Artículo: "El viejo Mainero" Actividad
empresarial de Juan Bautista Mainero y Trueco en BolÃvar, Chocó,
Antioquia y Cundinamarca 1860 - 1918
EL CORRALITO DE MAINERO
Los negocios de Juan B. Mainero en Cartagena entre 1870 y 1918
abarcaron, entre otros, la compraventa de edificios en ruinas,
casas y lotes. También la hotelería, el comercio, la construcción,
el remate de rentas de licores y degüello de ganado y los
espectáculos teatrales.
Hasta el final del siglo XIX, Mainero había protocolizado compra
de edificios y casas en Cartagena por cerca de $ 300.000,
excluyendo los que adquirió por pactos de retroventa 56, que no se cumplieron. Sus propiedades entre
fines del siglo XIX y principios del XX, ocupaban aproximadamente
tres cuartas partes de la superficie construida de la ciudad. Por
eso se puede afirmar que Cartagena fue "el corralito de
Mainero". A su muerte, poseía aún sesenta casas, sin contar
las edificadas en sus haciendas.
Muchos edificios de su propiedad ocupaban toda una cuadra, como
el "cuartel de artillería" (hoy gobernación de Bolívar),
o hasta una manzana entera, como la casa de La Isla en la plaza de
la Aduana. Su residencia tenía más de setecientos metros cuadrados
y la Casa Económica -o "Corralón de Mainero, como la llamaban
los cartageneros-, con sus 120 habitaciones, tenía un área de 3.600
metros cuadrados aproximadamente.
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Palacio de Mainero en el edificio que ocupaba el antiguo
colegio de San Carlos. Fol. anónimo (Colección particular)
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La decadente apariencia urbana de Cartagena en la segunda mitad
del siglo XIX cambió un poco, ya que Mainero convirtió en lucrativo
negocio, el comprar edificios en ruinas para repararlos y
alquilarlos. Muchas de las casas y edificios públicos de la ciudad
(siglos XVI y XVII) no desaparecieron totalmente gracias a las
reconstrucciones hechas por la escuadra de albañiles y carpinteros
que Mainero mantenía dedicados exclusivamente a la refacción de
todas sus propiedades. En parte las ganancias se debían a que
Mainero era el mayor explotador y traficante de maderas en
Cartagena (extraídas casi todas del nordeste antioqueño y del
Chocó), dueño del tejar y calera de Buenavista y único importador
de granito, mármol y hierro para construcción, materiales
transportados por sus propios barcos. El control absoluto de todo
el negocio le permitió grandes ahorros, que lo convirtieron por
aquel entonces en el mayor rentista de Cartagena.
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"Casa alta "(como se denominan en Cartagena a las de
dos y tres pisos), situada en la plaza de la Aduana. Fue adquirida
y reconstruida por Mainero al cambiar el siglo. Fot . anónimo
(Colección particular ).
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"Casa alta "(como se denominan en Cartagena a las de
dos y tres pisos), situada en la plaza de la Aduana. Fue adquirida
y reconstruida por Mainero al cambiar el siglo. Fot . anónimo
(Colección particular ).
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El remate de edificios fue otro de sus negocios urbanos. Decían
los cartageneros que Mainero saldaba el dinero invertido en el
remate de edificios en ruinas, con la madera que recuperaba de
ellos. Por otro lado, la actividad constructora iba paralela al
negocio de propiedad raíz. El urbanizó muchos solares que aún se
hallaban en lugares céntricos de la ciudad. En ellos construyó
edificaciones al "estilo Mainero", que caracterizaron la
arquitectura finisecular cartagenera, hoy casi desaparecida. Se
trataba de edificios de dos y tres pisos con grandes balcones
voladizos enmarcados en arcadas de pilares, capiteles y barandillas
de hierro a la usanza de Nueva Orleáns. Por la corrosión y el mal
mantenimiento, casi todos estos edificios desaparecieron 57.
