LAS CANTIGAS DEL REY
CAPÍTULO IX
El padre de los dioses los
había mandado a España, a una ciudad llamada Sevilla, en el Siglo XIII, casi 300 años
más adelante. Cuando los niños llegaron a Sevilla, era ya oscuro y se encontraron en la
puerta de una posada, al frente de una iglesia.
Quién sabe
dónde estaremos, Xochi dijo Pilli. Yo quiero descansar.
Sí, Pilli, mañana
veremos a dónde hemos llegado. Entremos a esta posada dijo, señalándola.
Entraron a la posada, un
lugar agradable, alumbrado por varias antorchas. Una mujer gorda con delantal blanco,
estaba poniendo en orden las mesas y los bancos.
Buenas tardes,
señora saludó Xochi. ¿Podemos quedarnos esta noche en su casa?
¿De dónde vienen,
niños? les preguntó la señora con voz amable.
Venimos de muy
lejos y estamos cansados le contestó Xochi.
Bueno hijitos.
Estuvieron con suerte: aunque hoy la posada está llena de gente, tengo un cuarto donde
pueden descansar. Vengan conmigo.
La señora, la
persona más gorda que habían visto, llevó a los niños a un cuarto pequeño detrás de
la casa.
Este es el cuarto
de mis nietos cuando vienen a visitarme. Sólo por ser ustedes, dos niños cansados, los
dejo dormir aquí.
Xochi y Pilli agradecieron
a la señora y se acostaron inmediatamente. Estaban muy cansados después de tantas
emociones y con el susto que les había hecho pasar el mago Abelardo.
Descansemos, Pilli,
mañana averiguaremos dónde estamos.
Sí, Xochi, hasta
mañana.
Fue una noche muy
tranquila, sin ruidos, así que durmieron profundamente. Al día siguiente, a las cinco de
la mañana las campanas de la iglesia vecina comenzaron a tocar. Los niños se levantaron
para lavarse y se estaban vistiendo cuando llegó la dueña a golpear a la puerta.
toc, toc, toc...
¡Levántense
niños, ya es hora de misa!
Oye Xochi, ¿será
obligación ir a misa?
Yo creo que sí, si
no fuera así no nos habría llamado.
Pues vamos; de
todas maneras oiremos los cantos de la misa.
La dueña les había
preparado un desayuno delicioso que Xochi y Pilli comieron encantados.
En el patio de la casa
había varias jaulas con pájaros que cantaban muy bello. Y la dueña hizo oír a los
niños sus cantos y observar los distintos colores de sus plumas.
¡Qué lindos
pájaros! dijo Pilli a Xochi. Casi como los nuestros.
Irán conmigo a la
misa, hijitos.
Sí señora, nos
gustará acompañarla le respondieron los niños.
Toma tú,
niña;este rebozo para que te cubras la cabeza. Las mujeres debemos cubrirnos la cabeza en
la casa de Dios.
Caminaron pocos pasos y
entraron a la iglesia. Los niños miraron hacia arriba y notaron que el techo de la
iglesia era mucho más alto de los que habían visto en Italia y Francia en el Siglo XI.
Este estilo se llama gótico. Pensaron que quizá no estarían en la misma época así que
Xochi se atrevió a preguntarle a la señora en voz baja:
¿En qué año
estamos?
La señora lo miró
extrañada pero le contestó:
En el año de
gracia del Señor, 1290.
Gracias le
respondió Xochi.
Y volviéndose a donde
Pilli, le dijo al oído:
Estamos en el año
1290; doscientos sesenta años más tarde que cuando estábamos ayer, en poder de
Abelardo. Estamos en el siglo XIII, Pilli!
Saltamos menos
años que de Grecia a Roma, Xochi.
¡Silencio niños!
ya comienza el oficio dijo la señora.
La misa no había
cambiado. Eran las mismas partes con las oraciones en latín y un coro de niños que
ayudaba a la ceremonia. Pilli estaba encantada de oír el coro, cantando ya a dos voces y
acompañados con un instrumento parecido a un laud, pero tocado con un arco.
¿Cómo se llama
ese instrumento, señora? le preguntó Pilli señalándolo.
Shhhhiiiitt... En
la iglesia no se habla, pero. . . se llama "vihuela de arco" ó
"viola".
Al finalizar la misa los
niños salieron con la dueña, que los llevaba de la mano como si fueran hijos suyos y los
mostraba orgullosa a sus amigos.
Qué lindos niños
misiá Conchita la saludó una señora.
Están hermosos sus
nietos le dijo otra amiga.
Conchita, cuyo nombre de
pila era María de la Concepción del Santísimo Sacramento, había enviudado hacia veinte
años. Le habían quedado cinco hijos y ahora tenía treinta nietos que la visitaban de
vez en cuando. Por esto no era raro que las vecinas creyeran que Xochi y Pilli fueran sus
nietos. Era una mujer buena y cariñosa y por primera vez Xochi y Pilli sintieron el dulce
afecto de una abuelita entre los humanos.
Desde un principio
les gustó España y su gente; eran diferentes a los italianos y a los franceses; tal vez
más habladores pero también más alegres y afectuosos. Conchita les dio vestidos de sus
nietos por que le pareció que las túnicas que usaban eran muy viejas y nada bonitas.
Te ves preciosa con
este vestido, Pilli. Y tú Xochi te queda como a la medida el vestido de mi nieto Manolo.
Gracias Conchita,
eres muy buena con nosotros le dijo la niña.
Hoy se celebra la
fiesta de la Inmaculada Concepción; es el día de mi santo porque yo me llamo
Concepción. Seguro vendrán a visitarme mis amigos y familiares. Pero lo más bello de
todo será la procesión de Nuestra Señora, hoy a las tres de la tarde. Han venido gentes
de muchas partes, por eso está llena la posada.
