Me llamo Martín y vivo a la orilla del río Catatumbo, cerca de la frontera con Venezuela.
Nosotros los Barí, conocidos como Motilones, también encontramos en la selva, desde larvas de cucarrones hasta osos. Además, frutos y pepas, plantas medicinales y fibras para hacer canastos, chinchorros y cuerdas para arcos. Sembramos muchas plantas en los conucos o huertas, alrededor del bohío.
Nuestro bohío es muy grande y lo compartimos con varias familias. Cada familia tiene un lugar para cocinar y para las hamacas. En el techo cuelgan los arcos y las flechas.
En verano, como hay poca agua en el río y los peces se amontonan, vamos con toda la familia a pescar. Los hombres ponen piedras en el río para desviar el agua.
Las mujeres hacen otro muro más abajo, y en la represa que se forma, atrapamos los peces con palos puntudos. Las mujeres buscan con las manos cangrejos y caracoles. Yo me zambullo feliz.
Al atardecer, cargamos el pescado y regresamos. A veces nos entretenemos jugando con una pelota que hacemos con hojas de maíz.
Mi mamá prepara el pescado y lo sirve sobre grandes hojas, acompañado de yuca y plátano.
Los mayores nos enseñan nuestra historia. El jefe del bohío dice que los Barí defendieron su territorio desde la llegada de los primeros blancos y también sus derechos al comienzo de la explotación petrolera en nuestras tierras.