EL DUQUE DE MANTUA
CAPÍTULO XIII
Viajaban seis horas
diarias y paraban por la noche a descansar en las posadas que encontraban por el camino.
María y Henry habían
tomado clases de italiano y ahora, durante el viaje, lo practicaban con Xochi y Pilli
quienes, por el poder especial que les había dado el padre de los dioses, lo hablaban
perfectamente. En esta época, comienzos del siglo XVII, las personas cultas debían
hablar y entender varios idiomas. Los Milton hablaban, además del inglés, el italiano,
el alemán y el francés y los niños desde pequeños habían tenido maestros de idiomas.
El viaje hasta Mantua
duró quince días, pero lo hicieron sin prisa, disfrutando del paisaje y de los hermosos
pueblos que pasaban.
Para Xochi y Pilli, los
seiscientos años que habían transcurrido desde que viajaron con los juglares, en el
siglo XI de Roma a París, los hacían pensar en el cambio que había sufrido la
humanidad. Las ciudades eran ahora más grandes y todas tenían hermosas iglesias estilo
"Gótico", con sus altas torres.
Además, la gente se veía
más limpia, los campos mejor cultivados y los caminos más amplios.
Pasaron por la
ciudad de Amiens, donde se detuvieron para conocer la bellísima catedral estilo gótico,
construida hacía cuatrocientos años.
Lord Milton les explicó:
Desde el siglo XI el estilo de las construcciones y de las iglesias cambió mucho. Esta
fue una de las primeras catedrales construidas en este nuevo estilo.
Los niños miraron hacia
arriba y notaron que las torres y la cúpula eran altísimas; este estilo de construcción
se llama "Gótico". Una gran ventana en forma redonda, llamada
"Roseta", dejaba entrar la luz al interior de la iglesia.
En las iglesias y palacios
que visitaban, podían ver los cuadros de pintores famosos como Memling, Van Eick, Rubens
y muchos otros. Fue un viaje maravilloso y los niños aprendieron más sobre arte, que si
hubieran tenido clases durante un año.
Finalmente, antes de
terminar el mes de noviembre, llegaron a Mantua. Fueron recibidos por el propio duque de
Mantua, Vincenzo Gonzaga, quien les expresó su amistad y la alegría de recibirlos en su
palacio.
De los presentes que los
Milton le llevaban, fueron los perros lebreles los que ocuparon el primer lugar. Los
llevaron a las perreras donde comenzaron su vida en compañía de otros dieciseis perros
de la misma raza, que el duque apreciaba mucho y utilizaba en la cacería de la liebre, de
ahí el nombre de lebreles.
Lord Milton no exageraba
cuando les contó sobre el esplendor de la corte de Mantua. Era un hermoso palacio donde,
desde la entrada, se podía apreciar el refinamiento y el buen gusto artístico.
Los largos
corredores estaban adornados a ambos lados por preciosos cuadros al óleo de pintores
flamencos, alemanes, italianos y españoles. Cada mueble hermosamente tallado, con
incrustaciones de marfil o tapas de mármol. En el palacio había diferentes galerías
donde se alojaban los artistas y los huéspedes del duque.
El propio Vincenzo los
acompañó hasta las habitaciones que les tenían preparadas. Era un hombre muy especial,
enamorado de las cosas bellas de la vida. Los dejó, invitándolos a disfrutar de su
visita en Mantua y recordándoles que debían sentirse como en su casa. Dos criados fueron
puestos al servicio de los Milton.
El resto del día y esa
noche toda la familia, incluyendo a Xochi y Pilli, descansaron del largo viaje.
Los cuatro niños ocuparon
un cuarto grande, cuya ventana daba a uno de los hermosos jardines del Palacio Ducal.
¡Esto me gusta!
comentó María, saltando sobre su cama.
El palacio es
bello! Miremos qué se ve por esta ventana y Henry se acercó a mirar hacia fuera.
Los demás hicieron lo mismo. ¡Qué fuente tan bella! dijo Xochi.
Es el estilo de las
fuentes romanas.
- ¡Y las flores. . . y
esa pajarera inmensa, allí! señaló Pilli con entusiasmo.
Mañana temprano
iremos todos al jardín les propuso Henry. ¡Creo que estamos cansados y dormiremos
muy bien!
¡Hasta mañana
todos! les dijo Xochi.
Se acostaron y durmieron
profundamente en medio del silencio.
Xochi y Pilli presentían
que iban a tener muchas sorpresas en ese lugar tan especial. Sabían que la vida
artística en Mantua no era común y corriente.
Para comenzar, el duque
los esperaría al día siguiente para cenar con un personaje muy importante en la música
de ese tiempo y gran amigo admirado por él: Claudio Monteverdi. Era su músico preferido
y vivía en la corte. Sus obras eran estrenadas en el palacio ducal por músicos
especializados, quienes también vivían allí.
Al día siguiente, los
niños recorrieron el palacio acompañados por un joven que el duque había dispuesto como
compañía para ellos.
