ORÍGENES DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN COLOMBIA

PRÓLOGO

I

Dentro del abigarrado conjunto de textos políticos elaborados por los colombianos durante el siglo pasado, pocos tuvieron la pretensión de ofrecer algo más que una toma de posición suscitada por las urgencias de los enfrentamientos partidistas. Pero a veces los escritores de la época trataron de justificar, dentro de perspectivas más amplias, prestadas usualmente a la “ciencia constitucional” o a la “ciencia económica”, como entonces se decía, el derecho de algunos de los partidos a ejercer la dirección del país. Muchos de los autores publicados en la antología del pensamiento político elaborada por Jaime Jaramillo Uribe [1] corresponden al tipo anterior, que sin embargo no incluye la que se convirtió en una de las formas favoritas de alegato político: el enjuiciamiento de la evolución y de las actuaciones de los partidos para extraer de su historia tanto la condenación y el aplauso a su acción como enseñanzas aplicables a nuevas situaciones. En forma más o menos imprecisa, los folletos de Manuel María Madiedo, José María Samper y Tomás Cipriano de Mosquera hacen parte de tal vertiente y deben ser leídos teniendo en cuenta tanto o quizá más lo que sirve para comprender las polémicas contemporáneas, que lo que ofrecen como recuento de un pasado que querían sujetar a minuciosa revisión. Los tres fueron activos militantes de los grupos de la época, todos tuvieron participación destacada en la prensa política o en los diversos órganos del gobierno y Mosquera ocupó varias veces la Presidencia de la República. Aunque tuvieran alguna pretensión de hacer tarea de historiadores o de teóricos políticos, es preciso mantener siempre presente el hecho de que trataban ante todo de tomar posiciones políticas y de dar fundamento a sus apreciaciones sobre coyunturas muy precisas del desarrollo del país.

Manuel María Madiedo publicó sus Ideas fundamentales de los partidos políticos de la Nueva Granada en 1859 en las prensas de El Núcleo Liberal, un periódico de orientación liberal draconiana [2] El autor, que había nacido en Cartagena en 1815, se radicó en Honda en 1840, después de concluir sus estudios y de haber ejercido el comercio en Mompós. En ese año combatió la revolución liberal y fue nombrado gobernador de Mariquita; desde entonces ocupó intermitentemente diversos empleos en las administraciones de Herrán y Mosquera y mantuvo una posición política que permitió a Juan Francisco Ortiz clasificarlo como “conservador neto”. Colaboró asiduamente en la prensa gobiernista (“ministerial” era el nombre de la época) y en 1849 mantuvo una vigorosa polémica con José María Samper, entonces redactor del Sur-Americano y defensor de la candidatura presidencial de José Hilario López, que culminó en duelo que Samper narró luego con detalle en su Historia de un Alma. Según Samper, Madiedo decidió refugiarse en Ibagué para eludir la ofendida familia del primero, y allí colaboró con el gobierno provincial, de orientación conservadora [3] .  

Ya entonces comenzó a hacerse difícil la ubicación ideológica y política de Madiedo. En 1852 aparece encabezando la proclamación del radical Manuel Murillo Toro como candidato a la Presidencia, enfrentado a José María Obando. No podemos deducir que se hubiera pasado al liberalismo; entre quienes lo acompañan se encuentra el conservador Rufino Vega, quien había sido uno de los revolucionarios de 1851 [4] . Tampoco es fácil sacar conclusiones de algunas de sus actividades políticas durante los años siguientes. Manuel de J. Barrera asegura que Obando le ofreció un alto cargo en la Secretaría de Guerra o inclusive esta misma posición, pero que no la aceptó. Bajo la administración de Mallarino fue primer designado en la gobernación de Mariquita, provincia cuya asamblea era de mayoría liberal. Dos años después el gobernador conservador de Cundinamarca Joaquín París, lo nombró prefecto de Cundinamarca, cargo que ocupó desde finales de 1857 y que a mediados del 58 conservaba aún. Para hacer más confusa su posición, en noviembre de este año fue candidatizado a la Asamblea Departamental por los liberales de la provincia, y justamente las Ideas fundamentales corresponden a este período de su agitada vida política [5] . Parecería que entonces estuviera Madiedo ubicado dentro de las filas del liberalismo, pero opuesto al grupo radical. La división entre draconianos y radicales había adquirido nueva fuerza y en la elección para presidente del Estado de Cundinamarca, creado recientemente, se enfrentaban José María Rojas Garrido, a nombre de los radicales, y Ramón Mercado, conocido draconiano y antiguo partidario de la dictadura de Melo, condenado al destierro al caer éste y luego indultado. La presunción de la afiliación draconiana de Madiedo se acentúa si se tiene en cuenta que el documento de apoyo a la candidatura de Mercado, que circuló el 5 de febrero de 1859, tiene todas las trazas de haber sido escrito por Madiedo y crítica al radicalismo con las mismas frases que aparecen en las Ideas fundamentales. Pero, pese a los violentos ataques hechos por Madiedo a los radicales, cuando ambos grupos liberales se unificaron y presentaron una lista conjunta a la Asamblea, encontramos al lado de Manuel Murillo Toro, “jefe de la idea social” como lo llaman las Ideas fundamentales, el nombre de Manuel María Madiedo [6] .

