Ficha bibliográfica
Titulo:
Boletín Cultural y Bibliográfico No. 17
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango - Banco de la República
Edición original: Bogotá: 1981
Edición en la biblioteca virtual: Bogotá: febrero de 2007
Notas: Publicación cuatrimestral de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que presenta importantes artículos sobre las distintas disciplinas de investigación en el campo cultural
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"El viejo Mainero"

EL ZANCUDO

La inversión más importante de Mainero en Antioquia fue la compra, en 1863, a la casa comercial y bancaria de Restrepo y Cía., de 5/28 partes de la hacienda de fundición de Sabaletas, e igual cantidad de acciones en la mina de veta de oro y plata de El Zancudo, en el distrito de Titiribí (Antioquia) por más de $ 60.000 pesos de 8/10 28. Esta era una suma enorme por ese entonces en Antioquia, considerando la escasez de dinero que ocasionó la guerra de 1862. Después de esta transacción, Mainero adquirió "fama de millonario" entre los negociantes antioqueños.

Desde su ingreso a El Zancudo, siempre estuvo interesado en adquirir más derechos y en apoyar los proyectos de ampliación y mejoramiento de la explotación y la producción. Sinforiano Hernández, uno de los socios menos solventes de El Zancudo, decía a don Gabriel Echeverri en carta de 10 de diciembre de 1864:

Basilio Tirado mayordomo de El Piñón [Hacienda que Mainero también compró a Restrepo y Cía.] le había oído a Trueco decirle allí a Rafael Restrepo que era necesario ver con Paschke que la fundición no diera utilidad para aburrir a los socios y quedarse con ella comprándoles barato [ ... ] Trueco es extranjero. con relaciones comerciales en grande y reservas, le debo $ 10.000 asegurados en mi séptima parte en esas empresas [ ... ] yo que le debo tanto a Trueco! abra el ojo compadre y no me deje perecer [ ... ] le estoy hablando con el corazón compadre, usted sabe el estado de ruina de mis intereses, no tendré pronto con que mantener mi familia ...

Mainero mostró mucho interés por adquirir, sin lograrlo, el derecho de séptima parte de Hernández y, según Gabriel Echeverri, siempre tuvo muy buenas relaciones con Reinhold Paschke, director de la fundición de Sabaletas, de quien decía que era "ciego cumplidor de lo que Trueco le manda" 29.

Los trabajos del primer montaje de la fundición se terminaron en 1865. Desde entonces la empresa empezó a producir de once a doce arrobas de oro y plata al  mes. Esta cantidad, que siempre estuvo en ascenso, más tarde la renta de las minas del nordeste, que era considerado el "punto más rico del Estado" 30, permitieron que Mainero percibiera una de las rentas más cuantiosas en Antioquia.

En 1867, estando Coriolano Amador como director de la Sociedad del Zancudo, se iniciaron nuevos trabajos en la fundición de Sabaletas para aumentar la capacidad de elaboración de los productos auroargentíferos de las minas. Mainero apoyó este proyecto de Amador y él mismo viajó a Europa para contratar en nombre de El Zancudo, con Mildred Goyeneche y Cía. de Londres, la compra y remisión de los útiles necesarios para las obras con que se pretendía duplicar la fundición. Con el contrato consiguió también que la compañía inglesa vendiera en Londres los productos de El Zancudo y les abrieran créditos aceptándoles giros a noventa días de hasta $ 1.500 o $ 2.000 libras esterlinas ($ 10.000 pesos fuertes colombianos). Este contrato fue muy favorable, pues le proporcionó a la sociedad los fondos para "salir con más facilidad de los compromisos que hemos contraído para el montaje de nuestras empresas" 31.

