ROALD DAHL
Uno de los autores contemporáneos más mportantes de libros para niños, nació en el País de Gales en 1916, sus padres fueron noruegos, al igual que sus abuelos; estudió en Inglaterra, luego vivió en África y fue piloto en la segunda guerra mundial. Hoy, escribe historias fantásticas cuyos pilares son el humor negro, lo tremebundo, lo sarcástico, lo grotesco y la crueldad.
Para Dahl, llegar a trabajar como escrito fue una “racha de suerte”; simplemente entró por la puerta de atrás y se encontró con el mundo de la ficción.
A los ocho años fue enviado a un internado en la costa sudoeste de Inglaterra, donde los niños eran golpeados y maltratados por hacer todo lo que era normal que hicieran. El internado era horrible, todo era espantoso, todo, excepto los sábados después de haber cumplido los diez años.
Entonces, sucedía algo maravilloso: los maestros se iban a un “pub” a beber cerveza oda la mañana y los niños quedaban bajo la responsabilidad de la Sra. O’Connor, quien no era una cuidadora de niños, sino una maestra magnífica y amante de la literatura inglesa.
Tres años consecutivos, Dahl y sus compañeros tuvieron la fiesta de los sábados con la maestra O’Connor y durante ese tiempo, ella como una maga, abarcó la literatura inglesa desde el año 597 hasta principios del siglo XIX, haciendo que todo lo que les contaba, cobrara vida entre ellos. La maestra O’Connor fue la responsable de convertir a Dhal en un ávido e insaciable lector de buena literatura.
Cumplidos los trece años, su madre lo mandó a la escuela preparatoria Repton (también interno) situado en Derbyshire. Allí también recibió terribles palizas, no sól de los superiores, sino también de los condiscípulos mayores. El director de la Escuela reverendo Geoffrey Fischer quien más adelante sería obispo de Chester, luego arzobispo de Londres y finalmente arzobispo de Canterbury, escribía en sus informes sobre la redacción de Dahl: “Nunca he conocido un muchacho que de forma tan persistente escriba exactamente lo contrario de lo que quiere decir. Parece incapaz de ordenar sus pensamientos sobre el papel” (Trimestre de verano 1930).
Cuando dejó la escuela, a la edad de 18 años, en 1934, rechazó la idea de su madre de ir a la universidad y aceptó un empleo en el Departamento Oriental de la Shell Oil Company, donde le prometieron enviarlo a algún país lejano. Tres años más tarde, lo mandaron al África Oriental.
En 1939, estand en Dar es Salaam, capital de Tanganyka (que hacía sólo veinte años era llamada África Oriental Alemana y que actualmente es Tanzania), estalló la guerra con Alemania. Com en Tanganyka no había ejército, todos los civiles fueron reclutados y Dahl resultó al mando de veinte áscaris (soldados) con los cuales ejecutó la misión de hacer prisionero a un grupo de civiles cuyo único crimen era ser alemanes.
Más tarde viajó a Kenia para alistarse en la Royal Air Force. Pasó por el Kilimanjaro, cruzó el país de los masai y estuvo a punto de estrellarse contra una jirafa en la llanura de Serengueti. Finalmente, llegó a Nairobi y se presentó en el cuartel general de la RAF en el aeropuerto.
Comenzó el entrenamiento entre cebras y flamencos rosados con 19 compañeros, 17 de los cuales murieron durante la guerra. Después del entrenamiento estuvo en Egipto luchando contra los italianos en unos antiquísimos biplanos llamados Gloster Gladiators; Dahl fue derribado a bordo de uno de ellos y se estrelló en el interior del desierto libio, entre las líneas enemigas, de donde fue rescatado. Pasó seis meses en el hospital de Alejandría con el cráneo fracturado y múltiples quemaduras.
Cuando se recuperó volvió a los combates, pero debido a los dolores producidos por las heridas que había recibido en la cabeza, no pudo seguir en el servicio activo y fue enviado de vuelta a Inglaterra. A los pocos días le notificaron que había sido destinado a Washington en calidad de agregado aéreo adjunto.
