Promoción y Literatura Infantil
Sergio Adricaín
Los educadores
Corresponde a aquellos profesionales encargados de la educción de los niños una gran responsabilidad en la labor de acercarlos a la literatura. Este trabajo debe comenzar desde las edades preescolares, en las guarderías infantiles, donde la narración oral y la presentación de los personajes de la literatura infantil clásica y contemporánea a través de láminas o dibujos en las paredes permite entablar una primera relación con los libros.
Más tarde, en las aulas de la enseñanza primaria y media, la presentación de textos literarios -bien como parte del contenido curricular o como libre iniciativa de los profesores- deberá realizarse de manera atractiva, coloquial alejada del didactismo pedestre, de modo tal que se estimule la curiosidad del joven lector, que el comentario funcione como un resorte que propicie la búsqueda y lectura de las obras, la aprehensión certera de los mensajes contenidos en el texto; que aguce la capacidad reflexiva y de valoración estética del educando. El maestro deberá enseñarle cómo el libro sintetiza y acumula múltiples experiencias de otros hombres y de otras épocas, cómo puede contribuir a prepararlo para la vida.
Los educadores deben ayudar, con su acción cotidiana, a tender puentes hacia la literatura. En este propósito, el ejemplo que brinda el maestro a su discípulo es decisivo. Resulta imprescindible que el educador posea una cultura literaria básica, que el mismo sea un aficionado a los libros; de lo contrario, cualquier gestión resultará falsa y no prosperará. El alumno no deber a su maestro un “capitán Araña” que lo conmina a leer, mientras él se mantiene alejado de los libros.
ANDRICAIN,Sergio. Ese universo llamado lectura. San José, Impresora Obando, 1993. v.5. p. 59.
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