La lectura es una función de tiempo. No se puede leer si no se dispone de tiempo para hacerlo. La escuela debe proporcionar el tiempo para leer libremente.
Tiempo para hojear
Los niños necesitan tiempo para decidir qué libros quieren leer. Al aproximarse a las estanterías de la biblioteca, hay que darles tiempo a los niños para que hojeen lo que hay en los libros, revisen la información que a menudo se encuentra en la contraportada o en las solapas del libro, para que lean algunas frases de su interior. Es posible que el niño después de hojear un libro decida que no es ese el que quiere leer, con lo cual estaría ejerciendo su capacidad para tomar decisiones informadas sobre aquello en lo que le interesa invertir su tiempo de lectura. En el omento de ubicar y revisar un libro, el adulto promotor de lectura puede ayudar al niño a hace una buena selección.
Tiempo para leer
No hay reglas fijas para establecer cuánto tiempo se puede dedicar a la lectura. El tiempo debe ser el necesario para que los niños alcancen una sensación de placer y compenetración con lo que leen. Además hay que tomar en cuenta los períodos de atención que tienen los niños de acuerdo a su edad.
Son recomendables alrededor de quince minutos diarios de lectura ininterrumpida para los niños de Preescolar y Primer grado: veinte minutos para los niños de Segundo y Tercer grados: entre veinticinco y treinta minutos hasta Sexto Grado; y más para los niveles superiores.
Tiempo para responder
Es necesario también disponer de tiempo para que los niños expresen sus opiniones acerca de los libros que están leyendo o han leído. Compartir experiencias de lectura con el maestro o con los compañeros puede motivar una nueva selección. Una conversación espontánea, la discusión o el debate, pueden servir de marco para que los niños profundicen en sus respuestas lectoras. Estos intercambios se convierten también en un estímulo para que otros niños decidan acercarse a algún título que haya suscitado una respuesta interesante.
Texto tomado de : Banco del Libro (2001) Cómo transformar la escuela en un entorno lector Los tiempos de lectura, p. 16 |