Terminadas dichas obras, las empresas de El Zancudo y Sabaletas duplicaron su producción. En 1877, Francisco Javier Cisneros y Mainero, quienes mantuvieron estrechos vínculos amistosos y de negocios, "fueron a Titiribí y vinieron admirados con las empresas, no les falta razón!" 32. En ese entonces Mainero recibía de ellas utilidades por cerca de $ 5.000 mensuales, suma enorme comparándola con los $ 14 de salario que recibía un peón de las minas en el mismo tiempo. Cuando El Zancudo vivió sus mejores tiempos, una sociedad extranjera propuso: arrendar la empresa [ ... ] por $ 1.800.000 debiendo trabajar la mina según los procedimientos de la ciencia, dejando a favor de la empresa las mejoras que se introduzcan y dejando todas las seguridades que se pidan para asegurar la paga [ ... ] [El Zancudo] tiene minerales reconocidos por 50 años y productos reconocidos, sin deducir gastos, por $ 10.000.000; quedarían así de 6 a 8 millones; así en 10 años de arrendamiento redoblando los trabajos y los aparatos para elaborar los minerales que tenemos conocidos, los arrendatarios harían una ganancia enorme. Trueco que fue el de la propuesta, juzgó que está asociado con alguna compañía extranjera [ ... ] y algún capitalista de por acá 33.

El negocio al fin no se concretó por razones que se desconocen.

Además de Coriolano Amador y su esposa, dueños de la mitad de las empresas de El Zancudo (y quizás la sociedad conyugal más adinerada de Colombia en el siglo XIX), también fueron socios de Mainero en aquella, el médico y político liberal Sinforiano Hernández y su esposa Josefa Uribe, Agapito Uribe (cuyos hijos y yernos también fueron socios de Mainero en la empresa del Atrato), y Luis Arango, reemplazado más tarde por su hijo Leocadio, rico comerciante y coleccionista de artefactos precolombinos de oro, que fueron más tarde la base del Museo del Oro del Banco de la República.

Boletin Cultural y Bibliográfico1
Billete de 10 centavos del Banco de Cartagena, del cual J. B. Mainero era el mayor accionista. Impreso en Londres, ca. 1881 (Colección particular J.)

En términos generales, Mainero se llevó bien con sus socios, cosa que era bien difícil por los continuos altercados y disputas que llenaron por más de cincuenta años la atmósfera de la sociedad. Más que con los socios, le interesaba llevarse bien con los administradores de las empresas y de la sociedad. Esto lo demuestran las estrechas relaciones que tuvo con Paschke, Ildefonso Gutiérrez y Juan de S. Martínes, este último su apoderado en Medellín, contador de El Zancudo y consocio del Banco de Cartagena. Sólo con Amador protagonizó un acalorado pleito en 1912, a raíz de los negocios turbios que éste hacía con los desvalorizados derechos de El Zancudo en ese entonces, debido al mal momento que pasaron las empresas en Titiribí, cuando eran administradas por Alejandro López. Estos hechos son, a grandes rasgos, los que muestran la participación de Mainero en la que fuera la más grande empresa colombiana del siglo XIX.

DE NUEVO EN LA COSTA

Después de amasar una enorme fortuna en Antioquia y Chocó, Mainero regresó a Cartagena en 1868. Volvió, según algunos, tanto por el cariño que le tenía a la Heroica, como por su interés y compromiso con los negocios de navegación marítima y fluvial, aplicada al comercio de exportación y de importación, para los cuales Cartagena era magnífica sede, gracias a las bondades técnicas y estratégicas de su puerto. Además, por esta época se vislumbraba el renacimiento económico de la ciudad gracias al interés de sus negociantes y políticos por rehabilitar una vez más el canal del Dique, como en verdad ocurrió.

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Billete de 50 centavos emitido por el Banco de Cartagena, ca. 1882. En la esquina inferior izquierda aparece la rúbrica de J. B. Mainero (Colección particular j).

En 1877, con Rafael Núñez en la gobernación de Bolívar, arrancaron por fin los trabajos para recuperar' el canal, con el fin de desarrollar en él la navegación en barcos de vapor. Mainero "luchó tesoneramente por la canalización del Dique" 34 Y asociado con Francisco Javier Cisneros, fue de los primeros en licitar ante el Estado la construcción de la obra 35. Dicha propuesta es un buen indicador de su fortuna para ese entonces, pues Terry, el ingeniero estadounidense que hizo los estudios, había presupuestado en $90.000 el costo de la rehabilitación. Durante esos años eran muy escasos los inversionistas de esta talla en la costa.

Cuando se terminó la obra, en 1881, varios individuos y sociedades nacionales y extranjeras se asociaron con el objeto de organizar empresas de navegación en barcos de vapor, por el canal para prestar el servicio entre Cartagena y el río Magdalena. Las más importantes fueron la Compañía del Dique, con cinco vapores; la Compañía de Vapores del Dique y del Río Magdalena, con tres vapores (era propiedad de una sociedad inglesa); la Compañía López y Navarro, con uno y la United Steamship Co., con uno.

