"El viejo Mainero"
EL ZANCUDO
La inversión más importante de Mainero en Antioquia fue la
compra, en 1863, a la casa comercial y bancaria de Restrepo y Cía.,
de 5/28 partes de la hacienda de fundición de Sabaletas, e igual
cantidad de acciones en la mina de veta de oro y plata de El
Zancudo, en el distrito de Titiribí (Antioquia) por más de $ 60.000
pesos de 8/10 28. Esta era una suma
enorme por ese entonces en Antioquia, considerando la escasez de
dinero que ocasionó la guerra de 1862. Después de esta transacción,
Mainero adquirió "fama de millonario" entre los negociantes
antioqueños.
Desde su ingreso a El Zancudo, siempre estuvo interesado en
adquirir más derechos y en apoyar los proyectos de ampliación y
mejoramiento de la explotación y la producción. Sinforiano
Hernández, uno de los socios menos solventes de El Zancudo, decía a
don Gabriel Echeverri en carta de 10 de diciembre de 1864:
Basilio Tirado mayordomo de El Piñón [Hacienda que Mainero
también compró a Restrepo y Cía.] le había oído a Trueco decirle
allí a Rafael Restrepo que era necesario ver con Paschke que la
fundición no diera utilidad para aburrir a los socios y quedarse
con ella comprándoles barato [ ... ] Trueco es extranjero. con
relaciones comerciales en grande y reservas, le debo $ 10.000
asegurados en mi séptima parte en esas empresas [ ... ] yo que le
debo tanto a Trueco! abra el ojo compadre y no me deje perecer [
... ] le estoy hablando con el corazón compadre, usted sabe el
estado de ruina de mis intereses, no tendré pronto con que mantener
mi familia ...
Mainero mostró mucho interés por adquirir, sin lograrlo, el
derecho de séptima parte de Hernández y, según Gabriel Echeverri,
siempre tuvo muy buenas relaciones con Reinhold Paschke, director
de la fundición de Sabaletas, de quien decía que era "ciego
cumplidor de lo que Trueco le manda" 29.
Los trabajos del primer montaje de la fundición se terminaron en
1865. Desde entonces la empresa empezó a producir de once a doce
arrobas de oro y plata al mes. Esta cantidad, que siempre
estuvo en ascenso, más tarde la renta de las minas del nordeste,
que era considerado el "punto más rico del Estado" 30, permitieron que Mainero percibiera una de las
rentas más cuantiosas en Antioquia.
En 1867, estando Coriolano Amador como director de la Sociedad
del Zancudo, se iniciaron nuevos trabajos en la fundición de
Sabaletas para aumentar la capacidad de elaboración de los
productos auroargentíferos de las minas. Mainero apoyó este
proyecto de Amador y él mismo viajó a Europa para contratar en
nombre de El Zancudo, con Mildred Goyeneche y Cía. de Londres, la
compra y remisión de los útiles necesarios para las obras con que
se pretendía duplicar la fundición. Con el contrato consiguió
también que la compañía inglesa vendiera en Londres los productos
de El Zancudo y les abrieran créditos aceptándoles giros a noventa
días de hasta $ 1.500 o $ 2.000 libras esterlinas ($ 10.000 pesos
fuertes colombianos). Este contrato fue muy favorable, pues le
proporcionó a la sociedad los fondos para "salir con más facilidad
de los compromisos que hemos contraído para el montaje de nuestras
empresas" 31.
