La señora Milton se agravaba cada día más y ya no esperaban todos sino que de un
momento a otro muriera. Xochi y Pilli estaban preocupadísimos.
El domingo siguiente a la
llegada de los niños a Londres, Lord Milton los llevó a un oficio religioso en una
iglesia un poco retirada de la ciudad. Xochi y Pilli oyeron la más bella polifonía que
se hubieran imaginado. La misa de un compositor inglés llamado William Byrd, cantada en
latín a cuatro voces, sólo por hombres y niños. Sonaba de una manera tan maravillosa,
que Pilli no pudo resistir decirle a Xochi:
Esto debe ser lo
que decía Cornelio. ¡La polifonía no puede ser más bella!
Xochi se ventilaba su
nariz y en esos instantes de belleza, olvidaron la enfermedad de la señora Milton. Los
niños tenían razón. La polifonía, y la ciencia para poderla escribir, "el
Contrapunto", no podía avanzar más. Era el momento en que se cantaban las misas
más bellas y muchos compositores estaban sólo dedicados a escribir polifonía, obras
para voces humanas únicamente, sin acompañamiento de instrumentos. El desarrollo de la
polifonía había llegado a su mayor belleza en el siglo XVI.
Al día siguiente lady
Milton se puso gravísima. Pilli llamó a Xochi y le dijo:
¡Debemos hacer
algo! Llamemos a nuestro padre. ¡El debe ayudarnos a salvar a la madre de nuestros
amigos!.
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Viola
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Ya lo había
pensado le dijo Xochi.
¡Vamos al sótano
sin que nos vean!
Xochi y Pilli corrieron
hacia el sótano; se metieron por una puertecilla al lado de la cocina. El sótano era muy
oscuro. Ya adentro, pensaron con fuerza en ver a su padre.
Esperaron un rato y de
pronto, poco a poco, el sótano se fue iluminando hasta que apareció la figura del padre
de los dioses.
¡Padre, tú debes
saber para qué te necesitamos! le dijeron los niños.
El padre de los dioses les
habló de esta manera:
Xochi y Pilli, yo
les he vigilado durante todo su viaje, y creo que se han portado valientemente, siempre
tratando de ayudar a los humanos. Sé que es muy duro para ustedes ver el sufrimiento de
esta familia, y estaba esperando que me llamaran. La enfermedad que tiene la señora puede
curarse con la miel de un árbol que sólo hay en la tierra de los dioses. Yo les daré de
esta miel y ella, al beberla, sanará. Entregó a los niños un pequeño frasco con una
substancia rosada.
¡Deben
dársela a beber! ¡No demoren, ella está muy grave y puede morir de un momento a otro!
¡Vayan en paz que los seguiré vigilando en su viaje!.
El padre de los dioses se
desvaneció en el aire y Xochi y Pilli corrieron hacia donde Henry.
¡Henry, mira!
¡Debes hacer que tu madre beba esta miel; con ella se salvará!
Henry no hizo ninguna
pregunta. Creía ciegamente en Xochi y Pilli.
Corrió hacia el cuarto de
su madre, cuyo lecho estaba rodeado por su padre, su abuelita, sus tíos y su hermanita
María.
Padre dijo
Henry con voz emocionada. Mi madre debe beber ésto para salvarse!
Lord Milton quiso
detenerlo, pero la abuelita le dijo:
¡Déjalo Henry! Mi
pobre hija no puede empeorar más. ¡Deja al niño con la ilusión de salvarla!
El propio Henry se acercó
a su madre y ayudado por Xochi le fue dejando caer, gota a gota, la miel sobre los labios
entreabiertos. Ninguno de los presentes entendía lo que estaban haciendo los niños;
creían que la actitud de Henry era de desespero al ver que su madre se estaba muriendo.
Pasaron algunos minutos.
Todos los presentes miraban fijamente al rostro de la señora Milton. De pronto esta
comenzó a abrir lentamente los ojos hasta que los abrió completamente. Ninguno podía
creer lo que estaba viendo. Esperaron y, poco a poco, sus mejillas se fueron sonrosando y
sus labios comenzaron a moverse como queriendo decir algo. Henry miraba a su padre y éste
a Xochi comprendiendo el milagro. Pasaron treinta minutos y Lady Milton, quien había
estado al borde de la muerte... ¡había reaccionado!
Henry miró a Xochi y
Pilli y les dijo en voz baja:
iGracias. El
remedio ha revivido a mi madre!
Xochi y Pilli no
contestaron. Henry se dirigió a su padre y le dijo también en voz baja:
iNo preguntes nada,
padre. Mamá está viva gracias a Xochi y Pilli. Eso es lo importante. ¡No preguntes nada
más!
Está bien
dijo emocionado Lord Milton.
La mejoría de Lady Milton
fue muy rápida. Al día siguiente ya se pudo levantar. Los niños pasaron con ella la
mayor parte del día cantando y danzando. Ella estaba feliz y ya su esposo le había
contado del remedio milagroso que la había salvado.
