Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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Artículo: "El viejo Mainero" Actividad empresarial de Juan Bautista Mainero y Trueco en Bolívar, Chocó, Antioquia y Cundinamarca 1860 - 1918

EL CORRALITO DE MAINERO

Los negocios de Juan B. Mainero en Cartagena entre 1870 y 1918 abarcaron, entre otros, la compraventa de edificios en ruinas, casas y lotes. También la hotelería, el comercio, la construcción, el remate de rentas de licores y degüello de ganado y los espectáculos teatrales.

Hasta el final del siglo XIX, Mainero había protocolizado compra de edificios y casas en Cartagena por cerca de $ 300.000, excluyendo los que adquirió por pactos de retroventa 56, que no se cumplieron. Sus propiedades entre fines del siglo XIX y principios del XX, ocupaban aproximadamente tres cuartas partes de la superficie construida de la ciudad. Por eso se puede afirmar que Cartagena fue "el corralito de Mainero". A su muerte, poseía aún sesenta casas, sin contar las edificadas en sus haciendas.

Muchos edificios de su propiedad ocupaban toda una cuadra, como el "cuartel de artillería" (hoy gobernación de Bolívar), o hasta una manzana entera, como la casa de La Isla en la plaza de la Aduana. Su residencia tenía más de setecientos metros cuadrados y la Casa Económica -o "Corralón de Mainero, como la llamaban los cartageneros-, con sus 120 habitaciones, tenía un área de 3.600 metros cuadrados aproximadamente.

Boletin Cultural y Bibliográfico1
Palacio de Mainero en el edificio que ocupaba el antiguo colegio de San Carlos. Fol. anónimo (Colección particular)

La decadente apariencia urbana de Cartagena en la segunda mitad del siglo XIX cambió un poco, ya que Mainero convirtió en lucrativo negocio, el comprar edificios en ruinas para repararlos y alquilarlos. Muchas de las casas y edificios públicos de la ciudad (siglos XVI y XVII) no desaparecieron totalmente gracias a las reconstrucciones hechas por la escuadra de albañiles y carpinteros que Mainero mantenía dedicados exclusivamente a la refacción de todas sus propiedades. En parte las ganancias se debían a que Mainero era el mayor explotador y traficante de maderas en Cartagena (extraídas casi todas del nordeste antioqueño y del Chocó), dueño del tejar y calera de Buenavista y único importador de granito, mármol y hierro para construcción, materiales transportados por sus propios barcos. El control absoluto de todo el negocio le permitió grandes ahorros, que lo convirtieron por aquel entonces en el mayor rentista de Cartagena.

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"Casa alta "(como se denominan en Cartagena a las de dos y tres pisos), situada en la plaza de la Aduana. Fue adquirida y reconstruida por Mainero al cambiar el siglo. Fot . anónimo (Colección particular ).

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"Casa alta "(como se denominan en Cartagena a las de dos y tres pisos), situada en la plaza de la Aduana. Fue adquirida y reconstruida por Mainero al cambiar el siglo. Fot . anónimo (Colección particular ).

El remate de edificios fue otro de sus negocios urbanos. Decían los cartageneros que Mainero saldaba el dinero invertido en el remate de edificios en ruinas, con la madera que recuperaba de ellos. Por otro lado, la actividad constructora iba paralela al negocio de propiedad raíz. El urbanizó muchos solares que aún se hallaban en lugares céntricos de la ciudad. En ellos construyó edificaciones al "estilo Mainero", que caracterizaron la arquitectura finisecular cartagenera, hoy casi desaparecida. Se trataba de edificios de dos y tres pisos con grandes balcones voladizos enmarcados en arcadas de pilares, capiteles y barandillas de hierro a la usanza de Nueva Orleáns. Por la corrosión y el mal mantenimiento, casi todos estos edificios desaparecieron 57.