El pleitómano que había en Mainero también se hizo presente en
sus negocios urbanos. Ya se mencionó el caso del juez panameño que
lo condenó. Tuvo otro pleito, en 1891, con el gobernador Enrique
Román, a raíz de la negativa de este último a devolverle un
edificio que tenía arrendado el gobierno seccional, donde
funcionaba una escuela pública. El origen de su hotel Americano
también está relacionado con una disputa por arriendos. Debido a la
vertiginosa devaluación ocurrida a fines del siglo pasado, Mainero
vio reducidos sus ingresos por concepto de alquileres. Por ejemplo,
el Walters American Hotel, en esos años el mejor hotel de
Cartagena, ocupaba uno de sus edificios, por el cual percibía $ 250
mensuales. Al llegar la devaluación casi al 10.000%, dicho arriendo
se convirtió en realidad en $ 0.02, razón por la cual pidió su
edificio a R.e. Walters, empresario del hotel. Ante la negativa de
abandonarlo y de pagarle más arriendo, Mainero decidió quebrar
aquel negocio. Para lograrlo montó el Hotel Americano en uno de sus
mejores y más amplios edificios, el que antiguamente ocupaba el
regimiento fijo cuyas ruinas habían sido rematadas y que Mainero
había reconstruido en 1875. Aquel hotel pronto fue el" ... más
amplio[ ... ] y más aristocrático de los hoteles de Cartagena[ ...
][con] piezas espaciosas, fresquísimas, científicamente diseñadas y
precios módicos al alcance de todos". Nadie quiso volver al
Walters American Hotel, de la calle de San Agustín (hoy de la
Universidad), y así Mainero pudo recuperar su edificio y de paso
organizar un nuevo negocio, durante muchos años el mejor de
Cartagena.
También ligó el préstamo de dinero a interés con el negocio de
propiedad raíz. De 1870 a 1899 transó hipotecas y retroventas sólo
cuando estaban de por medio casas, lotes o fincas en Bolívar o
Antioquia. Mainero muchas veces prestó dinero cobrando intereses
muy bajos o no los cobró 58. Entre
1875 y 1899 otorgó y protocolizó préstamos bajo hipoteca por más de
$ 100.000 de ley.
Paralelamente a su actividad como rentista fundó el Banco de
Cartagena, Este surgió en momentos en que la región necesitaba de
instituciones financieras que dinamizaran la actividad económica
privada y estatal. Hasta 1880, Cartagena y las regiones cercanas
sólo contaban con un banco importante: el de Bolívar. Desde su
fundación esta notable y solvente entidad colmó rápidamente su
capacidad de servicio ante la escasez de otras personas o
sociedades con liquidez suficiente para atender la demanda de
créditos cuantiosos, aunque fueran a corto plazo. Esta es,
posiblemente, una de las razones que contribuyeron a que se fundara
el Banco de Cartagena, en 1880. La entidad era una sociedad
anónima, dividida en cien acciones de mil pesos cada una, de las
cuales Juan B. Mainero tenía 70, Juan de Sahagún Martínez (de
Medellín) 10, Antonio José Toro 10, Domingo Trueco Bossio 6, José
Luis Calvo 3 y Antonio Jaspe I. Así, Mainero y sus primos
controlaban el 92% de las acciones. Se trataba de un banco de
emisión, depósito, giro y descuento. Todos los billetes emitidos de
$ 0,10, $ 0,50 y $ 5,00 eran pagados al portador en moneda de
plata, como era usual en el mercado, a su presentación en la
ventanilla del banco, sin haber en circulación cantidades mayores
al doble de las que había en la caja. De acuerdo con el acta de
constitución, los préstamos se otorgaban sólo a corto plazo (180
días). Además, se obligaba a todos los empleados del banco a
guardar "la más estricta neutralidad en las contiendas
políticas del Estado" 59.
Desde la gerencia, Mainero obtuvo el control absoluto de este
banco, al mismo tiempo que su primo Juan B. Trueco Bossio desempeñó
el cargo de subgerente. El poseer también el mayor número de
acciones (cada acción de mil pesos equivalía a un voto) junto con
sus primos, con los cuales mantuvo relaciones muy estrechas y
cordiales, afianzó su dominio.