¿Y tocarán
música, Conchita? le preguntó Xochi.
Claro, hijito,
cantarán las famosas "Cántigas" del rey Alfonso X el Sabio. Son en honor de
Nuestra Señora. Irán muchos músicos y cantantes en la procesión. ¡Ya verán lo
hermoso que es! Para mí es el mejor regalo en mi santo!
Todo el día estuvieron
entrando y saliendo los amigos de Conchita que le llevaban regalos y flores. Xochi y Pilli
le ayudaron a atender a la gente. Se despedían prometiéndole regresar por la noche,
cuando se reunirían para celebrar su santo con danzas y música. Los sirvientes estaban
dedicados a preparar la comida. Piernas de cerdo y de cordero, legumbres de varias clases,
panes de todos los tamaños, galletas, dulces y frutas deliciosas.
Conchita les dio a los
niños vestidos muy elegantes para asistir a la procesión.
Tienen que estar
muy bien arreglados para esta tarde. La procesión será muy solemne. Siquiera están
ustedes aquí, hijitos, para que me acompañen.
Las campanas comenzaron a
sonar desde la una de la tarde, cada media hora. Cuando fueron los tres, la iglesia estaba
llena y todo listo para la procesión. No pudieron entrar por la cantidad de gente que
había. Conchita les explicó a los niños el significado de la Cántiga que iban a
escuchar; ella lo sabía porque el sacerdote de la iglesia lo había explicado
anteriormente:
Nuestro rey Alfonso
X, llamado "El Sabio", escribió muchas Cántigas en honor de la Virgen. Este
rey fue en verdad muy sabio. Su palacio estaba siempre lleno de gente que le ayudaba en
sus trabajos de historia, música, leyes y hasta maneras de jugar al ajedrez. En su corte
vivían cristianos, árabes y judíos; no importaba su religión sino su interés por la
ciencia.
Xochi y Pilli escuchaban a
Conchita interesados. Además tenía una forma muy simpática de hablar.
¿Y el rey murió
hace mucho tiempo? preguntó Pilli.
No, hace solamente
seis años.
Nos hubiera gustado
tanto haberlo conocido dijo la niña.
Cuéntanos la
historia de la Cántiga de hoy, Conchita le pidió Xochi.
Bueno, la historia
es esta:
"Estaba un sacerdote
celebrando la misa en un convento de monjas y en el copón donde tenía el vino que ya
había sido bendecido y era ya la sangre de Cristo, cayó una araña venenosa. El
sacerdote, para no derramar la sangre de Dios, se tomó todo lo que contenía la copa,
hasta la terrible araña. Después de la misa cayó gravemente enfermo por el veneno de la
araña y las monjitas del convento le pidieron a Nuestra Señora que lo salvara y para
esto lo sangraron. Le abrieron el brazo con un cuchillo para que saliera la sangre
envenenada. Ahí se vio el milagro de la Virgen: junto con la sangre salió la araña
viva. Así, el sacerdote fue salvado por Nuestra Señora". Este es el milagro de la
Virgen que se cantará hoy. La música y la letra fueron compuestas por el sabio rey
Alfonso X. ¡Que Dios lo tenga en su gloria! dijo Conchita.
Es linda la
historia. ¿Y habrá instrumentos? pregunto Xochi.
Ya verás los
instrumentos tan bellos. Yo te los mostraré y te los iré explicando.
En ese momento salía la
procesión. Delante, tres sacerdotes con cruces; enseguida, el sacerdote principal vestido
con ropa bordada en oro; detrás, el coro de más de veinte personas y por último, los
músicos con sus instrumentos.
Xochi contó más o menos
veintidós músicos. Conchita le iba diciendo los nombres de los instrumentos: flautas de
pico, arpa gótica, violas o fídulas, panderetas, tambores, triángulos, campanillas,
sonajas y cascabeles.
Los niños y
Conchita se unieron a la procesión, detrás de los músicos. Estos iban tocando sus
instrumentos y de vez en cuando el sacerdote paraba para cantar parte de la historia del
milagro de la Virgen, con una voz fuerte y clara, y el coro le contestaba. Luego
continuaba andando la procesión. A veces en alguna de las paradas, los del coro danzaban
y cantaban también.
Toda la gente iba detrás,
rezando y llevando flores. Entre la muchedumbre iba un hombre que cojeaba, pero llevaba en
alto dos muletas, y contaba que la Virgen lo había curado. Una señora que iba junto a
Xochi y Pilli, llevaba en los brazos a un muchachito y decía: "lo aliviaste,
Virgencita, gracias te doy". De vez en cuando la gente también bailaba, pero se
empujaban unos a otros por el gentío. Era una procesión alegre; Xochi y Pilli gozaron
mucho. Caminaron durante dos horas hasta que finalmente, llegaron a una capillita
pequeña. El sacerdote entró solo y los cantantes se quedaron fuera. La gente iba
colocando sus flores en las gradas de entrada a la capillita. Al poco rato, el piso estaba
completamente lleno de flores de todos los colores.
¡Fue un espectáculo muy
hermoso!
Xochi, me encanta
ver la alegría de esta gente.
Sí, parece que son
muy felices.
Gracias Conchita
por traernos a la procesión le dijo la niña.
Yo estoy feliz de
que vinieran ustedes, ya que mis nietos no pudieron acompañarme. Vamos ahora a la casa,
estamos lejos y recuerden que esta noche irán mis amigos a visitarme.
Emprendieron el camino de
regreso y ya estaba un poco oscuro cuando llegaron a la posada.
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