Terminadas dichas obras, las empresas de El Zancudo y Sabaletas
duplicaron su producción. En 1877, Francisco Javier Cisneros y
Mainero, quienes mantuvieron estrechos vínculos amistosos y de
negocios, "fueron a Titiribí y vinieron admirados con las empresas,
no les falta razón!" 32. En ese
entonces Mainero recibía de ellas utilidades por cerca de $ 5.000
mensuales, suma enorme comparándola con los $ 14 de salario que
recibía un peón de las minas en el mismo tiempo. Cuando El Zancudo
vivió sus mejores tiempos, una sociedad extranjera
propuso: arrendar la empresa [ ... ] por $ 1.800.000 debiendo
trabajar la mina según los procedimientos de la ciencia, dejando a
favor de la empresa las mejoras que se introduzcan y dejando todas
las seguridades que se pidan para asegurar la paga [ ... ] [El
Zancudo] tiene minerales reconocidos por 50 años y productos
reconocidos, sin deducir gastos, por $ 10.000.000; quedarían así de
6 a 8 millones; así en 10 años de arrendamiento redoblando los
trabajos y los aparatos para elaborar los minerales que tenemos
conocidos, los arrendatarios harían una ganancia enorme. Trueco que
fue el de la propuesta, juzgó que está asociado con alguna compañía
extranjera [ ... ] y algún capitalista de por acá 33.
El negocio al fin no se concretó por razones que se
desconocen.
Además de Coriolano Amador y su esposa, dueños de la mitad de
las empresas de El Zancudo (y quizás la sociedad conyugal más
adinerada de Colombia en el siglo XIX), también fueron socios de
Mainero en aquella, el médico y político liberal Sinforiano
Hernández y su esposa Josefa Uribe, Agapito Uribe (cuyos hijos y
yernos también fueron socios de Mainero en la empresa del Atrato),
y Luis Arango, reemplazado más tarde por su hijo Leocadio, rico
comerciante y coleccionista de artefactos precolombinos de oro, que
fueron más tarde la base del Museo del Oro del Banco de la
República.
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Billete de 10 centavos del Banco de Cartagena, del cual J. B.
Mainero era el mayor accionista. Impreso en Londres, ca. 1881
(Colección particular J.)
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En términos generales, Mainero se llevó bien con sus socios,
cosa que era bien difícil por los continuos altercados y disputas
que llenaron por más de cincuenta años la atmósfera de la sociedad.
Más que con los socios, le interesaba llevarse bien con los
administradores de las empresas y de la sociedad. Esto lo
demuestran las estrechas relaciones que tuvo con Paschke, Ildefonso
Gutiérrez y Juan de S. Martínes, este último su apoderado en
Medellín, contador de El Zancudo y consocio del Banco de Cartagena.
Sólo con Amador protagonizó un acalorado pleito en 1912, a raíz de
los negocios turbios que éste hacía con los desvalorizados derechos
de El Zancudo en ese entonces, debido al mal momento que pasaron
las empresas en Titiribí, cuando eran administradas por Alejandro
López. Estos hechos son, a grandes rasgos, los que muestran la
participación de Mainero en la que fuera la más grande empresa
colombiana del siglo XIX.
DE NUEVO EN LA COSTA
Después de amasar una enorme fortuna en Antioquia y Chocó,
Mainero regresó a Cartagena en 1868. Volvió, según algunos, tanto
por el cariño que le tenía a la Heroica, como por su interés y
compromiso con los negocios de navegación marítima y fluvial,
aplicada al comercio de exportación y de importación, para los
cuales Cartagena era magnífica sede, gracias a las bondades
técnicas y estratégicas de su puerto. Además, por esta época se
vislumbraba el renacimiento económico de la ciudad gracias al
interés de sus negociantes y políticos por rehabilitar una vez más
el canal del Dique, como en verdad ocurrió.
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Billete de 50 centavos emitido por el Banco de Cartagena, ca.
1882. En la esquina inferior izquierda aparece la rúbrica de J. B.
Mainero (Colección particular j).
