ORÍGENES
DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN COLOMBIA
"LOS PARTIDOS EN
COLOMBIA" ESTUDIO HISTÓRICO-POLÍTICO
TOMAS CIPRIANO DE MOSQUERA
Supe que en casa del
señor Santiago Pérez (hoy presidente de la Unión), había una junta revolucionaria y
que debían partir los que la formaban para el Estado de Santander a ponerse en armas
contra el gobierno de la Unión. No quise sorprenderlos en su casa, por respetar la
garantía decimotercera del artículo 15 de la Constitución; y cuando supe el día que
debían partir los revolucionarios para Santander ordené al coronel Daniel Delgado,
primer jefe del batallón Zapadores, que se colocase con un destacamento, en el puente del
Arzobispo, para sorprender tarde de la noche a los revolucionarios que partían para
Santander. Ejecutó mis órdenes y aprehendió a varios de ellos, y a las tres de la
mañana pasó a la casa de gobierno, y entró hasta mi dormitorio y me despertó diciendo:
"Mi general, he sorprendido a esos bribones y los tengo presos en mi cuartel".
Le ordené que los tratase bien y que no permitiera que hablasen con ellos sino las
personas que tuviesen licencia mía; poco después me pidió permiso el general en jefe
Acosta para ir a hablar con uno de los detenidos, y se la di para que fuera cuando
quisiera ver a esos señores. Tal era la confianza que tenía en el general Acosta, a
quien había elevado al rango de general de división, lo mismo que a Santos Gutiérrez, a
quienes deseaba formar para que me reemplazasen en el mando del ejército, estudiando lo
que debe saber un general.
Llegó el 23 de mayo y yo
dormía tranquilo, y con las puertas de mi dormitorio abiertas para que entrase el jefe de
día, el general en jefe o cualquiera de los secretarios de Estado a hablar conmigo sobre
cualquier asunto que ocurriera. El día 22 de mayo fue como de costumbre a visitar el
señor Carlos Martín y estuvo conmigo hasta las doce de la noche que me acosté a dormir.
Este sujeto, que cuando llegué de Europa a hacerme cargo de la presidencia fue a
encontrarme a Facatativá, con muchos otros amigos el 19 de mayo de 1866, me dirigió la
palabra con una exagerada adulación, diciéndome: "tres hombres distinguidos
reconoce la humanidad: Jesucristo, Colón y Mosquera" y siguió hablando; a uno de
mis amigos que tenía al lado le dije por lo bajo: "asco me da tan baja
adulación". Rodeado de estos hombres que conocían mis intenciones puras, ¿podría
yo desconfiar?...
Cuando el 22 de mayo entraron a
mi dormitorio los señores Santiago Pérez, Jacinto Corredor y Felipe Zapata acompañados
por el traidor coronel Delgado, éste dio un grito: "general Mosquera, usted está
preso por la Guardia Colombiana", y el señor Corredor me dirigió la palabra
diciéndome que él y sus compañeros jóvenes liberales se habían encargado de esa
comisión para salvarme la vida y me presentó a sus compañeros Zapata y Pérez, y dije:
conozco mucho al señor Zapata y al señor Pérez solamente por reputación: me
preguntaron por mis armas y buscaron si tenía alguna bajo mi almohada; les indiqué en
dónde estaban mis pistolas sin cargar. Pregunté quién era el jefe de la revolución y
me dijeron que el general Acosta; mi sorpresa fue grande: me vestí y salí a la antesala,
en donde encontré unos ocho o diez de los conjurados, y les dije a Pérez, Zapata y
Corredor, estas o semejantes palabras: me han quitado ustedes un gran peso de los hombros;
la historia me hará justicia. Se apoderaron de mi escritorio en busca del Tratado con el
Perú, y de todos los documentos importantes que yo tuviera. No me dejaron entrar a
presenciar el escrutinio de mis papeles, y me llegué a una mesa en donde tenía una caja
de música: le di cuerda para amenizar a los conjurados; y el señor Pérez salió del
escritorio a la antesala a pedirme que suspendiera la caja de música. Lo hice y
comprendí muy bien que temieron que el sonido de la caja de música fuera una señal
combinada para con mis amigos.