El pleitómano que había en Mainero también se hizo presente en sus negocios urbanos. Ya se mencionó el caso del juez panameño que lo condenó. Tuvo otro pleito, en 1891, con el gobernador Enrique Román, a raíz de la negativa de este último a devolverle un edificio que tenía arrendado el gobierno seccional, donde funcionaba una escuela pública. El origen de su hotel Americano también está relacionado con una disputa por arriendos. Debido a la vertiginosa devaluación ocurrida a fines del siglo pasado, Mainero vio reducidos sus ingresos por concepto de alquileres. Por ejemplo, el Walters American Hotel, en esos años el mejor hotel de Cartagena, ocupaba uno de sus edificios, por el cual percibía $ 250 mensuales. Al llegar la devaluación casi al 10.000%, dicho arriendo se convirtió en realidad en $ 0.02, razón por la cual pidió su edificio a R.e. Walters, empresario del hotel. Ante la negativa de abandonarlo y de pagarle más arriendo, Mainero decidió quebrar aquel negocio. Para lograrlo montó el Hotel Americano en uno de sus mejores y más amplios edificios, el que antiguamente ocupaba el regimiento fijo cuyas ruinas habían sido rematadas y que Mainero había reconstruido en 1875. Aquel hotel pronto fue el" ... más amplio[ ... ] y más aristocrático de los hoteles de Cartagena[ ... ][con] piezas espaciosas, fresquísimas, científicamente diseñadas y precios módicos al alcance de todos". Nadie quiso volver al Walters American Hotel, de la calle de San Agustín (hoy de la Universidad), y así Mainero pudo recuperar su edificio y de paso organizar un nuevo negocio, durante muchos años el mejor de Cartagena.

También ligó el préstamo de dinero a interés con el negocio de propiedad raíz. De 1870 a 1899 transó hipotecas y retroventas sólo cuando estaban de por medio casas, lotes o fincas en Bolívar o Antioquia. Mainero muchas veces prestó dinero cobrando intereses muy bajos o no los cobró 58. Entre 1875 y 1899 otorgó y protocolizó préstamos bajo hipoteca por más de $ 100.000 de ley.

Paralelamente a su actividad como rentista fundó el Banco de Cartagena, Este surgió en momentos en que la región necesitaba de instituciones financieras que dinamizaran la actividad económica privada y estatal. Hasta 1880, Cartagena y las regiones cercanas sólo contaban con un banco importante: el de Bolívar. Desde su fundación esta notable y solvente entidad colmó rápidamente su capacidad de servicio ante la escasez de otras personas o sociedades con liquidez suficiente para atender la demanda de créditos cuantiosos, aunque fueran a corto plazo. Esta es, posiblemente, una de las razones que contribuyeron a que se fundara el Banco de Cartagena, en 1880. La entidad era una sociedad anónima, dividida en cien acciones de mil pesos cada una, de las cuales Juan B. Mainero tenía 70, Juan de Sahagún Martínez (de Medellín) 10, Antonio José Toro 10, Domingo Trueco Bossio 6, José Luis Calvo 3 y Antonio Jaspe I. Así, Mainero y sus primos controlaban el 92% de las acciones. Se trataba de un banco de emisión, depósito, giro y descuento. Todos los billetes emitidos de $ 0,10, $ 0,50 y $ 5,00 eran pagados al portador en moneda de plata, como era usual en el mercado, a su presentación en la ventanilla del banco, sin haber en circulación cantidades mayores al doble de las que había en la caja. De acuerdo con el acta de constitución, los préstamos se otorgaban sólo a corto plazo (180 días). Además, se obligaba a todos los empleados del banco a guardar "la más estricta neutralidad en las contiendas políticas del Estado" 59.

Desde la gerencia, Mainero obtuvo el control absoluto de este banco, al mismo tiempo que su primo Juan B. Trueco Bossio desempeñó el cargo de subgerente. El poseer también el mayor número de acciones (cada acción de mil pesos equivalía a un voto) junto con sus primos, con los cuales mantuvo relaciones muy estrechas y cordiales, afianzó su dominio.

