LA FABRICA DE VIOLINES
CAPÍTULO XV
Un día estaban los tres
hablando sobre los instrumentos de cuerda y Akbal les contó que en Cremona, la ciudad
natal de Monteverdi, había una familia fabricante de violines.
Estos
"Amati" son una familia que tiene el taller donde se construyen los más finos
violines del mundo. Yo siempre he deseado ir a conocerlo.
¿Cremona queda
lejos? preguntó Xochi.
No es muy lejos;
podríamos ir en coche. O... ¿Saben de alguna manera más rápida? Pilli se rió:
Tú ya conoces una
manera más rápida de viajar. ¿Verdad?
Los tres se rieron, y
decidieron ir a Cremona especialmente a conocer la familia Amati y sus famosos violines.
Al día siguiente,
temprano, tomaron los ayotl para viajar a Cremona.
Akbal dijo
Pilli. Siempre debemos llevar nuestras cosas. No sabemos si vamos a regresar a
Venecia.
Sí, Pilli.Ya tengo
todo lo mío en este talego. Estoy listo.
Los tres subieron a los
ayotl y desearon encontrarse en Cremona. En un abrir y cerrar de ojos estuvieron allá, en
una solitaria calle empedrada.
Ahora sé, que sí
eres un dios Akbal le dijo Xochi mientras caminaban. Si no lo fueras,
seguramente no te podrías transportar con los ayotl.
Yo también ya lo
sé. Me siento tan feliz con ustedes. Seguramente venimos del mismo lugar.
Preguntaron a un hombre
que encontraron en la calle, dónde quedaba el taller de los Amati, y éste les indicó el
lugar. Se encaminaron hacia allá, muy alegres, los tres cogidos de la mano.
Al llegar frente a la
casa, leyeron un letrero grabado en una tabla que decía: "Taller Amati -
Violas". La puerta estaba abierta y desde la entrada, se veían por todas partes
pedazos de madera y herramientas.
Un viejito, que estaba
lijando un instrumento pequeño, levantó la cabeza para mirar quién había entrado.
Buenos días,
señor saludaron los niños.
Buenos días,
jovencitos. ¿Qué se les ofrece?
Deseamos conocer el
taller.
Con mucho gusto.
Pueden seguir y mirar cuanto deseen; pero, les recomiendo no tocar nada.
Muchas gracias,
señor. Quisiéramos conocer al maestro Amati.
- Si quieren conocer al
viejo, lo tienen frente a ustedes. Je, je... Pero, si quieren conocer a los jóvenes, se
encuentran en la parte de atrás de la casa.
Akbal exclamó:
¡Ah! Es usted el
señor Amati. Nos alegramos tanto de conocerlo. Venimos de Mantua y somos alumnos de
Claudio Monteverdi.
¿Monteverdi? ¿El
gran Monteverdi? Qué bueno conocer a tres alumnos del gran maestro. El tiene uno de mis
más preciosos violines.
El viejito, que era el
famoso Andrea Amati, se paró a atender a los niños. Les mostró todo el proceso para
fabricar las violas y violines más finos del mundo.
Las maderas eran escogidas
y secadas cuidadosamente durante varios años. Cada instrumento era una obra de arte,
primorosamente pulido y de una forma bellísima.
Esta fábrica de los Amati
fue la primera en el mundo que construyó los violines en forma perfecta. La inició
Andrea, el viejito con quien los niños estaban hablando, desde que tenía treinta años
de edad, en 1560. Sus hijos, Antonio, Nicola y Girolamo, continuaron la tradición, y
después sus nietos Nicola y Francesco, y su biznieto Girolamo, quien murió en 1740. Este
fue el último de los Amati.
En el taller de
estos célebres artesanos, aprendieron el oficio, dos también famosos constructores de
violines: Guarnerius y Stradivarius.
No hay instrumento
que suene más dulce que un violín dijo Andrea a los niños. Les mostraré
uno que he terminado ayer. Es para el rey de Francia.
Se dirigieron al salón
donde daba el toque final a los instrumentos. Allí, se les colocaba las clavijas y las
cuatro cuerdas. Se dejaban lustrosos, listos para ser entregados a quienes los habían
encargado. El viejo abrió una vitrina y sacó un estuche forrado en terciopelo rojo. Lo
destapó y los niños vieron un hermoso violín de color oscuro brillante.