Las reformas y restricciones impuestas durante la Regeneración
de Núñez a los bancos particulares ocasionaron muchos problemas a
Mainero. En 1887, por ejemplo, el gobierno nacional envió un
visitador bancario para la revisión de los bancos de Cartagena. El
informe final de dicho visitador ordenó el cierre del Banco de
Cartagena, puesto que la sociedad que lo poseía y administraba no
se había renovado en 1885, según el compromiso adquirido en 1880,
permaneciendo aún en 1887 sin hacerlo. Por ello el funcionario
juzgó) que el banco operaba ilegalmente. Nació así, uno de los más
enconados pleitos entablados por Mainero, quien con pericia, indujo
a un conflicto de atribuciones entre el visitador nacional y la
gobernación de Bolívar, alegando que sólo el gobierno seccional
podía decretar el cierre del banco. "Ya fuera que el señor
Mainero tuviera la razón o que su poder así lo exigía, el caso es
que el pleito se resolvió favorablemente para él" 60.
Los cinco bancos que funcionaban en Cartagena a fines del siglo
XIX eran en orden de importancia: 1. Unión, 2. de Cartagena, 3.
Popular de Bolívar, 4. de Bolívar y 5. del Departamento. La familia
Gómez Pombo, accionista mayoritaria del Banco Unión, y Juan B.
Mainero controlaban prácticamente la actividad bancaria de la
región. En estado de quiebra irreparable, el Banco de Cartagena
desapareció en 1920, tras la muerte de Mainero.
Por ser el segundo accionista mayoritario de la Sociedad Minera
de El Zancudo, Mainero también debió aportar más de $ 23.000 de
capital, cuando ésta sociedad decidió fundar su propio banco en
1883, de acuerdo con una propuesta presentada por Carlos Coriolano
Amador 61 que al parecer Mainero apoyó
sin objeción alguna. Según el capital suscrito, el Banco de El
Zancudo ocupó aproximadamente el octavo lugar en importancia entre
el conjunto de bancos fundados en Antioquia en los dos últimos
decenios del siglo XIX. Este banco no tenía por objeto realizar
transacciones comerciales, ni conservó metales en sus cajas para
respaldar los billetes. Estos en última instancia estaban amparados
en la solidez económica de las empresas de la sociedad que creó el
banco con el fin de agilizar el pago de sus numerosos gastos.
Como rematador de rentas, Mainero no efectuó contratos del
volumen de aquellos que hizo Pepe Sierra; sin embargo, éstos
alcanzaron importancia local. Los rematadores debían tener
solvencia y un buen patrimonio, dado que el gobierno les exigía
garantías económicas (hipotecas, fianzas y depósitos anticipados de
dinero) a cambio de las concesiones. Algunas de las rentas que
remató Mainero fueron:
Entre 1880 y 1890, el impuesto de degüello en Bolívar,
avaluado en $ 93.500 por año. En 1891 el recaudo del "impuesto
complementario del título" (de registro) en Bolívar y
Magdalena. En 1892, el impuesto nacional de degüello en la
provincia de Barranquilla. En 1893, el impuesto de la renta al por
menor del aguardiente y la del monopolio de la sal marina. En 1894,
nuevamente, la del aguardiente en Bolívar 62.
ITALIANO HASTA LA MUERTE
A pesar de su gran influencia económica y social, la
participación de Mainero en la política regional y nacional fue
escasa. Pasada su juventud cambió de posición frente a la política
italiana, con la cual empezó a tener una relación muy estrecha. Su
pensamiento estuvo cimentado en el más puro liberalismo de línea
anticlerical, de ahí su calificativo de "liberal
comecuras". Es posible que su vinculación a la masonería en la
que fue por muchos años Soberano Gran Comendador del Supremo
Consejo Masónico Neogranadino, lo alejara aún más del clero y de la
iglesia 63.