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En 1877, con Rafael Núñez en la gobernación de Bolívar,
arrancaron por fin los trabajos para recuperar' el canal, con el
fin de desarrollar en él la navegación en barcos de vapor. Mainero
"luchó tesoneramente por la canalización del Dique" 34 Y asociado con Francisco Javier Cisneros, fue de
los primeros en licitar ante el Estado la construcción de la obra
35. Dicha propuesta es un buen
indicador de su fortuna para ese entonces, pues Terry, el ingeniero
estadounidense que hizo los estudios, había presupuestado en
$90.000 el costo de la rehabilitación. Durante esos años eran muy
escasos los inversionistas de esta talla en la costa.
Cuando se terminó la obra, en 1881, varios individuos y
sociedades nacionales y extranjeras se asociaron con el objeto de
organizar empresas de navegación en barcos de vapor, por el canal
para prestar el servicio entre Cartagena y el río Magdalena. Las
más importantes fueron la Compañía del Dique, con
cinco vapores; la Compañía de Vapores del Dique y del Río
Magdalena, con tres vapores (era propiedad de una sociedad
inglesa); la Compañía López y Navarro, con uno y la United
Steamship Co., con uno.
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Detalle del billete de 5 pesos del Banco de Cartagena, 1882
(Colección particular ).
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Los inversionistas que establecieron sus propias empresas fueron
Bartolomé Martínez Bossio, Francisco Javier Cisneros y Juan
Bautista Mainero y Trueco. Este último, con dos buques de vapor,
celebró en 1881 un contrato con el gobierno de Bolívar sobre
navegación del Dique y del río Magdalena 36.
Al año de iniciado el contrato, Mainero no pudo cumplir algunas
cláusulas, por lo cual el Estado lo multó. Mainero, a su turno,
demandó al contratante, comprobando que el canal no era adecuado
para la navegación de sus barcos. Alegó y demostró los problemas
que presentaba el Dique, pues las embarcaciones encallaban en los
lugares menos profundos o chocaban contra los troncos de árboles
que llevaba el caudal, etc. Al final logró que el gobernador de
Bolívar lo eximiera de culpabilidad, le reintegrara el dinero de la
multa 37 y lo liberara de cumplir el
contrato.
Para poner nuevamente en uso los vapores de su empresa, Mainero
celebró un segundo contrato con el estado de Bolívar, "sobre
conducción por buques de vapor de dos nuevos correos nacionales
entre Cartagena, Barranquilla y Caracolí pasando por el Dique"
38. Debía transportar dos correos
mensuales con correspondencia y empleados públicos del Estado a lo
largo de su ruta, que comprendía paradas en Calamar, Zambrano,
Magangué, El Banco, Puerto Nacional, Bocas de Lebrija, Dique de
Paluria, Puerto Santander, Bocas de Canoas, Puerto Berrío y N are.
Para evitar el daño en los barcos al pasar por el dique, el
contrato estipuló que:
Los buques que deben hacer la carrera entre Cartagena y
Barranquil/a por el Dique sean en un todo como los que comúnmente
navegan en el río Magdalena para conducir cargas. y pasajeros pero
en las condiciones y capacidades adicionales para el caudal del
agua y condiciones especiales del Dique 39.
Este servicio lo contrató hasta 1894, año en que se inauguró el
ferrocarril entre Cartagena y Calamar. En 1882, para completar el
circuito de comunicación de la Heroica con el interior, Mainero
también se comprometió a transportar los correos de Bogotá hasta
los barcos en el río Magdalena 40.
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Mapa donde se localizan las minas de Zaragoza que Juan Bautista
Mainero da a su sobrino Manuel Mainero (Colección particular).
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A pesar de los inconvenientes del Dique, el comercio de
Cartagena revivió a lo largo del decenio de 1880. La aduana de la
ciudad triplicó sus ingresos entre 1882 y 1890, Y se movilizaron
cerca de 14.000 pasajeros a través del canal, además el servicio de
correo y las comunicaciones directas entre Cartagena y el interior
del país se reactivaron y mejoraron notablemente.
