Alto Congo

Yo voy por el alto Congo
Diez negros
y un solo golpe en el agua
uno solo.

Cómo curva las espaldas
el ímpetu de los remos!
Qué brillantes y qué anchas!
Son de acero.

Yo voy por el alto Congo...
un solo golpe en el agua
uno solo.

Verdes palmeras gigantes
esconden el sol a trechos
los hombres cantan y reman
Brazzaville *** ya no está lejos.

Yo voy por el alto Congo...
Un grito unánime junta
ritmo, golpe, canto y remo
Uno solo.

El bote sigue su vuelo.
Qué grande es el alto Congo!
Esta pudo ser mi patria
y yo uno de esos remeros!


Jorge Artel

Me contaron mis abuelos que hace mucho, mucho tiempo, en Africa Central, a orillas del río Congo, uno de los más largos del mundo, vivían cazadores negros nómadas *** . Habitaban la sabana y el bosque rodeados de elefantes, rinocerontes, jirafas, hipopótamos, gorilas, leopardos y muchos otros animales...

Sus hijos tuvieron otros hijos y éstos otros, así crecieron y se extendieron hacia las costas. Cultivaron la tierra y formaron reinos en los que nacieron grandes civilizaciones.

También en Africa Occidental existieron poderosos imperios negros. A sus palacios llegaban los mercaderes que venían de los países árabes del norte trayendo en sus caravanas: sedas para las túnicas de los reyes, libros para consulta de los sabios, caballos y espadas para los guardias de palacio...

Regresaban con oro, marfil *** y prisioneros de las guerras entre tribus, que se vendían como esclavos.

Pasaron muchos años y en 1482 los soberanos africanos vieron llegar a sus costas las carabelas portuguesas. En son de amistad se intercambiaron saludos y regalos con el rey de Portugal.

Tiempo después, llegaron comerciantes europeos que vendían telas, hierro, armas... y regresaban con sus barcos cargados de mercancías y esclavos.

El comercio de esclavos dió tantas ganancias que traficantes blancos y mulatos establecidos en Africa se dedicaron a conseguir, por cualquier medio, esclavos para la venta.

Varios millones de personas fueron arrancadas de Africa. En la bodega de buques portugueses, españoles, ingleses, holandeses y franceses, separados de sus familias y atados con cadenas, comenzaban el duro camino de la esclavitud. Como eran de distintos pueblos y hablaban diferentes idiomas, tenían dificultades para comunicarse entre sí.

Los esclavos eran vendidos en los mercados de Europa y más tarde en las islas del Caribe y en el continente americano.

Cartagena de Indias fue uno de los puertos a donde arribaron, durante 350 años, los barcos con sus cargamentos de esclavos. Muchos no llegaban a destino por enfermedad, maltrato o porque se arrojaban al mar. Después de 60 o 70 días de viaje veían los bohíos *** de bahareque *** y palma y las casas de tronco y piedra de Cartagena.

Desembarcaban y eran llevados a depósitos. Aunque los esclavos tenían sus propias creencias, hombres religiosos como Pedro Claver, llamado el apóstol de los negros, los bautizaban y les enseñaban la religión católica.

Se vendían en el mercado. A veces les hacían una marca en el brazo o en la espalda.

Unos debían quedarse en Nueva Granda, otros debían seguir a Venezuela, Quito, Perú...

Su destino era trabajar en las minas, en las haciendas, en el servicio doméstico y en todo trabajo duro y peligroso, sufriendo los castigos del látigo y del cepo y reemplazandolo a los indígenas que morían o huían.
En las costas de Riohacha trabajaban como pescadores de perlas sumergidos en las aguas del Caribe, tenían que enfrentarse a los tiburones, cuando buscaban para sus amos, los tesoros que en el fondo del mar guardaban las conchas.
Removían las arenas de los ríos y cavaban la tierra buscando oro, plata y platino. Cuadrillas *** de negros extraían de las minas de Antioquia, Chocó, Cauca, Valle, Santander,...las riquezas para el nuevo Reino de Granada.

Cuentan que un esclavo descubrió una mina cuando vió que de un hormiguero salían hormigas cargando granitos de tierra y oro .. Y que en el Chocó, otro esclavo encontró un pedazo de oro que pesaba 25 libras.