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Detalle del billete de 5 pesos del Banco de Cartagena, 1882 (Colección particular ).

Los inversionistas que establecieron sus propias empresas fueron Bartolomé Martínez Bossio, Francisco Javier Cisneros y Juan Bautista Mainero y Trueco. Este último, con dos buques de vapor, celebró en 1881 un contrato con el gobierno de Bolívar sobre navegación del Dique y del río Magdalena 36.

Al año de iniciado el contrato, Mainero no pudo cumplir algunas cláusulas, por lo cual el Estado lo multó. Mainero, a su turno, demandó al contratante, comprobando que el canal no era adecuado para la navegación de sus barcos. Alegó y demostró los problemas que presentaba el Dique, pues las embarcaciones encallaban en los lugares menos profundos o chocaban contra los troncos de árboles que llevaba el caudal, etc. Al final logró que el gobernador de Bolívar lo eximiera de culpabilidad, le reintegrara el dinero de la multa 37 y lo liberara de cumplir el contrato.

Para poner nuevamente en uso los vapores de su empresa, Mainero celebró un segundo contrato con el estado de Bolívar, "sobre conducción por buques de vapor de dos nuevos correos nacionales entre Cartagena, Barranquilla y Caracolí pasando por el Dique" 38. Debía transportar dos correos mensuales con correspondencia y empleados públicos del Estado a lo largo de su ruta, que comprendía paradas en Calamar, Zambrano, Magangué, El Banco, Puerto Nacional, Bocas de Lebrija, Dique de Paluria, Puerto Santander, Bocas de Canoas, Puerto Berrío y N are. Para evitar el daño en los barcos al pasar por el dique, el contrato estipuló que:

Los buques que deben hacer la carrera entre Cartagena y Barranquil/a por el Dique sean en un todo como los que comúnmente navegan en el río Magdalena para conducir cargas. y pasajeros pero en las condiciones y capacidades adicionales para el caudal del agua y condiciones especiales del Dique 39.

Este servicio lo contrató hasta 1894, año en que se inauguró el ferrocarril entre Cartagena y Calamar. En 1882, para completar el circuito de comunicación de la Heroica con el interior, Mainero también se comprometió a transportar los correos de Bogotá hasta los barcos en el río Magdalena 40

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Mapa donde se localizan las minas de Zaragoza que Juan Bautista Mainero da a su sobrino Manuel Mainero (Colección particular).

A pesar de los inconvenientes del Dique, el comercio de Cartagena revivió a lo largo del decenio de 1880. La aduana de la ciudad triplicó sus ingresos entre 1882 y 1890, Y se movilizaron cerca de 14.000 pasajeros a través del canal, además el servicio de correo y las comunicaciones directas entre Cartagena y el interior del país se reactivaron y mejoraron notablemente.

Otro indicador de la reactivación del comercio de Cartagena fue la creación, en 1871, de la Veloce, la cual se convertiría más tarde en la marina mercante nacional de Italia. Esta empresa naviera fue organizada en Europa por obra de la Societa di Navigazione Italiana, que Mainero constituyó con Enriqueta y Clotilde Solari, parientas suyas en aquel país, para hacer la ruta de Génova a Colombia. Mainero era el "motor" de esta empresa y para asegurar la escala de los vapores en nuestro puerto con mínimo de 40 toneladas de importación, ordenó a sus agentes en Génova completar el cupo (lastre) cuando fuera el caso con piezas de mármol -desde estatuas hasta baldosas- y con lozas de granito de Siena, que una vez acá colocaba en las aceras de las casas suyas. El 90% de los objetos de mármol que hay en Cartagena (que son muchos por cierto) los trajo Don Juan Mainero 41.

Todo el impulso que quiso dar a Cartagena como puerto y a sus negocios de navegación, está estrechamente relacionado con la construcción de los faros de la bahía y Bocachica. Para levantar el primero, Juan B. Mainero y Daría A. Henríquez, como concesionarios del privilegio otorgado por el gobierno de Bolívar, formaron la Sociedad Constructora del Faro, en la que cada uno, como socio, aportó $ 3.000 de ley. Henríquez, encargado además de administrar el negocio, debía construir y poner en servicio la obra en la torre de la iglesia de la Merced. Los productos líquidos de la empresa una vez que fueran cancelados por el administrador de la aduana del puerto de Cartagena, se repartían por mitades cada dos meses 42.