Otro indicador de la reactivación del comercio de Cartagena fue
la creación, en 1871, de la Veloce, la cual se convertiría más
tarde en la marina mercante nacional de Italia. Esta empresa
naviera fue organizada en Europa por obra de la Societa di
Navigazione Italiana, que Mainero constituyó con Enriqueta y
Clotilde Solari, parientas suyas en aquel país, para hacer la ruta
de Génova a Colombia. Mainero era el "motor" de esta empresa y para
asegurar la escala de los vapores en nuestro puerto con mínimo de
40 toneladas de importación, ordenó a sus agentes en Génova
completar el cupo (lastre) cuando fuera el caso con piezas de
mármol -desde estatuas hasta baldosas- y con lozas de granito de
Siena, que una vez acá colocaba en las aceras de las casas suyas.
El 90% de los objetos de mármol que hay en Cartagena (que son
muchos por cierto) los trajo Don Juan Mainero 41.
Todo el impulso que quiso dar a Cartagena como puerto y a sus
negocios de navegación, está estrechamente relacionado con la
construcción de los faros de la bahía y Bocachica. Para levantar el
primero, Juan B. Mainero y Daría A. Henríquez, como concesionarios
del privilegio otorgado por el gobierno de Bolívar, formaron la
Sociedad Constructora del Faro, en la que cada uno, como socio,
aportó $ 3.000 de ley. Henríquez, encargado además de administrar
el negocio, debía construir y poner en servicio la obra en la torre
de la iglesia de la Merced. Los productos líquidos de la empresa
una vez que fueran cancelados por el administrador de la aduana del
puerto de Cartagena, se repartían por mitades cada dos meses
42.
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Casa de habitación de Mainero. donde funcionó su primer almacén
en Carragena. Aún existe. Ubicada frente a la Catedral y a la Plaza
de Bolívar. Fol. anónimo ca. 1910
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La obra, inaugurada en 1882, fue el primer faro moderno de
Cartagena. Reemplazó al antiguo y rudimentario que existía en el
cerro de la Popa. El de la Merced pasó después al baluarte de Santo
Domingo y luego a Tierrabornba, donde funciona en la actualidad
43.
El interés de Mainero en los negocios de vías y comunicaciones
también abarcó el ramo de los ferrocarriles. Cuando se planteó la
comunicación por tren entre Cartagena y el río Magdalena (como
solución a los problemas que seguía presentando el Dique), Mainero
defendió la ruta por terreno plano bordeando la bahía hasta
Mamonal, considerado el puerto natural por excelencia. Desde allí
continuaría hacia Calamar. A los que defendieron esta idea, se les
opuso el sector político en el poder liderado por H.L. Román,
alegando que Mainero sólo buscaba beneficiar sus intereses, pues la
vía atravesaba gran parte de su hacienda. Fue por esta razón que al
parecer se prefirió el trazado por Turbaco, demasiado pendiente y
antitécnico. Así que "quien más salió perdiendo no fue Mainero,
sino la ciudad" porque aquel ferrocarril fue un completo fracaso
44.
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Casa de la calle de la Chincheria en Cartagena, propiedad de
Juan B. Mainero. ca. 1907. Fot . anónimo (Colección
particular).
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En 1894 reemprendió las obras del tramo de ferrocarril entre
Bogotá y Girardot 45, luego de
constituir la Empresa del ferrocarril de Girardot. En 1900, debido
a los problemas que tuvo que afrontar, durante la construcción,
vendió la empresa y las obras (cuarenta y nueve kilómetros de vía
terminada) a la Colombian National Railway Company Limited,
de Londres 46, la que nueve años
después, consiguió llevar la línea hasta Facatativá luego de tender
otros ochenta kilómetros 47.
