ORÍGENES
DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN COLOMBIA
"LOS PARTIDOS EN
COLOMBIA" ESTUDIO HISTÓRICO-POLÍTICO
TOMAS CIPRIANO DE MOSQUERA
CAPÍTULO V
Al comenzar el señor Samper
su capítulo IX se siente embarazado para hablar de mí, y después de hacerme algunos
elogios me pinta como un tiranuelo, aseverando que mis discursos, proclamas y decretos
nada significan porque mi liberalismo era artificial, y no de un patriotismo ingenuo. No
es la primera vez que los calumniantes se quieren vestir con el ropaje de la
imparcialidad.
No entraré a refutar al señor
Samper en la pintura que hace de mí, porque mis hechos truenan mientras las palabras de
algunos hombres solamente suenan, y me he permitido tomar este pensamiento del ilustre
obispo de Hipona.
El señor Samper, que sin duda
ha estudiado la ideología, no es lógico cuando hablan sus pasiones y pretende menguar mi
reputación, ensalzando algunas nulidades políticas que coloca al lado de distinguidos
ciudadanos que me acompañaron a restablecer el genuino gobierno liberal y la soberanía
de los Estados.
Llama pacto de alianza
revolucionaria el del 10 de setiembre de 1860, celebrado entre los gobiernos de Bolívar,
Cauca, Magdalena y Santander. Este pacto lo promoví con autorización expresa del poder
legislativo del Cauca.
A cada victoria que obtenía
sobre las fuerzas del gobierno del doctor Ospina le ofrecía una transacción y obstinado
se negaba a todo.
Cuando celebré un convenio de
suspensión de hostilidades con el gobernador de Cundinamarca, Gutiérrez Lee en
Chaguaní, se hizo de parte de éste solamente para salvarse, y el general Urdaneta le
manifestó a mi ayudante de campo sargento mayor Simón Arboleda, que no dependía del
gobernador de Cundinamarca. Otro tanto contestó Ospina al teniente coronel Estrada; y
para restablecer la moral que perdían en su retirada con una medida cruel, inventaron que
yo estaba cerca de Bogotá para hacer una sublevación indiscreta de los prisioneros y
asesinados en las calles de Bogotá el 7 de marzo. Reclamé este hecho escandaloso,
para que fuesen juzgados el intendente y jefe político de Bogotá, protestando que si no
se mandaba juzgar a tales empleados, el día que fueran aprehendidos sufrirían conforme
al derecho de la guerra, la pena del Talión. Igual reclamación hice contra los asesinos
del general Obando y coronel Cuéllar: prisioneros el 18 de julio tres de estos asesinos,
se me exigía en la plaza de Bogotá por algunos jefes y oficiales, que se ejecutara a
estos individuos inmediatamente, y no quise hacerlo, suspendiendo la ejecución hasta el
día siguiente, para quitarle el carácter de precipitación a la medida y manifestar que
obraba con arreglo a las leyes de la guerra. Este es el hecho que censura Samper,
desfigurándolo y suponiendo sorpresa en los mismos compañeros de victoria, atónitos al
ver manchada su bandera y deshonrado su credo político.
Inconsecuente Samper, dice que
no quedaban antiguos generales que pudieran luchar conmigo; y que tenía que combatir en
el sur a otro hombre de temperamento no menos dictatorial que el mío; amén de lo que
amenazaba allende la frontera del Carchi; pero olvida que el señor Canal mandaba una
división fuerte en el Norte de Santander; y que por medio del señor Camacho Roldán,
mandé órdenes al general Gutiérrez para que entrase en relaciones con este jefe, para
restablecer la paz, lo que no tuvo lugar, y Canal no fue vencido, y por el contrario tuve
yo que moverme para salvar la columna del general Acosta que se retiraba desde Pamplona
sin saber nada del general Gutiérrez. No es cierto que se hicieran esfuerzos de parte de
algunos liberales para que yo convocara el Congreso de Plenipotenciarios. Lo hice
espontáneamente en Guaduas el 22 de marzo de 1861, como presidente de los Estados Unidos
de Nueva Granada y Supremo Director de la Guerra, y en cumplimiento del Tratado de
Cartagena de 10 de setiembre de 1860, y como no tuvo efecto, di el decreto de 20 de julio
creando un Congreso de Plenipotenciarios; y el 23 de julio di otro decreto organizando el
Distrito Federal, y el 9 de setiembre el decreto para instalar dicho Congreso.