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Casa de habitación de Mainero. donde funcionó su primer almacén en Carragena. Aún existe. Ubicada frente a la Catedral y a la Plaza de Bolívar. Fol. anónimo ca. 1910

La obra, inaugurada en 1882, fue el primer faro moderno de Cartagena. Reemplazó al antiguo y rudimentario que existía en el cerro de la Popa. El de la Merced pasó después al baluarte de Santo Domingo y luego a Tierrabornba, donde funciona en la actualidad 43.

El interés de Mainero en los negocios de vías y comunicaciones también abarcó el ramo de los ferrocarriles. Cuando se planteó la comunicación por tren entre Cartagena y el río Magdalena (como solución a los problemas que seguía presentando el Dique), Mainero defendió la ruta por terreno plano bordeando la bahía hasta Mamonal, considerado el puerto natural por excelencia. Desde allí continuaría hacia Calamar. A los que defendieron esta idea, se les opuso el sector político en el poder liderado por H.L. Román, alegando que Mainero sólo buscaba beneficiar sus intereses, pues la vía atravesaba gran parte de su hacienda. Fue por esta razón que al parecer se prefirió el trazado por Turbaco, demasiado pendiente y antitécnico. Así que "quien más salió perdiendo no fue Mainero, sino la ciudad" porque aquel ferrocarril fue un completo fracaso 44.

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Casa de la calle de la Chincheria en Cartagena, propiedad de Juan B. Mainero. ca. 1907. Fot . anónimo (Colección particular).

En 1894 reemprendió las obras del tramo de ferrocarril entre Bogotá y Girardot 45, luego de constituir la Empresa del ferrocarril de Girardot. En 1900, debido a los problemas que tuvo que afrontar, durante la construcción, vendió la empresa y las obras (cuarenta y nueve kilómetros de vía terminada) a la  Colombian National Railway Company Limited, de Londres 46, la que nueve años después, consiguió llevar la línea hasta Facatativá luego de tender otros ochenta kilómetros 47.

HACIENDO HACIENDAS

Desde la primera mitad del siglo XIX la ganadería en la provincia de Cartagena empezó a atraer el interés de los negociantes. En la década de 1850 la introducción de la yerba pará causó una verdadera revolución, pues aumentó la calidad de los potreros aún en épocas de sequía, mejoró la calidad de la carne y permitió que se incrementara el número de cabezas. En los años de 1870, con el incentivo del negocio de exportación de carnes a Centroamérica y el Caribe, ya la ganadería era el renglón productivo que más contribuía al renacimiento económico de Cartagena y Bolívar. A lo largo y ancho del estado se establecieron grandes haciendas y los empresarios ganaderos comercializaron por su cuenta toda la producción. Ellos formaron un grupo cerrado y muy cohesionado cuyos miembros vendían, cambiaban y se prestaban dinero entre sí.

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Monumento a Cristóbal Colón en la plaza de la Aduana. donado por Mainero a Cartagena en 1895. Es una réplica del que está en Génova (Italia). Postal iluminada ca. 1910 (Colección particular).

La ganadería fue otro renglón en el que participó Mainero aliado con sus primos, los González Brieva Trueco y los Trueco Bossio, quienes también invirtieron considerables fortunas en haciendas. La familia realizó cuantiosos negocios de compraventa, cambios e hipotecas de haciendas en Corozal, Santa Catalina y la bahía de Cartagena 48, dándoles preferencia a las tierras del municipio de Santa Catalina, de acuerdo con los numerosos negocios protocolizados entre 1880 y 1899 en la Notaría primera de Cartagena.

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Detalle del mausoleo de J. B. Mainero en el cementerio de Manga. Cartagena. En la parte inferior está un bajorrelieve que lo representa (Fot. Fernando Molina 1988)

Las inversiones ganaderas y agrícolas en tierras de Bolívar empezaron en 1872, cuando Mainero compró su primera gran hacienda en la costa, llamada Buenavista de Cortés, compuesta por cuatro fincas colindantes: Don Lorenzo Carriasco y las Islas Buenavista del Tablón, Horcazorra y Membrillal, ubicadas en Turbaco 49. A esta compra se sumaron las de otras fincas vecinas, como San Sebastián de Buenavista, Cospique con sus siete islas -San Esteban, Bombero, Cabra, Cocosolo, Santa Ana, Ortega, San Antonio de Padua-, Las Brujas y Mamonal, así como de potreros y pequeñas granjas aledañas a estas haciendas ubicadas en Turbana 50. Todas estas tierras unidas formaron la llamada "Hacienda Mainero y Trueco" cuyos límites se extendían desde la bahía de Cartagena por el norte, hasta las cabeceras de Turbaco por el sur, y desde el municipio de Turbana por el occidente, hasta Albornoz en el oriente.

