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Tejiendo muros. La obra de Olga de Amaral
Por Gloria Cristina Samper
El telar es un mapa del ser humano
y del mundo una perspectiva del universo. Los cuatro lados del marco vertical son
los puntos cardinales y la acción de las ondas es energía viva con movimiento cíclico.
Olga de Amaral, 2001
Al ingresar por el largo y estrecho corredor hacia la colección
permanente en la parte posterior de la Casa de Moneda se encuentra una pieza exhibida solitaria. Un tapiz de
los años 70 de la artista colombiana Olga de Amaral da la bienvenida al recorrido por las
diferentes temáticas abordadas en el arte colombiano y latinoamericano.
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Olga de Amaral
Muro tejido N. 98, Sin fecha
Tapiz, Fibra vegetal y animal
Colección Banco de la República |
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Se trata de un tapiz tejido en
lana y fibras naturales que representa muy bien la primera etapa de producción de la
artista. Fue con esta serie de muros tejidos que comenzó su investigación de toda una
vida alrededor de las técnicas y materiales para tejer, y fue con estos mismos trabajos
que ganó, en 1971, el Primer Premio del XXII Salón de Artistas Nacionales y, en 1972, el
Primer Premio de la III Bienal de Arte de Coltejer. Estas investigaciones, iniciadas
durante sus estudios de diseño textil en Michigan en los años cincuenta, le han
permitido mantener una larga y seria trayectoria artística de cerca de 40 años. Durante
este tiempo y, gracias a su dedicación, Amaral ha redefinido en su trabajo el lenguaje
tradicional del tejido dándole una dimensión plástica.
En efecto, Amaral se ha interesado siempre en el estudio en profundidad de las
formas de tejido artesanales en Colombia así como en sus técnicas y tradiciones. En los
años cincuenta fundó y dirigió el departamento de textiles de la Universidad de los
Andes y durante un tiempo enseñó en Bogotá, Estados Unidos y Japón. Es este patrimonio
cultural propio que toma como punto de partida para introducir elementos nuevos y un
carácter particular en línea con el movimiento de La nueva tapicería desarrollado a
nivel mundial por artistas como Magdalena Abakanowicz de Polonia, Josep Grau Garriga de
Cataluña o Jagoda Buic de Yugoslavia. Dentro de este grupo, el trabajo de Amaral fue
reconocido desde un principio como adelantado y siempre de vanguardia.
Muro tejido No. 98, aunque no es de las piezas más representativas de su producción, sí
permite ver las características de su obra de esta época. En él trabaja en tonos
apagados, negro, verde oscuro y agua marina oscuro, con tintes naturales aplicados en este
caso a lana y crin de caballo. En otras piezas trabajará con algodón y otras fibras
naturales. Dentro del tejido principal que hasta el momento será siempre de gran formato,
entrelaza partes pretejidas que dan un mayor volumen y textura a la pieza. En otras obras
de esta época aparecerán los rollos de tejido que se sobreponen unos a otros generando
un efecto visual extremadamente rico.
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Vista de exposición Olga
de Amaral:
Lost Images, Inherited Landscapes, 1992
en la galleria Johnson County Community College |
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Sin embargo, la obra más
conocida de Amaral y por la cual ha ingresado a grandes colecciones internacionales como
la del Museo Metropolitano de Nueva York, el Instituto de Artes de Chicago, el Museo de
Arte Moderno de París y de Nueva York, entre muchos otros, es aquella en que comenzó a
introducir el oro y la plata. Este viraje fundamental en su producción a partir de los
años ochenta se convirtió en un sello particular que enriqueció cada pieza con
posibilidades de apreciación que cambian según el ángulo en que se miren.
Si bien la inclusión de hojillas de oro y de plata dio a su obra un rumbo diferente, no
se alejó del todo del punto de partida inicial de su producción, al mantener
reminiscencias de materiales utilizados en nuestras culturas tradicionales. Estas piezas
deslumbrantes de carácter espectacular, que varían entre un gran formato y uno muy
pequeño, adquirieron una dimensión casi sagrada, evocando inevitablemente relaciones con
la riqueza del mundo precolombino y la utilización sagrada de estos materiales. Ellas
retoman el carácter simbólico del culto precolombino al dios Sol a través de oro.
Un ejemplo interesante que todos pudimos ver en diferentes lugares de la ciudad, fue la
propuesta que hizo para Arborizarte. Produjo uno de los pocos árboles rescatables de este
proyecto con una propuesta completamente coherente con su trabajo plástico y con una
sincronización total con el espacio abierto al cual está destinada la pieza. Era un
árbol cuyo follaje estaba formado por centenares de hojillas metálicas doradas similares
a las que deben colgarse del cuello los policías y soldados con todos sus datos grabados.
Pero más espectaculares y misteriosas se vuelven sus piezas en las cuales utiliza
magistralmente las calidades del oro.
Amaral debe reconocerse sin duda como una de las principales artistas colombianas, cuyo
legado para la plástica nacional está aún por valorar en su más amplia dimensión.
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