Aficionar a nuestros hijos a la lectura no es tan difícil si desde el primer momento somos conscientes de esta necesidad. La tan valiosa costumbre –que parece estar perdiéndose- de leerles a los pequeños un cuento antes de dormir debe ser recuperada urgentemente.
Como reza este epígrafe, desde el vientre materno el niño puede ya ser un atento lector. Obviamente en este momento y en los posteriores hasta que aprenda a leer- son sus padres, hermanos o parientes los que deben realizar todo el trabajo.
El hecho mismo de observar al os adultos con un libro entre las manos ya es un paso adelante. Ni siquiera es necesario poseer grandes medios para disponer de una abultada biblioteca. A los niños les encanta escuchar siempre el mismo relato, hasta que casi son capaces de recitarlo de memoria. Lo que nos queda a los progenitores es no olvidar esa pequeña labor de todas las noches: el relato del cuento. En cuanto el pequeño tenga capacidad, él mismo pedirá el volumen para hojearlo y disfrutar de las ilustraciones que los libros para primeros lectores siempre contienen. En esta etapa le leeremos todas las noches, preocupándonos de utilizar un dedo para seguir las líneas del cuento. Esto le ayudará, en primer lugar, a percatarse de que se escribe de izquierda a derecha, y en segundo lugar, a darse cuenta de que son las palabras que se señalan las que son pronunciadas y las que, al fin y al cabo encierran la clave para desentrañar la historia que tanto le gusta.
A partir de los seis o siete meses el pequeño disfruta ya con un libro adecuado a su edad. Nos referimos al típico ejemplar de plástico o tela que puede manosear e incluso morder, con enormes dibujos de vivos colores. Al principio sólo lo manipulará con manos y dientes, pero pronto, cercad el año, reparará en los colores, formas y después comenzará a identificar las imágenes. El libro puede acompañarlo al baño, a la cama e incluso de paseo. Aunque nuestro hijo se haya pasado el día jugando con el volumen, cada noche lo abriremos juntos; entonces le hablaremos de las ilustraciones, de los colores, de los personajes… Nos sorprenderemos con cada nueva página, demostraremos lo excitante y maravilloso que nos parece y le haremos saber lo afortunado que es por disponer de un objeto tan asombroso.
No debemos olvidarlo. Es muy sencillo LEERLES CUENTOS. Nada más que eso. Noche tras noche, noche tras noche. Sin un solo día de descanso. Incluso cuando el niño ya sepa leer. El instante en el que debemos abandonar esta sana costumbre nos lo indicará nuestro propio hijo. Llegará un momento en el que preferirá ser él mismo el que lleve la batuta de la lectura.
Es muy difícil que siguiendo esta sencilla norma –leer cuentos antes de dormirse- no consigamos un lector asiduo y fervoroso. Aun así no debemos bajar la guardia. En la actualidad los niños leen menos que en otros tiempos, sencillamente porque disponen de muchos otros entretenimientos. No es que sean más superficiales de lo que fuimos sus padres, únicamente sucede que cuentan con medios a su alcance que nosotros ni siquiera nos atrevíamos a imaginar. De todas formas la responsabilidad es siempre de los padres. A ellos les corresponde tomar medidas para que ninguna afición sea obsesiva. La variedad de actividades e enriquecedora. Por supuesto ninguna debe desplazar por completo a la lectura. Además, para ella ya habremos reservado un hueco en nuestra vida cotidiana. Si hemos obrado con diligencia y jamás hemos olvidado la máxima de un cuento antes de dormirse, de ahora en adelante y hasta el final de sus días, el pequeño sentirá la necesidad de leer al menos una página para conciliar el sueño. Es así de sencillo. En ese momento el niño habrá sido conquistado definitivamente para la lectura.
Esta norma es tan importante como seguir estrictamente el calendario de vacunas que nos ofrece el pediatra. El problema lector que acucia a nuestros pequeños se debe simplemente a un abandono social de la parte intelectual del niño. La escuela no lo puede todo, como no lo puede el pediatra y por ello nos da claras indicaciones de cuál debe ser nuestro comportamiento en referencia a los alimentos que deberá ingerir en las distintas etapas de crecimiento, de tal manera que su desarrollo físico sea el óptimo; así como nos parece normal que, llegado el instante oportuno, tengamos que preparar papillas con verduras o con carne, pues del mismo modo y con el mismo talante, debemos estar alerta sobre la lectura en busca de un desarrollo intelectual idóneo, y recordaremos que, cada noche, tendremos que alimentarlo con la narración de cuentos infantiles. Como jamás nos olvidamos de prepararles el almuerzo, jamás nos olvidaremos de la lectura nocturna.
Tomado de: OYA Milagros. Cómo hacer de tu hijo un lector. Madrid, Espasa Calpe, 2004.
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