Las reformas y restricciones impuestas durante la Regeneración de Núñez a los bancos particulares ocasionaron muchos problemas a Mainero. En 1887, por ejemplo, el gobierno nacional envió un visitador bancario para la revisión de los bancos de Cartagena. El informe final de dicho visitador ordenó el cierre del Banco de Cartagena, puesto que la sociedad que lo poseía y administraba no se había renovado en 1885, según el compromiso adquirido en 1880, permaneciendo aún en 1887 sin hacerlo. Por ello el funcionario juzgó) que el banco operaba ilegalmente. Nació así, uno de los más enconados pleitos entablados por Mainero, quien con pericia, indujo a un conflicto de atribuciones entre el visitador nacional y la gobernación de Bolívar, alegando que sólo el gobierno seccional podía decretar el cierre del banco. "Ya fuera que el señor Mainero tuviera la razón o que su poder así lo exigía, el caso es que el pleito se resolvió favorablemente para él" 60.

Los cinco bancos que funcionaban en Cartagena a fines del siglo XIX eran en orden de importancia: 1. Unión, 2. de Cartagena, 3. Popular de Bolívar, 4. de Bolívar y 5. del Departamento. La familia Gómez Pombo, accionista mayoritaria del Banco Unión, y Juan B. Mainero controlaban prácticamente la actividad bancaria de la región. En estado de quiebra irreparable, el Banco de Cartagena desapareció en 1920, tras la muerte de Mainero.

Por ser el segundo accionista mayoritario de la Sociedad Minera de El Zancudo, Mainero también debió aportar más de $ 23.000 de capital, cuando ésta sociedad decidió fundar su propio banco en 1883, de acuerdo con una propuesta presentada por Carlos Coriolano Amador 61 que al parecer Mainero apoyó sin objeción alguna. Según el capital suscrito, el Banco de El Zancudo ocupó aproximadamente el octavo lugar en importancia entre el conjunto de bancos fundados en Antioquia en los dos últimos decenios del siglo XIX. Este banco no tenía por objeto realizar transacciones comerciales, ni conservó metales en sus cajas para respaldar los billetes. Estos en última instancia estaban amparados en la solidez económica de las empresas de la sociedad que creó el banco con el fin de agilizar el pago de sus numerosos gastos.

Como rematador de rentas, Mainero no efectuó contratos del volumen de aquellos que hizo Pepe Sierra; sin embargo, éstos alcanzaron importancia local. Los rematadores debían tener solvencia y un buen patrimonio, dado que el gobierno les exigía garantías económicas (hipotecas, fianzas y depósitos anticipados de dinero) a cambio de las concesiones. Algunas de las rentas que remató Mainero fueron:

Entre 1880 y 1890, el impuesto de degüello en Bolívar, avaluado en $ 93.500 por año. En 1891 el recaudo del "impuesto complementario del título" (de registro) en Bolívar y Magdalena. En 1892, el impuesto nacional de degüello en la provincia de Barranquilla. En 1893, el impuesto de la renta al por menor del aguardiente y la del monopolio de la sal marina. En 1894, nuevamente, la del aguardiente en Bolívar 62.

ITALIANO HASTA LA MUERTE

A pesar de su gran influencia económica y social, la participación de Mainero en la política regional y nacional fue escasa. Pasada su juventud cambió de posición frente a la política italiana, con la cual empezó a tener una relación muy estrecha. Su pensamiento estuvo cimentado en el más puro liberalismo de línea anticlerical, de ahí su calificativo de "liberal comecuras". Es posible que su vinculación a la masonería en la que fue por muchos años Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Masónico Neogranadino, lo alejara aún más del clero y de la iglesia 63.

