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Reflexiones para educadores

Leer, ¿para qué?
Xavier Puente Do Campo*

Tema expuesto en la ponencia presentada en el Seminario Internacional ¿Qué y por qué están leyendo los niños y jóvenes de hoy?, ciudad de México, 2001

Animación a la lectura
Inexistencia de soluciones generales


¿Que entendemos por animación a la lectura? Si abriésemos un debate sobre esto, lo más probable es que llegásemos a la conclusión de que no todos hablamos de lo mismo cuando hablamos de animación a la lectura, excepción de unos principios muy generales.

En general entendemos por animación a la lectura una serie de estrategias y actividades dirigidas a despertar en las personas el deseo de leer. Y cuando así lo creemos emprendemos el duro combate de convertir a los paganos a la fe de la lectura.

En ello andamos, pero la realidad se muestra terca y nuestros esfuerzos tropiezan con crudas realidades desalentadoras al más mínimo descuido sobre los mecanismos de control de la lectura. Esto no funciona si no hay fichas de lectura, registro de libros leídos, diarios de lectura y otros muchos y variados instrumentos que controlan y vigilan que nadie se pueda salir del redil. Es decir, podemos conseguir que lean, pero, en el mejor de los casos, no sabemos si tienen un verdadero deseo de leer más allá de aceptar y cumplir una obligación escolar. Porque como en cierta ocasión le oí decir a Juan Farias, “hay quien piensa que leer es identificar a Gregor Samsa en un catálogo de cucarachas”. Hay pues una clara necesidad de reflexionar sobre nuestra práctica para poder detectar algunos de los fallos que estamos cometiendo.

Imaginemos que vosotros sois alumnos y alumnas y haya un profesor que pretende que leáis. Puestos en ese caso pueden suceder dos cosas: La primera es que el profesor o la profesora llega a clase con un libro y pretende que todos los habéis de leer. Se supone que el profesor ha leído el libro anteriormente, porque lo contrarios nos coloca en una situación aberrante. Así que el profesor procede a presentar el libro. Dirá que “es muy bonito”, que “cuenta una bella historia de amor, o de aventura, o policial...” El autor o la autora es un escritor de mucho prestigio, que ha ganado importantes premios y, en algunos casos: “cuando acabemos la lectura vendrá a la escuela o al instituto y lo podréis conocer personalmente”.

Por supuesto, cuando acabéis la lectura habréis de responder a las preguntas de una ficha sobre el contenido del libro. En ella se os preguntará, además del título, nombre del autor o autora, editorial, colección, número de capítulos y páginas... y cosas tan enjundiosas y fáciles de responder como “¿Qué es lo que más te ha gustado del libro?” Que siempre aparece. Ahora al profesor sólo le falta deciros que una vez que hayáis leído el libro y cumplimentado la ficha os la devolverá corregida.

La otra solución es la de llevaros a todos a la biblioteca donde cada uno podrá coger el libro que más le guste. Lo haremos por orden de lista, con lo cual a Vanesa Zapata siempre le tocan los más gordos, de letra pequeña, pocos diálogos y sin ilustraciones. Y allí os dejan para que busquéis un libro sin orientación alguna, sin que nadie os diga de qué trata, si le ha gustado o no... Eso sí, fijaos bien en lo que escogéis, porque no se pueden cambiar. Cuando leas ése y hagas la ficha correspondiente puedes coger otro, pero primero has de leer completo el que inocentemente has tomado. Qué miedo, ¿no?

Ambas situaciones son reales, algo exageradas, pero ciertas. Son la consecuencia de considerar que los libros son todos iguales y lo mismo da uno que otro y que los niños y las niñas también son todos iguales. Pero es que los libros son todos distintos y los niños también y el deseo de leer nace cuando un niño concreto encuentra un libro concreto. Para que eso se dé es necesario hacer múltiples intentos de emparejamiento. Pero no intentos al azar, sino de forma que el individuo se sienta cada vez un poco más cerca de tan gozoso encuentro.

Por eso no existen soluciones generales en la animación a la lectura. Hay que actuar sobre cada individuo particular y concreto. Dice Jorge Larrosa “[...] sólo cuando confluye el texto adecuado, el momento adecuado, la sensibilidad adecuada, la lectura es experiencia”

*Xavier Puente Docampo. Profesor y escrito español, involucrado en los movimientos de renovación pedagógica. Conferencista diversos congresos de España y otros países y ha dictado cursos para profesores sobre la didáctica de la lengua y la literatura. En 1995 recibió el premio Rañolas a la mejor obra de literatura infantil y juvenil en Galicia y forma parte de la Lista de Honor de IBBY.

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