En las haciendas marcaban terrenos, cuidaban ganado y se ocupaban de los cultivos.


Machete en mano, trabajaban de sol a sol en las plantaciones de algodón, tabaco, cacao, plátano y caña de azúcar.

Estrujaban la caña en los trapiches y se impregnaban del aroma de la miel ardiente haciendo panela.

En los hogares hacían todos los oficios. Cuando las señoras ricas salían de paseo, las esclavas caminaban detrás de ellas: niñeras, lavanderas, cocineras...

Sus amos los arrendaban para vender frutas, dulces y comidas por las calles.

Algunos desempeñaban oficios: curtidor *** , alfarero, carpintero...

Los esclavos fueron los bogas *** de las canoas o champanes *** que navegaban por los ríos.

En el río grande de la Magdalena, los bogas hacían avanzar los champanes que llevaban pasajeros y carga con destino al interior de la Nueva Granada. Apoyaban la palanca contra el pecho y empujaban.






Los bogas paraban en Mompox, el ombligo del Magdalena, para cargar y descargar las embarcaciones.

La ciudad olía a cocos, plátanos, naranjos y limoneros. Se oía el tintineo de los martillos que los orfebres utilizaban para golpear el oro y crear bellísimas, joyas.

Después los bogas continuaban remontando el río. A veces se cruzaban con balsas cargadas de frutas o champanes que llevaban tabaco, algodón, cacao y metales preciosos para embarcar hacia Europa.

De vez en cuando veían una choza, un hombre tejiendo una red (atarraya para la pesca) o una mujer moliendo maíz.

Largos caimanes flotaban como troncos, algunos con sus fauces abiertas tragándose los mosquitos y todo insecto que se posara en sus lenguas.

Los bogas los cazaban con una estaca de puntas que clavaban en sus bocas. Más de una vez encontraron un caimán peleando con un jaguar.

Del bosque surgían palmeras donde conversaban las guacamayas y cocoteros en los que se columpiaban micos traviesos.

Una poesía del poeta cubano Nicolás Guillén, que se llama "Una canción en el Magdalena" dice:


Sol de aceite Un mico duda
si saluda o no saluda
desde su palo en la alta
mata donde chilla y salta
y suda...
Y el boga, boga
***
El boga, boga
sentado
boga
El boga, boga
callado
boga
El boga, boga
cansado
boga

Por la tarde los bogas veían llegar las tortugas a la playa a depositar sus huevos.

En las ramas de los árboles, las iguanas se calentaban bajo el sol y las serpientes pacientes e inmóviles esperaban la llegada de una presa.

Al caer la noche, el enjambre de cocuyos *** era tan grande que alumbraba como una vela.

A lo lejos se escuchaban los tambores de una fiesta en alguna aldea, tocando un mapalé *** .


"Los tambores en la noche, hablan
y en sus voz una llamada
tan honda, tan fuerte y clara
que parece como si fueran sonándonos en
el alma! "

Jorge Artel

A veces los bogas tenían que soportar la fuerza de una tormenta, con relámpagos, aguaceros y ráfagas de viento que hacían crujir los árboles.

"Qué triste que está la noche
la noche que triste está
¡remá! ¡remá!

Dice el poeta momposino Candelario Obeso en su "Canción del boga Ausente".

Cuando los bogas arrimaban el champán a la playa, encendían una hoguera para cocinar y para mantener los animales a distancia.

Comían plátano, yuca, pescado y a veces carne seca de manatí y se dormían cubiertos de arena hasta el cuello para protegerse de los mosquitos, zancudos y jejenes.

Al amanecer, de nuevo a remar por más de 12 horas. Conocían muy bien el río y evitaban los choques con los troncos e islas que la corriente arrastraba.

Después de 50 a más días de viaje llegaban a Honda. Desembarcaban las mercancías y los pasajeros, que seguían a Santa Fé de Bogotá en mula.

El boga iniciaba el regreso por el río.También en la isla de Providencia había esclavos. Un grupo de familias inglesas, que se quedó a vivir en la isla, los trajo de Africa y Jamaica para trabajar en las plantaciones de tabaco y algodón.

Los esclavos entremezclaron sus lenguas africanas con el inglés de sus amos y crearon una lengua criolla.