HACIENDO HACIENDAS
Desde la primera mitad del siglo XIX la ganadería en la
provincia de Cartagena empezó a atraer el interés de los
negociantes. En la década de 1850 la introducción de la yerba pará
causó una verdadera revolución, pues aumentó la calidad de los
potreros aún en épocas de sequía, mejoró la calidad de la carne y
permitió que se incrementara el número de cabezas. En los años de
1870, con el incentivo del negocio de exportación de carnes a
Centroamérica y el Caribe, ya la ganadería era el renglón
productivo que más contribuía al renacimiento económico de
Cartagena y Bolívar. A lo largo y ancho del estado se establecieron
grandes haciendas y los empresarios ganaderos comercializaron por
su cuenta toda la producción. Ellos formaron un grupo cerrado y muy
cohesionado cuyos miembros vendían, cambiaban y se prestaban dinero
entre sí.
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Monumento a Cristóbal Colón en la plaza de la Aduana. donado
por Mainero a Cartagena en 1895. Es una réplica del que está en
Génova (Italia). Postal iluminada ca. 1910 (Colección
particular).
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La ganadería fue otro renglón en el que participó Mainero aliado
con sus primos, los González Brieva Trueco y los Trueco Bossio,
quienes también invirtieron considerables fortunas en haciendas. La
familia realizó cuantiosos negocios de compraventa, cambios e
hipotecas de haciendas en Corozal, Santa Catalina y la bahía de
Cartagena 48, dándoles preferencia a
las tierras del municipio de Santa Catalina, de acuerdo con los
numerosos negocios protocolizados entre 1880 y 1899 en la Notaría
primera de Cartagena.
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Detalle del mausoleo de J. B. Mainero en el cementerio de
Manga. Cartagena. En la parte inferior está un bajorrelieve que lo
representa (Fot. Fernando Molina 1988)
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Las inversiones ganaderas y agrícolas en tierras de Bolívar
empezaron en 1872, cuando Mainero compró su primera gran hacienda
en la costa, llamada Buenavista de Cortés, compuesta por cuatro
fincas colindantes: Don Lorenzo Carriasco y las Islas Buenavista
del Tablón, Horcazorra y Membrillal, ubicadas en Turbaco 49. A esta compra se sumaron las de otras
fincas vecinas, como San Sebastián de Buenavista, Cospique con sus
siete islas -San Esteban, Bombero, Cabra, Cocosolo, Santa Ana,
Ortega, San Antonio de Padua-, Las Brujas y Mamonal, así como de
potreros y pequeñas granjas aledañas a estas haciendas ubicadas en
Turbana 50. Todas estas tierras unidas
formaron la llamada "Hacienda Mainero y Trueco" cuyos límites se
extendían desde la bahía de Cartagena por el norte, hasta las
cabeceras de Turbaco por el sur, y desde el municipio de Turbana
por el occidente, hasta Albornoz en el oriente.
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Oficina del Consulado Italiano, situado en la residencia de
Mainero. Cartagena, ca. 1917. Fot . anónimo (Colección
particular).
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Se trataba de un globo de terreno gigantesco, cruzado en parte
por el ferrocarril de Cartagena a Calamar, y además, dotado con
puertos y embarcaciones propias sobre la bahía de Cartagena. Los
potreros estaban sembrados con yerbas de pará y guinea, platanales
y frutales. Allí pastaban mil quinientas cabezas de ganado y
funcionaba un establecimiento industrial para producir la cal, el
ladrillo y la teja que prácticamente atendían las necesidades que
la decadente Cartagena tenía de estos productos.
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Sede del Banco de la República en Cartagena, ca. 1920. en una
de las casas de J. B. Mainero situada en la Calle de los Santos de
Piedra. hoy Calle Ribon. Fot. anónimo (Colección particular).
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Las guerras civiles ocasionaron muchos problemas a los ganaderos
de la región, sobre todo la de 1885; que fue especialmente dañina.