Este joven llamado Akbal,
había sido educado en la corte de Mantua a donde había llegado desde muy niño y no se
sabía su origen. Debido a su gran inteligencia, desde pequeño había tenido los mejores
maestros. Su gran afición a las lenguas lo había convertido en un ser especial, que a
los dieciseis años de edad, hablaba el griego, el latín, el italiano, el francés, el
alemán, el español, el inglés y un sinnúmero de dialectos. Además era un entendido en
pintura, música y matemáticas.
Para todos era el
"sabio Akbal".
Cuando Akbal llegó al palacio ducal, a la edad de dos años, venía de la mano de un
viejo mendigo, enfermo, quien dijo que lo había encontrado en el campo, solo, y por eso
lo traía con él. Nadie le creyó esta historia. Todos pensaron que el viejo había
robado al niño. Lo cierto es que el mendigo murió al día siguiente y este niño,
que lo único que sabía decir era la palabra "akbal", quedó solo y abandonado
en el palacio de los Gonzaga. El duque se enteró de la llegada del niño, lo hizo traer
para conocerlo y decidió que se quedara a vivir en la corte. Poco a poco le fue tomando
gran cariño. Era un niño inteligente y alegre; todos en el palacio lo querían y se
contaban muchas historias acerca de él. Tenía una preciosa voz de tenor y tocaba el laud
hermosísimo. Este personaje tan importante era ahora el que acompañaría a los niños
durante su visita a Mantua.
Tenía una bella figura:
cabellos negros rizados, no muy alto de estatura, de ojos claros y piel oscura.
Los niños hicieron
amistad inmediatamente con él y cuando lo vieron por primera vez, Xochi y Pilli sintieron
algo raro, como lo que se siente al encontrar un amigo después de mucho tiempo de no
verlo. Cuando supieron su nombre, Akbal, Xochi y Pilli se miraron desconcertados.
Yo me encargaré de
que estén felices en Mantua les dijo a los niños. Ya verán que no se van
a aburrir. Iremos a Venecia y a otras ciudades cercanas. ¡Les enseñaré muchas
cosas interesantes!
Desde ese día, Akbal fue
el compañero inseparable de los niños. Comenzó a mostrarles, esa mañana, el palacio
ducal. Recorrieron los hermosos salones y corredores. Entraron a uno, especialmente bello,
llamado "La sala de los espejos", magníficamente adornado con obras de arte
traídas de todas partes del mundo. En esta sala se reunían, todos los viernes, los
invitados del duque para hacer veladas musicales, que ya eran famosas en toda Mantua.
El duque Vincenzo
tiene pasión por las artes les explicó Akbal. Todos los años viajamos a
diferentes países para conseguir pinturas, tapices, armas, encajes y hasta diamantes,
para sus colecciones.
Los niños estaban
encantados con las maravillas que veían por donde pasaban.
¿Cuándo nos
llevarás a ver los perros? le preguntó María.
Tan pronto
terminemos de recorrer el palacio le contestó Akbal.
La sala de música estaba
llena de instrumentos. Cuando pasaron por la puerta, Akbal no les permitió entrar porque
adentro estaban varios jóvenes ensayando, dirigidos por un hombre de barba, delgado, de
unos cuarenta años y de aspecto elegante.
El maestro es
nuestro querido Claudio Monteverdi les explicó en voz baja.
Hoy creo que
cenaremos con él dijo Xochi.
Sí, la cena será
a las seis de la tarde. El duque les presentará a las personas más importantes de la
corte y por supuesto, estará presente Monteverdi.
En ese momento comenzó a
oírse un madrigal a seis voces, acompañado por instrumentos.
¡Qué bello!
comentó Pilli.
Sí, a Monteverdi
le encanta combinar las voces con los instrumentos.
Se fueron alejando
despacio hacia el jardín.
Xochi y Pilli quedaron muy
impresionados con Monteverdi y con la hermosa música que estaba ensayando.
Xochi, ¿no te
pareció bella esa música? le preguntó Pilli.
¡Es bellísima!
tengo muchos deseos de hablar con Monteverdi. Se ve que es una persona muy especial.
En la pajarera que los
niños habían visto desde la ventana había una hermosa colección de pájaros, de
variados colores y tamaños.
Podemos entrar
dijo Akbal, abriendo la puerta de la gran pajarera.
En el interior
tenían los pájaros árboles donde podían hacer sus nidos.
Qué pajarera tan
grande! dijo María admirada.
Pilli comenzó a cantar
como sabia hacerlo, a la manera de los pájaros de la tierra de los dioses. Los pajaritos
callaron sus cantos, tal vez por ser la primera vez que escuchaban un canto semejante.
Pero el más impresionado fue Akbal. Este canto lo había escuchado antes, no sabía
dónde, pero estaba seguro de que no era la primera vez que lo escuchaba. Cuando Pilli
terminó, le dijo:
Sigue cantando,
Pilli, quiero recordar dónde he oído antes ese canto. - Cerró los ojos para pensar.
Fue hace mucho
tiempo dijo, pero no recuerdo dónde.
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