Cuando Rafael Núñez ejerció la gobernación del estado de Bolívar, lo único que hizo Mainero fue participar en la ejecución de las obras públicas propuestas por el jefe seccional, tales como la recuperación del Dique, el fortalecimiento de los transportes y las comunicaciones, la agricultura y la ganadería. Según Donaldo Bossa, "las relaciones con Núñez fueron frías", cosa que era de esperarse, pues el único contacto de éste con Mainero eran los arriendos mensuales que debía pagarle por habitar una de sus mejores casas en Cartagena 64. Prueba de su desinterés por la política colombiana está consignada en los estatutos del Banco de Cartagena y en la negativa a renunciar a la nacionalidad italiana. A lo largo de su vida realizó cerca de setenta viajes a Italia. Los estrechos vínculos con su país natal derivaron en su nombramiento como cónsul italiano en Cartagena de 1891 a 1918.

La "Cuestión Cerruti" fue el único acontecimiento de la política nacional e internacional-donde Mainero tuvo alguna injerencia más o menos activa y, sin embargo, en este caso, su actuación se debió más a su papel de cónsul mediador que al interés de participar en un hecho político interno del país.

Ernesto Cerruti era un militar y empresario italiano establecido en Colombia desde 1868. Mantuvo estrechos vínculos con los liberales radicales y con la elite del Cauca, con algunos de cuyos miembros fundó la casa comercial de E. Cerruti y Co., dedicada al comercio de sal (pronto afrontó problemas con el Estado, a causa de los malos manejos que hizo con el producto). Su participación abierta en la guerra civil de 1877, así como el tráfico con armas y la ocultación de capitales nacionales (mecanismo muy usado por los ricos que entregaban su fortuna a los extranjeros para librarse de los compartos, ya que aquéllos y sus bienes estaban protegidos y exentos de pagarlos), condujeron a que se le suprimieran sus privilegios, por no respetar el compromiso de neutralidad que los extranjeros debían guardar.

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Carátula del impreso que publicó Mainero sobre su demanda contra la Compañía Unida de El Zancudo.

Eliseo Payán, su enemigo político y gobernador del Cauca, confiscó sus bienes, suprimió sus privilegios de extranjero y lo tomó prisionero. Estas fueron las causas que dieron origen al conflicto Cerruti, que se prolongó por varios años, durante los cuales numerosos hechos adicionales complicaron las relaciones de Italia con Colombia. Los árbitros internacionales que fallaron sobre el caso fueron España y Estados Unidos. Ambos condenaron a Colombia a pagar una indemnización a Cerruti.

El gobierno italiano, al ver la renuencia de Colombia a resarcir a Cerruti, a pesar de los fallos en favor de éste, decidió arreglar las cosas por la fuerza. Comisionó al contraalmirante Candini para que bombardeara a Cartagena, la ciudad querida de Rafael Núñez, al que Cerruti detestaba. La intervención italiana degeneró en disturbios que se orientaron contra los italianos y sus propiedades en distintas partes del país. Es posible que estos hechos precipitaran la participación de Mainero en el conflicto, pues su enorme fortuna en finca raíz y comercio en Cartagena podía ser dañada por los cañones enviados desde su país natal, o por las pedreas de una turba enfurecida. Igual cosa debió de temer el acaudalado arzobispo italiano Brioschi de Cartagena, uno de los más activos mediadores en el conflicto 65.

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Aviso publicado por Juan R. Mainero en La Sociedad (Medellín) núm. /88.febrero /2 de /876.

La intervención de Mainero, quien sostuvo también largas conversaciones con Candini en Cartagena, consistió en ofrecerse como garante de 20.000 de las 60.000 libras esterlinas impuestas a Colombia en el fallo arbitral del presidente Cleveland de los Estados Unidos. Miguel Antonio Caro, en un folleto publicado durante los días en que Candini sitió a Cartagena con su flota de bombarderos, dijo:

Debo consignar [ ... ] que el señor Mainero, cónsul de Italia en Cartagena [ ... ] cooperó en el mismo sentido que el señor Codazzi, y que en presencia de éste me ofreció consignar inmediatamente en Londres las 20.000 libras esterlinas, sin título ninguno para su gobierno. Rehusé como era mi deber, no sin felicitarlo por la nobleza de su acto 66.