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Oficina del Consulado Italiano, situado en la residencia de Mainero. Cartagena, ca. 1917. Fot . anónimo (Colección particular).

Se trataba de un globo de terreno gigantesco, cruzado en parte por el ferrocarril de Cartagena a Calamar, y además, dotado con puertos y embarcaciones propias sobre la bahía de Cartagena. Los potreros estaban sembrados con yerbas de pará y guinea, platanales y frutales. Allí pastaban mil quinientas cabezas de ganado y funcionaba un establecimiento industrial para producir la cal, el ladrillo y la teja que prácticamente atendían las necesidades que la decadente Cartagena tenía de estos productos.

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Sede del Banco de la República en Cartagena, ca. 1920. en una de las casas de J. B. Mainero situada en la Calle de los Santos de Piedra. hoy Calle Ribon. Fot. anónimo (Colección particular).

Las guerras civiles ocasionaron muchos problemas a los ganaderos de la región, sobre todo la de 1885; que fue especialmente dañina. Mainero, por ejemplo, protocolizó airada protesta, cuando los ejércitos revolucionarios encabezados por Manuel Santodomingo Navas y Ricardo Gaitán Obeso se tomaron la hacienda Buenavista con sus doce casas, catorce embarcaciones y los útiles y animales que habían en ella. Desde entonces sus ocupantes la empezaron a llamar "Cuartel de Buenavista". Con la larga estadía de los rebeldes quedó desolada, pues la soldadesca usó todo lo que pudo y destruyó lo poco que dejó. Mainero, indignado, lamentó la destrucción de la que él consideraba "la más valiosa propiedad y la primera de su especie en la costa" 51.

El espíritu pendenciero de Mainero, mencionado atrás, lo hizo protagonista de un encarnizado pleito con los habitantes de la aldea de Buenavista, a los cuales consideraba invasores de su hacienda. Como el desalojo que intentó por los medios judiciales no tuvo éxito, le mandó prender fuego a aquel caserío de negros. El juez panameño Gabriel Rodríguez Camareno lo apresó y le impuso una enorme multa; sin embargo, el que más salió perdiendo fue el propio juez,  quien ante la persecución de Mainero tuvo que abandonar a Cartagena. Como éste era dueño de la mayoría de las casas de la Heroica, le cobraba arriendos exhorbitantes, hasta el punto de hacerle invivible la ciudad.

El establecimiento de la hacienda Buenavista para la producción de cal; teja y ladrillo, con sus terrenos, casas de habitación, bodegas, hornos, tendales, molinos americanos, animales de tiro, puerto, embarcaciones, tanques de agua dulce, carretas, etc., lo vendió Mainero en 1888 por $ 14.816, después de haberla comprado en 1881 por solo $ 1.400. La producción era tan rentable, que el comprador la pagó con el producto allí procesado en sólo seis años. La cal era un material que Mainero monopolizaba en el comercio de Cartagena 52. Aproximadamente diez años después, la hacienda y los talleres volverían a manos del italiano.

Otra venta importante fue la que hizo en 1898 a Luis Vélez Racero, uno de los principales ganaderos de Bolívar. Esta negociación acredita a Mainero como otro de los grandes terratenientes y ganaderos de la costa, pues abarcó las haciendas colindantes de Santa Cruz de Buenavista (compuesta, a su vez, de las fincas Los Zarates, Mamonal, Palenquillo, Palenquillito y Rincón de Calabazar), Tierra Baja (antes compuesta por las haciendas Santa Bárbara de Punta Blanca y Santa Ana de Barragán), 1.609 "unidades de tierra" en la antigua hacienda de Santa Catalina y 1.143 cabezas de ganado. El monto de la transacción, la mayor que realizó en ese ramo, fue de $ 55.829 oro ($ 179.280 papel moneda) 53, suma bastante cuantiosa.