Como a las seis de la mañana le
permitieron a mi mujer que pasara de su departamento al mío, porque quería estar a mi
lado en aquel conflicto.
Le pedí que me sacara ropa
limpia del ropero para mudarme y fui con ella a la alcoba. Como había un centinela en la
puerta, al cambiar de camisa le dije en inglés: envuelve en la ropa sucia esa cajita que
está en el ropero, y ocúltala en tu cuarto: era el original del Tratado con el Perú,
que todavía conservo en mi poder como el más esclarecido timbre de mi vida pública.
Convocó Acosta el Congreso, y
comenzó el juicio de responsabilidad. Me defendí victoriosamente; pero fue imposible
vencer a la liga de gólgotas y conservadores: estos jamás olvidan que yo hiciera
triunfar la causa federal y los principios liberales que yo he proclamado y sostenido en
los congresos y en la Convención de Rionegro, y aquellos que no pueden tolerar que haya
un colombiano más liberal que ellos que son niveladores que cortan las encinas para
igualar la vegetación a los abrojos.
Fueron dos conservadores
antiguos amigos míos los que propusieron en el Senado la sentencia condenatoria a dos
años de prisión: fallo inconstitucional porque no pudieron hacer otra cosa que
suspenderme o destituirme. Aquella célebre causa se ha publicado, y yo también publiqué
mi defensa y la de mis secretarios de Estado; pero he creído conveniente referir estos
pormenores que califican perfectamente a los partidos que existen en Colombia.
Desterrado y proscrito en el
Perú, la opinión pública me ha justificado ante la Nación, y ella, por medio del
sufragio popular, me eligió presidente de la Unión, dando de ese modo un veredicto
contra la sentencia condenatoria, el destierro y la confiscación de mi propiedad,
ejecutada por la ley del 6 de mayo de 1868.
El Cauca hizo otra tanto
nombrándome presidente del Estado al volver de mi destierro.
El presidente de la Unión,
proclamado en mi lugar, por escrutinios falsos, fue un ilustre ciudadano identificado
conmigo en la cuestión del Tratado con el Perú y, por tanto, aplaudí que en él hubiera
recaído la elección, que declaró el Congreso. Su tacto político en la administración
le ha adquirido reputación y fama.
El señor Samper, en las
apreciaciones políticas de los partidos, una que otra vez habla con razón, mientras no
tiene que hablar de mí: para declarar que fui elegido por el pacto de alianza
revolucionaria, y que mi dictadura pesaba ya sobre la fracción radical o doctrinaria del
partido liberal triunfante, como un remordimiento y una vergüenza. Si el señor Samper,
con el talento e instrucción que tiene, alejara de su imaginación las ideas de envidia a
mis servicios a la causa americana y no estuviera soñando despierto con la aparición de
la alma de su madre, para firmarse hermano en Jesucristo y la libertad, de liberales y
conservadores, sería más lógico en sus escritos; y dejaría de llamar impropiamente los
acontecimientos políticos como consecuencia de obra de los partidos, calificándolos por
las simpatías o antipatías que tiene por ciertos individuos.
A los hombres se les debe juzgar
por sus hechos, y la manifestación de sus principios y doctrinas.
En todas las edades y en todos
los tiempos, ha encontrado la humanidad grandes dificultades que vencer, para tener una
buena organización social. La historia nos muestra la lentitud con que se han organizado
las sociedades y cuánto han dañado a la humanidad las teorías panteístas y
materialistas. Al estudiar la marcha política de un pueblo, hay que hacerlo juntamente
describiendo en bosquejo la obra de Dios, de ese Ente Supremo a quienes apenas
entrevén las facultades del hombre, cuya pequeñez no le permite penetrar su íntima
naturaleza.
En la época primitiva del
gentilismo se confundía la divinidad con los dioses falsos, atribuyéndoles todas las
imperfecciones de sus semejantes, y los que se denominaban sacerdotes o ministros de los
dioses asumían el poder de la sociedad, hasta que las naciones semíticas vinieron a
reconocer un solo Dios, adquiriendo mejor idea de la Divinidad.
