Dentro de la amplia gama de géneros literarios ý periodístico que dominó Aquiles Nazoa, la literatura infantil estuvo presente con importantes obras que han sido rescatadas por editoriales infantiles para el deleite de los niños.
Nazoa fue uno de los grandes poetas e intelectuales de Venezuela sobre todo porque recogió la imaginación popular. Él habló de los poderes creadores del pueblo y lo fundamental de la imaginación colectiva. “Muchos de los textos de Aquiles son adecuados para niños, jóvenes o adultos de cualquier edad, es uno de los escritores que en Venezuela hay que recordar, hay que celebrar y tiene que estar en las escuelas y en todas partes”, expresó la escritora Laura Antillano, refiriéndose a su obra.
La poesía de Aquiles Nazoa es "la expresión de un delicado lirismo y un fino humor", afirmaba la investigadora María Elena Maggi, quien estudió a fondo la obra de este intelectual y costumbrista venezolano que dedicó una parte de su trabajo a los niños sin dejar su estilo humorístico y mordaz que utilizó en todos sus escritos como periodista y columnista de distintos periódicos y revistas de corte satírico.
Obras como Historia de un caballo que era bien bonito, La ratoncita presumida, El libro de los animales, La Fábula de una avispa ahogada y El libro de los cochinito, son piezas de la autoría de este poeta que a cuatro décadas de su desaparición física sigue presente, en nombres de concursos, de calles, y hasta de consejos comunales, pero sobre todo en el alma de los venezolanos.
El libro de los cochinitos es una obra maravillosa en donde consigue una explosiva mezcla entre lo exquisitez y lo popular. Su complemento gráfico lo convierte en una propuesta muy original para enriquecer la literatura infantil.
Nazoa se lamentaba en un artículo titulado "Arte de los niños", que en ésta época se había perdido "el don más definitivo de la condición humana, el don de la ternura", y por eso dedicó parte de su obra a los niños.
Aquiles Nazoa nació en Caracas, el 17 de mayo de 1920 y estudió en la Escuela Federal de Zamora. Empezó trabajando en oficios humildes para sobrevivir pero poco a poco fue buscando lo que más le gustó: el periodismo. En el diario El Universal trabajó como empacador. Posteriormente trabajó como corrector de pruebas y paralelamente empezó a estudiar francés e inglés, esto le permitió emplearse en el Museo de Bellas Artes como guía de turistas.
También incursionó con éxito en el teatro. Estrenó varias piezas de teatro humorístico, en las que se destacaba su fortaleza: la fuerza del absurdo. Igualmente publicó varias antologías de su producción poética y rescató sus mejores obras en volúmenes ensayísticos y misceláneos como Acerca del pueblo en la literatura venezolana y A la Cólquide en busca de las palabras.
Murió en un accidente automovilístico el 26 de abril de 1976 dejando un valioso legado a las letras y a la cultura popular venezolana.
Esta es la fábula de la Avispa ahogada donde Nazoa despliega su lirismo lleno de humor y fina ironía.
La avispa aquel día
desde la mañana,
como de costumbre,
bravísima andaba.
El día era hermoso
la brisa liviana;
cubierta la tierra
de flores estaba
y mil pajaritos
los aires cruzaban.
Pero a nuestra avispa
-nuestra avispa brava-
nada le atraía,
no veía nada
por ir como iba
comida de rabia.
“Adiós”, le dijeron
unas rosas blancas,
y ella ni siquiera
se volvió a mirarlas
por ir abstraída,
torva, ensimismada,
con la furia sorda
que la devoraba.
“Buen día”, le dijo
la abeja, su hermana,
y ella que de furia
casi reventaba,
por toda respuesta
le echó una roncada
que a la pobre abeja
dejó anonadada.
Ciega como iba
la avispa de rabia,
repentinamente,
como en una trampa,
se encontró metida
dentro de una casa.
Echando mil pestes
al verse encerrada,
en vez de ponerse
serena y con calma
a buscar por donde
salir de la estancia,
¿sabeís lo que hizo?
¡Se puso más brava!
Se puso en los vidrios
a dar cabezadas,
sin ver en su furia
que a corta distancia
ventanas y puertas
abiertas estaban;
y como en la ira
que la dominaba
casi no veía
por donde volaba,
en una embestida
que dio de la rabia
cayó nuestra avispa en un vaso de agua.
¡Un vaso pequeño,
menor que una cuarta
donde hasta un mosquito
nadando se salva!
Pero nuestra avispa,
nuestra avispa brava,
más brava se puso
al verse mojada,
y en vez de ocuparse,
la muy insensata,
de ganar la orilla
batiendo las alas
se puso a echar pestes
y a tirar picadas
y a lanzar conjuros
y a emitir mentadas,
y así, poco a poco,
fue quedando exhausta
hasta que, furiosa,
pero emparamada,
terminó la avispa
por morir ahogada.
Tal como la avispa
que cuenta esta fábula,
el mundo está lleno
de personas bravas,
que infunden respeto
por su mala cara,
que se hacen famosas
debido a sus rabias
y al final se ahogan
en un vaso de agua.