Mainero, por ejemplo, protocolizó airada protesta, cuando los
ejércitos revolucionarios encabezados por Manuel Santodomingo Navas
y Ricardo Gaitán Obeso se tomaron la hacienda Buenavista con sus
doce casas, catorce embarcaciones y los útiles y animales que
habían en ella. Desde entonces sus ocupantes la empezaron a llamar
"Cuartel de Buenavista". Con la larga estadía de los rebeldes quedó
desolada, pues la soldadesca usó todo lo que pudo y destruyó lo
poco que dejó. Mainero, indignado, lamentó la destrucción de la que
él consideraba "la más valiosa propiedad y la primera de su especie
en la costa" 51.
El espíritu pendenciero de Mainero, mencionado atrás, lo hizo
protagonista de un encarnizado pleito con los habitantes de la
aldea de Buenavista, a los cuales consideraba invasores de su
hacienda. Como el desalojo que intentó por los medios judiciales no
tuvo éxito, le mandó prender fuego a aquel caserío de negros. El
juez panameño Gabriel Rodríguez Camareno lo apresó y le impuso una
enorme multa; sin embargo, el que más salió perdiendo fue el propio
juez, quien ante la persecución de Mainero tuvo que abandonar
a Cartagena. Como éste era dueño de la mayoría de las casas de la
Heroica, le cobraba arriendos exhorbitantes, hasta el punto de
hacerle invivible la ciudad.
El establecimiento de la hacienda Buenavista para la producción
de cal; teja y ladrillo, con sus terrenos, casas de habitación,
bodegas, hornos, tendales, molinos americanos, animales de tiro,
puerto, embarcaciones, tanques de agua dulce, carretas, etc., lo
vendió Mainero en 1888 por $ 14.816, después de haberla comprado en
1881 por solo $ 1.400. La producción era tan rentable, que el
comprador la pagó con el producto allí procesado en sólo seis años.
La cal era un material que Mainero monopolizaba en el comercio de
Cartagena 52. Aproximadamente diez
años después, la hacienda y los talleres volverían a manos del
italiano.
Otra venta importante fue la que hizo en 1898 a Luis Vélez
Racero, uno de los principales ganaderos de Bolívar. Esta
negociación acredita a Mainero como otro de los grandes
terratenientes y ganaderos de la costa, pues abarcó las haciendas
colindantes de Santa Cruz de Buenavista (compuesta, a su vez, de
las fincas Los Zarates, Mamonal, Palenquillo, Palenquillito y
Rincón de Calabazar), Tierra Baja (antes compuesta por las
haciendas Santa Bárbara de Punta Blanca y Santa Ana de Barragán),
1.609 "unidades de tierra" en la antigua hacienda de Santa Catalina
y 1.143 cabezas de ganado. El monto de la transacción, la mayor que
realizó en ese ramo, fue de $ 55.829 oro ($ 179.280 papel moneda)
53, suma bastante cuantiosa.
En el municipio de Santa Catalina, Mainero compró la gran
hacienda del mismo nombre, a su primo Juan B. Trueco Bossio. Estaba
sembrada de cañaduzales que se beneficiaban en el ingenio de la
hacienda, así como de platanales y frutales. Tenía su propio puerto
con cuatro embarcaciones y potreros para una enorme cantidad de
ganado que albergaba la finca. Después de esta negociación inició
la compra de terrenos colindantes con la hacienda, logrando ampliar
considerablemente su extensión 54.
Los negocios ganaderos de Mainero se extendían hasta el distrito
de Zea, en el nordeste de Antioquia y las sabanas del río San
Jorge, en el municipio de San Benito (Sucre). En este último tuvo
varias caballerías, potreros y "huertos de yerba pará y guinea",
ubicadas en diez fincas que en conjunto valían $ 20.000. Otras
pequeñas propiedades estaban situadas en los municipios de Santa Fe
de Antioquia, Corozal, Turbana, Bocachica, El Espinal
(Bolivar) ,Beberá (Chocó), Colón y cuidad de Panamá 55.