Pero con su eficaz ayuda todos
los hombres que le rendimos homenaje encontramos que es Eterno, porque no pudo
salir de la nada, o creado por otro, y éste sería entonces el Ser
Supremo.
Es
inmutable, porque ha podido crear las leyes inmutables de la naturaleza. Inmaterial
porque es un Ser distinto de todo lo que reconocemos por materia. Único en su
esencia y trino, en su modo de ser, para asumir la perfección de la sociabilidad y la
unidad de poder en el Gobierno del Universo. Todo Poderoso, porque su augusta
voluntad no tiene límites. Bueno, Justo y
Misericordioso, porque la
sabiduría providencial de las leyes divinas lo describen tal; tanto en las pequeñas
cosas como en las grandes y este magnífico atributo no permite dudar de su justicia y
bondad inagotables.
De la idea de Dios viene el
sentimiento religioso, alma de grandes hechos.
Así como en las ciencias
naturales, y especialmente por medio de la astronomía, se ha hecho conocer que la tierra
no es sino uno de tantos planetas en que se ostenta la gloria del Creador. Asimismo, en el
desarrollo gradual de la inteligencia de los hombres, se ha venido perfeccionando la
ciencia del gobierno, para hacer más perfecta a la humanidad, que por tantos siglos ha
sido condenada a vivir en la ignorancia, sirviendo solamente para proporcionar goces a los
que a nombre de Dios se han hecho reconocer como soberanos, con autoridad emanada de Dios.
Las sociedades modernas han ido
perfeccionado los sistemas de gobierno, arrancándole a los reyes, pontífices y
emperadores el poder supremo y absoluto con que han afligido a los seres inteligentes,
creados por Dios para que cada uno de ellos, cumpliendo con la misión que han recibido de
Dios, contribuyan al progreso moral y material, de este mundo en que vivimos.
Las diversas civilizaciones, que
de muchos siglos atrás vienen perfeccionando las instituciones políticas de todas las
naciones, recibieron un impulso admirable con la doctrina de Jesucristo, de fraternidad y
caridad e igualdad ante la ley dada por el soberano que es el pueblo; pero no de un modo
tumultuoso como se hacía en Atenas, ni por la usurpación de la aristocracia ni por la
venalidad de la oligarquía, sino por el ejercicio bien establecido del gobierno propio,
reconociendo en él derechos inalienables del hombre.
En los Estados Unidos de
América, y en la Confederación Suiza, es en donde se ha organizado mejor el gobierno
republicano, y de donde se ha transmitido a los pueblos de la América española la idea
de gobiernos basados en la representación popular. Al rectificar los hechos históricos
que refiere el señor Samper al describir los partidos en Colombia, hemos procedido con la
más sana intención como testigos oculares en más de 60 años de vida pública.
Al epilogar el señor Samper su
trabajo divide en varios círculos los partidos existentes hoy en Colombia; y estamos de
acuerdo en algunas apreciaciones, pero nos parece necesario describirlos por nuestra parte
como los comprendemos.
Los dos grandes partidos
políticos de las sociedades de civilización cristiana, como son las naciones europeas y
americanas, y sus colonias son el partido liberal y el conservador, pero este no tiene una
verdadera significación en Colombia, porque no representa la tradición monárquica de
legitimidad Divina, modificada por el gobierno representativo, y el reconocimiento de los
derechos inalienables del hombre. Y el liberal, fundado en la soberanía nacional del
pueblo, y el libre ejercicio de derecho sin más imitación que no atacar la libertad y el
derecho de otro hombre.
En los Estados Unidos los
partidos políticos, después de haberse constituido en Nación, se denominaron federal y
demócrata: el federalista sostenía la mayor suma de poder en el gobierno general, y el
demócrata la soberanía e independencia de los Estados; el federalista ha tenido varias
modificaciones, y la última es la de llamarse liberal radical; y los demócratas
conservadores, porque quieren sostener y conservar los artículos de confederación y de
unión perpetua, acordados en Filadelfia el 9 de julio del año de gracia de 1778, y en el
tercero de la Independencia de América.
