad del
tejido varía con la selección del material y la técnica empleada,
que implican modalidades y usos determinados que influyen, a veces
de manera imperceptible, en la forma y la textura.
Las condiciones y pautas utilizadas por los viejos artesanos se
han modificado, simplificándose. La carencia de estímulos
económicos y el afán mercantilista aceleran y modifican el ritmo de
la elaboración y la calidad del trabajo. El artículo que se teje
con más frecuencia en Sandoná es el que necesita una o dos
jornadas; la elaboración de un sombrero de óptima calidad puede
requerir un mes, o un poco más, de trabajo. El acabado es una fase
del oficio de dedicación exclusiva, cuyos pasos son: apretado,
recorte de pajas (despuche), remoje, estufado o azufrado,
planchado, ribeteado y encintado.
El sombrero de paja toquilla tiene como características el
material especial, la técnica y la finura del tejido. La forma
adopta con el tiempo infinidad de modalidades, según sus usos y
necesidades.
La elaboración del sombrero es hoy día el 60% de la producción
artesanal y comprende desde el artículo fino, de minuciosa
elaboración, hasta el producto más corriente, de paja gruesa, con
variados tejidos. Las escobas de ripio forman también parte de la
manufactura tradicional.
Con la diversificación de artículos, en busca de nuevos mercados
y sectores, se ensaya y aplica el diseño local, se siguen la
técnica y las pautas tradicionales o, en algunos casos, las formas
y modalidades foráneas, como las ecuatorianas, o los telares planos
traídos por miembros del Cuerpo de Paz a comienzos de los
setenta.
El sector campesino de Sandoná es poco adicto a las
diversificaciones, pero el artesano, en el cual predomina la
necesidad del objeto útil y funcional, ha logrado conjugar su
completo conocimiento y dominio del material con las ancestrales
técnicas del tejido para crear objetos bellos y eficientes. Son
objetos naturales nacidos del oficio y la necesidad. Sin embargo,
casi no se comercializan y van a finalizar en transacciones
familiares, de vecinos y algunas veces en colecciones de arte
popular. Este es un fenómeno inquietante en el desenvolvimiento de
las artesanías populares tradicionales.
Como ayuda a estas comunidades, los distintos organismos
estatales y privados vinculados al sector artesanal, o interesados
en él, fomentan cooperativas y asociaciones, programas de
investigación, asesoría de diseño y financiación.
Para concluir, la monografía plantea: "Las múltiples
inquietudes que atormentan a los sectores artesanales, nos llevan a
pensar que las posibles soluciones deben surgir siempre del
profundo y minucioso conocimiento de estos oficios populares
tradicionales, que sean capaces de conducir a actitudes y políticas
equilibradas, prudentes y respetuosas que no desvirtúen ni
equivoquen el destino de las expresiones populares que son parte
integrante del patrimonio cultural colombiano".
EMILIA CORTÉS MORENO