28
|
AHA, Minas, t. 234-235, d. 10 135, fls. 55 y sigs.
|
29
|
Carta de Gabriel Echeverri a Sinforiano Hernández,
Medellín, 25 de diciembre de 1864.
|
30
|
Carta de Pascasio Uribe a Sinforiano Hernández,
Medellín, 23 de diciembre de 1865.
|
31
|
Carta de Pascasio Uribe a Sinforiano Hernández,
Medellín, 23 de diciembre de 1865.
|
32
|
Carta de Pascasio Uribe a Josefa Uribe, Medellín, 7
de agosto de 1877.
|
33
|
Carta de Pascasio Uribe a Josefa Uribe, Medellín, 9 de
octubre de 1879. Pascasio Uribe fue un pequeño accionista de El
Zancudo, fundador y administrador de la famosa ferrería de
Amagá o de Antioquia.
|
34
|
Album de Cartagena de Indias. París, Imprenta
R. Firard, 1927, págs. 8-84; La Epoca. op. cit.
|
35
|
Dice Eduardo Lernaitre, en su Historia del canal del Dique que
el ejecutivo declaró inaceptable la propuesta de Mainero y Cisneros
por no estar ajustada a la ley aprobada a este respecto.
|
36
|
AHC, N. la., Cg., 30 de diciembre de 1881,núm. 251, fls. 14 y
sigs. Los buques que Mainero puso a navegar a través del Dique no
eran propiedad de La Veloce, compañía italiana de la cual era socio
y agente en Cartagena.
|
37
|
AHC, N. la., Cg., 1882, núm. 190.
|
38
|
AHC, N. la., Cg., 1882, núm. 86, f. 2v. El interés de
Mainero por este contrato se justifica, como eslógico, en sus
grandes intereses en Antioquia, con la que necesitaba contacto
rápido, continuo y eficiente. Por ello él mismo asumió el control
de esta comunicación.
|
39
|
Ibíd. F. 11r. El buque que cruzaría el dique tenía que ser más
pequeño que 108 que bajaban de Barranquilla a Calamar, para salvar
los problemas que presentaba el canal. En este último puerto, la
carga y los pasajeros se transbordaban al vapor que bajaba o subía
por el río. Nadie quería meter vapores grandes por el dique.
Mainero se obligó a realizar dos viajes mensuales de ida y regreso
a Cartagena por $ 1.000 cada uno ($ 24.000 al año). Recibió además
$ 30.000 de anticipo cuando empezó a regir el contrato, el lo. de
mayo de 1882.
|
40
|
AHC, N. la., Cg., 1882, núm. 127, f. 45. Sobre este negocio no
se pudo obtener más información ni detalles.
|
41
|
Donaldo Bossa Herazo, Cartagena independiente: tradición y
desarrollo. Bogotá, Ediciones Tercer Mundo, 1967, pág. 141. Es
bueno aclarar que dicho mármol no entraba de contrabando, como se
dice comúnmente en Cartagena, ya que en aquella época ese tipo de
mercancías no pagaban derechos de aduana, agrega Bossa.
|
42
|
AHC, N. la., Cg., 1880, núm. 79, f. 11; 1881, núm. 80, f.
14. A la Empresa del Faro ingresó posteriormente Luis N. Henríquez,
por compra de la mitad del derecho de Darío Henríquez. Esta
sociedad también debía velar por el mantenimiento del faro.
|
43
|
Donaldo Bossa Herazo, Nomenclátor cartagenero, Bogotá,
Banco de la República, 1981, págs. 184 y sigs. Desde que fue
construido este faro, la antigua calle de la Merced, en Cartagena,
pasó a llamarse Callejón del Faro.
|
44
|
Entrevista a Simón Trueco, op. cit.
|
45
|
AHC, N. l a., Cg., 1889, núm. 448., fls. 1932r y sigs. Ramón B.