Cuando Rafael Núñez ejerció la gobernación del estado de
Bolívar, lo único que hizo Mainero fue participar en la ejecución
de las obras públicas propuestas por el jefe seccional, tales como
la recuperación del Dique, el fortalecimiento de los transportes y
las comunicaciones, la agricultura y la ganadería. Según Donaldo
Bossa, "las relaciones con Núñez fueron frías", cosa que
era de esperarse, pues el único contacto de éste con Mainero eran
los arriendos mensuales que debía pagarle por habitar una de sus
mejores casas en Cartagena 64. Prueba
de su desinterés por la política colombiana está consignada en los
estatutos del Banco de Cartagena y en la negativa a renunciar a la
nacionalidad italiana. A lo largo de su vida realizó cerca de
setenta viajes a Italia. Los estrechos vínculos con su país natal
derivaron en su nombramiento como cónsul italiano en Cartagena de
1891 a 1918.
La "Cuestión Cerruti" fue el único acontecimiento de
la política nacional e internacional-donde Mainero tuvo alguna
injerencia más o menos activa y, sin embargo, en este caso, su
actuación se debió más a su papel de cónsul mediador que al interés
de participar en un hecho político interno del país.
Ernesto Cerruti era un militar y empresario italiano establecido
en Colombia desde 1868. Mantuvo estrechos vínculos con los
liberales radicales y con la elite del Cauca, con algunos de cuyos
miembros fundó la casa comercial de E. Cerruti y Co., dedicada al
comercio de sal (pronto afrontó problemas con el Estado, a causa de
los malos manejos que hizo con el producto). Su participación
abierta en la guerra civil de 1877, así como el tráfico con armas y
la ocultación de capitales nacionales (mecanismo muy usado por los
ricos que entregaban su fortuna a los extranjeros para librarse de
los compartos, ya que aquéllos y sus bienes estaban protegidos y
exentos de pagarlos), condujeron a que se le suprimieran sus
privilegios, por no respetar el compromiso de neutralidad que los
extranjeros debían guardar.
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Carátula del impreso que publicó Mainero sobre su demanda
contra la Compañía Unida de El Zancudo.
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Eliseo Payán, su enemigo político y gobernador del Cauca,
confiscó sus bienes, suprimió sus privilegios de extranjero y lo
tomó prisionero. Estas fueron las causas que dieron origen al
conflicto Cerruti, que se prolongó por varios años, durante los
cuales numerosos hechos adicionales complicaron las relaciones de
Italia con Colombia. Los árbitros internacionales que fallaron
sobre el caso fueron España y Estados Unidos. Ambos condenaron a
Colombia a pagar una indemnización a Cerruti.
El gobierno italiano, al ver la renuencia de Colombia a resarcir
a Cerruti, a pesar de los fallos en favor de éste, decidió arreglar
las cosas por la fuerza. Comisionó al contraalmirante Candini para
que bombardeara a Cartagena, la ciudad querida de Rafael Núñez, al
que Cerruti detestaba. La intervención italiana degeneró en
disturbios que se orientaron contra los italianos y sus propiedades
en distintas partes del país. Es posible que estos hechos
precipitaran la participación de Mainero en el conflicto, pues su
enorme fortuna en finca raíz y comercio en Cartagena podía ser
dañada por los cañones enviados desde su país natal, o por las
pedreas de una turba enfurecida. Igual cosa debió de temer el
acaudalado arzobispo italiano Brioschi de Cartagena, uno de los más
activos mediadores en el conflicto 65.
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Aviso publicado por Juan R. Mainero en La Sociedad (Medellín)
núm. /88.febrero /2 de /876.
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La intervención de Mainero, quien sostuvo también largas
conversaciones con Candini en Cartagena, consistió en ofrecerse
como garante de 20.000 de las 60.000 libras esterlinas impuestas a
Colombia en el fallo arbitral del presidente Cleveland de los
Estados Unidos. Miguel Antonio Caro, en un folleto publicado
durante los días en que Candini sitió a Cartagena con su flota de
bombarderos, dijo:
Debo consignar [ ... ] que el señor Mainero, cónsul de Italia en
Cartagena [ ... ] cooperó en el mismo sentido que el señor Codazzi,
y que en presencia de éste me ofreció consignar inmediatamente en
Londres las 20.000 libras esterlinas, sin título ninguno para su
gobierno. Rehusé como era mi deber, no sin felicitarlo por la
nobleza de su acto 66.