La escogencia de Cartagena para el ataque la explica el odio que Cerruti y los liberales masones radicales del Cauca sentían por Núñez. Pero no deja de ser una elección paradójica, ya que en esta ciudad residía y tenía cuantiosos bienes una de las colonias italianas más antiguas e influyentes del país.

SU ESTILO DE VIDA

Mainero era robusto y pequeño de estatura. "Vestía siempre de lino blanco, saco corto por la cintura, sombrero de jipa de los copones y corbata blanca de lazo muy angosta" 67.

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Retrato de Juan Bautista Mainero .1' Trueco, ca. 1917. FoT. anónimo. Album de Cartagena de Indias. París, R. Girard Imprenta, 1927, pág. 84

La calvicie que sufrió desde temprano desvirtúa la sátira de que, según la picardía popular, que dice que su mujer lo motilaba con una totuma en la cabeza, que le servía de molde para el corte del cabello, evitando con ello el pago de peluquero. Tuvo fama de tacaño, a pesar de que dio muestras de ser generoso. Por ejemplo, construyó el ya mencionado Corralón de Mainero, para alojar pobres a precios muy bajos, y cuyas numerosas habitaciones poco a poco se fueron convirtiendo en el lugar de residencia y trabajo de zapateros, carpinteros, albañiles, lavanderas y otros artesanos de la ciudad. El periódico

La Epoca decía en 1918 que "la obra caritativa del señor Mainero no es pequeña [ ... ] sostiene a muchos desgraciados de la ciudad".

Los ideales, normas y símbolos masónicos al parecer impregnaron toda su vida. Es posible lograr "la unión, la abundancia y la riqueza" de los masones (representados por la granada), a partir de la "rectitud, la honradez y las buenas costumbres" que debía vigilar y practicar todo masón convencido. "La disciplina estricta, la constancia y el propósito de perfeccionarse cada vez más" (normas masónicas fundamentales) es posible que incidieran como norma de vida para que Mainero lograra formar su particular imperio económico. Incluso la actividad de edificar y reconstruir edificios en Cartagena, está íntimamente ligada a las herramientas de albañilería, símbolos primarios de la mencionada sociedad secreta.

En 1874 cuando la ciudad aún se no reponía de su ruina, Mainero construyó su propio edificio escénico, erigiendo en el lugar que había ocupado el antiguo teatro del Coliseo de Cartagena. El Teatro Mainero fue inaugurado con la ópera Hernani de Verdi, dirigida por D'Achiardi e interpretada por famosos artistas, casi todos italianos. Dicho teatro, dice Daniel Lemaitre en sus crónicas, era iluminado con manteca de corozo, no tenía sillas en sus palcos y por ello cada espectador debía llevar la suya, "además de cortinas, espejitos, botellón de agua y mesita para refrescos". Las crónicas de finales del siglo, cuentan que los entreactos duraban más que las escenas, permitiéndoles a los varones asistentes jugar un "chico" de billar o comer a sus anchas y sin afanes en el restaurante vecino del teatro; así, un drama de cuatro actos terminaba en las primeras horas de la madrugada. Las buñueleras, "enormemente gordas", se alineaban con sus fogones al frente de la puerta del teatro, para abastecer de comida a los concurrentes, durante la larga y dura jornada ambientada con el olor penetrante del "corozo quemado"; el calor era tal, que se hacía indispensable armarse de abanico y refrigerios. La imposibilidad de exhibir continuamente artistas famosos y grandes espectáculos permitió que algunos vecinos y artistas aficionados presentaran ingenuas comedias y "cuadros plásticos ", como el de Cristo Crucificado, en una plataforma giratoria que a veces se trancaba, agotando a los artistas, que debían posar como estatuas durante varios minutos. Daniel Lemaitre cuenta que cierta noche en que Mainero fue a su teatro a ver la actuación de un prestidigitador de apellido Cutanda, cuando el mago se despedía del público promocionando la siguiente función le gritó:

No, Cutanda, yo no te doy más el teatro porque a tí se te ven los cordelitos 68.