El señor Samper quiere atribuir
a un ente abstracto que él llama partido radical que me obligó a hacer las Convocatorias
del Consejo y Congreso de Plenipotenciarios y la Convención nacional, que lo hice de
acuerdo con mis secretarios de Estado Rojas Garrido, Cerón y Trujillo; pero el señor
Samper, que no ha tenido parte activa en los acontecimientos de aquella época, quiere
ahora menguar mis hechos y los de mis ilustres compañeros que me ayudaron a fundar la
República federal.
El señor Samper debió
consultar en la colección de los actos oficiales los varios decretos sobre la
convocatoria de la Convención, y los que señalaron los lugares en que debía reunirse.
Estudie el señor Samper los
Anales de la Convención, y verá en ellos la parte principal que tuve en la sanción de
la Constitución de Rionegro, incluyendo en ella las bases del pacto de Unión, cuyo
proyecto trabajamos el plenipotenciario por el Estado Soberano del Cauca, Manuel de Jesús
Quijano, y yo, para presentarlo al Congreso de Plenipotenciarios, que lo acordó en
detenidas discusiones; y estos hechos desmienten la relación inexacta que hace de la
historia de los acontecimientos que tuvieron lugar en la época de la organización
perfecta del sistema federal.
Ciertamente hubo en Rionegro un
principio de escisión entre los diputados que llegaron para instalar la Convención,
porque pretendieron que dicho cuerpo como constituyente podía hacer lo que quisiera; pero
el buen sentido triunfó.
La Constitución de Rionegro se
sancionó el 8 de mayo, escogiendo esta fecha los diputados para conmemorar mi decreto de
8 de mayo de 1860, con que di principio a la reacción federalista.
Samper, haciendo eco a un
círculo liberal exagerado que no es ciertamente el liberal radical, asegura que no ha
funcionado fácilmente la Constitución de Rionegro, porque fue combatida oficialmente la
federación desde que se estableció en 1857 por la desmoralización del partido liberal
que venció por las armas y la inoculación del elemento dictatorial que le trajo la
alianza conmigo por aniquilamiento del partido conservador que comenzó a rehacerse en
Antioquia en 1864.
Ciertamente, la Constitución de
Rionegro tiene sus defectos y el más grave es haberse suprimido en el artículo 2º el
final del artículo del Pacto de Unión al hablar de las libertades y derechos que
corresponden a los ciudadanos de la Unión, y sin embargo de todo el orden público
general, quedó atribuido al poder ejecutivo por la atribución XIX de las funciones del
presidente, y por lo dispuesto en el articulo 91 que reconoce, haciendo parte de nuestra
legislación, el derecho de gentes.
La Convención comprendió que
era indispensable arreglar las relaciones de amistad con la República del Ecuador, y aún
promover, conforme al artículo 90 de la Constitución, la unión voluntaria de las tres
secciones de la antigua Colombia en nacionalidad común, bajo una forma republicana,
democrática y federal, análoga a la establecida en la misma Constitución, y
ratificarla, llegado el caso, por una Convención general constituyente.
Todo el mundo conoce en
Colombia, que no pude lograr que García Moreno viniese a la frontera para arreglar las
relaciones de las dos naciones; tuve que regresar a Pasto para seguir a Bogotá, y supe en
aquella ciudad que Flores había invadido el territorio. Regresé rápidamente a
Túquerres; emprendí operaciones sobre el enemigo, y el 6 de diciembre derroté
completamente al ejército ecuatoriano mandado por el ilustre y denodado general Flores;
ocupé el territorio ecuatoriano hasta la ciudad de Ibarra y celebré el tratado de paz de
Pinsaquí.
Samper, o conoce mal los hechos,
o lo anima un espíritu de malignidad cuando dice que el partido liberal tenía que
desmoralizarse y desplomarse moralmente por el peso de fuerza, y en seguida afirma: que
los hábitos belicosos no habían podido contraerse impunemente; y ya que no había en
1863 con quiénes combatir dentro del país, el general Mosquera fue a buscar en el
Ecuador una guerra, tan inmotivada en el fondo, pues las razones alegadas pudieron ser
sometidas a un arbitramento o a unas negociaciones amigables, como tristemente concluida
después de una gran victoria, sin resultado alguno ventajoso ni garantía para Colombia.