La escogencia de Cartagena para el ataque la explica el odio que
Cerruti y los liberales masones radicales del Cauca sentían por
Núñez. Pero no deja de ser una elección paradójica, ya que en esta
ciudad residía y tenía cuantiosos bienes una de las colonias
italianas más antiguas e influyentes del país.
SU ESTILO DE VIDA
Mainero era robusto y pequeño de estatura. "Vestía siempre
de lino blanco, saco corto por la cintura, sombrero de jipa de los
copones y corbata blanca de lazo muy angosta" 67.
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Retrato de Juan Bautista Mainero .1' Trueco, ca. 1917. FoT.
anónimo. Album de Cartagena de Indias. París, R. Girard Imprenta,
1927, pág. 84
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La calvicie que sufrió desde temprano desvirtúa la sátira de
que, según la picardía popular, que dice que su mujer lo motilaba
con una totuma en la cabeza, que le servía de molde para el corte
del cabello, evitando con ello el pago de peluquero. Tuvo fama de
tacaño, a pesar de que dio muestras de ser generoso. Por ejemplo,
construyó el ya mencionado Corralón de Mainero, para alojar pobres
a precios muy bajos, y cuyas numerosas habitaciones poco a poco se
fueron convirtiendo en el lugar de residencia y trabajo de
zapateros, carpinteros, albañiles, lavanderas y otros artesanos de
la ciudad. El periódico
La Epoca decía en 1918 que "la obra caritativa del señor
Mainero no es pequeña [ ... ] sostiene a muchos desgraciados de la
ciudad".
Los ideales, normas y símbolos masónicos al parecer impregnaron
toda su vida. Es posible lograr "la unión, la abundancia y la
riqueza" de los masones (representados por la granada), a
partir de la "rectitud, la honradez y las buenas
costumbres" que debía vigilar y practicar todo masón
convencido. "La disciplina estricta, la constancia y el
propósito de perfeccionarse cada vez más" (normas masónicas
fundamentales) es posible que incidieran como norma de vida para
que Mainero lograra formar su particular imperio económico. Incluso
la actividad de edificar y reconstruir edificios en Cartagena, está
íntimamente ligada a las herramientas de albañilería, símbolos
primarios de la mencionada sociedad secreta.
En 1874 cuando la ciudad aún se no reponía de su ruina, Mainero
construyó su propio edificio escénico, erigiendo en el lugar que
había ocupado el antiguo teatro del Coliseo de Cartagena. El Teatro
Mainero fue inaugurado con la ópera Hernani de Verdi, dirigida por
D'Achiardi e interpretada por famosos artistas, casi todos
italianos. Dicho teatro, dice Daniel Lemaitre en sus crónicas, era
iluminado con manteca de corozo, no tenía sillas en sus palcos y
por ello cada espectador debía llevar la suya, "además de
cortinas, espejitos, botellón de agua y mesita para
refrescos". Las crónicas de finales del siglo, cuentan que los
entreactos duraban más que las escenas, permitiéndoles a los
varones asistentes jugar un "chico" de billar o comer a
sus anchas y sin afanes en el restaurante vecino del teatro; así,
un drama de cuatro actos terminaba en las primeras horas de la
madrugada. Las buñueleras, "enormemente gordas", se
alineaban con sus fogones al frente de la puerta del teatro, para
abastecer de comida a los concurrentes, durante la larga y dura
jornada ambientada con el olor penetrante del "corozo
quemado"; el calor era tal, que se hacía indispensable armarse
de abanico y refrigerios. La imposibilidad de exhibir continuamente
artistas famosos y grandes espectáculos permitió que algunos
vecinos y artistas aficionados presentaran ingenuas comedias y
"cuadros plásticos ", como el de Cristo Crucificado, en
una plataforma giratoria que a veces se trancaba, agotando a los
artistas, que debían posar como estatuas durante varios minutos.