¡Qué bello; debe
sonar muy dulce! comentó Pilli.
Ustedes deben saber
tocar el violín, ¿verdad?
Sí señor
contestó Akbal. Mi maestro de violín ha sido Claudio Monteverdi.
¡Toma! Tócalo si
quieres.
Akbal tomó el hermoso
violín en sus manos, afinó sus cuerdas, se paró derecho como le había enseñado
Monteverdi, se lo colocó debajo de la quijada, y con el arco, comenzó a rasgar las
cuerdas.
¡Qué lindo
sonido! El señor Amati movía la cabeza en señal de satisfacción y orgullo por
haber construido ese violín. Xochi y Pilli estaban encantados con el dulce sonido, y por
supuesto, a Xochi se le enrojeció la nariz de la emoción. En ese momento pensaba que una
de las obras más hermosas hechas por el hombre, eran estas cajitas de música llamadas
violines.
Cuando Akbal terminó, el
viejo Andrea Amati lo abrazó emocionado:
Tenias que ser
alumno del gran Monteverdi para tocar de esta manera. Pensaba que sólo los dioses podían
hacerlo!
Los niños sonrieron
mirando a Akbal. El viejo guardó nuevamente el violín en su estuche y les dijo:
Vamos atrás de la
casa. Les presentaré a mis hijos y a mi nieto Nicola.
Siguieron detrás del
viejo. En la parte de atrás de la casa, había un gran patio donde tenían almacenada la
madera. Un hombre estaba serruchando un tronco, sacando de él trozos pequeños.
Andrea Amati presentó a
los niños sus dos hijos, Girolamo y Antonio. Un niño, más o menos de once años, fué
presentado como Nicola, hijo de Girolamo.
Este muchacho será
un gran constructor de violines; ama su oficio y tiene mucha facilidad para aprender
dijo el viejo como adivinando que este niño llegaría a ser el más famoso
artesano de violines de su época.
Estuvieron toda la mañana
en el taller, y a mediodía se despidieron de los Amati, llevándose un gran recuerdo de
ellos.
Permanecieron un día más
en Cremona, conociendo la ciudad.
Me gustaría tanto
volver a Venecia les comentó Xochi.
A mí también me
gustaría dijo Pilli.
Pero. . . quisiera
ir en otra época. Así como Claudio Monteverdi es el más importante músico de 1600,
deberíamos conocer al más importante músico de Venecia en 1700. ¿No les parece buena
idea?
iSería
emocionante! dijo Akbal.
Viajar por el
tiempo y conocer la música que todavía no existe. Pero. . . agachó la cabeza
pensativo.
¿Qué te pasa?
¿Qué te preocupa? le preguntó Pilli.
El duque Vincenzo.
Debes hacerle saber
que no volverás le dijo Xochi.
Sí, ya no puedo
volver, sabiendo quien soy.
¡Escríbele una
carta!
Está bien. La
redactaremos entre todos.
Los niños escribieron una
carta dirigida al duque de Mantua, donde Akbal le agradecía todo lo que había hecho por
él, pero le explicaba que no podía volver por ahora, porque quería buscar el origen de
su nacimiento. Le pedía lo perdonara y lo comprendiera.
Akbal sintió tristeza al
despedirse del duque en esta forma, pero comprendía que su vida había cambiado: Ahora
compartiría con Xochi y Pilli, la aventura en la tierra de los hombres.
Esa misma tarde, tomaron
los ayotl y sus cosas, y se prepararon para trasladarse a Venecia.
No me imagino cómo
será, siento un poco de temor dijo nervioso Akbal.
No te preocupes.
Viajar por el tiempo es como transportarse de un lugar a otro lo tranquilizó
Pilli.
Se subieron sobre los
ayotl, se tomaron de las manos, y desearon encontrarse en Venecia, en el año de 1700.
En un momento estuvieron
parados en una estrecha calle de Venecia junto a un canal.
No se nota que haya
cambiado mucho Venecia comentó Xochi.
Se ve todo igual.
¿Sí estaremos cien años más tarde?