Mainero, a pesar de millonario, era adicto a la vida de hogar. No era hombre de fiestas ni de trajín social. Mantuvo a su mujer, sobrinos y primos muy unidos a él, viviendo bajo el mismo techo de su palacio, e incluso delegándoles la administración de algunos de sus negocios. El hecho de que ni él ni sus familiares figuren en la lista de fundadores o socios del Club Cartagena, como era menester a todo negociante que se respetara en la costa, es un indicador de su apatía por la vida social de la ciudad. Posiblemente las instalaciones del club no superaron las comodidades y lujos del palacio de Mainero. De él decía un cronista:

Su casa ha estado abierta para el culto a la patria [ ... ] y en sus habitaciones se revive la historia grandiosa de la Italia heroica, pues el señor Mainero gusta de las estatuas, de los bustos, de los cuadros que representen a los hombres que han sido el orgullo y el honor de su tierra [ ... ] su casa es un museo artístico que debe ser recorrido con la cabeza descubierta y haciendo estaciones ante cada objeto de los mil primorosos y valiosísimos que allí se han coleccionado, desplegando en su escogencia conocimientos y buen gusto artístico.

La casa del señor Minero es un palacio en el que las obras de arte y las comodidades son la nota saliente y delatan en su dueño un hombre que posee ilustración y sabe apreciar lo que vale vivir la vida moderna de las comodidades 69.

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Bajorrelieve en mármol del mausoleo de Mainero alusivo a sus negocios mineros. Cementerio de Manga. Cartagena.

Su entorno era ostentoso; no así su apariencia que, al contrario, era sencilla, austera y seria. Los coches, la cristalería, la porcelana, las lámparas de Baccarat y especialmente los vinos importados, las baldosas y esculturas de mármol de Carrara eran el distintivo de su casa en el edificio del antiguo colegio de San Carlos Borromeo que aún se conserva. Daniel Lemaitre dice que en su casa, situada en el corazón de la ciudad, el gusto italiano por los mármoles se hacía sentir y lucían muchas esculturas de mérito. El primer piso era dedicado al comercio, y el segundo a la oficina del consulado y a su lujosa residencia. Habitó muchos años en ella, como también en otra enorme casa en la plaza de Bolívar, frente a la catedral.

Mainero llenó de mármol a Cartagena. Se calcula que introdujo el 90% de lo que Cartagena tiene de este material, convirtiéndola en una de las ciudades del país más adornadas con él 70. En 1895 le obsequió a la ciudad un espectacular monumento a la memoria de su paisano genovés Cristóbal Colón. Es una réplica más pequeña del que se levanta en Génova y se colocó en la plaza de la Aduana, al frente de La Isla, una de sus casas más hermosas y valiosas. Tiempo después contrató con el municipio de Cartagena la importación de casi todas las esculturas que adornan la plaza de la Independencia. También llenó de costosos mausoleos de mármol el cementerio de Manga. En este sentido, Mainero ejerció el singular oficio de "urbanizador de cementerios". Los lotes ocupados con conjuntos esculturales fúnebres importados, formaron lo que la picardía popular cartagenera llama "museo de agiotistas", por estar sepultados en ellos -dicen- algunos de los personajes más ricos de la ciudad. Las "tumbas urbanizadas" tenían un costo aproximado de $ 2.500 71, lo que valía una casa mediana en Cartagena. De los diez mausoleos de Manga, el de los Mainero era el más ostentoso. Compuesto de cuatro niveles escalonados, con losas talladas en bajo relieve y rematadas por un conjunto escultural cubierto, con su capilla profusamente esculpida y adornada. Los bajorrelieves son alegorías y resumen todas las actividades y sucesos claves de la vida de Mainero: la boca de un socavón con herramientas de minería, un ancla rodeada de plantas, pacas y sacos de café y algodón, así como un cuerno lleno de frutos que se desbordan, entre ellos la granada, fruta simbólica de la masonería. El último nivel, con la alegoría de una maternidad (la virgen María con su hijo y su sobrino Juan Bautista), quizá exalta la familia, alude a su descendencia frustrada y rememora al santo de su nombre. Mainero fue sepultado en su mausoleo el 19 de octubre de 19 l 8, cuando contaba 87 años. A Luis Carlos López (El Tuerto López) se le atribuye la siguiente Fabulilla póstuma llena de sarcasmo:

