Cuentan los ancianos, que en el principio de la
humanidad, la culebra anaconda, subió por el río y fue dejando los distintos grupos que
hoy viven en la selva del Vaupés.
Desde entonces, nosotros los Barasano del
Pirá-Paraná, hemos vivido en la selva, descubriendo poco a poco sus secretos, sin
destruir la vida de las especies vegetales y animales.
Por la selva surcan muchos ríos. Somos
gente de canoas, arpones, trampas y anzuelos. Entre los árboles de la selva aprendemos a
escoger aquel que transformaremos en canoa.
Somos pescadores. Sabemos cuáles son los
lugares preferidos de los peces, qué carnada los atrae y cuándo se acercan.
También somos cazadores. Usamos arcos y flechas, cerbatanas y
escopetas. Conocemos la vida de los animales en el bosque. No es fácil cazar un tucán o
un mono y mucho menos una danta ***. Las sorprendemos
adormecidas al mediodía o en la noche. A los armadillos los hacemos salir de sus agujeros
con humo. El cazador necesita fuerza, voluntad y paciencia.
En el monte recogemos larvas, grillos,
ranas, hormigas para comer y frutos silvestres como la castaña, el milpeso y el
chontaduro.
Cuando hay abundacia de algunos frutos,
celebramos la fiesta de dabucurí.
Los bailadores nos pintamos la cara y el
cuerpo con diseños rojos y negros. Nos ponemos tocados de hermosas plumas y collares de
dientes de jaguar.
Usamos taparrabos de corteza de árbol,
decorados con dibujos y alrededor de los tobillos cáscaras de nueces secas para llevar el
ritmo. La música se hace con maracas de calabazo, flautas de pan o carrizos y caparazones
de tortuga. Los niños imitan el baile de los mayores y las niñas más pequeñas inventan
canciones de lo que ven o imaginan.
Pero la fiesta más importante es la de
las flautas y trompetas del Yuruparí, a la que sólo asisten los varones mayores de edad.
En ella revivimos el origen del grupo, que es el viaje de la anaconda por el río.
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