Daniel Lemaitre cuenta que cierta noche en que Mainero fue a su
teatro a ver la actuación de un prestidigitador de apellido
Cutanda, cuando el mago se despedía del público promocionando la
siguiente función le gritó:
No, Cutanda, yo no te doy más el teatro porque a tí se te ven
los cordelitos 68.
Mainero, a pesar de millonario, era adicto a la vida de hogar.
No era hombre de fiestas ni de trajín social. Mantuvo a su mujer,
sobrinos y primos muy unidos a él, viviendo bajo el mismo techo de
su palacio, e incluso delegándoles la administración de algunos de
sus negocios. El hecho de que ni él ni sus familiares figuren en la
lista de fundadores o socios del Club Cartagena, como era menester
a todo negociante que se respetara en la costa, es un indicador de
su apatía por la vida social de la ciudad. Posiblemente las
instalaciones del club no superaron las comodidades y lujos del
palacio de Mainero. De él decía un cronista:
Su casa ha estado abierta para el culto a la patria [ ... ] y en
sus habitaciones se revive la historia grandiosa de la Italia
heroica, pues el señor Mainero gusta de las estatuas, de los
bustos, de los cuadros que representen a los hombres que han sido
el orgullo y el honor de su tierra [ ... ] su casa es un museo
artístico que debe ser recorrido con la cabeza descubierta y
haciendo estaciones ante cada objeto de los mil primorosos y
valiosísimos que allí se han coleccionado, desplegando en su
escogencia conocimientos y buen gusto artístico.
La casa del señor Minero es un palacio en el que las obras de
arte y las comodidades son la nota saliente y delatan en su dueño
un hombre que posee ilustración y sabe apreciar lo que vale vivir
la vida moderna de las comodidades 69.
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Bajorrelieve en mármol del mausoleo de Mainero alusivo a sus
negocios mineros. Cementerio de Manga. Cartagena.
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Su entorno era ostentoso; no así su apariencia que, al
contrario, era sencilla, austera y seria. Los coches, la
cristalería, la porcelana, las lámparas de Baccarat y especialmente
los vinos importados, las baldosas y esculturas de mármol de
Carrara eran el distintivo de su casa en el edificio del antiguo
colegio de San Carlos Borromeo que aún se conserva. Daniel Lemaitre
dice que en su casa, situada en el corazón de la ciudad, el gusto
italiano por los mármoles se hacía sentir y lucían muchas
esculturas de mérito. El primer piso era dedicado al comercio, y el
segundo a la oficina del consulado y a su lujosa residencia. Habitó
muchos años en ella, como también en otra enorme casa en la plaza
de Bolívar, frente a la catedral.
Mainero llenó de mármol a Cartagena. Se calcula que introdujo el
90% de lo que Cartagena tiene de este material, convirtiéndola en
una de las ciudades del país más adornadas con él 70. En 1895 le obsequió a la ciudad un espectacular
monumento a la memoria de su paisano genovés Cristóbal Colón. Es
una réplica más pequeña del que se levanta en Génova y se colocó en
la plaza de la Aduana, al frente de La Isla, una de sus casas más
hermosas y valiosas. Tiempo después contrató con el municipio de
Cartagena la importación de casi todas las esculturas que adornan
la plaza de la Independencia. También llenó de costosos mausoleos
de mármol el cementerio de Manga. En este sentido, Mainero ejerció
el singular oficio de "urbanizador de cementerios". Los
lotes ocupados con conjuntos esculturales fúnebres importados,
formaron lo que la picardía popular cartagenera llama "museo
de agiotistas", por estar sepultados en ellos -dicen- algunos
de los personajes más ricos de la ciudad. Las "tumbas
urbanizadas" tenían un costo aproximado de $ 2.500 71, lo que valía una casa mediana en
Cartagena. De los diez mausoleos de Manga, el de los Mainero era el
más ostentoso. Compuesto de cuatro niveles escalonados, con losas
talladas en bajo relieve y rematadas por un conjunto escultural
cubierto, con su capilla profusamente esculpida y adornada. Los
bajorrelieves son alegorías y resumen todas las actividades y
sucesos claves de la vida de Mainero: la boca de un socavón con
herramientas de minería, un ancla rodeada de plantas, pacas y sacos
de café y algodón, así como un cuerno lleno de frutos que se
desbordan, entre ellos la granada, fruta simbólica de la masonería.