Yo debía entregar el mando de
la República el 1º de abril de 1864; y tenía presente la ley de 11 de mayo, dada en
desarrollo del artículo 90 de la Constitución, para trabajar por la unión del Ecuador y
Venezuela a Colombia, cuyas secciones están llamadas a formar una gran Nación. El pueblo
ecuatoriano no era responsable de los excesos de García Moreno, ni de la vanidad del
general Flores, que se olvidó que iba a combatir con soldados amaestrados en la Escuela
de Bolívar.
En la Convención de Rionegro
hubo un pequeño círculo, que no era ciertamente de gólgotas o, como los llama Samper,
liberales doctrinarios. A ese pertenecían López y Gutiérrez, que se propusieron ponerme
embarazos en mi marcha al sur, y quisieron formar un ejército de oposición porque les
disgustaba tanto que yo concluyera felizmente el corto período de la Presidencia, y que
entrara a gobernar el doctor Murillo, cuya candidatura había iniciado yo en la
Convención. Dirigióse el general Gutiérrez al general Gabriel Reyes, ordenándole que
arreglara los restos del tercer ejército y lo hiciera seguir a Bogotá; pero Reyes
improbó tal acto revolucionario, como se ve en la siguiente carta que mantengo autógrafa
en mi poder con otros documentos interesantes, que algún día verán la luz. Esta es la
carta:
"Pasto, 25 de mayo de 1863.
"Mi muy querido Santos.
"Como es seguro que sabrás
que mi solicitud pidiendo mi separación del ejército fue resuelta favorablemente
admitiéndome al propio tiempo la renuncia formal que hice del grado de general, debes
también suponer que sabré aprovechar el tiempo y que me pondré en camino para el
norte
muy en breve.
"Me iré solo, dejan a
nuestros amigos y compañeros todavía obligados en las filas del ejército colombiano.
Tú me dices que se me dará autorización por el general Mosquera para expedir sus
licencias absolutas a todos los jefes y oficiales del norte; pero yo sólo he recibido la
autorización para expedir pasaportes a sus respectivos domicilios a los jefes y oficiales
excedentes. Esta operación la hice, desde que se refundieron los cuerpos, con todos los
que quedaron excedentes; pero hoy no los hay, pues todos tienen colocación. Yo no me creo
autorizado para hacer lo que tú me dices, y dices también a Solón, a saber: que forme
un cuerpo con los restos del tercer ejército, y con todos los auxilios del caso lo haga
marchar al norte: si tal hiciese me rebelaría contra el actual orden de cosas establecido
por la Convención. Una ley me previene obedecer las órdenes del ministro de Guerra
elegido por la Convención, no puedo dejar de hacerlo sin cometer un crimen. El señor
ministro me ha impuesto el deber de conservar el ejército y aun de aumentarlo, y por
último, al concederme mi licencia, ha nombrado en mi lugar al general Payán, a quien ha
prevenido hacerse cargo del ejército inmediatamente. Este jefe ha comunicado oficialmente
a los señores comandantes generales de división y jefes de brigada su nombramiento, y
les ha ordenado no hacer variación alguna en el ejército entre tanto él pueda venir.
"Todas estas cosas están
arregladas a las leyes que ustedes mismos acaban de confeccionar en la Convención, y no
seré yo el primero en dar un ejemplo de desobediencia y rebeldía. Así, pues, ningún
cargo podrás hacerme por no poder hacer lo que tú deseas; tampoco podrán hacérmelo mis
compañeros que dejo en ésta. Tú, el general López, el general Salgar, son hoy los
hombres más influyentes y que más poder tienen con el país: en sus manos está arreglar
las cosas como les parezca y ordenar lo que quieran a los que tenemos el deber de
obedecer. Si no lo hacen, la culpa no está de parte de los últimos.
"Al hacerte la explicación
de los anteriores hechos, sólo me propongo darte la razón de mi conducta, porque tú
opinión, como mí amigo íntimo, y como uno de los hombres por quienes tengo mayor
estimación en el mundo, siempre es para mí de la mayor importancia.