Jimeno, quien construyó el primer acueducto de Bogotá, fue el
apoderado de Mainero en este negocio y en otros que tuvo en la
capital. Cuando Mainero reemprendió las obras, Francisco Javier
Cisneros ya había tendido 33 kilómetros.
|
46
|
Los vínculos de Mainero con negociantes de esta ciudad no
eran raros. Por ejemplo, en 1891, en carta dirigida al gobernador
de Antioquia, dice: "me hallo al presente comprometido en la
formación en Europa de una gran compañía con capital de $ 1.000.000
para la explotación de minas de oro y plata en el Departamento de
Antioquia". También tuvo negocios con Stiebel Brothers, con Mildred
Goyeneche y Cía. y con Schloss Brothers.
|
47
|
Fred Rippy, "Los comienzos de la era ferroviaria en
Colombia", en El siglo XIX en Colombia visto por historiadores
norteamericanos, compilación de Jesús Antonio Bejarano, Bogotá,
Editorial La Carreta, 1977, pág. 226.
|
48
|
Por ejemplo, Mainero vendió a su primo Domingo Trueco
Bossio varios potreros con sus casas y 156 cabezas de ganado,
ubicadas en Corozal por $ 7.340 de 8/ 10. Dichas fincas se las
estaba administrando el comprador a Mainero. (AHC, N. la., Cg.,
1884, núm. 146). Así mismo, en 1887 Josefa de Brieva vende a Juan
Trueco Bossio la hacienda de Santa Catalina situada en la fracción
del mismo nombre. (N. la., Cg., 1887, núm. 170). Estos son algunos
de los varios ejemplos que ofrece el Fondo Notarial de
Cartagena.
|
49
|
AHC, N. la., Cg., 1889, núm. 44. Copia de los
documentos que acreditan esta propiedad.
|
50
|
AHC, N. la., Cg., 1881, núm. 162. La hacienda Mamonal,
que poseyó hasta su muerte, se avaluó en 1919 en $ 33.200 y era una
de sus propiedades más valiosas.
|
51
|
AHC, N. la., Cg., 1885, núm. 37. Os. 10 a 12.
|
52
|
AHC, N. la., Cg., 1888, núm. 179.
|
53
|
AHC, N. la., Cg., 1889, núm. 375. Antes, Luis Vélez Racero
había sido propietario de parte de esa hacienda. En ella Mainero le
compró a "Tierra Baja" (N. la., Cg., 189 1, núm. 406) y las
caballerias de tierra de Mamonal, Palenquillito, Rincón de
Calabazas y Palenquillo ... más un potrero, platanar, casas y demás
anexidades fomentadas en esos terrenos (N. la., Cg., 1891, núm.
299). Ambas transacciones sumaron $ 14.000 de 8/ JO. Para que el
lector se forme una idea aproximada de la magnitud de estas
cantidades de dinero, se podría hacer la siguiente conversión, un
tanto arbitraria: valor de un kilogramo. de oro ca. 1880 = $ 1.500;
kg de oro abril 1988 = $ 4.150.000 (precio Banco de la República).
Puede ser una conversión inexacta, si se tiene en cuenta que hasta
el momento no existen series históricas precisas sobre índices de
inflación ni devaluación. Según Salvador Camacho R., en Colombia,
alrededor del siglo XIX una fortuna de 60 a 70 mil pesos se
consideraba muy respetable; una de 200 a 300 mil pesos hacía de su
dueño un potentado.
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La compra de Santa Catalina ascendió a $ 12.140 oro (N. la.,
Cg., 1891, núm. 24). Después realizó en total siete compras de
fincas aledañas, dos de ellas sembradas de caña, por un total de $
1.635 oro (N. la.,Cg., 1891, núms. 151, 162, 265, 281; 1892, núms.
59 y 63).
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Algunas de las fincas en San Benito fueron Palito, Madre de
Dios, La Francisca, Santa Fe, Dorada, San Sebastián de Toromoto,
Algarrobo, etc. (AHC, N. 2a., Cg., 1919, t. 7, núm. 553).
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