Eso debemos
averiguarlo dijo Xochi. Vamos a la plaza de San Marcos.
Tomaron un barquito que
tenía un letrero: "A San Marcos". Se bajaron en la plaza que estaba llena de
gente. Los edificios adornados con banderas de colores, le daban un aspecto de alegría y
de fiesta.
Los niños caminaron entre
el gentío y finalmente, se acercaron a un grupo de jóvenes que estaban conversando en
una esquina, y escucharon lo que estos conversaban:
¿Por qué no vamos
esta noche todos a la ópera?
Buena idea. En San
Casiano están presentando "La Coronación de Popea" del divino Monteverdi.
Estoy deseoso de verla.
Akbal, que quería entrar
en la conversación, preguntó al joven:
¿El maestro Monteverdi,
ya murió?
¡Uhhh!. . .
exclamó admirado de que no lo supiera. Murió en 1643, hace exactamente.. .
sesenta y tres años.
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Violoncello
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Xochi y pilli
hicieron cuentas: 1643, más 63, igual...1706.
Estamos en 1706,
Xochi. Exactamente cien años después.
Entraron en el círculo de
jóvenes venecianos. Les contaron que eran extranjeros y querían conocer Venecia.
Tenemos muchos
teatros de ópera les dijo uno de los jóvenes. El primero fue San Casiano,
que lo abrieron hace setenta años. Además, hay otros ocho teatros. De todas partes del
mundo vienen a representar óperas. En este año se han presentado más de veinte nuevas
óperas.
Este joven veneciano, cuyo
nombre era Leonardo Cavalli, pertenecía a una importante familia. Congenió
inmediatamente con Akbal, Xochi y Pilli. Les contó sobre las óperas de Monteverdi, que
era un compositor adorado por todos, no solamente en Venecia, sino en el mundo entero.
Los niños escuchaban lo
referente a Monteverdi, con alegría. Sobre todo Akbal quien había amado tanto a su
maestro.
Le preguntaron si conocía
algún buen músico en Venecia y Leonardo les dijo que tenían que conocer, de todas
maneras, al "Prete rosso" el cura rojo, quien vivía en el "Ospedale della
Pietá".
Cuéntanos qué es
el Ospedale della Pietá le pidió pilli.
Es una institución
donde enseñan canto e instrumentos a señoritas.
¿Sólo a
señoritas? preguntó extrañado Xochi.
Sí, sólo a
señoritas. El "Prete rosso" se llama Antonio Vivaldi y es un músico muy
importante en Venecia.
Nos gustaría
conocerlo dijo Akbal.
¿Tú podrías llevarnos donde él?
Claro que sí, pero
será mañana. Hoy tengo compromiso con mis amigos. Si quieren podemos encontrarnos
mañana, aquí en la plaza, a las diez.
Está bien.
Gracias, amigo. Nos veremos mañana a las diez.
Se despidieron de su nuevo
amigo y entraron en la catedral. Esta vez, estaba sonando el órgano espléndidamente. Se
dieron cuenta de que la música había avanzado más. En esos cien años transcurridos,
los grandes maestros del órgano, habían inventado nuevas técnicas, no sólo para tocar,
sino para escribir la música.
El primer gran organista
de este tiempo, había sido Girolamo Frescobaldi en Roma, quien tuvo muchos discípulos,
no solamente italianos, sino del norte de Europa.
Xochi, Pilli y Akbal se
sentaron en la mitad de la iglesia, en silencio, a escuchar las bellas notas del órgano.
Se oían dulces acordes y hermosas melodías y después, como contraste, las fuertes notas
tocadas con los pedales.
Ha cambiado mucho
la música, ¿no les parece? comentó Xochi.
La música es más
adornada. iEscuchen!. . . dijo Akbal.
La melodía se escuchaba
envuelta en otras notas que no eran importantes, que servían para adornarla.
Pilli dijo:
Esta música me
recuerda el cuadro de "La Madona de Rubens", que está en el palacio ducal de
Mantua. La virgen y el niño es lo importante, y las florecitas pintadas alrededor, la
adornan, pero no son lo más importante.
Muy buena tu
comparación le dijo Akbal sonriendo. Se nota que éste es un nuevo
estilo en la música.
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