"Acaso podrás decirme que
mi separación del ejército es inoportuna e intempestiva; pero tú sabías desde hace
cuatro meses que mi resolución era irrevocable y que solamente por darles gusto a los
amigos que contigo se empeñaron en que continuase por algún tiempo, mientras las grandes
cuestiones que se agitaban entonces tenían una solución, hice el sacrificio de unos
meses más. Hoy esas cuestiones están resueltas felizmente. La República entra en las
vías legales; mis servicios son inútiles para el país, y completamente ruinosos para
mí: es claro que debo ir a donde deberes de otro género me llaman imperiosamente.
"Termino ya pidiéndote
órdenes para Sogamoso a donde dirijo mi rumbo vía recta. Creo que seré bastante feliz
para ser ocupado por ti el día que se te ocurra alguna cosa por esos lados. Te recomiendo
que des mi despedida a los varios amigos que tengo en esa.
"Nada nuevo te digo al
asegurarte que deseo del modo más ardoroso seas tan feliz en todo como lo mereces; pero
tengo gusto en repetirte estas frases de cariño, ya que no puedo estrecharte contra mi
corazón de amigo que te ama.
GABRIEL
REYES".
Como se ve, antes de cerrarse
las sesiones de la Convención se dirigía el general Santos Gutiérrez, ministro de lo
Interior, dando órdenes contrarias confidencialmente a lo que había ordenado el ministro
de Guerra, para apoderarse de un cuerpo de tropas. Cuando pedí a Bogotá recursos
pecuniarios para el sostenimiento del ejército, porque se temía ya una conducta agresiva
de parte de García Moreno, que después de haber sido vencido en Tulcán, por Julio
Arboleda, hizo alianza con él; se trabajó para que el procurador general no me los
mandase; y fue cuando se supo la invasión del territorio colombiano, que el general
Santos Gutiérrez conoció su error de pensar en un trastorno, influyó en la recaudación
de fondos para mandarlos al ejército que nunca recibí porque terminé la campaña con el
glorioso triunfo de Cuaspud y el honroso tratado de Pinsaquí.
El recibimiento que se me hizo
en Bogotá fue espléndido y el señor Samper en el Congreso varió de opinión con
respecto a mí; cuando poco antes me vi atacado con virulencia, y me defendió como buen
amigo político y personal el doctor César Conto.
Mucho tendría que extenderme si
tuviera que entrar a rectificarle los conceptos que emite, sobre el curso de los
acontecimientos que tuvieron lugar en el período de 1863 a 1866.
Después de la Convención de
Rionegro y el episodio de la campaña de Cuaspud, no hubo otra cosa importante que la
revolución conservadora de Antioquia que derrocó al gobernador Bravo, joven patriota y
liberal que no supo conciliar a los liberales con los conservadores como pudo hacerlo.
Entonces los liberales vencidos
en Antioquia querían que el gobierno nacional abriera operaciones sobre Antioquia y me
negué a ello porque no
estaba en el caso previsto por la Constitución para que
interviniera el gobierno nacional: había tenido conferencias con los señores Julián
Vásquez y Juan Antonio Pardo, y ofrecídoles el modo de arreglar la cuestión; pero que
no lo hacía yo para no dejar embarazos al doctor Murillo, si acaso disentía de mis
opiniones; pero no fue así: le pareció bien cuanto yo había hecho, y le ordenó a su
secretario, el señor Antonio María Pradilla, para que se pusiese de acuerdo conmigo, y
redactase el decreto que debía darse.
Entregué la República en paz
al doctor Murillo.
¿Cómo quedaban organizados los
partidos políticos entonces? El partido liberal dividióse con el triunfo, en tres
círculos: liberales federalistas radicales, liberales doctrinarios y liberales
socialistas; y vencido el partido conservador también comenzó a dividirse, entre
conservadores republicanos y conservadores tradicionistas, que buscaban su apoyo en el
clero católico, para apoderarse de las masas; entonces fue cuando exaltaron a dos
jóvenes conservadores para que me asesinaran, el 20 de abril, pero mis ayudantes de
campo, teniente coronel Simón Arboleda y sargento mayor Jeremías Cárdenas me salvaron,
desviando el segundo el tiro de pistola que me hacía el asesino, interponiéndose el
primero para que el otro asesino no me pudiese herir. Recibí demostraciones de
felicitación de parte de todos los liberales por haberme salvado y de improbación del
hecho de muchos conservadores. El Congreso me felicitó por haber salvado la vida; y el
poder ejecutivo, con consentimiento del Senado, ascendió a coronel al teniente coronel
Arboleda y a teniente coronel al sargento mayor Cárdenas.