Xochi y Pilli eran
tratados como dos hijos más. Fueron matriculados en la escuela junto con Henry y María y
tenían que ir todas las mañanas a estudiar. Nadie les hacía preguntas personales, así
que estaban muy tranquilos.
En la escuela disfrutaban
mucho, especialmente con la clase de literatura, donde aprendían de memoria algunas obras
y las representaban. Xochi y Pilli, con su memoria prodigiosa, podían repetir los textos
de poesía y teatro sin ningún error, y lo hacían con tanto entusiasmo que toda la clase
se animaba.
Por las tardes
llegaban a casa de los Milton los profesores de música, danza y pintura. En clase de
música, Xochi y Pilli aprendieron la escritura musical, cosa que les interesó
muchísimo.
Profesor. . .
¿desde cuándo los hombres inventaron la escritura musical? le preguntó una tarde
Pilli.
Querida niña
le respondió el profesor. Desde el siglo XI la escritura comenzó a
desarrollarse. El monje italiano Guido de Arezzo ayudó mucho en este sentido.
¡Ah, sí!. Guido
de Arezzo en el siglo XI interrumpió Xochi. ¿Recuerdas, Pilli?
Xochi recordó cuando
estuvieron en Roma en el monasterio benedictino. Allí estaban esperando la visita de este
famoso monje.
Después de él
continuó explicando el profesor, muchos otros sabios se dedicaron a seguir
desarrollando la escritura musical. Ahora, prácticamente todo se puede escribir sobre
estas cinco líneas que se llaman "pentagrama".
Les mostró diferentes
partituras y les iba explicando la duración de los sonidos, la altura, la manera de
escribir las pausas o silencios, los diferentes ritmos, etc.
¡Ahora sé por
qué la polifonía está tan desarrollada! Dijo Xochi.
Claro, porque ahora
la música se puede escribir opinó María.
Yo creo que es más bien,
porque inventaron la ciencia del "contrapunto" dijo a su vez Henry.
Sí, pero el
contrapunto no existiría sin la escritura musical se defendió María.
Me gusta que
discutan sus puntos de vista, niños les dijo el profesor. Pero. . .
continuemos.
En la clase el profesor
les enseñaba también a tocar la viola y el laud. Xochi y Pilli lo habían aprendido con
los juglares, pero este laud inglés tenía más cuerdas que aquel. Para el profesor la
clase con Xochi y Pilli fue una delicia. Henry y María se esforzaban en hacer todo bien
para no quedarse atrás. Formaron un conjunto bellísimo. Xochi y Henry con viola y laud;
María tocando el viriginal y Pilli la flauta de pico.
La música para
instrumentos en esa época, era casi siempre para danzar; danzas francesas, españolas,
italianas, flamencas, inglesas, escocesas, polacas y de muchas otras regiones de Europa.
En el siglo XVI y comienzos del XVII la polifonía y la música de instrumentos estaban
separadas. La hermosa polifonía que los niños habían escuchado en la iglesia estaba
escrita sólo para voces, sin acompañamiento de instrumentos. Las voces de los niños
reemplazaban a las voces altas de las mujeres. Xochi y Pilli recordaban cómo la
prohibición de que cantaran las mujeres venía desde los primeros siglos del
cristianismo, precisamente desde las catacumbas. Claro que las mujeres no cantaban la
música religiosa, pero sí la polifonía "secular" con textos en inglés y
otros idiomas. Los compositores el siglo XVI, habían comenzado a escribir hermosas
canciones a varias voces. Tal vez como reacción a tanta música religiosa.
Maestro le
pidieron un día los niños. Quisiéramos escuchar algunos "madrigales".
Precisamente
niños, el próximo viernes habrá una reunión musical en casa de Lord Wellington, con
motivo de la llegada de dos nuevos maestros de cantó a la corte. Como soy tan amigo de
él, creo que no habrá inconveniente en llevarlos.
iQué bueno será!
se entusiasmaron los niños.
La madre de Henry y María
mejoraba rápidamente y ya casi no se notaban señas de su enfermedad. Ella misma quiso
llevarlos a la velada musical. Esa noche los niños y Lady Milton subieron al coche que
los llevaría hasta la casa de Lord Wellington. El frío era intenso y comenzaban a caer
los primeros copos de nieve. Xochi y Pilli hicieron detener el coche para bajarse y tocar
la nieve blanca, espumosa y suave. Por primera vez veían la nieve y se emocionaron tanto
que Henry le comentó a su madre:
-¡Madre, míralos! No
parecen de este mundo. ¡ Nunca habían visto nieve!.
Xochi y Pilli subieron
nuevamente al carro y al poco rato llegaron a casa de los Wellington.
Los invitados, muy
elegantes, llenaban la sala donde se realizaría el concierto. Los puestos de los niños y
Lady Milton habían sido separados en la parte de adelante. Antes de sentarse, unos pajes
recibieron los abrigos de los niños.
Lord Wellington, un
anciano muy respetable, se acercó a Lady Milton para saludarla. Los niños se pararon a
su vez y saludaron con una inclinación de cabeza.