El último nivel, con la alegoría de una maternidad (la virgen María
con su hijo y su sobrino Juan Bautista), quizá exalta la familia,
alude a su descendencia frustrada y rememora al santo de su nombre.
Mainero fue sepultado en su mausoleo el 19 de octubre de 19 l 8,
cuando contaba 87 años. A Luis Carlos López (El Tuerto López) se le
atribuye la siguiente Fabulilla póstuma llena de sarcasmo:
... y aquel gran tigre cebado, / que con saña se comía/ -de
noche ya pleno día-/ los burros de mi cercado, / / se murió ...
Todo el ganado solípedo le temía, / cual teme la burguesía/ la
zarpa del potentado ... / / Tigre viejo, sabio y fuerte, / que a
muchos asnos dio muerte/ y se murió como en broma, / [para que más
de un jumento / clamase con sentimiento.] ¡Murió como una
paloma! 72.
Hasta aquí se ha podido mostrar que Mainero fue un empresario
bastante particular por los hechos relacionados con su vida y con
su actividad como negociante. Dentro del grupo de empresarios de
Bolívar en el siglo XIX, fue un caso raro. A pesar de que invirtió
en los negocios que generalmente atrajeron a sus colegas de la
costa, su actividad empresarial abarcó otros intereses y otras
regiones geográficas en las cuales aquéllos no invirtieron de
costumbre, en la magnitud en que lo hizo él, en el período
correspondiente a la segunda mitad del siglo XIX. También
constituyó un caso relativamente particular en Antioquia, pues fue
uno de los pocos "extranjeros" que como negociantes
alcanzaron éxito tan descollante. Parte de ese éxito se debió quizá
a que aplicó al' pie de la letra la máxima que dice "a la
tierra que fueres haz lo que vieres". Yen efecto, en Antioquia
Mainero pensó y operó como los antioqueños; incluso hasta por su
posición frente a la política (expresada tajantemente por los
banqueros Luciano y Manuel Restrepo, Restrepo y Cía.: "Sólo
queremos paz para poder trabajar"). Se diferenció, sin
embargo, por su carencia de espíritu de asociación, manifestado
escasamente en el Banco de Cartagena y en la Sociedad de El
Zancudo, no así en sus demás empresas. Se nota en Mainero un
excesivo individualismo, rasgo con el cual se particulariza
bastante. Ello quizá se explica en el hecho que rara vez, él
invirtió en empresas riesgosas o poco prometedoras, siendo estas
empresas las que ordinariamente obligaban a los negociantes a
buscar asociaciones para disminuir las pérdidas en caso de fracaso.
Por último, resalta en Mainero su interés por el desarrollo de las
comunicaciones y los transportes, interés que compartió con todos
los empresarios nacionales y extranjeros en el siglo XIX.
56
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Muchos propietarios de casas en Cartagena, se veían obligados a
venderlas por temor a que fueran invadidas, pues casi siempre
estaban desocupadas y no tenían siquiera recursos para su
vigilancia. Acudían entonces a los pactos de retroventa con la
esperanza de recuperarlas después.
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57
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El calificativo de "estilo Mainero" es del autor.
Casas de este estilo, que desaparecieron, era la que tenía entre la
calle de Nuestra Señora del Río y la plaza de la Aduana, adornada
con rejas de hierro en balcones y ventanas.Otras casas fueron las
del Portal de Hierro en la plaza de los Coches, de la que algunos
herrajes se conservan (Donaldo Bossa, Nomenclator ... , pág.
