Es común que la gene piense que la promoción de la lectura se realiza sólo en la escuela que es el maestro quien tiene que fomentar esta actividad. Por otro lado, y como visión contrapuesta, los maestros dicen que si en casa no se invita a leer, los niños no pueden ser lectores o se les hace más difícil sentir la fascinación que genera la lectura de buenos libros.
Más allá de estos dos puntos de vista, la casa es, efectivamente, el mejor lugar desde donde podemos favorecer el gusto por la lectura. Pero este gusto se promueve mejor si lo hace alguien que haya disfrutado del placer que provocan ciertas lecturas: esas ganas de reír por algo chistoso y divertido que puede revelar en ciertos momentos la palabra escrita; ese susto que hace cosquillear el estómago cuando leemos algo que nos provoca miedo o ansiedad; esa sensación de encontrar en la misma lectura la solución a lo que vamos sintiendo y llegar a suspirar porque lo que nos provocaba aquel sentimiento ya pasó.
La lectura de buenos libros nos lleva a transitar por todas estas emociones y por muchas más. Pero esto les sucede en líneas generales a aquellas personas que leen por gusto, que disfrutan de libros, y esto es, precisamente, lo que un promotor de lectura debe hacer. Los padres debemos vernos como promotores de esta actividad e iniciar con nuestros hijos la búsqueda de ese placer.
Es por eso que todos los padres de familia, algunos incipientes lectores y otros con un gran camino recorrido en la lectura, podemos estimular a nuestros hijos compartiendo espacios amorosos de lectura.
¿Cómo pretendemos los padres transmitir ese sentimiento si nunca lo hemos sentido? ¿Cómo formar a nuestros hijos como lectores si nosotros no lo somos? No es lo más adecuado promocionar la lectura diciendo que ésta es importante y que se “debe” leer. Muchas de las personas que hacen esto, en pocas oportunidades o quizás nunca han sentido esas emociones por las que se transita gracias a la lectura. Sin estas experiencias de gozo que obtenemos de los libros es un poco más difícil promover la lectura. Por lo cual es de mucha importancia que todos los padres de familia logremos acercarnos a los libros compartiendo y comentando estos momentos con nuestros hijos.
Muchos padres obligan a sus hijos a leer; comprenden que la lectura es importante y desean fervientemente que sus hijos tengan el “hábito” aunque ellos no lo tengan. También exigen a sus hijos que lean “libros importantes” para que aprendan. Algunas veces lo hacen en una forma rígida, posiblemente porque esa fue la forma en que a ellos los enseñaron a leer. Tal vez por eso no son lectores y no tienen otras herramientas, realmente efectivas, para promocionar la lectura en sus casas.
Imaginemos un ambiente de gusto y armonía a padres e hijos, sentados en el piso en algún rincón de la casa, con la luz adecuada y varios libros en el suelo, disfrutando todos los mundos que poseen los libros. Esto se puede lograr acercándonos a diversos libros y en diferentes circunstancias para convertir todos los espacios de la casa en “lugar de la lectura”.
¿Han pensando en que los hijos lean en la cocina mientras la madre prepara los alimentos? O ¿en la habitación de los padres con los hijos sentados en el piso a los pies de la cama, escuchando ala madres o a l padre leer y, después, despedirse de ellos para irse a dormir? La invitación es a invertir los papeles, que no sean sólo los padres quienes les vayan a leer a los hijos a su cama ¿por qué no lo hacemos al revés?
Tomado de: Merino, Georgina, 2001, ¿Cómo encontrar en casa el gusto por la lectura?, Banco del Libro, Caracas, Venezuela.
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