El profesor de música de
los niños fue el encargado de anunciar los nombres de los integrantes del grupo y de las
obras que iban a interpretar.
El grupo estaba compuesto
por ocho hombres y ocho mujeres, todos jóvenes y vestidos muy sencillamente con trajes
del mismo modelo. Se pararon frente a los invitados y el profesor de música anunció:
- Nuestro conjunto
invitado cantará, en primer término, un madrigal de nuestro compositor John Dowland.
Los jóvenes cantaron un
precioso madrigal a "capella" o sea, sin acompañamiento. Enseguida
interpretaron otros de William Byrd y Thomas Weelkes, compositores ingleses muy conocidos.
El profesor anunció a
continuación, que el grupo cantaría algunos madrigales italianos, acompañados de laud.
Xochi y Pilli
gozaron inmensamente esta velada musical. ¡Finalmente podían oír la polifonía como
ellos habían soñado! Al final el grupo cantó dos "Chanson", canciones
francesas del compositor francés Clemente Janequin, que imitaban el canto de los
pájaros. Xochi, con su pobre nariz coloradísima de la emoción, y Pilli como si
estuviera oyendo en un sueño maravilloso, escucharon muy atentamente todo el concierto.
Lo mismo sucedió con Henry y María quienes se habían contagiado del entusiasmo de sus
amiguitos.
Cuando llegaron a la casa,
Lord Milton los estaba esperando para la cena. Cada uno dio su opinión sobre la hermosa
velada musical.
Fue muy bella y los
niños estuvieron felices comentó Lady Milton.
¡Hemos escuchado
lo más bello en polifonía! dijo Xochi.
Sí, creemos que no
se puede cantar más hermoso, sobre todo, las canciones francesas fueron lindas, ¿verdad?
comentó Pilli.
Sí. ¡A mi
también me gustaron mucho! dijo María. Quién sabe cuándo comenzarán a
cantar acompañados por instrumentos. Creo que se oiría bellísimo.
Ya se comienza,
hijita le dijo su padre. Hay muchos reyes y nobles que aman el arte y ayudan
a los artistas para que escriban música. Nuestro gran amigo, el Duque de Mantua, Vincenzo
de Gonzaga, es uno de ellos. En su corte viven pintores y músicos dedicados a crear cosas
bellas.
Lady Milton intervino:
Recuerda querido
que le hemos prometido una visita al Duque.
¡Sabes que Italia
queda muy lejos, Isabel! Pero, tal vez podríamos arreglar el viaje con los niños. Para
ellos sería muy importante pasar una temporada en medio del ambiente de los Gonzaga.
¡Sí, padre,
llévanos a Mantua! pidieron Henry y María.
¿Y qué opinan
Xochi y Pilli? les preguntó Lord Milton.
Nos encantaría
conocer ese personaje y viajar con ustedes respondió Xochi muy serio.
El viaje a Italia era muy
largo. Primero, debían pasar en barco el mar que separa a Inglaterra del continente
europeo. Después, emprender un largo camino a través de Brabante, Luxemburgo, el Franco
Condado y Saboya, hasta llegar a Italia. Lord Milton tenía una amistad muy sincera con el
duque quien había invitado en repetidas ocasiones a los Milton para visitar Mantua.
Buscar un mejor clima para pasar el invierno, por bien de la salud de Lady Milton, fue lo
que impulsó al padre a preparar el viaje.
Lord Milton conocía la
gran afición del duque hacia los perros "lebreles" de Escocia. Decidió viajar
al norte para conseguir dos, y llevárselos de regalo.
Un día emprendió camino
hacia Escocia, acompañado por el viejo Steve. A los ocho días estaban de regreso con dos
hermosos perros "lebreles". Los trajeron encerrados en grandes jaulas. La
llegada de los perros fue un acontecimiento; los niños quisieron acariciarlos, pero Lord
Milton no lo permitió.
Son perros adultos
y no los conocen a ustedes. ¡Pueden morderlos!. ¡Cuidado!!
Si me permite, Lord
Henry le dijo Pilli, creo que no me harán daño y se acercó a las
jaulas. Los perros se acostaron mansamente cuando la niña se acercó y comenzaron a
aullar como pidiendo que los acariciaran. Lord Milton comprendió que los perros habían
reconocido en Xochi y Pilli un poder especial. Sacó a los lebreles y éstos se dejaron
acariciar por los niños quienes jugaron con ellos como si siempre los hubieran conocido.
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Un
Clavicembalo
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Los preparativos del
viaje siguieron durante varios días hasta que llegó el día de la partida.
La familia Milton, Xochi,
Pilli y Steve se acomodaron en dos coches tirados cada uno por cuatro caballos. Como iban
a permanecer dos meses en Mantua, llevaban mucho equipaje, además de los perros lebreles
y otros regalos para el duque, entre ellos, un hermoso laud y partituras musicales de los
más importantes compositores ingleses.
Embarcaron en el puerto de
Inglaterra y llegaron a la costa de Flandes, la mañana del 13 de noviembre. Descansaron
un poco en el puerto y esa misma tarde tomaron el camino que atraviesa el reino de
Flandes.
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