95).
|
58
|
Por ejemplo, en 1891 prestó a Francisco Victor $ 1.800 por seis
meses sin intereses. (N. la., Cg., 1891 núm. 370). A Gabriel
Jiménez, en 1894, le otorgó un cuantioso préstamo ($ 17.416) sin
intereses (N. la., Cg., 1894, núm. 293). De estos casos hay muchos
más ejemplos. Intereses que llamo bajos eran del 1%, pues lo usual
en Cartagena era del 2% para arriba.
|
59
|
AHC, N. la., Cg., 1880 núm. 1l. Esto se reglamentaba con el fin
de librar al banco, de contribuciones forzosas o compartas,
impuestos por los gobiernos de turno que instauraban alternadamente
los numerosos conflictos civiles del siglo XIX.
|
60
|
Restrepo y Rodríguez, op. cit., pág. 81.
|
61
|
Boletín Cultural y Bibliográfico, núm. 13, Bogotá, Banco de la
República, 1988, págs. 10 Y 12.
|
62
|
AHC, N. la., Cg., 1893, núm. 195. Hipoteca 1386; 1864, núm.
603; 1887, núm. 303; 1891, núms. 436. 310 entre otros
instrumentos.
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63
|
Por ejemplo, sus relaciones con el arzobispo italiano de
Cartagena monseñor Biffí fueron muy tirantes a causa de
desavenencias en lo religioso y por malentendidos en los negocios.
Por su parte. Brioschi, también arzobispo italiano, contemporáneo
de Mainero, persiguió tenazmente la logia masónica de Cartagena,
como lo revela la excomunión impartida a todos los funcionarios de
Bolívar, incluido el gobernador, por haber facilitado las bancas de
una escuela para una reunión o "tenida" de la logia
masónica local. Es posible que la amistad de Mainero y Mosquera
estuviera basada en la unidad de la logia neogranadina. La
concesión en el Chocó prácticamente se le otorgó a Mainero por
orden del mismo Mosquera. La amistad de ambos posiblemente nació en
la década de 1850, cuando el caucano desplegó intensa actividad
política en la costa atlántica.
|
64
|
Se. trataba de una casa alta situada en la plaza de
San Agustín. (AHC, N. la., Cg., 1881, núm. 178
|
65
|
La activa participación de Brioschi queda consignada en: Pedro
Adán Brioschi. Veinticinco años de episcopado. Carragena, Tip. San
Pedro Claver, 1924, págs. 8 y sigs. y Eduardo Lemaitre en su
Historia general de Cartagena, Bogotá, Banco de la República, 1983,
t. IV., págs. 357 y sigs.
|
66
|
Citado por Eduardo Lernaitre en La bolsa o la vida: cuatro
agresiones imperialistas contra Colombia. Bogotá, Biblioteca del
Centenario del Banco de Colombia. Editorial Gráficas. 1974, pág.
198. En esta obra. Lemaitre, de manera algo tendenciosa, detalla
magistralmente todos los sucesos del conflicto. Por ello es
necesario remitirse a ella, si se desea comprender la grave
magnitud y trascendencia del conflicto. Lemaitre dice con respecto
al dinero: "[. .] que en aquellos momentos de extrema crisis
económica en [. .] el país resultaba muy difícil reunir $ 20.000
Lb. E. para pagarle a los italianos" (Ibíd, pág. 364).
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67
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Daniel Lemaitre, Corralito de piedra, Cartagena,
Ed. Bolivar, 1940. pág. 107.
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68
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Ibíd,pag. 108
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69
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La Epoca, op. cit., pág. 2.
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70
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Como se ha mencionado, ello se debió a que Mainero, para
garantizar el cupo de cuarenta toneladas y la correspondiente
escala de los barcos italianos de La Veloce en Cartagena, ordenó
completar el peso con piezas de mármol y granito de siena que luego
aplicaba a sus edificios.
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71
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AHC. N. la., Cg., 1897, núm. 252; 1899, núm. 374.
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72
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Luis Carlos López, Obra poética 1883-1950, edición
crÃtica de Alberto Arévalo, Bogotá, Carlos Valencia Editores,
1979, pag. 176. Don Simón Trucco cuenta jocósamente que el
"Tuerto López" se puso furioso cuando Mainero, con su
paciencia agotada, le cobró los 20 años de arriendo que le
debÃa. Desde ese entonces el poeta se ensañó con él hasta en
sus versos.
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