Colección Banco de la República

 


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Xul Solar: Última adquisición de la colección de arte
Por Gloria Cristina Samper


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Alejandro Xul Solar
Sin título, 1931
Acuarela sobre papel, 28 x 22 cm.
Colección Banco de la República

El pasado 16 de julio se montó en la exposición Arte en América Latina la última adquisición de la colección del Banco. Se trata de una pequeña acuarela sobre papel del artista argentino Alejandro Xul Solar.

Alejandro Oscar Agustín Schulz Solari nació en la provincia de San Fernando en Buenos Aires en 1887. A los veinticinco años emprende un viaje hacia Hong Kong que termina, por razones poco precisas, en Londres. Entonces iniciará una serie de viajes por Europa donde permanecerá por doce años, hasta 1924. Esta época de formación europea será fundamental para definir el estilo de su producción plástica. Siempre estuvo vinculado a los sectores intelectuales de la vanguardia, conociendo de cerca las tendencias del cubismo, del futurismo y de la versión española del surrealismo, el superrealismo.

Solar, cuyo padre era alemán y su madre italiana, resuelve comenzar a firmar sus obras a partir de 1916 como Xul Solar. Esta variación de su nombre, cuyo significado, intensidad solar - Xul (del latín Lux invertido) y Solar (referente al sol y a la divinidad indígena)-, hará hincapié en sus intereses en el lenguaje, en el misticismo indígena precolombino y en general en las religiones y la filosofía hermética. A partir de los años veinte la firma en sus obras será Xul, como aparece en la pieza que acaba de ingresar a la colección.

La obra de Xul Solar despertó gran inquietud y opiniones encontradas, aún entre sus compañeros de vanguardia bonaerense reunidos alrededor de la revista Martín Fierro. Aunque su obra se posicionó como una producción que hizo grandes aportes al arte argentino, no es fácil encasillarlo dentro de una corriente específica. Él mismo consideraba que su obra lograba incorporar en síntesis, todas las escuelas, inclusive el surrealismo. La definición general de este movimiento permitió a muchos críticos explicar la presencia de ciertos elementos fantásticos o irreales en su obra. Sin embargo, podría decirse que su producción responde más a la definición del superrealismo del poeta español Guillermo de Torre, opuesta a la de André Breton: “el superrealismo en vez de consistir en un absoluto abandono por parte del poeta, alcanza más bien un estado de inspiración casi religiosa”.

La pieza que ingresó a la colección, nos presenta a dos hombres solitarios que se desplazan en las calles de un paisaje urbano árido y desolado en donde los altos edificios están vigilantes con sus ojos bien abiertos. Son frecuentes a finales de los años 20 y después, las obras de Xul Solar que tienen como escenario el puerto y la ciudad de Buenos Aires. Bien podría ser esta ciudad misteriosa el Buenos Aires de Xul Solar. Incorpora en esta pieza el elemento de la bandera, recurrente en su producción de los años 1925 al 27. Igualmente resulta característica la presencia de los astros. La luna, el sol, las estrellas, siempre testigos de la transformación del hombre en el mundo.

Aunque en esta pieza no aparecen palabras, ni letras, sí se evidencia una carga simbólica que hace referencia a su interés permanente en el lenguaje. 1931 será un año activo en este sentido: publica Poema en la revista literaria Imán, editada en París y Apuntes en neocriollo en la revista Azul. A parte de escribir como una actividad paralela a la pintura y hablar varios idiomas (se cree que hablaba ocho idiomas), inventó dos lenguajes que buscaban ser universales para unir a los hombres: el Neocriollo, diseñado con palabras de diferentes lenguas del territorio americano, y el Palengua, basado en idiomas de occidente. Igualmente pudo explotar su interés en el lenguaje en 1928 al ser invitado por su amigo Jorge Luis Borges a ilustrar su libro El idioma de los argentinos.

Esta acuarela la realiza casi diez años después de su regreso de Europa y solo dos después de su primera exposición individual en 1929. En ella se evidencia la consistencia técnica y filosófica de un artista que, para entonces, ya era reconocido como uno de los articuladores del nuevo arte argentino, junto con Emilio Petorutti y Curatella-Manes.

Finalmente, es fundamental resaltar que esta pieza ingresa a la colección del Banco con el aporte de fondos de la Fundación de los Amigos de la colección de arte del Banco.

 

 


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