... y aquel gran tigre cebado, / que con saña se comía/ -de noche ya pleno día-/ los burros de mi cercado, / / se murió ... Todo el ganado solípedo le temía, / cual teme la burguesía/ la zarpa del potentado ... / / Tigre viejo, sabio y fuerte, / que a muchos asnos dio muerte/ y se murió como en broma, / [para que más de un jumento / clamase con sentimiento.] ¡Murió como una paloma! 72.

Hasta aquí se ha podido mostrar que Mainero fue un empresario bastante particular por los hechos relacionados con su vida y con su actividad como negociante. Dentro del grupo de empresarios de Bolívar en el siglo XIX, fue un caso raro. A pesar de que invirtió en los negocios que generalmente atrajeron a sus colegas de la costa, su actividad empresarial abarcó otros intereses y otras regiones geográficas en las cuales aquéllos no invirtieron de costumbre, en la magnitud en que lo hizo él, en el período correspondiente a la segunda mitad del siglo XIX. También constituyó un caso relativamente particular en Antioquia, pues fue uno de los pocos "extranjeros" que como negociantes alcanzaron éxito tan descollante. Parte de ese éxito se debió quizá a que aplicó al' pie de la letra la máxima que dice "a la tierra que fueres haz lo que vieres". Yen efecto, en Antioquia Mainero pensó y operó como los antioqueños; incluso hasta por su posición frente a la política (expresada tajantemente por los banqueros Luciano y Manuel Restrepo, Restrepo y Cía.: "Sólo queremos paz para poder trabajar"). Se diferenció, sin embargo, por su carencia de espíritu de asociación, manifestado escasamente en el Banco de Cartagena y en la Sociedad de El Zancudo, no así en sus demás empresas. Se nota en Mainero un excesivo individualismo, rasgo con el cual se particulariza bastante. Ello quizá se explica en el hecho que rara vez, él invirtió en empresas riesgosas o poco prometedoras, siendo estas empresas las que ordinariamente obligaban a los negociantes a buscar asociaciones para disminuir las pérdidas en caso de fracaso. Por último, resalta en Mainero su interés por el desarrollo de las comunicaciones y los transportes, interés que compartió con todos los empresarios nacionales y extranjeros en el siglo XIX.