Fui nombrado enviado
extraordinario y ministro plenipotenciario cerca del gobierno de la Gran Bretaña, y de
otras Cortes de Europa.
El partido conservador domina
desde 1864, en el Estado de Antioquia y tiene mayoría en el Tolima; en los Estados de
Boyacá y Cundinamarca, está la población dividida entre conservadores y liberales; los
Estados del Cauca y Santander, son los en que predomina el partido liberal, y en Bolívar
y Magdalena es poca la mayoría del partido liberal; en el Estado de Panamá el
liberalismo es predominante en la ciudad de Panamá y demás poblaciones centrales; en la
parte occidental, hasta los límites con Centro América, hay mayoría conservadora.
Para juzgar con acierto cómo
está dividida la población de la República entre los partidos políticos enunciados,
sería necesario que el sufragio popular fuera completamente libre en todos los Estados;
pero no consideramos que hay completa libertad en el sufragio, sino en Antioquia, Cauca y
Santander. En Cundinamarca y Boyacá regularmente ha inclinado la balanza en las
elecciones el gobierno general; en Bolívar y Magdalena los presidentes de esos Estados,
apoyados por el gobierno de la Unión, han decidido constantemente las cuestiones
eleccionarias. En el Istmo de Panamá la Guardia Colombiana hace y deshace presidentes y
no deja libertad a los ciudadanos para organizar su gobierno y dar el voto para presidente
de la Unión.
En 1865 el partido conservador
promovió una revolución en Cundinamarca, y otra en el norte del Cauca; fue sofocada en
una y otra parte. El combate de la Polonia, obtenido por el general Trujillo, sobre los
conservadores, afianzó completamente el orden en la República. En aquel año, las
elecciones generales para presidente de la Unión se hicieron con libertad y estando
ausente en Europa fui llamado por cuarta vez, a ejercer el poder ejecutivo nacional.
Dos ciudadanos liberales
partieron de Cundinamarca y el Magdalena cerca de mí a informarme de los peligros que
corría la República por la reacción conservadora; en el mismo sentido me escribieron
muchos de mis amigos políticos, por lo cual compré elementos y buques de guerra, y
celebré un contrato de empréstito para mejoras internas, y de este modo afianzar la paz
pública y adelantar el progreso material de la Unión.
Al hacerme cargo del poder
ejecutivo en mayo de 1866, comprendí perfectamente que en el partido liberal había una
división completa, y en las cámaras se organizó una oposición entre gólgotas y
conservadores contra mi administración.
En 1867 esta oposición subió
de punto, hasta obligarme a cortar mis relaciones con el Congreso, y el 29 de abril
declaré cerradas las sesiones de las cámaras que cumplían en el día siguiente el
período constitucional de sus sesiones. Recibí el 30 de abril un mensaje del Congreso
con un proyecto de ley que mandé ejecutar, y no se publicó en el Diario
Oficial,
porque el secretario de Hacienda creyó conveniente no hacerlo hasta el 25 de mayo,
mientras se concluían ciertas operaciones de crédito público por la Tesorería General.
Dirigí una circular a los
presidentes de los Estados, explicando mi conducta, manifestándoles que continuaba el
régimen constitucional, y que de los acontecimientos que habían tenido lugar se daría
cuenta al Congreso inmediato.
La gran cuestión de Estado era
la del tratado secreto con el gobierno del Perú, en ejecución del de alianza de 2 de
julio de 1822.
Los mismos individuos que
estuvieron de acuerdo conmigo, el 29 y 30 de abril, como los generales Acosta y Mendoza,
que fueron nombrados general en jefe el primero y jefe de estado mayor el segundo,
entraron después en la conjuración, que estalló el 23 de mayo.
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