En el municipio de Santa Catalina, Mainero compró la gran hacienda del mismo nombre, a su primo Juan B. Trueco Bossio. Estaba sembrada de cañaduzales que se beneficiaban en el ingenio de la hacienda, así como de platanales y frutales. Tenía su propio puerto con cuatro embarcaciones y potreros para una enorme cantidad de ganado que albergaba la finca. Después de esta negociación inició la compra de terrenos colindantes con la hacienda, logrando ampliar considerablemente su extensión 54.

Los negocios ganaderos de Mainero se extendían hasta el distrito de Zea, en el nordeste de Antioquia y las sabanas del río San Jorge, en el municipio de San Benito (Sucre). En este último tuvo varias caballerías, potreros y "huertos de yerba pará y guinea", ubicadas en diez fincas que en conjunto valían $ 20.000. Otras pequeñas propiedades estaban situadas en los municipios de Santa Fe de Antioquia, Corozal, Turbana, Bocachica, El Espinal  (Bolivar) ,Beberá (Chocó), Colón y cuidad de Panamá 55.

28
AHA, Minas, t. 234-235, d.  10 135, fls. 55 y sigs.
29
Carta de Gabriel Echeverri a  Sinforiano Hernández,  Medellín, 25 de diciembre de  1864.
30
Carta de Pascasio Uribe a  Sinforiano Hernández,  Medellín, 23 de diciembre de  1865.
31
Carta de Pascasio Uribe a  Sinforiano Hernández,  Medellín, 23 de diciembre de  1865.
32
 Carta de Pascasio Uribe a  Josefa Uribe, Medellín, 7 de  agosto de 1877.
33
 Carta de Pascasio Uribe a Josefa Uribe, Medellín, 9 de octubre de 1879. Pascasio Uribe fue un pequeño accionista de El Zancudo, fundador y administrador de la famosa  ferrería de Amagá o de Antioquia.
34
  Album de Cartagena de  Indias. París, Imprenta R.  Firard, 1927, págs. 8-84; La  Epoca. op. cit.
35
Dice Eduardo Lernaitre, en su Historia del canal del Dique que el ejecutivo declaró inaceptable la propuesta de Mainero y Cisneros por no estar ajustada a la ley aprobada a este respecto.
36
AHC, N. la., Cg., 30 de diciembre de 1881,núm. 251, fls. 14 y sigs. Los buques que Mainero puso a navegar a través del Dique no eran propiedad de La Veloce, compañía italiana de la cual era socio y agente en Cartagena.
37
AHC, N. la., Cg., 1882,  núm. 190.
38
 AHC, N. la., Cg., 1882, núm. 86, f. 2v. El interés de Mainero por este contrato se justifica, como eslógico, en sus grandes intereses en Antioquia, con la que necesitaba contacto rápido, continuo y eficiente. Por ello él mismo asumió el control de esta comunicación.
39
Ibíd. F. 11r. El buque que cruzaría el dique tenía que ser más pequeño que 108 que bajaban de Barranquilla a Calamar, para salvar los problemas que presentaba el canal. En este último puerto, la carga y los pasajeros se transbordaban al vapor que bajaba o subía por el río. Nadie quería meter vapores grandes por el dique. Mainero se obligó a realizar dos viajes mensuales de ida y regreso a Cartagena por $ 1.000 cada uno ($ 24.000 al año). Recibió además $ 30.000 de anticipo cuando empezó a regir el contrato, el lo. de mayo de 1882.
40
AHC, N. la., Cg., 1882, núm. 127, f. 45. Sobre este negocio no se pudo obtener más información ni detalles.
41
Donaldo Bossa Herazo, Cartagena independiente: tradición y desarrollo. Bogotá, Ediciones Tercer Mundo, 1967, pág. 141. Es bueno aclarar que dicho mármol no entraba de contrabando, como se dice comúnmente en Cartagena, ya que en aquella época ese tipo de mercancías no pagaban derechos de aduana, agrega Bossa.
42
 AHC, N. la., Cg., 1880, núm. 79, f. 11; 1881, núm. 80, f. 14. A la Empresa del Faro ingresó posteriormente Luis N. Henríquez, por compra de la mitad del derecho de Darío Henríquez. Esta sociedad también debía velar por el mantenimiento del faro.