Las Ideas fundamentales pueden pues haberse escrito para apoyar electoralmente un grupo del cual era candidato el autor. El interés principal de éste parece estar en presentar a los radicales como un grupo iluso y fundamentalmente antipopular, que a nombre del liberalismo y el progreso promueve unas políticas cuyo efecto es oprimir al pueblo y favorecer a la oligarquía. En esencia, en cuanto dejan la sociedad a la merced de la lucha individual y quitan al Estado toda posibilidad de intervenir en favor de los más débiles, los programas radicales conducen inevitablemente a una sociedad en la que triunfan siempre los más fuertes, y en especial los que, como los prestamistas, financistas, comerciantes, etc., pueden aprovechar las libertades económicas para oprimir a los artesanos y en general al pueblo. Es posible que el argumento fuera interesado y tratara de captar el apoyo de los artesanos, víctimas del librecambismo propugnado por los radicales. Pero aunque la argumentación de Madiedo no está muy desarrollada y es en gran parte coyuntural, su visión del proceso político desde la Independencia tiene cierta coherencia que hace pensar que su enemistad con el radicalismo y su preocupación por los artesanos es más que circunstancial. No sabemos quién haya sido el primero en decirlo, pero Madiedo esboza una idea que recientemente ha tenido notable carrera en el país: la de que la Independencia fue un movimiento que defraudó las esperanzas del pueblo, que después de sacrificarse por la libertad recibió de los criollos, que reemplazaron a los españoles en las posiciones de mando sin que nada cambiara, el tratamiento de “la plebe” y “la canalla” [7] .

Según Madiedo, de los partidos políticos creados tras la Independencia, el conservatismo había unido al criollaje que buscaba preponderancia (la oligarquía que giraba alrededor de Santander) con la “democracia del sable” encarnada en Bolívar. Entre tanto el liberalismo había consistido exclusivamente en la idea de gobernar de acuerdo a la ley y en una confianza optimista en los efectos de ésta, que los llevó a promover una legislación que carecía de “apoyo a las costumbres”. En este caso también encontramos una formulación temprana de la crítica al liberalismo en términos de su desajuste con la tradición nacional, crítica que abarca ambos partidos que adoptaron en general un cuerpo similar de ideas. Aunque, como se dijo atrás, Madiedo apenas esboza sus argumentos, el lector que conozca los estudios de Álvaro Gómez Hurtado, Indalecio Liévano Aguirre o Alfonso López Michelsen sobre este período, encontrará bastantes resonancias, aunque todavía no estén acompañadas de la idealización del período colonial que comparten los autores más recientes [8] .

No interesa en el contexto de esta nota seguir la evolución posterior de Madiedo, pero conviene señalar que en 1863 publicó su Ciencia social o el Socialismo católico, una obra que en la versión que da de ella Antonio García [9] parece combinar en un eclecticismo probablemente bastante superficial, elementos democráticos y liberales con una exaltada fe religiosa y una actitud favorable al pueblo y a los “proletarios”, que lo lleva a definirse como socialista. Aunque se afilia otra vez al conservatismo, su actitud hacia los liberales es muy tolerante y se opone a la intervención de la Iglesia en la política. Madiedo atribuye una función complementaria a los dos partidos, necesarios ambos para el desarrollo adecuado de la sociedad. En esto y en su tolerancia se acerca a la posición de José María Samper, y hacia 1870 predica en Ecos de la Noche un acuerdo entre ambos partidos, eliminando del liberalismo su ala “roja” y del conservatismo su alianza con el clero y su aristocracismo. Aunque sin la conciencia de la realidad social y política que tuvieron otros partidarios de tal compromiso, como Samper y luego Núñez, Madiedo aparece entonces como uno de aquellos que estaban formando el clima de opinión con el que se alimentó, sobre todo en su primera época, el programa de la Regeneración.


[1] JAIME JARAMILLO URIBE, (ed.), Antología del pensamiento político, 2 vols., Bogotá, 1970. Se Incluye allí un texto de MARIANO OSPINA RODRÍGUEZ, “Los partidos políticos en la Nueva Granada”, que por su contenido parece haberse escrito en 1850; incluye algún análisis sobre las épocas anteriores.

[2]   Los datos acerca de la vida de MADIEDO se han tomado del prólogo de MANUEL DE J. BARRERA a Ecos de la Noche, Bogotá, 1870, y de la breve biografía de GUSTAVO OTERO MUÑOZ en Semblanzas colombianas, vol. II , Bogotá, 1938, págs, 262 y ss.

[3]   SAMPER, Historia de un alma (Medellín, 1971), págs. 252 y 337.

[4] GUSTAVO ARBOLEDA, Historia Contemporánea de Colombia, vol. III , Popayán, 1930, pág. 175.

[5] ARBOLEDA, ob. cit., vol. V, pág. 655.

[6] El manifiesto de apoyo a Mercado está reproducido parcialmente en ARBOLEDA, ibíd., pág. 654.

[7] El libro de INDALECI0 LIÉVANO AGUIRRE, Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia, Bogotá, 1966, sigue en líneas generales una interpretación así.

[8] Cfr. ÁLVARO GÓMEZ HURTADO, La revolución en América, Bogotá, sin fecha, págs. 100 y ss., y ALFONSO LÓPEZ MICHELSEN, El Estado fuerte, Bogotá, 1968, págs. 17, 32 y 38.

[9] ANTONIO GARCÍA, Gaitán y el camino de la revolución en Colombia, Bogotá, 1974, págs. 96 y 205.

Regreso al índice

Siguiente