56
Muchos propietarios de casas en Cartagena, se veían obligados a venderlas por temor a que fueran invadidas, pues casi siempre estaban desocupadas y no tenían siquiera recursos para su vigilancia. Acudían entonces a los pactos de retroventa con la esperanza de recuperarlas después.
57
El calificativo de "estilo Mainero" es del autor. Casas de este estilo, que desaparecieron, era la que tenía entre la calle de Nuestra Señora del Río y la plaza de la Aduana, adornada con rejas de hierro en balcones y ventanas.Otras casas fueron las del Portal de Hierro en la plaza de los Coches, de la que algunos herrajes se conservan (Donaldo Bossa, Nomenclator ... , pág. 95).
58
Por ejemplo, en 1891 prestó a Francisco Victor $ 1.800 por seis meses sin intereses. (N. la., Cg., 1891 núm. 370). A Gabriel Jiménez, en 1894, le otorgó un cuantioso préstamo ($ 17.416) sin intereses (N. la., Cg., 1894, núm. 293). De estos casos hay muchos más ejemplos. Intereses que llamo bajos eran del 1%, pues lo usual en Cartagena era del 2% para arriba.
59
AHC, N. la., Cg., 1880 núm. 1l. Esto se reglamentaba con el fin de librar al banco, de contribuciones forzosas o compartas, impuestos por los gobiernos de turno que instauraban alternadamente los numerosos conflictos civiles del siglo XIX.
60
 Restrepo y Rodríguez, op.  cit., pág. 81.
61
Boletín Cultural y Bibliográfico, núm. 13, Bogotá, Banco de la República, 1988, págs. 10 Y 12.
62
AHC, N. la., Cg., 1893, núm. 195. Hipoteca 1386; 1864, núm. 603; 1887, núm. 303; 1891, núms. 436. 310 entre otros instrumentos.
63
 Por ejemplo, sus relaciones con el arzobispo italiano de Cartagena monseñor Biffí fueron muy tirantes a causa de desavenencias en lo religioso y por malentendidos en los negocios. Por su parte. Brioschi, también arzobispo italiano, contemporáneo de Mainero, persiguió tenazmente la logia masónica de Cartagena, como lo revela la excomunión impartida a todos los funcionarios de Bolívar, incluido el gobernador, por haber facilitado las bancas de una escuela para una reunión o "tenida" de la logia masónica local. Es posible que la amistad de Mainero y Mosquera estuviera basada en la unidad de la logia neogranadina. La concesión en el Chocó prácticamente se le otorgó a Mainero por orden del mismo Mosquera. La amistad de ambos posiblemente nació en la década de 1850, cuando el caucano desplegó intensa actividad política en la costa atlántica. 
64
Se. trataba de una casa alta  situada en la plaza de San  Agustín. (AHC, N. la., Cg.,  1881, núm. 178
65
La activa participación de Brioschi queda consignada en: Pedro Adán Brioschi. Veinticinco años de episcopado. Carragena, Tip. San Pedro Claver, 1924, págs. 8 y sigs. y Eduardo Lemaitre en su Historia general de Cartagena, Bogotá, Banco de la República, 1983, t. IV., págs. 357 y sigs.
66
Citado por Eduardo Lernaitre en La bolsa o la vida: cuatro agresiones imperialistas contra Colombia. Bogotá, Biblioteca del Centenario del Banco de Colombia. Editorial Gráficas. 1974, pág. 198. En esta obra. Lemaitre, de manera algo tendenciosa, detalla magistralmente todos los sucesos del conflicto. Por ello es necesario remitirse a ella, si se desea comprender la grave magnitud y trascendencia del conflicto. Lemaitre dice con respecto al dinero: "[. .] que en aquellos momentos de extrema crisis económica en [. .] el país resultaba muy difícil reunir $ 20.000 Lb. E. para pagarle a los italianos" (Ibíd, pág. 364).
67
Daniel Lemaitre, Corralito  de piedra, Cartagena, Ed.  Bolivar, 1940. pág. 107.
68
Ibíd,pag. 108
69
La Epoca, op. cit., pág. 2.
70
Como se ha mencionado, ello se debió a que Mainero, para garantizar el cupo de cuarenta toneladas y la correspondiente escala de los barcos italianos de La Veloce en Cartagena, ordenó completar el peso con piezas de mármol y granito de siena que luego aplicaba a sus edificios.
71
AHC. N. la., Cg., 1897,  núm. 252; 1899, núm. 374.
72
Luis Carlos López, Obra poética 1883-1950, edición crítica de Alberto Arévalo, Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1979, pag. 176. Don Simón Trucco cuenta jocósamente que el "Tuerto López" se puso furioso cuando Mainero, con su paciencia agotada, le cobró los 20 años de arriendo que le debía. Desde ese entonces el poeta se ensañó con él hasta en sus versos.