43
 Donaldo Bossa Herazo, Nomenclátor cartagenero, Bogotá, Banco de la República, 1981, págs. 184 y sigs. Desde que fue construido este faro, la antigua calle de la Merced, en Cartagena, pasó a llamarse Callejón del Faro.
44
 Entrevista a Simón Trueco,  op. cit.
45
AHC, N. l a., Cg., 1889, núm. 448., fls. 1932r y sigs. Ramón B. Jimeno, quien construyó el primer acueducto de Bogotá, fue el apoderado de Mainero en este negocio y en otros que tuvo en la capital. Cuando Mainero reemprendió las obras, Francisco Javier Cisneros ya había tendido 33 kilómetros.
46
Los vínculos de Mainero con  negociantes de esta ciudad no eran raros. Por ejemplo, en 1891, en carta dirigida al gobernador de Antioquia, dice: "me hallo al presente comprometido en la formación en Europa de una gran compañía con capital de $ 1.000.000 para la explotación de minas de oro y plata en el Departamento de Antioquia". También tuvo negocios con Stiebel Brothers, con Mildred Goyeneche y Cía. y con Schloss Brothers.
47
 Fred Rippy, "Los comienzos de la era ferroviaria en Colombia", en El siglo XIX en Colombia visto por historiadores norteamericanos, compilación de Jesús Antonio Bejarano, Bogotá, Editorial La Carreta, 1977, pág. 226.
48
 Por ejemplo, Mainero vendió a su primo Domingo Trueco Bossio varios potreros con sus casas y 156 cabezas de ganado, ubicadas en Corozal por $ 7.340 de 8/ 10. Dichas fincas se las estaba administrando el comprador a Mainero. (AHC, N. la., Cg., 1884, núm. 146). Así mismo, en 1887 Josefa de Brieva vende a Juan Trueco Bossio la hacienda de Santa Catalina situada en la fracción del mismo nombre. (N. la., Cg., 1887, núm. 170). Estos son algunos de los varios ejemplos que ofrece el Fondo Notarial de Cartagena.
49
AHC, N. la., Cg., 1889,  núm. 44. Copia de los  documentos que acreditan  esta propiedad.
50
 AHC, N. la., Cg., 1881, núm. 162. La hacienda Mamonal, que poseyó hasta su muerte, se avaluó en 1919 en $ 33.200 y era una de sus propiedades más valiosas.
51
 AHC, N. la., Cg., 1885,  núm. 37. Os. 10 a 12.
52
AHC, N. la., Cg., 1888,  núm. 179.
53
AHC, N. la., Cg., 1889, núm. 375. Antes, Luis Vélez Racero había sido propietario de parte de esa hacienda. En ella Mainero le compró a "Tierra Baja" (N. la., Cg., 189 1, núm. 406) y las caballerias de tierra de Mamonal, Palenquillito, Rincón de Calabazas y Palenquillo ... más un potrero, platanar, casas y demás anexidades fomentadas en esos terrenos (N. la., Cg., 1891, núm. 299). Ambas transacciones sumaron $ 14.000 de 8/ JO. Para que el lector se forme una idea aproximada de la magnitud de estas cantidades de dinero, se podría hacer la siguiente conversión, un tanto arbitraria: valor de un kilogramo. de oro ca. 1880 = $ 1.500; kg de oro abril 1988 = $ 4.150.000 (precio Banco de la República). Puede ser una conversión inexacta, si se tiene en cuenta que hasta el momento no existen series históricas precisas sobre índices de inflación ni devaluación. Según Salvador Camacho R., en Colombia, alrededor del siglo XIX una fortuna de 60 a 70 mil pesos se consideraba muy respetable; una de 200 a 300 mil pesos hacía de su dueño un potentado.
54
La compra de Santa Catalina ascendió a $ 12.140 oro (N. la., Cg., 1891, núm. 24). Después realizó en total siete compras de fincas aledañas, dos de ellas sembradas de caña, por un total de $ 1.635 oro (N. la.,Cg., 1891, núms. 151, 162, 265, 281; 1892, núms. 59 y 63).
55
Algunas de las fincas en San Benito fueron Palito, Madre de Dios, La Francisca, Santa Fe, Dorada, San Sebastián de Toromoto, Algarrobo, etc. (AHC, N. 2a., Cg., 1919, t. 7, núm. 553).