LA POLIFONIA
CAPÍTULO XII
Esa tarde salieron los
niños a montar a caballo. Xochi y Pilli montaban muy seguros, lo mismo Henry y María
quienes desde muy pequeños estaban familiarizados con los caballos. Los árboles habían
secado sus hojas y el paisaje tenía un color amarillento de otoño.
Xochi, ¡corre
delante de mí y luego te alcanzo! le dijo Henry.
¡Está bien!
Y Xochi partió a toda velocidad adelantándose a todos.
Henry, que montaba
perfectamente, no pudo alcanzarlo por más esfuerzo que hizo. ¡El caballo de Xochi iba a
una velocidad increíble! Parecía con alas en las patas; el animal al sentir en su lomo
al niño y al oír su voz animándolo, recorría el campo rapidísimo. Xochi paró al pie
de un arroyuelo hasta que llegó Henry.
Xochi... ¿qué
hiciste? ¡Nunca había visto un caballo tan veloz!
Ja, ja... ¿Para
qué me dijiste que me adelantara?
Devolvámonos, las
niñas se han quedado muy atrás.
Los niños comenzaron el
camino de regreso, lentamente. Xochi estaba feliz viendo caer las hojas amarillas de los
árboles y respirando el aire suave de esa tarde.
¿Sabes, Henry?
¡La vida de los humanos es bella!
Henry no entendió
bien lo que quiso decir Xochi. Ya había notado algo muy extraño en sus amiguitos, pero
como su cabeza estaba llena de fantasías, creía que podrían ser seres de otros
planetas. Así se lo comentó a María esa noche antes de acostarse!.
Hermanita, hoy
Xochi casi voló en el caballo; eso no lo pueden hacer las personas, ¿no crees?
¡Si, me di cuenta!
también Pilli es muy extraña, ya ves cómo toca el virginal, como si hubiera estudiado
antes, y aquí era la primera vez que lo veía. Y en la cocina, cuando estábamos amasando
las galleticas, las hacía a una velocidad que yo no podía creer.
Yo pienso que no
son seres humanos, pero no debemos preguntarles nada, de pronto se disgustan y se van.
Sí, es mejor
seguir con ellos como si no hubiéramos notado nada. Dijo
María.
Son nuestros mejores amigos y no debemos perderlos. Hagamos un pacto entre los dos,
hermanita: nunca les diremos que sospechamos que no son humanos; si ellos quieren
contarnos algo está bien, si no. . . ¡nosotros callados ¿De acuerdo?
De acuerdo
contestó la niña pasando su dedo chiquito y entrelazándolo con el de Henry para sellar
el pacto de silencio.
Mañana llegan
nuestros padres, creo que se alegrarán de conocer a Xochi y Pilli. Que descanses,
hermanita.
Hasta mañana,
Henry.
Al día siguiente, era
mediodía cuando llegó la carroza de los Milton. Los niños y Steve corrieron a
recibirlos. Lord Henry Milton era un hombre joven, alto, de aspecto muy agradable. Venía
solo; los niños lo abrazaron y le preguntaron por su madre.
No pudo venir,
está un poco mal de salud. Pero he venido para llevarlos a Londres. ¡Partiremos esta
misma tarde!
¿Mamá está
enferma?. ¿Es grave? preguntaron ansiosos, Henry y María.
No es grave, deben
estar tranquilos. ¿Quiénes son estos niños tan simpáticos? preguntó mirando a
Xochi y Pilli.
Son nuestros
amiguitos. Steve les dio permiso de acompañarnos. Llegaron hace tres días les
explicó Henry. Xochi y Pilli, les presento a mi padre.
Los niños saludaron al
señor Milton muy cortesmente y éste se quedó encantado con ellos.
Padre, ¿pueden ir
con nosotros a Londres? Ellos desean conocer rogó María.
¡Muy bien, muy
bien! se ven unos niños buenos e inteligentes.
Creo que no habrá
inconveniente; deben apresurarse a preparar las cosas.¡Saldremos en dos horas!
El señor Milton se quedó
hablando con Steve mientras los niños entraban en la casa. Este lo informó de la forma
en que habían llegado Xochi y Pilli y de la maravillosa compañía que eran para sus
hijos.
¡Han aprendido
tánto de ellos! le decía Steve. ¡Son unos seres adorables,señor!
¿Y quiénes crees
que sean?
No puedo
imaginarlo, señor, pero son unos niños muy especiales.
Creo que los
llevaré a Londres con mis hijos. La señora está muy enferma y María y Henry van a
necesitar compañía. ¡Ayúdales tú a preparar sus cosas!
Con su permiso,
señor respondió Steve, retirándose.
El trayecto entre la casa
de campo y Londres fue de tres horas. Pararon una vez en el camino a tomar agua. Lord
Milton conversó todo el trayecto con Xochi y Pilli y se admiró de los conocimientos de
los niños quienes le hablaban de todos los temas.
Henry y María estaban
felices de ver cómo su padre había congeniado con sus amiguitos.
Antes de llegar a Londres
el señor Milton les recomendó que debían guardar silencio en la casa y portarse muy
bien porque el ruido podría molestar a su esposa.
Lady Milton estaba en cama
acompañada por una criada cuando entró su esposo.
Querida mía.
¿Cómo te sientes?
Estoy un poco
débil Henry, pero quisiera ver a los niños. ¡Hazlos pasar!
Los niños entraron a
saludar a su madre y Xochi y Pilli esperaron afuera. María y Henry la abrazaron y cada
uno quería contar lo que habían hecho en el campo.
Y encontramos unos
amiguitos. Se llaman Xochi y Pilli. Han venido con nosotros. Papá les permitió venir.
Le contó María.
¡Cálmense
hijitos! me alegro tanto de verlos y la señora Milton se secaba las lágrimas con
su pañuelo.
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EL
VIRGINAL
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Debes estar
tranquila, querida le dijo el señor Milton. Niños, salgan ya!
No Henry; deja
entrar a los amiguitos. ¡Quiero conocerlos!
Xochi y Pilli entraron a
conocer a la señora. Nunca habían visto a alguien enfermo y les causó mucha impresión.
Los dioses nunca se enferman y por lo que les habían contado, las enfermedades muchas
veces hacían morir a las personas. Cuando salieron estaban tristes de pensar en que una
persona tan bella y joven como la señora Milton, estuviera en esa cama, sin poderse
levantar.
Henry y María también
estaban tristes y preocupados. Los días siguientes a su llegada no querían jugar, se
pasaban el día entero leyendo o hablando en voz baja con Xochi y Pilli.
iNuestra madre
está muy enferma! Mi padre me lo ha dicho. Están tratando de salvarla pero parece que es
una enfermedad desconocida para la cual no hay remedio les dijo una tarde Henry.
Mamá no debe
morir. ¡La necesitamos tanto! dijo María limpiándose las lágrimas.
Xochi sintió que se le
ponía roja la nariz de la emoción que le producía ver la tristeza de los niños.
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