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Vivo en el desierto de la Guajira. Soy indígena
Guayú. Cuentan que nuestros antepasados nacieron del viento, jepirech y de Igua, la diosa
de las lluvias.
Me llamo María Mónica. Pertenezco al clan o
familia de los Epieyú, que quiere decir buitre. También existen los clanes del burro, de
la avispa, del tigre y otros.
En los dedos de la mano representamos la
familia.
Vivimos en rancherías o grupos de casas.
En el interior de la vivienda colgamos
los chinchorros o hamacas y las grandes mochilas, donde ponemos nuestros objetos. En el
suelo colocamos las vasijas que usamos para el agua. Afuera tenemos calabazos huecos donde
guardamos las semillas.
Aparte está la cocina, cercada con
cactos para que no entre el viento ni la arena.
Al lado de la casa queda la enramada.
Allí cuelgan sus chinchorros las visitas.
Bajo su sombra, nos sentamos con mamá a tejer hamacas y mochilas.
En nuestros burros cargamos las múcuras
y vamos a buscar el agua las casimbas y jagueyes.
A veces nos reunimos en las dunas. Los
muchachos se lanzan pencas espinosas y las muchachas nos sentamos a cantar o a inventar
cuentos.
Lejos de la casa, tenemos el cercado para
las ovejas y las cabras.
Mi hermano está casi todo el tiempo con nuestro tío materno.
El le enseña a cuidar el rebaño y muchas otras tareas.
Antes del amanecer, se levanta y toma café con panela o leche agria.
Después, saca los animales para llevarlos a pastar.
Regresa al atardecer, les da agua y los encierra en el corral.
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Le gusta montar a caballo y enlazar el
ganado.
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La vida en el desierto es bella y dura.
Cuando llegan las lluvias sembramos
nuestras huertas. También en ese tiempo hacemos fiestas. Los niños organizan carreras de
caballos y las muchachas tratan de hacer caer a su pareja en el baile de la Chichamaya.
Cuando no llueve tenemos que trasladarnos
a otro lugar, en busca de agua y pastos.
Algunos de nuestros parientes se van a
buscar empleo a las salinas de Manaure. Otros han tenido que irse a Venezuela o a las
minas de El Cerrejón.
Hemos escuchado decir a los mayores, que
ahora tenemos costumbres que no son Guayú, pero que debemos tratar de conservar las
nuestras.
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