Por imitación se han calificado
en las diferentes Repúblicas hispano-americanas, los partidos liberales y oligarcas en
unas, liberales y conservadores en otras, unitarios y federalistas en las Repúblicas
orientales de la América del Sur.
Ya hemos dicho el origen que
tuvo en la Nueva Granada el partido conservador. Vamos ahora a calificar las cosas como
existen.
El partido liberal se ha
dividido en tres secciones principales que son: liberal radical, liberal racionalista
doctrinario y liberal socialista y sensualista. Los liberales radicales son los que
sostienen el pacto de unión federal, refundido en la Constitución del 8 de mayo de 1863,
sancionada en Rionegro; y bajo la denominación vulgar de gólgotas se comprende al
partido liberal socialista, que sostiene la doctrina del placer y del dolor, como
defensores de Bentham, escritor de tercera clase en Europa, entre los filósofos
sensualistas.
El partido conservador lo
clasificamos en conservador moderado, economista, conservador socialista con tendencias
progresistas y conservador tradicionista sectario del jesuitismo neo-católico.
Dividida nuestra sociedad en
estos partidos políticos, está expuesta a sufrir nuevas convulsiones, si no se modifica
la sociedad, reuniéndose en un solo cuerpo los liberales radicales con los doctrinarios,
y los conservadores moderados para constituir el gran partido nacional que denominaremos
de civilización progresista, mientras los partidos extremos de tradicionistas y gólgotas
no son capaces de unirse, sino en liga bastarda para conseguir algún objeto, y por tanto
los consideramos representantes de la barbarie, porque los unos corrompen el voto popular,
y los otros quieren establecer en Colombia un gobierno teocrático con las mónitas del
jesuitismo; apoderándose de la conciencia del sexo femenino para arrastrar en su provecho
la propiedad y la dirección de la cosa pública, identificando el poder civil con el
altar.
Ojalá no tuviera yo
convicciones profundas, como las tengo, de una próxima evolución política que suma al
país en la anarquía.
Si el nuevo presidente de la
República, y el Congreso de 1874, no dan impulso a la instrucción popular, y a las vías
férreas y navegación interior de nuestros ríos y lagos, que producirán bienestar
social y darán estabilidad al país, muy poco tenemos que esperar.
Los adjetivos con que se
denominan los partidos políticos no siempre dan a conocer su verdadera índole.
El fanatismo religioso y
político no ha causado sino males a la humanidad.
Después de dos mil años, hoy
se reconoce que los asesinos de Julio César destruyeron con la vida de este gran
filósofo y capitán, a la República romana.
El fanatismo religioso ha
ensangrentado algunas naciones europeas. El poder usurpado de Gregorio VII, sobre los
soberanos católicos, y los rencores de Maffey Barberini (Urbano VIII), para condenar a su
amigo Galileo, son las máximas que desean hacer renacer en el siglo XlX los
tradicionistas que quieren conmover a las naciones europeas, con la secta jesuítica y
trasladar a la América esas mismas doctrinas para hacer desaparecer la instrucción
popular y la República, valiéndose de la libertad de expresar el pensamiento, y de la
imprenta, mientras se apoderan del mando, para condenar a los liberales y a los filósofos
naturalistas, como lo hicieron quemando vivo en el campo de Flora en Roma a Jordano Bruno,
por haber sostenido la nueva ciencia de los mundos planetarios; y que no era la tierra el
centro del Universo.
El partido contrario al
tradicionista es el gólgota, que adultera el sufragio popular para adueñarse del poder
público; y está corrompiendo la verdadera República, atacando el derecho de propiedad
en varias leyes llamadas de crédito público, para disminuir la deuda nacional y creyendo
al mismo tiempo que la prescindencia en las usurpaciones eclesiásticas darán un buen
resultado; pero cuando vean como en otros tiempos la potestad eclesiástica elegida en
poder público, tendrán que lamentar su error sin poderlo remediar.
T.C. de M.
Popayán, abril 16 de 1874, 64 de
la Independencia.
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