Tenía 26 años y no se le pasaba por la mente ser escritor. Un día, estando en el despacho de la embajada británica sin saber bien qué era lo que tenía que hacer, recibió la visita de C.S. Forester, autor de obras de la predilección de Dahl, quien buscaba historias sobre la guerra para publicarlas en una revista llamada Saturday Evening Post.
Forester le pidió a Dahl que le contara anécdotas sobre su experiencia como aviador para escribirlas y publicarlas. Entonces después de tratar infructuosamente de relatarle a Forester sus aventuras, Dhal resolvió más bien escribírselas, para que él las reescribiera como era debido y las publicara. Y en ese momento, cambió toda su vida.
Al día siguiente de su entrevista con Forester, Dahl envió sus “anécdotas” alas que llamó “Pan comido”. A las dos semanas recibió una comunicación de Forester quien se mostraba totalmente desconcertado y descrestado con la historia y explicaba que la había enviado a la revista tal como la había recibido, que la Saturday Evening Post estaba interesada en recibir más historias, que además había pagado mil dólares por “Pan comido”. Por último le preguntaba: “¿sabía usted que es escritor? Con mis mejores deseos y enhorabuenas, C.S. Forester”.
Cuando recibió el dinero, Dahl no podía creer que fuera tan fácil hacerse escritor. “Pero por extraño que parezca, así era”.
El primer libro de Dahl fue un compendio de once relatos titulado “Over to you”. En su primera época de escritor, hizo “The Gremlins”, la historia de unos duendecillos que habitaban los cazadores y bombarderos y causaban todas las balaceras y accidentes d e la guerra. Esta historia fue adquirida por Walt Disney para llevarla al cine. Después de la guerra, Dhal empezó a tener muy buena reputación como escritor de cuentos cortos. Con colecciones como “Kiss ikss” (1960), ganó el premio Mystery Writers of América Edgar Allan Poe.
De su matrimonio con la actriz Patricia Neal, tiene tres hijos a los que les contaba cuentos cuando pequeños. El primer cuento en ser editado fue “James y el melocotón gigante”, que cuenta la historia de un niño que logra escapar de las garras de dos horribles tías, viajando a través del mundo entero dentro de un melocotón gigante.
Su siguiente novela que se convirtió en best seller a nivel mundial fue “Charlie y la fábrica de chocolate”, sobre una fábrica de chocolates que hace cosas fantásticas y maravillosas, dirigida por un loco.
Los libros de Dhal son especialmente controvertidos para los lectores adultos. Sus obras han merecido calificativos que van desde ingenioso, cínico, cruel, brillante e hilarante, hasta desagradable y nauseabundo. Pero indiscutiblemente, los niños gozan de lo terrorífico y lo macabro; del hábil manejo que hace Dahl del elemento absurdo, del disparate, del sin sentido, variando los grados de extravagancia de sus personajes.
Es así como presenta jóvenes infinitamente crueles como los personajes de “El Cisne”, supuestamente frívolos como Henry Sugar en “Historias Extraordinarias”; tías horribles como las de “James y el melocotón gigante”, seres agresivos y malignos como “Los Cretinos”, abuelas bondadosas y comprensivas como la de “Las Brujas” y padres tiernos como el de “Danny, el campeón del mundo”.
Roald Dahl, autor impertinente, corrosivo y furibundo defensor de los niños ha sido criticado por adultos escandalizados por el humor negro de sus obras, pero los niños lo siguen entusiasmados. Su aproximación a la literatura infantil es la de un padre educador.
Entre sus obras se encuentran “Dos fábulas” compuesta por dos cuentos cortos, aparentemente infantiles, pero dirigidos a los adultos, en los que Dahl hace un repaso del comportamiento humano con una simplicidad que resalta su corrosivo estilo. “Matilda”, es la historia de una niña de cinco años fascinada por los libros, por leer y aprender, que sólo encuentra apoyo en su maestra y en la bibliotecaria, en su lucha contra un mundo de adultos, donde se considera que estas actividades son estupideces.
Roald Dahl vivió los últimos años de su vida con su segunda esposa Felicity Ann Crosland en su granja de Bucking Hamshire. Murió en Oxford, Inglaterra, el 23 de noviembre de 1990, a los 74 años de edad.
Tomado de:
Roald Dahl: Un autor perverso que fascina a los niños. En: Hojas de Lectura, No. 3, marzo de 1990.
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